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“Mosè in Egitto” y “Adelaide di Borgogna” en Pésaro : Una polémica, otra esteticista
El Festival de Ópera Rossini presentó dos montajes bien diferentes de óperas serias del genio de Pésaro, por Graham Vick y Pier’Alli, con destacados elencos dirigidos por Roberto Abbado y Dimitri Jurowski. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Riccardo Zanellato (Moisés), Yijie Shi (Aarón) y Dmitry Korchak (Osiride) en
Mosè in Egitto, Arena Adriática, Festival de Ópera Rossini, Pésaro, 2011

MOSÈ IN EGITTO, azione tragico-sacra de Gioacchino Rossini. Función del sábado 20 de agosto de 2011 en la Arena Adriática, organizada por el Festival de Ópera Rossini, Pésaro. Nueva producción escénica. Dirección musical: Roberto Abbado. Dirección de escena: Graham Vick. Escenografía y vestuario: Stuart Nunn. Iluminación: Giuseppe Di Iorio. Elenco: Alex Espósito (Farón), Olga Senderskaya (Amaltea), Dmitry Korchak (Osiride), Sonia Ganassi (Elcia), Enea Scala (Mambre), Riccardo Zanellato (Moisés), Yijie Shi (Aarón), Chiara Amarù (Amenofis). Orquesta y Coro del Teatro Comunale di Bologna. Director de coro: Lorenzo Fratini.
ADELAIDE DI BORGOGNA, dramma per musica de Gioacchino Rossini. Función del martes 23 de agosto de 2011 en el Teatro Rossini de Pesaro. Nueva producción escénica. Dirección musical: Dmitri Jurowski. Dirección escénica, escenografía, vestuario, video e iluminación: Pier’Alli. Elenco: Daniela Barcellona (Ottone), Jessica Pratt (Adelaide), Nicola Ulivieri (Berengario), Bogdan Mihai (Adelberto), Jeannette Fischer (Eurice), Francesca Pierpaoli (Iroldo), Clemente Antonio Daliotti (Ernesto). Orquesta y Coro del Teatro Comunale di Bologna. Director de coro: Lorenzo Fratini.

El espectáculo que más ha dado que hablar en la edición 2011 del Festival de Ópera Rossini —una edición de alto nivel que coloca al evento de Pésaro (¡y con razón!) entre los destinos más populares del verano para los amantes de la música alrededor del mundo— fue sin duda el de Mosè in Egitto, firmado por Graham Vick.

El director de escena inglés no sólo realizó una actualización de los acontecimientos —en este caso las historias bíblicas perdieron su ubicación natural espacio-temporal para asumir una dimensión universal sobre un escenario dividido en diversos niveles—, sino que radicalizó sus elecciones en una perspectiva pacifista tout court en el que las culpas de los fundamentalismos religiosos monoteístas en su mayoría, israelíes y musulmanes por igual, fueron distribuidas por igual.

Es claro que ver a Moisés con un rifle Kalashnikov en la mano mientras canta la sublime “Plegaria” del tercer acto fue una imagen muy fuerte, pero la idea de señalar con el dedo acusador, por parte de Vick, sin hacer distinciones entre los “supuestos” buenos o malos se lleva a cabo con gran coherencia para crear un espectáculo de rara fuerza emotiva y de profundidad espiritual. Y me parecen realmente fuera de lugar las cartas enviadas a los periódicos locales de algunas personas presentes en el Festival que se sintieron “ofendidas” por esta visión. Aquí se trata de hacer arte, pero arte vivo, apasionado y no divorciado de la realidad.

Sonia Ganassi (Elcia) y Riccardo Zanellato (Moisés) en la "Plegaria" de
Mosè in Egitto, Arena Adriática, Festival de Ópera Rossini, Pésaro, 2011 

Bravo por Graham Vick en elegir, quizás, el camino más incómodo, que además en los escenarios italianos, a menudo condicionado por un público perezosamente tradicionalista, parece aún más incómodo. Pero esta producción entrará por derecho propio en la historia del Festival de Ópera Rossini y se espera que sea repuesta en los próximos años, o por lo menos que llegue a través de la grabación en vídeo.

Y sí, porque incluso lo estrictamente musical fue excelente, empezando por el granítico Faraón de Alex Espósito de dicción nítida y esculpida. Menos carismático, aunque correcto, el Moisés de Riccardo Zanellato, mientras que la Elcia de Sonia Ganassi, a pesar de mostrarse afligida y apasionada, pareció tener una emisión un poco pesada. Seguro e incisivo estuvo Dmitry Korchak en el papel de príncipe Osiride, y muy preparados estuvieron también los dos tenores Enea Scala como Mambre e Iijie Shi como Aarón. Roberto Abbado dirigió con pulso y rigor sin dejarse malear por fáciles abandonos y apuntando decisivamente hacia la continuidad dramática.

Belleza musical y visual

Una escena de Adelaide di Borgogna, Teatro Rossini,
Festival de Ópera Rossini, Pésaro, 2011

Pier’Alli, el director de Adelaide di Borgogna, una ópera de belleza inesperada —cuya música terminaría en gran medida en la futura Eduardo e Cristina, como una demostración de lo mucho que Rossini tenía en consideración a esta partitura— y que fue presentada por primera vez aquí en el Festival de Ópera Rossini, pareció estar más interesado en las proyecciones sobre el telón de fondo del escenario —de lagos y hierros, de militares y fuertes, de marchas y procesiones de mujeres—, indudablemente sugestivas y elegantes —y no sin un ligero toque de ironía y surrealismo—, pero menos interesado en los movimientos escénicos de los cantantes. El resultado es un espectáculo de gran impacto visual innegable, pero teatralmente un poco pobre.

Se pensaba en un elenco de primer nivel, acompañado con la musicalidad y finura de Dmitri Jurowski a la guía del Coro y Orquesta del Teatro Comunale di Bologna —agrupaciones que trabajaron con éxito en Moisè in Egitto e Il barbiere di Siviglie—, para electrificar la función. Jessica Pratt le dio a Adelaide un timbre adiamantado, pastoso especialmente en el centro, con facilidad en la coloratura y privilegiando la vena más elegíaca de la princesa devenida prematuramente en viuda. El Ottone de Daniela Barcellona se impuso por el acento heroico, aunque también patético, la osadía de la agilidad y la solidez de su línea.

Nicola Ulivieri diseñó a un Berengario de notable espesor vocal, color oscuro y dicción esculpida y redonda. Bogdan Mihai, como Adalberto, resultó ser el punto débil del elenco, ya que, a pesar de demostrar cierta seguridad en la agilidad y una musicalidad indudable, el timbre particularmente no atractivo, el volumen trémulo y una cierta carencia de squilo invalidaron su rendimiento en general.

Daniela Barcellona (Ottone) y Jessica Pratt (Adelaide) en una escena de
Adelaide di Borgogna
, Teatro Rossini, Festival de Ópera Rossini, Pésaro, 2011

El resto de los personajes estuvieron cómodos, en tanto que merece un aplauso la preciosa y muy fantasiosa realización de los recitativos al fortepiano. No nos dimos cuenta, de verdad, que se trataban, casi en su totalidad, “solo” de recitativi secchi (recitativos seccos).

Massimo Viazzo
Italia, septiembre 2011


Fotografías del Studio Amati Bacciardi, gentileza del Festival Rossini de Ópera de Pesaro
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Publicado el 10/09/2011
     
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