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Concierto Sinfónico en La Plata : Mahler versus Strauss, un diálogo fructífero
El primer concierto del Ciclo Anual de la Orquesta Estable del Teatro Argentino ofreció interesantes versiones de la Sinfonía N° 4 de Mahler y del ciclo de lieder "Cuatro últimas canciones" de Richard Strauss. Por Ernesto Castagnino
 

La Orquesta Estable del Teatro Argentino, dirigida por Alejo Pérez y con Paula Almerares como solista, en la Cuarta sinfonía de Gustav Mahler, La Plata, 2011

ORQUESTA ESTABLE DEL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA. Dirección: Alejo Pérez. Solista: Paula Almerares, soprano. Concierto del domingo 3 de abril de 2011 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino. Richard Strauss: Cuatro últimas canciones. Mahler: Sinfonía N° 4 en Sol mayor.

Gustav Mahler (1860-1911) y Richard Strauss (1864-1949) fueron contemporáneos, las fechas no dejan lugar a dudas. ¿Es eso motivo suficiente para reunirlos en un mismo concierto? La elección de las obras o los compositores de un concierto mixto ¿obedece a su cercanía en el tiempo, su proximidad en el espacio, al capricho del programador o a exigencias de la moda? Cualquiera de los anteriores y algunos más pueden ser los criterios para seleccionar las obras de un concierto, por lo que cabe preguntarse en este caso a qué obedeció y —más importante aún— cuál fue el resultado de reunir en un mismo programa al más operístico de los sinfonistas y al más sinfónico de los operistas. Mientras Mahler ejercía su autoridad desde la Ópera de Viena en Austria, Strauss hacía lo suyo desde las ciudades alemanas de Berlín, Dresde y Munich.

Siendo contemporáneos y comprometidos en la discusión estética acerca de la relación entre música y texto, o sea la legitimidad de acompañar con palabras el relato musical, considerando la supremacía de la música sobre la palabra o viceversa —tema que constituirá el argumento de la última ópera de Strauss, Capriccio—, sus posiciones fueron bien diferentes. En tanto Richard Strauss hizo del poema sinfónico y la música programática uno de sus baluartes compositivos —Macbeth, Así hablaba Zaratustra, Don Quijote y Vida de héroe, entre otros—, Gustav Mahler, que hizo un amplio uso de la palabra cantada en sus sinfonías —hasta casi transformar la octava en un oratorio o cantata—, tuvo una posición bien diferenciada, tal como lo expresa en este fragmento de su correspondencia con Arthur Seidl:

“Dio en el clavo cuando dijo usted que mi música cumple un programa como explicación final de las ideas y los sentimientos, en tanto que el programa de Strauss es resultado de la planificación… Cuando bosquejo una composición en gran escala llego invariablemente a un punto donde me veo obligado a utilizar la palabra como portadora de mi idea musical”

Es decir, el acento está puesto en el punto en el que la palabra se impone por —presumiblemente— el límite que encuentra la música para condensar todo aquello que el compositor quiere expresar. Si el poema sinfónico —su título ya lo indica— supone la planificación del relato musical sobre un relato literario, para Mahler el uso de la palabra no está planificado de antemano, se impone como una necesidad. Por eso es interesante que este compositor, que nunca compuso una ópera, haya hecho un uso tan extendido de la palabra en sus obras sinfónicas, mientras Strauss, que compuso muy poca música “absoluta”, realizó un tratamiento casi sinfónico en sus óperas. De ahí el juego de palabras que me permití unas líneas atrás: el más sinfónico de los operistas y el más operístico de los sinfonistas. Si bien algo esquemático y, porqué no, arbitrario —me dirán con razón que no es eso lo que define a ambos músicos, que tampoco agota las relaciones entre sus obras, etc.—, resulta ilustrativo del tipo de relación que ambos mantuvieron con un problema estético de su época y motivo suficiente para hacerlos dialogar en un mismo concierto.

La Cuarta sinfonía de Mahler forma parte, junto con la Segunda y la Tercera, de las llamadas “Sinfonías Wunderhorn” porque en las tres el compositor incluyó textos de la recopilación de cantos populares alemanes llamada Das Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud). En esta sinfonía, estrenada en Munich en 1901, encontramos a un Mahler más íntimo, más vital y hasta juguetón —pensó subtitularla Humoresque— que en otras obras donde prima la experiencia subjetiva del dolor y la angustia desplegada en densas texturas y grandiosos efectos orquestales. En el cuarto y último movimiento —recordemos sus propias palabras: “llego invariablemente a un punto donde me veo obligado a utilizar la palabra como portadora de mi idea musical”— Mahler hace aparecer la voz de soprano cantando la alegre e infantil celebración de la abundancia, “Das himmlische Leben” (La vida celestial), contrapunto de otro poema del ciclo, “Das irdische Leben”, en el que un niño hambriento comienza clamando “¡Madre, oh madre! Tengo hambre / ¡Dame pan o moriré!”.

Las Vier letzte Lieder (Cuatro últimas canciones) de Richard Strauss es un ciclo de cuatro lieder para voz de soprano y orquesta que el compositor nunca concibió como una unidad y murió antes de que fueran estrenadas en público. Constituyen una cita obligada para todas las sopranos líricas e incluso dramáticas que quieran jugar en las grandes ligas y medirse con las masas orquestales straussianas.

Paula Almerares interpretando las Cuatro últimas canciones
de Richard Strauss, Teatro Argentino de La Plata, 2011

La soprano lírica Paula Almerares fue la encargada de poner voz a los lieder de Strauss y al último movimiento de la sinfonía de Mahler, con resultados diferentes en ambas obras. La primera, sobre poemas de Hermann Hesse y Joseph von Eichendorff, es una obra que requiere tanto de un timbre homogéneo con graves contundentes y agudos sobrenaturales, como de un minucioso cuidado sobre las palabras y su articulación. Almerares posee la técnica suficiente para mantener un gran control sobre la emisión y hacer flotar su voz sobre el oleaje sonoro que propone la partitura orquestal. A falta de un mayor volumen vocal, la soprano entregó una interpretación plena de sutilezas y refinamiento, dando muestra de un profundo estudio sobre el estilo straussiano. El color oscuro que supo dar a su voz cuando el poema lo requería —por ejemplo en “Im Abendrot” (Al atardecer), el último lied— permitió apreciar una faceta nueva e interesante de esta intérprete tan completa. En el mahleriano “Das himmlische Leben”, Almerares desplegó la frescura e inocencia que acompaña esta descripción infantil y algo prosaica de la vida celestial como un gran banquete presidido por los santos y las huestes angélicas.

El director Alejo Pérez parece encaminado a completar el ciclo de sinfonías de Mahler, de quien nos brindó el año pasado una estupenda versión de la Octava y este año nos sorprende con esta Cuarta a la que imprimió un sello personal y una visión profunda. Particularmente conmovedor resultó el tercer movimiento, el lento, donde las texturas se desplegaron con extraordinaria claridad y el sonido hondo y penetrante de las cuerdas graves resultó estremecedor. En la partitura de Strauss, Pérez desarrolló un discurso fluido, bien fraseado y de enorme densidad sonora, y dejó oír con claridad los últimos estertores —y los más bellos— del tardo-romanticismo musical alemán.

La Orquesta Estable del Teatro Argentino está alcanzando un nivel de excelencia en el que todas las secciones lucen un alto y parejo nivel de ejecución. Los solos de violín, el maravilloso y sobrenatural de “Beim Schlafengehen” (Al ir a dormir) de Strauss y el de la Cuarta sinfonía afinado un tono más alto que el resto para que suene como un “Fiedel” —antecesor medieval del violín—, estuvieron a cargo del concertino Fernando Favero, quien recibió una merecida ovación del público.

Hacer dialogar a estos dos compositores resultó el gran acierto de este primer concierto de la temporada 2011, y las versiones logradas por la batuta de Alejo Pérez, el bello sonido de la Orquesta Estable y la voz de Paula Almerares, resultaron estimulantes y originales.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2011

Las primeras palabras
Antes de comenzar el concierto y frente a las cada vez más increíbles medidas tomadas por la dirección del Teatro Colón respecto de los trabajadores y sus reclamos gremiales, Alejo Pérez dio lectura a un contundente y necesario comunicado expresando el desconcierto y la indignación frente a las decisiones arbitrarias e irracionales de los responsables de la actual gestión cultural del Gobierno de la Ciudad, que parecen decididamente incapaces de llevar adelante el diálogo y la negociación que el juego democrático implica. El público respondió con un cerrado y prolongado aplauso como muestra de solidaridad con los trabajadores del Colón.


Imágenes gentileza Teatro Argentino / Fotografías de Guillermo Genitti
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Publicado originalmente el 09/04/2011

 
Publicado el 11/04/2011
     
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