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“Simon Boccanegra” en Milán : El triunfo de un artista en nuevos terrenos
Plácido Domingo abordó el emblemático personaje verdiano con su calidad artística acostumbrada. Junto a él, un elenco parejo bajo la atenta dirección de Daniel Barenboim y una puesta anodina. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Plácido Domingo (Simon) y Anja Harteros (Amelia) en el primer acto
de Simon Boccanegra, Teatro alla Scala de Milán, 2010

SIMON BOCCANEGRA, ópera en un prólogo y tres actos de Giuseppe Verdi. Función del viernes 7 de mayo de 2010 en el Teatro alla Scala de Milán, Italia. Nueva presentación escénica, en coproducción con la Staatsoper unter der Linden, Berlín. Dirección musical: Daniel Barenboim. Dirección escénica: Federico Tiezzi. Escenografía: Pier Paolo Bisleri. Vestuario: Giovanna Buzzi. Elenco: Placido Domingo (Simon Boccanegra), Anja Harteros (Amelia), Fabio Sartori (Gabriele Adorno), Ferruccio Furlanetto (Jacopo Fiesco), Massimo Cavalletti (Paolo Albiani), Ernesto Panariello (Pietro), Antonello Ceron (Capitán), Alisa Zinovjeva (Criada de Amelia). Orquesta y Coro del Teatro alla Scala de Milán. Director de coro: Bruno Casoni.

El que debía ser sólo el Simon Boccanegra de Domingo, resultó ser para Plácido un verdadero triunfo. Después de la intervención quirúrgica a la que fue sometido hace un par de meses se temía por su salud, pero en realidad el notable tenor ha estado hoy aquí sobre el escenario del Teatro alla Scala para dominar la escena con ese carisma que ha hecho que sea tan amado por su público.

Domingo representó a un competente doge de Génova de diversas facetas, ya que además enterneció y conmovió, en el marco de una puesta escénica anodina e inocua, ideada por Federico Tiezzi y en coproducción de la Staatsoper unter den Linden de Berlín —donde ya fue escenificada. La entrada del pueblo en la escena de la sala del consejo, por ejemplo, fue escénicamente floja.

Es cierto que a este Simon le faltó el color baritonal, sobretodo cuando cantó con el resto del elenco, como en el espléndido final del primer acto. El equilibrio sonoro entre los registros estuvo comprometido, pero aun así Plácido Domingo inteligentemente no manipuló su propio instrumento vocal oscureciéndolo artificialmente, si no que apuntó siempre a su musicalidad y naturaleza.

Plácido Domingo (Simon) y Anja Harteros (Amelia) en el primer acto
de Simon Boccanegra, Teatro alla Scala de Milán, 2010

A su lado estuvo la suntuosa Amelia de Anja Harteros, que se mostró apasionada en el fraseo, así como segura y muy firme en los agudos al grado que emocionó con su cálido y luminoso color vocal. Valiente, aunque no tan variado en la línea vocal, estuvo el Gabriele Adorno de Fabio Sartori, mientras que Ferruccio Furlanetto como Fiesco sigue siendo carismático —no obstante su notorio y gastado timbre— y Massimo Cavalleti encarnó a un Paolo Albiani poco refinado.

En el podio, Daniel Barenboim encontró en este Simon Boccanegra su realización verdiana más completa desde que asumió la posición de maestro scaligero. El inicio de la ópera, por ejemplo, fue memorable en cuanto a las sutilezas y a la búsqueda tímbrica, y a menudo los acompañamientos resultaron suaves y extremadamente pregnantes.

Algunas desafinaciones —especialmente de la sección de metales— no perjudicaron una realización instrumental en general admirable. En tal sentido, la espléndida prestación de la Orquesta, junto al muy compacto Coro del Teatro alla Scala, dirigido por Bruno Casoni, merecieron un enorme aplauso en una velada que comenzó con diez minutos de retraso debido a la lectura de un comunicado sindical —con la presencia de la Orquesta, el Coro y el personal técnico del Teatro sobre el escenario—, en el cual se expusieron las razones por la protesta que están llevando a cabo todas las instituciones musicales italianas con motivo de los últimos recortes presupuestales a la cultura por parte del gobierno de Berlusconi.

Massimo Viazzo
Italia, mayo 2010

Escena del consejo, Simón Boccanegra, Teatro alla Scala de Milán, 2010

Otra función scaligera, otra opinión
Por Ramón Jacques

La muy comentada función del 21 de abril fue retransmitida por radio a toda Italia, y así los que no pudieron estar presentes en la histórica sala del Piermarini escucharon la interpretación vocal del primer Simon Boccanegra italiano de Plácido Domingo, papel que ya había cantado hace algunos meses en Berlín y en Nueva York. Domingo, que es un versátil intérprete, ha comenzado a estas alturas de su carrera a adentrarse en papeles del repertorio de barítono. El reto lo resolvió satisfactoriamente por su categórico desempeño escénico y su ideal caracterización de la figura paterna ideal. Vocalmente faltó en su voz el brillo y el color necesario, pero una vez que pudo calibrar las notas en el registro adecuado su voz fluyó de manera más natural y convincente.

El papel de Amelia fue encomendado a la soprano Ailyn Pérez, quien a pesar de sus evidentes cualidades y su grato timbre, cantó fuera de estilo y su voz fue prácticamente inaudible durante gran parte de la función. Uno se pregunta si era necesario exponer a una cantante tan joven a interpretar por primera vez un papel como éste frente a un público tan exigente. El bajo Ferruccio Furlanetto actuó un violento Jacopo Fiesco, y en su profunda y cavernosa voz se sintió un ligero vibrato que comprometió su prestación vocal. El papel de Paolo Albani fue interpretado discretamente por el barítono Massimo Cavaletti, y el tenor Fabio Sartori compensó su escasa presencia escénica con una sólida e incisiva voz que se expandió con gran calidez, y que en el segundo acto, provocó el único aplauso a escena abierta de toda la función. Fue sólida la aportación del experimentado Ernesto Panariello en el personaje de Pietro.

 Plácido Domingo (Simon) en la escena final del primer acto
de Simon Boccanegra, Teatro alla Scala de Milán, 2010

El marco escénico ideado por Pier Paolo Bisleri y dirigido por Federico Tiezzi combinó detalles históricos con minimalismo y anacronismo, y resultó ser en términos generales una puesta sobria y de poco sentido artístico y dramático. Rescatable es la última escena donde detrás del trono de Simon descendió un enorme espejo en el que se reflejó toda la sala y el público. Los vestuarios de Giovanna Buzzi fueron adecuados a la Italia del siglo XIV que se representaba en la escena.

La lectura de Daniel Barenboim agradó en los interludios orquestales donde extrajo de la Orquesta del Teatro alla Scala, momentos de intensidad musicalidad y ardor, pero cuando su elección de tempi fue lenta, aletargó los momentos de mayor vibración en la escena. Sorprende cómo la presencia de Barenboim causa una notable división entre el público milanés, entre quienes están convencidos que Verdi está fuera de su liga y los que lo defienden fervientemente, y esto se evidencia cada vez que el maestro aparece en el foso y al final sobre la escena.

Ramón Jacques
Italia, mayo 2010


Imágenes gentileza Teatro alla Scala de Milán / Fotografias de Marco Brescia

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Publicado el 31/05/2010
     
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