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Adriana Mastrángelo : Una mujer para el teatro cantado
La mezzosoprano uruguaya conversó con TIEMPO DE MÚSICA luego de protagonizar con éxito “La favorita” de Donizetti y “El castillo de Barbazul” de Bartók en Santiago de Chile. Una intérprete que se arriesga y reflexiona sobre su vocación. Por Cristóbal Astorga Sepulveda
 

Hablar con Adriana Mastrángelo es ir más allá de los aspectos técnicos que hacen a su canto. En sus palabras se muestra como una verdadera intérprete que no le tiene miedo al riesgo: puede abordar un personaje del belcanto italiano tanto como uno expresionista del siglo XX, pasando por Mozart, Offenbach, Léhar y Kurt Weill. El año pasado abrió la temporada del Teatro Colón fuera de sede con personaje extremo como Marie de Wozzeck de Alban Berg en el Teatro Coliseo, bajo la dirección de Stefan Lano y puesta en escena de Marcelo Lombardero. Este año se la extrañó en los escenarios porteños y mucha fortuna tuvo el público chileno del Teatro Municipal que la disfrutó como Judith en El castillo de Barbazul de Bela Bartók y como Leonora en La favorita de Gaetano Donizetti.


1. Dos mujeres de dos siglos: de Bartók a Donizetti

¿Cómo fue su experiencia cantando Bartók y luego Donizetti?
Los estudié más o menos al mismo tiempo, y me fui acostumbrando a la transición. Son muy diferentes sus personajes, temas, el tipo de canto, en general el lenguaje en el que están escritos. Intenté en un comienzo cantar Leonora mientras terminaba las funciones de Judith, y la verdad es que no pude. Necesité volver a Buenos Aires, descansar, limpiar mi cabeza y luego meterme de lleno a Donizetti. Llegué con poca experiencia en este repertorio, porque es la primera vez que hago belcanto.

Anteriormente había cantado Mozart…
Sí, había cantado Dorabella y Sesto, pero nunca belcanto. Así que llegué muy abierta a aprender. Y por suerte todo se fue completando de a poco.

Respecto al personaje de Leonora, ¿le llama la atención algo en particular de ese papel? ¿Resulta, en comparación con Judith, un poco desmedrado psicológicamente?
Me gusta mucho el papel de Leonora, pero son dos personajes diferentes. Creo entender mejor a Leonora, me siento más cerca de ella que de Judith, que tiene sectores oscuros difíciles de entender. Sí comprendo su lado femenino, el querer ir conociendo e investigando, esa curiosidad por el mundo masculino. Y también sus ganas de ir conquistando lo que el hombre se guarda, de ir profundizando la relación en base a conocimiento. Pero hay un punto en el cual el deseo de saber de Judith se vuelve destructivo y ella no es capaz de parar. Esa es la parte oscura del personaje, y tuve que cantarlo aceptando que no podía llegar a conocerlo del todo. Tiene un misterio. Me ayudó a entenderlo mejor un comentario de Sylvia Sass, donde ella también se refería a ese aspecto oscuro de Judith, el que ella muera presa de su propia oscuridad. En cambio Leonora es una persona que está inmersa en un mundo social muy estricto del cual no puede salir. Es presa del poder y pensamiento religioso de su época. Si bien tiene un destino trágico, es absolutamente humana y comprensible para mí.

Adriana Mastrángelo (Judith) en El castillo de Barbazul, puesta en escena
de Marcelo Lombardero, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2008.
Fotografía de Juan Millán T.
 

¿Nota un cambio en la concepción de la mujer en ambas piezas?
Sí, absolutamente. En Judith hay un concepto más freudiano, de lo interior y lo simbólico. Creo que la obra de Bartók se puede entender en esa clave. De hecho, la niña que recita el prólogo introduce la historia preguntando “¿esto pasa fuera de nosotros o dentro?”. Judith es un símbolo de lo femenino, aunque con una mirada bastante desagradable hacia la mujer por parte del hombre. Es una ópera misógina. En La favorita está más la idea del amor imposible, de la mujer que no puede encontrar su camino. Y en ese sentido es más heroica, es una heroína dramática.

Tiene bastante personalidad Leonora.
Sí, tiene mucha personalidad, pero a la vez está muy limitada. Es muy romántica la concepción: el amor imposible, morir por amor, encontrar en la muerte una liberación última. Son dos mundos diferentes.


2. Las exigencias del escenario
3. El canon operístico: pasado y futuro

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Publicado originalmente el 02/01/2009

 
Publicado el 16/06/2014
     
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