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[CD] “Chasca” de Enrique M. Casella : Reconstruir nuestra historia musical
Anunciada como “el primer registro completo y profesionalmente realizado en la Argentina de una ópera de un compositor argentino”, el sello Tradition lanza esta singular obra. Por Ernesto Castagnino
 

Enrique Mario Casella junto al elenco de Chasca en su estreno mundial
en el Teatro Alberdi de San Miguel de Tucumán, 1939, fotografía del
Archivo General de la Nación

CHASCA, ópera en un acto y seis cuadros con libreto y música de Enrique Mario Casella. Dirección musical: Lucio Bruno-Videla. Reparto: Soledad de la Rosa (Chasca), Enrique Folger (Aravecus), Alejandro Meerapfel (Pachacutec), Víctor Torres (Viracocha), Leonardo Pastore, Sebastián Sorarrain y Leonardo Menna (Tres Jefes). Coro Lírico Argentino, dirección: Juan Casasbellas. Ensamble de Percusión del Conservatorio de Música de la Ciudad de Buenos Aires “Astor Piazzolla”, dirección: Marina Calzado Linage. Orquesta Filarmónica Latinoamericana. 1 disco (58:23 minutos) + libreto bilingüe (español e inglés) editado por Tradition, Colección de Música Clásica, 2010.

Existen hoy condiciones interesantes para poder reencontrarnos con nuestra historia y contribuir al debate acerca de nuestras raíces, repensando la marca de fuego que significó para nuestra identidad latinoamericana la idea de una colonización que nos habría salvado del primitivismo, el atraso y la herejía. Esta idea que la Generación del ’80 resignificó y Sarmiento sintetizó como “Civilización y Barbarie”, implicaba un dilema del que solo era posible salir aniquilando uno de los dos términos de la ecuación. Revisar esa historia significa confrontarnos con nuestras contradicciones entre europeísmo y americanismo, con la inevitable mirada eurocéntrica y extrañada sobre los habitantes originarios de esta tierra americana, esos “Otros” frente a quienes el habitante de ciudad ha levantado fronteras tanto o más poderosas que los fortines que servían de límite entre el Progreso y el Mundo Salvaje.

En las primeras décadas del siglo XX, la publicación de El país de la selva y Eurindia de Ricardo Rojas intenta una reflexión sobre la argentinidad, a partir de un acerbo cultural —ya en aquel entonces— perdido u olvidado como las leyendas, cuentos y fiestas populares. Este acercamiento se expresa en la idea de una integración del indio, del español, del gaucho y del inmigrante en una suerte de síntesis que sería el ser nacional. En torno al Centenario, el indio —ya vencido y aniquilado— deja de ser una amenaza para representar un pasado exótico e integrable a una idea de argentinidad que, no por ser más humanista, es menos eurocéntrica que la de sus antecesores del ochenta.

A diferencia de Rojas, que pasó su infancia en Santiago del Estero y su vida adulta en Buenos Aires, el viaje de Enrique Mario Casella (1891-1948) fue el inverso, del centro a la periferia. Recién a los 30 años dejó su vida en la capital para trasladarse a la provincia de Tucumán donde transcurrió el resto de su vida. Casella, hijo de un músico italiano radicado en Montevideo primero y luego en Buenos Aires, fue un compositor enrolado en esa corriente estética americanista y nacionalista que tuvo su correlato literario en Ricardo Rojas y que compartió con otros músicos como Gilardo Gilardi (1899-1963), Alberto Williams (1862-1949), Felipe Boero (1884-1958) y su amigo personal Luis Gianneo (1897-1968).

Enrique Mario Casella

Basta recorrer algunos títulos de su obra para comprobar su compromiso estético: Suite incaica, Suite Pachacutec Inca (para coro y orquesta), los poemas sinfónicos En la puna  y Nahuel Huapi, las óperas Corimayo y Las vírgenes del sol. Pero este compromiso iba mucho más allá del título y se plasma en la fusión de la música académica europea —en la que él estaba formado— con el acerbo musical folclórico e indígena de nuestra región. Los hallazgos tímbricos que le aporta el uso de instrumentos como el charango o la guitarra forman parte también de su sello personal. La obra que nos ocupa es una ópera en un acto que forma parte —junto a El irupé y El crespín— de un tríptico llamado Leyendas líricas compuesto entre 1936 y 1939. Chasca fue estrenada en el Teatro Alberdi de Tucumán el 28 de agosto de 1939 y, a pesar de la buena recepción, no volvió a subir a un escenario desde entonces.

El argumento recrea una leyenda del noroeste argentino cuando formaba parte del territorio inca: Chasca (soprano), hija del cacique Viracocha (barítono), es prometida al valiente guerrero Pachacutec (barítono) como recompensa por proteger a la tribu, pero ella está secretamente enamorada del poeta Aravecus (tenor). Para evitar el enlace, Chasca —cual Turandot andina— impone al pretendiente, a quien odia por haber opacado y desplazado a su propio padre, tres pruebas como condición para aceptarlo como esposo. Pachacutec las cumple con éxito pero encuentra como recompensa una flecha en el corazón lanzada por Chasca mientras está practicando con el arco. En lugar de huir como le propone Aravecus, Chasca se dispone a recibir el castigo por su acto: es condenada a la pena de muerte, nada menos que en manos de su propio padre, que ejecuta la ley de Manco Capac. El final, bastante lúgubre, nos muestra el funeral de Chasca y el canto fúnebre que lo acompaña.

El director Lucio Bruno-Videla emprendió una tarea de rastreo casi arqueológico y realizó una edición de la partitura a partir de dos copias microfilmadas que encontró en la Biblioteca Nacional en Buenos Aires y en la Biblioteca del Congreso en Washington. Además, pudo reconstruir algunas páginas faltantes gracias a una reducción para piano que le facilitaron las nietas del compositor. Una vez establecida la edición con rigurosidad filológica, el director emprendió la grabación de la obra con el sello Tradition y La Scala de San Telmo, reuniendo para ello a un destacado grupo de solistas, orquesta y coro, con quienes realizaron la valiosa tarea de acercar al público por primara vez en setenta años la ópera Chasca.

La música de Chasca tiene por momentos una impronta más cinematográfica que teatral, de hecho Casella compuso música para varias películas, lo cual le da un ritmo muy singular al drama. Incluso al leer el libreto, también creado por el compositor, las indicaciones y didascalias son de un refinamiento poético-visual asombroso. Hay una gran presencia de la percusión a lo largo de la partitura que el Ensamble de Percusión del Conservatorio Superior de Música “Ástor Piazzolla” con dirección de Marina Calzado Linage, ejecuta con gran destreza. Bruno-Videla, al frente de la Orquesta Filarmónica Latinoamericana, logró crear un efecto envolvente de interesante teatralidad al seguir las indicaciones del compositor en cuanto a la disposición espacial de los instrumentistas. Pero el elemento rítmico no es lo único destacable en esta partitura de reminiscencias stravinskianas, en la que hay también fuerte presencia de los metales en los momentos épicos, una delicada fusión de melodías autóctonas del noroeste argentino a las que se le da un tratamiento académico muy elaborado y por momentos minimalista, y un crescendo de gran eficacia teatral en la “Danza de guerreros y ñustas” con que abre y culmina el Cuadro Tercero.

El tratamiento de la voz por parte de Casella sigue la línea de un declamado continuo sin repeticiones ni despliegues de virtuosismo, pero no por eso de menor exigencia en la técnica y la interpretación. Bruno-Videla realizó un trabajo de concertación muy preciso en el que puso especial cuidado en la articulación y la claridad de la pronunciación del texto, al punto que el oyente puede fácilmente seguir la trama sin necesidad de leer el libreto. Los solistas cumplen con sus roles con mucha entrega y logran interpretaciones conmovedoras como en el caso de los protagonistas Soledad de la Rosa y Enrique Folger como Chasca y Aravecus respectivamente. Los barítonos Víctor Torres y Alejandro Meerapfel realizan una gran labor poniendo sus voces para dar vida a Viracocha y Pachacutec, y finalmente Leonardo Pastore, Sebastián Sorarrain y Leonardo Menna como los jefes de la tribu, completan con eficacia el equipo de solistas. El Coro Lírico Argentino con dirección de Juan Casasbellas tiene participaciones de mucho relieve, en el lúgubre coro fúnebre que cierra la obra.

Con una presentación muy cuidada, el disco trae el libreto bilingüe —en español e inglés— y una biografía de los artistas. Existe también una edición de lujo que contiene un libro con artículos y ensayos de reconocidos especialistas.

En nuestro patrimonio musical queda aún mucho por descubrir, muchas obras que no fueron escuchadas nunca más luego de su estreno y compositores cuyo nombre es conocido sólo por especialistas y musicólogos. La posibilidad de recuperar, a través de puestas escénicas o grabaciones, el patrimonio musical argentino, es de enorme importancia para que sea posible una reflexión sobre nuestra historia a través de sus producciones culturales. En este sentido la tarea realizada por el director Lucio Bruno-Videla y el sello Tradition es un aporte muy valioso.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2011

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Publicado el 03/05/2011
     
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