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[DVD] "Candide" de Leonard Bernstein: Una fiesta para Lenny
Un elenco de lujo, que incluye a Nicolai Gedda, Christa Ludwig y June Anderson, interpreta esta particular obra musical de Bernstein, quien es sin dudas el protagonista del devedé. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Candide en DVD: Una fiesta para Lenny
DVD Deutsche Grammophon 2006 (00440 073 4205)

Leonard Bernstein

CANDIDE de Leonard Bernstein. Dirección musical: Leonard Bernstein. Reparto: Jerry Hadley (Cándido), June Anderson (Cunogunda), Adolph Green (Dr. Pangloss, Martin), Christa Ludwig (La vieja dama), Nicolai Gedda (El gobernador, Vanderdendur, Ragotski), Della Jones (Paquette), Kurt Ollmann (Maximilian, El capitán), Clive Bayley (El domador de osos, Un inquisidor, Zar Iván), Neil Jenkins (El mercader de cosméticos, Un inquisidor, Príncipe Charles Edward), Lindsay Benson (El médico, Un inquisidor, Rey Stanislaus), Richard Stuart (El metalurgo, Un inquisidor, Rey Hermann Augustus), John Treleaven (El alquimista, Un inquisidor, Sultán Ahmet, Crook). Coro Sinfónico de Londres, director: Simon Joly. Orquesta Sinfónica de Londres. Dirección del video: Humphrey Burton. Barbican Centre, Londres, 13 de diciembre de 1989. DVD Deutshe Grammophon 2006 (00440 073 4205), sonido PCM Stereo, DTS 5.1, Dolby Digital 5.0, subtítulos en alemán, francés e inglés.

Candide es un caso particular en el teatro musical. Estrenada en 1956 para Broadway como Comic Operetta, vivió para ser presentada en sociedad de múltiples otras formas: en 1982 como ópera (versión conocida como la Opera House Version), y en 1989 en la llamada Versión final revisada, que es la recogida en este devedé, y también grabada en estudio por el mismo reparto para la misma casa discográfica. Quienes presenciaron el Ur-Candide recuerdan su duración cercana a las tres horas. Muchos números del original fueron eliminados, otros añadidos, otros reordenados, se agregaron libretistas y un largo etcétera. Todo ello ha contribuido a que la obra más ambiciosa de Leonard Bernstein sea vista con cierta distancia por el público, a pesar de su innegable encanto.

Este devedé transpira y es fuente de alegría. No solo porque permite ver a veteranos de la ópera como Christa Ludwig tocando castañuelas y bailando, o Nicolai Gedda derrochando voz en su etapa más madura (aunque todavía le quedaría camino para su Emperador Altoum en Turandot), o a comprimarios históricos como Neil Jenkins y Clive Bayley, o a voces tan locuaces como Richard Stuart y Adolph Green, no solo porque también podamos escuchar a una June Anderson en pleno dominio de sus facultades cantando esa joyita de la parodia que es "Glitter and be gay", sino también porque ofrece un espectáculo de primer nivel, permitiendo seguir con mayor fluidez la trama a ratos insólita de esta pieza.

Todavía, sin embargo, se echa de menos una versión armada con recitativos y sin narrador. De más está decir que mucho más se agradecería una versión escenificada (aunque contemos en otro devedé con una versión semi-escenificada de 2004). Como adaptación del cuento filosófico de Voltaire, Candide está muy por sobre la media de las adaptaciones en ópera. Recoge la ironía del texto llevándola a niveles cotidianos, sin por ello perder ese aire de "broma culta" que recorre toda la pieza. La música es liviana, y se nota que el compositor es también un gran amante de la ópera. El auto de fe del acto primero ("What a day!") recoge tanto el ambiente de alegre fiesta que casi abre el acto final de Carmen (¿no son acaso los vendedores de naranjas y abanicos reemplazados por alquimistas y médicos?) como la ambivalencia del "Spuntato ecco il dì d'esultanza" del Don Carlo verdiano. Por supuesto, no todos los pasajes poseen tanta sutileza. Las canciones dadas a Pangloss y Martin son solo derroches de verborrea en la tradición más conspicua de Rossini y Gilbert y Sullivan. La versión aquí dirigida por Bernstein es sumamente sinfónica y esto, para algunos, termina haciendo la pieza excesivamente seria. De todas formas, se trata de un documento histórico digno de atención.

Jerry Hadley canta con resfrío y lamentablemente se nota. Una lástima, porque su voz era realmente atractiva. Con todo, él es Cándido y casi lo leemos en sus ojos, al igual que era Tom Rakewell casi sin proponérselo. Anderson luce su voz, con generosos graves y sonidos metálicos. Della Jones brilla por su ausencia, un derroche ciertamente en Paquette. Kurt Ollmann fue un cantante casi de estación y resulta algo contenido para todo el ambiente que se genera. Gedda y Ludwig… ¿es necesario decir algo?

Adolph Green y Leonard Bernstein brillan por derecho propio. El primero por su presencia mesmérica (¿será ese pelo y esos dientes tan blancos?), el segundo porque… bueno, es Bernstein. Abraza y besa a sus cantantes cuando se han portado bien, interrumpe con chistes, se pone serio para resaltar que después de todo se puede hacer una lectura menos volátil de su propia ópera, se pone liviano para bailar mientras dirige. No olvida nada. Y es difícil olvidarlo a él, con esa simpatía de gringo preocupado por el tercer mundo (incluida su mujer chilena), por la amplitud de la democracia, por la unificación de Alemania. Por un Mahler más klezmer que nunca, por un Wagner más lento que Knappertsbusch y Furtwängler dopados, por un Beethoven a la antigua, al estilo Mahler, lo que no quiere decir, es obvio, un Beethoven alla klezmer. Vale la pena oír todo eso y vale la pena, qué duda cabe, ver este devedé.

Cristóbal Sepúlveda Astorga
Enero 2007, Santiago de Chile

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Publicado originalmente el 12 de enero de 2007

 
Publicado el 26/05/2007
     
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