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“El pasajero” en el Teatro Tabarís : Demos una vuelta, cantando
El musical creado por Stew, Heidi Rodewald y Annie Dorsen adquiere un nuevo sentido en la versión porteña, con un trabajo musical y escénico impactante a cargo de un elenco encabezado por Javier Malosetti, Diego Reinhold y Luz Kerz. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Javier Malosetti en el centro, junto al elenco y los músicos, en
una de las escenas iniciales de El pasajero, Teatro Tabarís, 2011

EL PASAJERO (Passing Strange), musical en dos actos con libreto de Stew y música de Stew y Heidi Rodewald, creado en colaboración con Annie Dorsen. Traducción y adaptación en un acto de Maria Amelia Gamba. Función del miércoles 13 de abril de 2011 en el Teatro Tabarís. Dirección general: Ana Frenkel. Dirección musical y arreglos: Mariano Otero. Dirección: Ana Frenkel, Florencia Peña y María Onetto. Escenografía: Mariana Tirantte. Vestuario: Maria Cher / Jorge León. Iluminación: Santiago González. Diseño de sonido: Nestor Stazzoni. Dirección de producción: Pablo Jastrzebski. Producción artística: Florencia Peña. Producción general: Los Productores S. A. Elenco: Javier Malosetti (Narrador), Diego Reinhold (Joven), Luz Kerz (Madre), Déborah Turza (Frida y otros personajes), Pablo Sultani (Reverendo Frankin / Venus y otros personajes), Mariu Fernández (Mariana y otros personajes), Ivanna Rossi (Renata y otros personajes), Leo Bosio (Pastor Jones y otros personajes). Músicos: Mariano Otero (guitarra, teclado y coros), Gabino Fernández (piano, teclados y coros), Hernán Segret (bajo y vocales), Alejandro López (batería y coros).

Encontrar “lo real” es el objetivo que persigue el músico adolescente afroamericano, protagonista de Passing Strange. Esta búsqueda lo lleva en principio a renegar de sus orígenes, un barrio de clase media de Los Ángeles con todos sus clichés —desde ir a misa todos los domingos hasta drogarse con sus compañeros de coro—, pero principalmente es desencadenarse de la figura dominante de su madre. De esa manera, decide viajar a Amsterdam y a Berlín, un ambiente totalmente ajeno y desconocido, donde no lo discriminarán por su condición étnica y lo valorarán como el artista en ciernes que es, a la par de sus experiencias amorosas que serán movilizadoras. Luego de recorrer diferentes etapas y ante la muerte de su madre, el joven músico se dará cuenta que “lo real” es una construcción que se basa en vínculos emocionales auténticos.

Este viaje iniciático donde se afirma la identidad y la vocación es el argumento del musical creado por Stew (libreto y música), Heidi Rodewald (música) y Annie Dorsen (concepción escénica). Luego de dos años de trabajo en los talleres del Sundance Institute Theater Lab, Passing Strange tuvo su estreno en 2006 en Berkeley, California, para llegar posteriormente al off- y on-Broadway. La propuesta dramática toma forma de concierto de rock, donde un Narrador va relatando y describiendo las acciones de los personajes de la historia a través de diferentes canciones en el estilo de blues, rock, jazz, punk y góspel. Tal vez esta decidida elección por mostrar el artificio atente contra la creación de vínculos estrechos entre el Joven y sus interlocutores, quedando el Narrador omnipresente con comentarios sagaces pero por momentos agobiantes.

Una escena en Amsterdam de El pasajero, Teatro Tabarís, 2011

El pasajero es la adaptación de Passing Strange que se estrenó el 31 de marzo pasado en el Teatro Tabarís y que aún sigue en cartel. Al respetar el lugar y el tiempo del original —las ciudades de Los Ángeles, Ámsterdam y Berlín, a fines de los ’70 y comienzos de los ’80— se resiente en esta versión, principalmente, el no contar con ese contexto racial que es un elemento intrínseco de la obra para el arranque de las acciones. Es bien diferente, por ejemplo, que un yanqui adolescente blanco viaje a Europa en la búsqueda de nuevas experiencias a que un afroamericano lo haga. Más allá de esto, es notable la tarea de traducción de Maria Amelia Gamba en las letras de las canciones, a las que le encontró el ritmo perfecto de nuestra impronta hablada.

La puesta de Ana Frenkel, Florencia Peña y María Onetto recrea la concepción original de Annie Dorsen, en cuanto indicaciones y marco escénico, aunque gana en la elección de mostrar la obra en un solo acto, suprimiendo canciones —muy lindas, la verdad— que hacen referencia a la condición afroamericana del protagonista —“The Black One”, una parodia al número inicial de A Chorus Line— o que retrasan resoluciones —“We Had Just Sex” y “Work the One”, con esa cita académica al Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. Con un trabajo impecable en los rubros técnicos, se destaca en esta versión el comprometido trabajo actoral, obteniendo de todo el elenco los tonos justos en las partes habladas y cantadas, sin caer en el desborde y la exageración tan común en este tipo de obras. También es notable la impronta esteticista de Frenkel en ciertos movimientos coreográficos, por ejemplo en las escenas del auto del Reverendo Franklin o al final de Amsterdam.

Sin lugar a dudas, lo más extraordinario de la versión es el trabajo interpretativo musical y actoral que realiza todo el elenco, encabezado por Javier Malosetti quien sorprende en su faceta actoral y a quien el Narrador le queda como anillo al dedo. Tal vez algunos de sus parlamentos, lamentablemente, se pierdan por un diseño de sonido poco diferenciado en las partes fuertes. Diego Reinhold, en un registro muy diferente al que nos tiene acostumbrados, hace del Joven una creación con gestos mínimos y apropiados, además de darle la inocencia adolescente que se trasmite desde su mirada. También es imponente Luz Kerz, quien obtiene el justo nivel emocional de la Madre con su voz y presencia escénica. Sería injusto no destacar a Déborah Turza, Pablo Sultani, Mariu Fernández, Ivanna Rossi y Leo Bosio, quienes integran un excelente ensamble —en todo sentido y cada cual con su impronta— que encarna los diferentes personajes con los que se topa el Joven.

Déborah Turza (Frida) y Diego Reinhold (Joven), junto a Mariano Otero,
Hernán Segret y Javier Malosetti, en una escena ambientada en Berlin
de El Pasajero, Teatro Tabarís, 2011

Junto a ellos es magnífico el trabajo de la banda comandada por Mariano Otero en guitarra e integrada por Gabino Fernández en piano, Hernán Segret en bajo —y en algunas expresivas intervenciones vocales solistas, una labor que en la puesta original realizaba Heidi Rodewald, también bajista— y Alejandro López en batería. El grupo, que tiene una presencia protagónica en el escenario, le da la impronta efectiva a las bellas canciones de Stew y Rodewald.

Tal vez esta vuelta de tuerca sobre la identidad del personaje protagónico que está presente en El pasajero haga que la historia se transforme en universal y se centre en ese viaje exterior-interior que busca construir la personalidad y la vocación de cada uno. La versión porteña de Passing Strange se disfruta porque conserva la frescura que tienen los viajes de iniciación, a través de un crescendo musical y escénico que es bien plasmado por todos los artistas involucrados.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Abril 2011


Fotografías gentileza SWM Press
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Publicado originalmente el 26/04/11
 
Publicado el 03/05/2011
     
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