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[DVD] "Der Rosenkavalier" en el Festival de Salzburgo 2004: Decadente, reaccionario
La puesta de Robert Carsen muestra la decadencia de los Habsburgo y revela el carácter reaccionario de la obra straussiana, resaltado por la versión musical de Semyon Bychkov. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Decadente, reaccionario: Der Rosenkavalier por Robert Carsen
DVD TDK 2006 (DVWW-OPROKA)

Adrianne Pieczonka (Mariscala) en el primer acto de Der Rosenkavalier,
Festival de Salzburgo, 2004

DER ROSENKAVALIER de Richard Strauss. Dirección musical: Semyon Bychkov. Director de escena: Robert Carsen. Reparto: Adrianne Pieczonka (La Mariscala), Franz Hawlata (Barón Ochs auf Lerchenau), Angelika Kirchschlager (Octavian), Franz Grundheber (Ferr von Faninal), Miah Persson (Sophie), Ingrid Kaiserfeld (Marianne Leitmetzerin), Jeffrey Francis (Valzacchi), Elena Batoukova (Annina), Florian Boesch (Un comisario de policía), John Dickie (El mayordomo de la Mariscala), Michael Roider (El mayordomo de Faninal), Peter Loehle (Un notario), Markus Petsch (Un posadero), Piotr Beczala (Un cantante), Aleksandra Zamojska (Una modista), Eberhard F. Lorenz (Un domador de animales). Wiener Philharmoniker. Konzertvereinigung Wiener Staatsopernchor, director de coro: Rupert Huber. Escenografía y vestuario: Peter Pabst. Iluminación: Robert Carsen y Peter van Praet. Großes Festspielhaus, Salzburgo, agosto de 2004. Sonido LPCM Stereo, DTS 5.1 y DD 5.1; subtítulos en alemán, castellano, francés, inglés e italiano. Duración: 201 minutos. DVD TDK 2006 (DVWW-OPROKA).

Uno podría pensar, en una imagen no lo suficientemente infeliz, que la música del Dr. Strauss es conscientemente filogermánica, y que así hay que escucharla. Y así también, que los straussianos son un género peculiar de melómanos, ligeramente idos, desvinculados de las minucias que rodean a las prácticas culturales. Donde algunos hablarían de frivolidad, ellos hablarían de sensibilidad; donde ellos dirían "compromiso artístico", otros preferirían "ausencia de la realidad". Quizá por todo eso, Robert Carsen decidió sacudir algunas creencias firmemente asentadas acerca de Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa) y, sin ingenuidad, hacerlo en la que ha sido la casa propia de la obra: el Festival de Salzburgo.

Carsen sitúa la acción en la Viena de principios del siglo XX, es decir la misma época en que Richard Strauss compuso la pieza. Esto hace de su primer acto una verdadera delicia, aprovechando al máximo el juego de las entradas y salidas, el ruido "exterior" (a la habitación de la Mariscala), y el desfile de vendedores y oportunistas. Para ello, Carsen dividió el muy horizontal escenario del Großes Festspielhaus en varias habitaciones con la de la Mariscala al centro, permitiendo que veamos acción paralela regularmente oculta (vg. el forcejeo de Ochs con los criados antes de hacer su entrada). Esa imagen contrasta con la única habitación que vemos en el acto segundo, el comedor de Faninal, coronado con un gran fresco bélico en su pared trasera. Esos dos mundos, el de una decadente clase aristocrática y el del prusiano oficio de la milicia, bastarían para infartar al más conservador de los melómanos. Pero Carsen ha hecho más: ha situado el acto tercero en un prostíbulo, que termina siendo muy parecido a las habitaciones de la Mariscala; atractivo como solo podría ser un prostíbulo en el Festival de Salzburgo, hay más de algún recurso efectista de dudosa necesidad. Con todo, Carsen es cuidadoso, y ha encontrado respaldo en el texto para su interpretación; y es que si hay algo irreprochable en su versión es la atención a los detalles tanto del texto como de la música. Una lástima, eso sí, que la panorámica del acto primero se pierda en la dirección de cámaras de Brian Large, más concentrada en el cutis de los cantantes que en el conjunto. Algo extrañas también las tomas de las habitaciones secundarias, que parecen filmadas con cámaras de seguridad (vg. la salida de Ochs).

Franz Hawlata (Ochs) y Miah Persson (Sophie) en el segundo acto de
Der Rosenkavalier, Festival de Salzburgo, 2004

Bajo este esquema, la Mariscala es la que sale peor parada. Adrianne Pieczonka, cuesta saber si por demérito propio o por indicación escénica, termina siendo todo lo poco interesante que uno ha podido imaginar es la Mariscala. No tiene la cínica aristocracia de Schwarzkopf, ni la indiferente decadencia de Crespin (siempre tan cremosa e irresistible), ni tampoco la pureza vocal de Felicity Lott, toda dignidad y elevación. Al contrario, su Mariscala es ligeramente vulgar, más preocupada de su modista que de si Hippolyte la ha hecho parecer más vieja. Esto genera que el rol principal se traslade a Octavian. Es un logro de Carsen y de Angelika Kirchschlager el presentar al adolescente como un personaje psicológicamente interesante. Es probable que solo Frederica von Stade haya rescatado el continuo desastre emocional del cual es presa el Cherubino bávaro, algo que Kirchschlager con maestría pinta en sus reacciones frente a la entrevista entre Ochs y la Mariscala. El segundo favorecido con la puesta es el Ochs de Franz Hawlata; si bien no cuenta con los medios vocales a que nos tiene acostumbrados Kurt Moll, Hawlata es un Ochs coqueto, que se mueve como pez en el agua en los círculos sociales, aunque Carsen lo castigue en un acto tercero que lo muestra como sexualmente impotente. Ochs deja así de ser un torpe barón para mostrarse más prepotente e inseguro que en otras puestas, y uno no sabe si fue esto o la superficial Mariscala lo que gatilla los abucheos finales. Probablemente fueron ambos.

Miah Persson está en repertorio firme con Sophie; difícil hacer algo más de ella que una chica sonsa, pero al menos la voz no es todo lo insípida que ha sugerido el rol. Franz Grundheber es un Faninal que no pasará a la historia, y Piotr Beczala es un tenor italiano con más carácter de lo habitual. Del extenso reparto de comprimarios es destacable el hospedero de Markus Petsch, aunque principalmente por la gracia como se mueve travestido (si la posada es un prostíbulo, entonces el hospedero es la madame del mismo).

Franz Hawlata (Ochs) y Angelika Kirchschlager (Octavian) en el tercer acto de
Der Rosenkavalier, Festival de Salzburgo, 2004

El notable trabajo de Carsen tiene en la dirección musical de Semyon Bychkov a su más cercano rival. Técnicamente, la captura del sonido orquestal está ligeramente por encima de los cantantes. Esto hace que sea siempre más fácil oír la abundante orquesta que los cantantes (hágase la prueba con la televisión apagada y óigase qué suena mejor). Bychkov ha resaltado los contrastes orquestales, ofreciendo una dirección transparente, pero no angélica. La Filarmónica de Viena está en casa dirigiendo una partitura que sabe de memoria, pero que gracias a Bychkov suena extrañamente novedosa. Esto no deja de llamar la atención si se lo compara con la idea de Carsen. El director de escena canadiense busca mostrar la decadencia de la crepuscular monarquía Habsburgo y, de pasada, revelar el carácter reaccionario de la obra straussiana. Pero Bychkov dirige como nunca una partitura que usualmente catalogamos de tradicional. Es cierto, Bychkov no hace milagros, pero por una vez Rosenkavalier suena como algo más que unos valsecitos interrumpidos por melancolía y depresión generacional. Carlos Kleiber había ya mostrado el carácter menos elegíaco de la obra, pero sigue siendo un mérito propio de Bychkov el haber resaltado tanto la emoción hormonal, como la decadencia rayana en la vulgaridad de la concepción aristocrática del mundo que está detrás de la música del Dr. Strauss.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
Mayo de 2007, Santiago de Chile
kastorgas@tiempodemusica.com.ar

Fotografías de Hans Jörg Michel / Festival de Salzburgo

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Publicado el 28/05/2007
     
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