Jueves 20 de Julio de 2017
Una agenda
con toda la música


Jueves 20
Viernes 21
Sábado 22

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Jenůfa” de Leoš Janáček : La luminosidad de un ocaso
Buenos Aires Lírica finaliza su temporada con la representación de esta obra que consagró tardíamente al compositor checo, quien va más allá de sus raíces folclóricas y se muestra como un verdadero modernista. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Leoš Janáček en su casa de Brno,
fotografía tomada en la década de 1920

El camino que llevó a Leoš Janáček a convertirse en uno de los operistas más importantes de comienzos del siglo XX es bastante particular. El compositor checo, a sus sesenta y dos años, acaparó las miradas de editores, intérpretes y público internacional cuando Jenůfa llegó a representarse en 1916 en el Teatro Nacional de Praga, doce años después de su estreno en la ciudad de Brno. La llegada de su ópera al centro operístico que todo músico de la región debía conquistar, fue tras mucho insistir e incluso cediendo a la manipulación de su partitura en manos del director musical del teatro, Karel Kovařovic.

El éxito de la partitura hizo que se representara (aunque en alemán) en la Ópera de Viena (1918) con la afamada soprano Maria Jeritza (que dicho sea de paso era también oriunda de Brno), Nueva York y Berlín (1924), más otras ciudades europeas. También en la Argentina se la conoció en ese idioma en 1950, bajo la dirección de Karl Böhm, en el Teatro Colón (repuesta en 1951 y 1963). Las representaciones de Jenůfa que ofrece Buenos Aires Lírica como culminación de su temporada serán la segunda oportunidad en que se la escuche en su idioma original (el Teatro Colón la ofreció por última vez en 1994 de esa manera).

El estreno de Jenůfa en Praga también significó un momento de inflexión en la vida de Janáček, abordando durante su última década de vida la composición de cinco óperas que siguen enriqueciendo el repertorio: Las excursiones del Sr. Brouček (1920), Kát’a Kabanová (1921), La zorrita astuta (1924), El caso Makropulos (1926) y Desde la casa de los muertos (1930). También de este febril período compositivo datan otras magníficas obras como la Misa Glagolítica (1926), el ciclo de canciones Diario de un desaparecido (1919) o la Sinfonietta (1926). Sus primeros proyectos operísticos —la épica Šárka (compuesta en 1887/8 y estrenada en 1925) y la cómica Comienzo de un romance (1894)— son aproximaciones del compositor al teatro lírico en la línea del nacionalismo de Bedrich Smetana, en tanto que la autobiográfica Osud (escrita entre 1903/7 y estrenada póstumamente en 1958) es una consecuencia directa del estilo musical alcanzado en Jenůfa.

Hasta sus cincuenta años, Janáček había tenido una vida bastante modesta, instalado en Brno, la capital de Moravia, y trabajando a destajo como director de coros en esa ciudad, profesor y crítico musical. Su fama era básicamente regional, para nada nacional. De esta época son sus primeras composiciones, mayormente obras corales y de cámara. Es hacia finales de la década de 1880 cuando el compositor conoce a František Bartoš, filólogo y colega docente de una de las escuelas en Brno, con quien realiza dos importantes ediciones de canciones folclóricas moravas: una de 174 canciones editada en 1890 y otra inmensa de 2057 canciones y danzas, publicadas entre 1899 y 1901. Este contacto con la música de su tierra inspiraría a Janáček para componer una serie de danzas orquestales (que llevan los primeros números de opus en su catálogo) y le daría el impulso por poner en música a un intenso drama teatral ambientado en Moravia, Její pastorkyňa (Su hija adoptiva, 1890), escrito por la joven bohemia Gabriela Preissová.

La melodía de las palabras

 

Deborah Polaski (Sacristana) y Amanda Roocroft (Jenůfa) en el segundo acto de Jenůfa, puesta en
escena de Stéphane Braunschweig, Teatro Real de Madrid, 2009 / Fotografía de Javier del Real

Además del ambiente folclórico, la obra de Preissová —enmarcada en el naturalismo de su época— le ofrece a Janáček un violento retrato de las personalidades humanas en sus más crudas contradicciones que son puestas en música de una manera muy especial. El compositor decidió conservar la prosa de la obra teatral, evitando la versificación regular de las óperas de su tiempo y respetando la prosodia del idioma checo. Esta elección es una consecuencia directa del estudio de habla cotidiana a la que se dedicó después del de la música folclórica, en un detenimiento de la composición de la ópera. Janáček formuló ideas, durante cinco años,  sobre lo que denominó “melodía del habla”, fragmentos estilizados del discurso hablado, escritos en notación musical convencional.

En una carta de 1916, el compositor expresaba: “De acuerdo a mis principios de composición, donde la melodía es creada por la palabra, toda melodía depende por lo tanto de la oración, no podría ser de otra manera. Por supuesto que hay algunos compositores que pueden acomodar cualquier tipo de texto sobre una tonada ya hecha. Eso es algo que yo no puedo hacer”. La escritura vocal de Jenůfa (y también de sus obras posteriores) creará, al decir del musicólogo checo Miloš Štědroň, la ilusión de imitar el ritmo y el acento de repeticiones e inflexiones de la forma hablada del texto.

Es interesante que este estudio del habla cotidiana fuera una necesidad del compositor al tratar de encarar los dos últimos actos de la ópera, que se desarrollan en un ambiente íntimo, la casa de la Sacristana (Kostelnička). En el primer acto, un escenario exterior y pintoresco, se pueden detectar estructuras regulares y repeticiones a la vieja usanza de las óperas nacionales checas, pero ese recurso está al servicio de la caracterización de determinados personajes y situaciones, no como un mero exotismo colorido: el borracho Števa lleva la sencilla melodía folclórica regular y repetida en varias ocasiones que lo muestran tal como es, un hombre sin compromiso y más bien rutinario.

El punto culminante de la escritura vocal de Janáček se da en el segundo acto de la obra con la caracterización del personaje de la Sacristana que es, salvo en una escena, protagonista absoluta. Su progreso psicológico se da a lo largo de los diferentes diálogos que este personaje tiene con su hija adoptiva Jenůfa, Števa y Laca, hasta llegar al corazón del acto, el complejo monólogo donde decide sacrificar al hijo de Jenůfa para salvaguardar el honor de su hija y el propio como guardiana de la Iglesia de la aldea, justificándose ante Dios aunque sintiendo la culpa del crimen. Le sigue el monólogo de Jenůfa, con violín solista, de marcada expresividad y que contrasta con el nuevo diálogo con la Sacristana y la noticia de su bebé muerto. En el trío final del acto, con Laca, nuevamente asoma el delirio de culpabilidad de la Sacristana, en un clímax vocal y orquestal.

 

Peter Straka (Laca) y Anja Kampe (Jenůfa) en la escena final de Jenůfa, puesta en
escena de Robert Carsen, Vlaamse Opera, 2004 / Fotografía de Annemie Augustijns

El tercer acto enlaza elementos extrovertidos —la escena de la Campesina, el Alcalde y su mujer, la canción de Barena y las muchachas— con la crudeza de los sentimientos de los personajes en nuevo dúo entre Jenůfa y Laca de sombría orquestación en las cuerdas graves, y sobre todo la escena concertante a partir del relato del pastor Jano que viene con la noticia de que encontraron a un bebé muerto. Un intenso crescendo dramático se desarrolla desde ese relato hasta la agitada confesión de la Sacristana, que desemboca en un impactante pedido de perdón a su hija. El dúo final entre Jenůfa y Laca marca la transfiguración de estos personajes, víctimas de una sociedad opresiva, esperanzados en un mañana mejor, y que son redimidos por una de las más bellas músicas compuestas por Janáček.

Lo interesante de Jenůfa es la impronta teatral que logra Leoš Janáček al combinar la prosodia de su lengua materna con un tratamiento sinfónico —uno de los aspectos distintivos de su estilo— que le da una fluida continuidad a las secuencias dramáticas al servirse de breves motivos repetidos, y una justa caracterización dramática de cada situación y personaje. El lenguaje de este compositor, que conoció la fama en el ocaso de su vida, va un paso más allá de ser una expresión propia del nacionalismo de su tierra: encuentra una síntesis perfecta de esos elementos característicos con una verdadera impronta modernista.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2013

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile, N° 70, septiembre-octubre 2013.

Para agendar
Buenos Aires Lírica culmina su temporada 2013 con cinco funciones de Jenůfa, que se llevarán a cabo el viernes 18, domingo 20, martes 22, jueves 24 y sábado 26 de octubre en el Teatro Avenida. La dirección musical estará a cargo de Rodolfo Fischer, la puesta en escena de André Heller-Lopes, escenografía de Daniela Taiana, vestuario de Sofía Di Nunzio e iluminación de José Luis Fiorruccio. El elenco estará encabezado por Daniela Tabernig (Jenůfa), Adriana Mastrángelo/Elisabeth Canis (Sacristana), Eric Herrero (Laca) y Santiago Bürgi (Števa). Participará el Coro de Buenos Aires Lírica, con dirección de Juan Casasbellas, y orquesta. Más info: www.balirica.org.ar

______

Espacio de Opinión y Debate... ¡Participá!
¿Qué te pareció este artículo? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog o facebook. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 15/10/2013
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados