Miércoles 23 de Agosto de 2017
Una agenda
con toda la música


Miércoles 23
Jueves 24
Viernes 25

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“La bohème” en el Teatro Colón : La alegría de volver a casa
Con una deslumbrante producción de la ópera pucciniana, se produjo la esperada reapertura de nuestro querido Teatro Colón, en coincidencia con los festejos del Bicentenario. Por Ernesto Castagnino
 

Escena final del primer acto de La bohème, Teatro Colón, 2010

LA BOHÈME, ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini. Nueva producción escénica. Función del domingo 30 de mayo de 2010 en el Teatro Colón. Dirección musical: Stefano Ranzani. Puesta en escena, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana. Elenco: Virginia Tola (Mimi), Marius Marea (Rodolfo), Nicole Cabell (Musetta), Marco Caira (Marcelo), Denis Sedov (Collline), Omar Carrión (Schaunard), Fernando Grassi (Benoît), Leonardo Estévez (Alcindoro), Ricardo Casinelli (Parpignol). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director de coro invitado: Antonio Domenighini. Coro de Niños del Teatro Colón, director: Valdo Sciammarella.

Después de tanta espera se produjo la reapertura del Teatro Colón en el marco de los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo. El título elegido fue el de La bohème, uno de los favoritos del público melómano y no tanto, con el cual quedaba asegurada la masiva asistencia, incluso de un público no demasiado familiarizado con la ópera. Imposible distanciarse de la cantidad de emociones que acompañan un reencuentro tan esperado con el Teatro en el que nos formamos y en el que vivimos nuestros primeros y más significativos contactos con el mundo lírico y sinfónico.

Mucho más importante que los atisbos naturalistas o veristas que indudablemente están presentes, de lo que se trata en esta cuarta ópera de Giacomo Puccini —estrenada en Turín en 1896— es de la infinita capacidad de traducir las emociones en música. La profunda humanidad de los personajes, la sencillez de sus conversaciones y gestos, la fluidez de la acción y la superposición de contrastes emocionales hacen de ésta una obra atemporal y universal como pocas. Muchos estudiosos de la obra de Puccini atribuyen esto al conocimiento y la identificación del compositor con los bohemios parisinos, ya que él mismo había sido uno de ellos en sus primeros años como estudiante en el Conservatorio de Milán.

El origen literario del magistral libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa es la novela Escenas de la vida bohemia de Henri Mürger, que el mismo autor había adaptado al teatro en 1849 con el título La Vie de Bohème. La prioridad sobre los derechos de la novela de Mürger dieron lugar a una disputa entre Puccini y Ruggero Leoncavallo —autor de I pagliacci— cuyo resultado fue que ambos compusieran su Bohème, quedando la de “Leonasino” (1), como lo llamaba burlonamente Puccini, en un completo olvido.

Escena del cuarto acto de La bohème, Teatro Colón, 2010

La dirección escénica, escenografía, vestuario e iluminación de Hugo de Ana apuntó a un espectáculo a gran escala, con un deslumbrante despliegue escenográfico que alcanzó en el segundo acto su pico más alto de expansión. Una buhardilla que domina los techos de París, un Café Momus más glamoroso que bohemio y un exterior nevado en el que los protagonistas deciden seguir por caminos separados, fueron acompañados de proyecciones —cielos estrellados, nieve— sobre un tul que ocupaba toda la boca del escenario.

El planteo de Hugo de Ana se ajustó a las indicaciones del libreto, introduciendo algunas lecturas personales, como el dueto entre el tenor y el barítono que da comienzo al cuarto acto, en el que ambos están tomando sol en los techos de la buhardilla. La calidad de los decorados, el nivel de detalle y el cuidado en la terminación fueron inmejorables, excepto en el acto tercero en el que los cantantes tropezaron demasiado en el piso acolchonado e inestable que simulaba la nieve.

Tanta espectacularidad tuvo como contrapartida un distanciamiento del pequeño mundo de emociones de este grupo de jóvenes. Esto se hizo más evidente en el segundo acto, cuando la cantidad de figurantes y elementos escenográficos obligaban a realizar un gran esfuerzo para no perder de vista a los solistas y sus acciones. Pero el menor acierto de de Ana fue quizás la decisión de hacer que Rodolfo gritara en la escena final sus desgarradores “¡Mimì!.. ¡Mimì!..” parado e inmóvil a metros del cuerpo sin vida de la amada en una actitud distante e inexplicable que enfrió uno de los finales más conmovedores del repertorio lírico italiano.

Viriginia Tola (Mimì) y Marius Manea (Rodolfo) en
el tercer acto de La bohème, Teatro Colón, 2010

La soprano Virginia Tola asumió el rol de Mimì, una de las mecas de toda soprano lírica. La voz de Tola, de indiscutible belleza tímbrica, se proyectó sin dificultad para dar vida a una juvenil y femenina Mimì, aunque no siempre encontró la llave de la emotividad y la ternura que realmente definen a este personaje. Su abordaje del aria “Sì, mi chiamano Mimì” fue irreprochable desde el punto de vista técnico y sus agudos precisos y bien timbrados, pero estuvo mejor en “Donde lieta uscì”, cantada con mayor sentimiento. El tenor rumano Marius Manea concurrió a la cita con Rodolfo con lo justo, y a pesar de las buenas intenciones en muchos momentos luchó con una tessitura y unas exigencias que lo superaron. Su timbre de tenor lírico, un poco ligero para estos menesteres puccinianos, debe obtener mejores resultados en otro tipo de repertorio.

El barítono italiano Marco Caria realizó una destacable labor como Marcello tanto en lo vocal como en lo actoral: la alegría, el ímpetu y la ternura de un personaje que es la quintaesencia del “amigo”, tuvieron su lugar en la interpretación de Caria. Si bien no tiene un número solista, en los conjuntos y fundamentalmente en el dueto “O Mimì tu più non torni” sus firmes y brillantes notas agudas llenaron el teatro. La  Musetta de la soprano Nicole Cabell fue todo lo coqueta y ligera que se puede pedir pero sin caer en lo caricaturesco. Musetta, además de su célebre vals del segundo acto, tiene unas intervenciones en la escena final que, aunque breves, son de una enorme ternura y Cabell afortunadamente supo sacar provecho de ellas.

El bajo Denis Sedov, como el filósofo Colline, cantó con voz algo entubada su arietta “Vecchia zimarra”, esa curiosa oda a su viejo gabán con la que Puccini quiso completar el cuadro de la vida bohemia. Completaron el elenco las buenas actuaciones de Omar Carrión como el músico Schaunard, Fernando Grassi como Benoît y Leonardo Estévez como Alcindoro.

Viriginia Tola (Mimì) y Marius Manea (Rodolfo) en
la escena final de La bohème, Teatro Colón, 2010

La dirección musical de Stefano Ranzani fue precisa y apasionada pero sin caer en el sentimentalismo. El director milanés demostró conocer los secretos y detalles de la partitura, y obtuvo una excelente respuesta de la Orquesta Estable, que volvió a brillar en su propia casa. El Coro Estable y el Coro de Niños formaron parte del colorido segundo acto, bajo las direcciones de Antonio Domenighini y Valdo Sciammarella respectivamente.

En resumen, una buena versión de La bohème en la que se entremezclaron el aluvión emocional pucciniano con la alegría de un público ansioso de volver a disfrutar del talento de los músicos, artesanos, coreutas y solistas, que dan vida al Teatro Colón.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2010


Nota
(1) Juego de palabras entre “cavallo” (caballo) y “asino” (asno, burro)

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli
__________

Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta ópera, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Compartir
 
Publicado el 09/06/2010
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados