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Facundo Ramírez : El recorrido de una identidad artística
Por Javier Villa
 

3. El legado de una vocación artística

Pocos artistas han podido calar tan hondo en la cultura de nuestro país como Ariel Ramírez, el padre de Facundo. Su obra se erige como una de las muestras más cabales de lo que significa la calidad compositiva en la música popular argentina. A lo largo de su carrera, la colaboración que llevó a cabo junto con otros destacados artistas le permitió ampliar las fronteras y consagrarse a nivel mundial para llegar a ser uno de los referentes más importantes de su generación.
 
Gracias a la posibilidad que permite la tecnología, compartimos con Facundo un fragmento de una entrevista a Ariel Ramírez en un registro audiovisual de 1989. En aquella oportunidad, el compositor recordaba el momento en el que Mercedes Sosa cantó por primera vez Alfonsina y el mar. "Estoy segura de que con esta canción vamos a llegar a todos los rincones del país", así el compositor evocaba las palabras de la cantante tucumana. Esta anécdota inaugura el tramo de la entrevista en donde Facundo Ramírez habla de su padre y del vínculo que entablaron a través de la música.

La obra de tu papá trascendió absolutamente todo.
Es impresionante, se toca en todo el mundo. A pesar de que sus obras más reconocidas son la Misa criolla, Alfonsina y el mar, Navidad nuestra, en Dinamarca cantan Santafesino de veras, hacen arreglos corales de Allá lejos y hace tiempo o de Los bichos. ¡Es increíble! Mi viejo tenía el don de ser un gran compositor, pero además era un gran melodista. Hay compositores extraordinarios que no necesariamente son grandes melodistas, aunque parezca mentira, no es lo mismo. Pueden componer muy bien, ser muy buenos, admirados, y, sin embargo, no son buenos melodistas. Mi viejo tenía ese don, como lo tenía Gardel o Mariano Mores. Si bien es cierto que las melodías fluían, mi viejo se sentaba al piano a escribir todos los días. Doy fe...

¿Cómo era su labor cotidiana?
Tocaba, improvisaba, escribía cosas y las guardaba. Pasaban diez años y volvía sobre un fragmento que había quedado en la nada, pero lo ayudaba a terminar otra melodía. ¡Trabajaba muchísimo! Aunque también es cierto que algunas cosas le salieron solas, por ejemplo, la Navidad nuestra. Un día, lo llamó a Félix Luna y le dijo: "Mirá, tengo que hacer el lado B de la Misa criolla y se me ocurrió que hagamos un villancico navideño, que contemos la Navidad, pero trasladada a nuestra tierra". Y organizó un asado, tomaron vino, se pusieron a trabajar a las once de la noche después de comer y, a las siete de la mañana del otro día, la Navidad nuestra estaba terminada.

¡Qué bárbaro!
"A la huella a la huella José y María?" [canta]. ¡En una noche todas esas melodías! Después corrigieron algunos fragmentos en los días sucesivos, pero tanto el trabajo poético de Falucho [Félix Luna] como el de mi papá fueron concebidos en siete horas... [piensa]. Mi viejo es un hombre clave en la cultura argentina y, si bien tuvo todo el reconocimiento que su obra se merece, ese prestigio se expande cada día más. Hace un tiempo conté una anécdota de Martha Argerich hablando de mi papá. Ella ya había tocado su música cuando actuó junto a Mercedes Sosa en el Colón. En una oportunidad, Alan Kwiek le pasó a Martha una grabación de La tristecita...

¿La grabación en la que tu papá acompaña a Jairo?
¡Exacto! Martha le dijo a Alan: "¡Qué pianista Ariel!". Claro, porque él también era un pianista formidable. Ahí tenés otro ejemplo de lo que hablábamos antes: papá no era un virtuoso, pero era un gran pianista porque inventó una forma de tocar. Su piano es inconfundible. Cuando escuchás la radio y está tocando él, decís "Ariel Ramírez". Se reconoce, eso es extraordinario. Él impuso su manera de tocar el piano.

Ariel y Facundo Ramírez

Con tu papá compartiste muchas giras por todos los rincones del país. ¿Qué aprendiste de él?
Papá fue un hombre muy disciplinado. Él hacía hincapié en eso conmigo, porque yo era muy indisciplinado. ¡Cuando era chico era insoportable! Anita Gelber me tuvo una paciencia de oro. Después, con los años, me volví un hombre muy perseverante. Pero tardó un tiempo, recién a partir de los quince o dieciséis empecé a tomar conciencia de que necesitaba disciplinarme y, a partir de ahí, fui un soldado. Desde chiquito, él me contagió el amor por la música clásica, incluso más que por la música popular, porque en casa se escuchaba música clásica mañana, tarde y noche. Creo que tomó una decisión muy sabia al no enseñarme piano, porque trató de no estar encima mío para no saturarme. Fue formidable cuando empezamos a tocar juntos. Se dio de una manera tan natural, y nos llevamos de maravillas durante esos diez años intensos de vida musical que tuvimos. Lo que aprendí de él en relación con la profesión es algo de lo que, en general, los maestros no te hablan mucho. En mi caso, lo pude ver porque lo acompañaba cuando salía a tocar. Viví lo que es parar en las estaciones de servicio, llegar al hotel, ir al teatro, a la prueba de sonido, los camarines... De algún modo, le debo que los teatros hayan sido parte de mi vida desde pequeño... Han sido siempre mi segundo hogar. Cuando entro en un teatro, me siento como en casa. Soy un tipo enormemente privilegiado por haberlo tenido como padre.

Qué grato que ese encuentro también se haya podido dar en lo profesional...
Su música no tiene misterios para mí, sé exactamente adónde tengo que ir. Lo mismo me pasa cuando hago arreglos sobre obras suyas, siento que no hay secretos. Incluso lo puedo imitar en el piano. ¡Eso me encanta! Entrar y salir por el juego del toque que él tenía. En mi primer disco, del que ya pasaron muchísimos años, su forma de tocar está muy presente.

Facundo, para terminar, ¿qué significa la música en tu vida?
El idioma que comunica, que tiende puentes. El idioma que acerca. La música es mi idioma.

La síntesis contenida en la respuesta final de Facundo Ramírez nos invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa el hecho artístico. El sentido con que concibe al arte se ve reflejado en la manera de caracterizar sus criterios interpretativos, en la forma de narrar sus recuerdos y también en el valor que les asigna a las enseñanzas de sus maestros significativos. Probablemente, el lazo afectivo y musical establecido con su padre haya contribuido a forjar esa visión sobre el arte, porque su ejemplo, de un modo u otro, lo ha guiado para encontrar su propio camino.

Entrevista de Javier Villa
Octubre 2021

Fotografías gentileza Facundo Ramírez

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Publicado el 08/10/2021
     
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