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"L’italiana in Algeri" en Chile : ¿Qué quiere Mustafá?
Una nueva producción del Municipal de Santiago trajo de vuelta al título rossiniano con resultados mixtos. La ágil y galopante dirección orquestal de José Miguel Pérez-Sierra unificó un espectáculo musicalmente satisfactorio. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

Escena final del primer acto de L'italiana in Algeri, Municipal de Santiago de Chile, 2019

L’ITALIANA IN ALGERI, dramma giocoso de Gioacchino Rossini. Función del sábado 5 de octubre de 2019 en el Municipal de Santiago, Ópera Nacional de Chile. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Rodrigo Navarrete. Escenografía e iluminación: Ramón López. Vestuario: Monse Catalá. Reparto: Victoria Yarovaya (Isabella), Patricia Cifuentes (Elvira), Cecilia Pastawski (Zulma), Anton Rositskiy (Lindoro), Pietro Spagnoli (Mustafá), Orhan Yildiz (Taddeo), Patricio Sabaté (Haly). Coro del Municipal de Santiago, director: Jorge Klastornick. Orquesta Filarmónica de Santiago.

Angelo Anelli creó en 1808 un libreto para Luigi Mosca. Se basó en el relato de Roxelane, una bella esclava y luego cónyuge del sultán turco Solimán el Magnífico en el siglo XVI, y probablemente también en el caso real de la milanesa Antonietta Suini, secuestrada por piratas argelinos en 1805. La ópera de Mosca no sobrevivió, pero el libretto sí y permitió a Gioacchino Rossini estrenar años después su propia versión. L’italiana in Algeri (Venecia, 1813) es la clase de obra que retrospectivamente llamaríamos fundacional. Si Tancredi es el modelo de la ópera seria rossiniana, Italiana lo es de la bufa.

Anclada en Argel, la historia puede ser construida como una ópera de rescate, un género prolífico a fines del siglo XVIII. Isabella, naufragada, es secuestrada por órdenes del bey Mustafá para convertirla en su (nueva) mujer. El encuentro con su amante Lindoro y su carácter indócil terminan por estrellar los planes del bey. Casi como una parodia de El rapto en el serrallo, la ópera de Rossini prescinde del monarca turco humanista y en cambio presenta a Mustafá como un crédulo y libidinoso pequeño tirano. En medio de todo, el contraste entre la astucia europea y la visión exótica de Oriente.

Volviendo al Municipal después de diez años, esta nueva puesta en escena estuvo a cargo de un equipo de artistas chilenos con un resultado más bien mixto. La lectura es tradicional, anclada en un mundo árabe temporalmente indeterminado, un detallado trabajo escenográfico y lumínico a cargo de Ramón López. Ese mundo es esencialmente el de los turbantes y los velos, matizado por notas occidentales (un carrito de golf, un brindis con whisky) y una violencia esculpida por el modelo de las redes sociales (la inclinación por posar con armas frente a un fotógrafo es un elemento que vuelve una y otra vez). Si bien hay referencias a la moda de los setenta en el variado y muy bien ejecutado vestuario de Monse Catalá, varias de las actitudes que enfatiza la dirección escénica de Rodrigo Navarrete son más bien contemporáneas.

Pietro Spagnoli (Mustafá) y Victoria Yarovaya (Isabella) en la escena final del primer acto de L'italiana in Algeri, Municipal de Santiago de Chile, 2019

En el mundo de Mustafá la amenaza de empalamiento es un hábito espontáneo (un gran palo que aparece y desaparece ante la menor provocación). Ese mundo machista se ve invadido por la actitud desafiante y disruptora de Isabella. Mientras Mustafá quiere una nueva mujer ("una de esas que dominan a sus pretendientes") parece no querer nada de lo que implica tenerla. ¿Qué es lo que quiere este Mustafá? Esta oposición llega a rozar niveles psicoanalíticos cuando la puesta opone al falo de Mustafá la araña de mascota que trae Isabella. Y si bien este bey desea a Isabella... le teme a su araña. Lacan lo podría haber expresado con mayor dificultad, pero lo cierto es que la araña (que en el acto segundo de hecho crece) como símbolo de la sexualidad liberada de Isabella resulta un elemento extraño en una puesta básicamente literal. Hay varios cuadros que semejan gags —algunos funcionan mejor que otros— y el espíritu general es de un humor blanco picaresco, no siempre motivado por la acción (así, por ejemplo, la transformación de la Orden de los Pappataci en una suerte de Club de los Wachiturros). Varias de las situaciones cómicas se sienten descontextualizadas y aparecen simplemente porque se pueden hacer.

Encabezando el elenco, la mezzo rusa Victoria Yarovaya volvió a nuestro escenario. La voz, de timbre agradable y graves templados, corre por el teatro con facilidad, aunque en algunos pasajes se la siente quizá demasiado reducida. Tiene la actitud para el rol, en particular en un “Cruda sorte” de hierática presencia y un “Pensa alla patria” de controlada coloratura. Menos convincente resultó su “Per lui che adoro”, donde el juego voyerista pasó desapercibido para la puesta y el carácter esencialmente erótico de la pieza se diluyó en una lectura fría. Esa lejanía se manifestó también en su encuentro con el Lindoro de Anton Rositskiy, de voz penetrante, agudo fácil y desenvuelta presencia escénica. El lado amante del personaje, sin embargo, queda menos en evidencia en un “Languir per una bella” correcto, pero de escaso romanticismo.

Pietro Spagnoli repitió su papel de hace diez años. Es de esos artistas que no decepciona. No solo por su manejo del personaje y su personalidad desenvuelta, sino porque la viril voz se mantiene intacta. Los agudos en el finale secondo son seguros y es capaz de colorear con donaire un número menor como “Già d’insolito ardore”. El barítono turco Orhan Yildiz es un Taddeo juguetón, menos bufo y ridículo que lo usual, lo cual es ciertamente una fortaleza. Patricia Cifuentes suena estridente en el finale primo. Su exagerada caracterización no contribuye a humanizar medianamente el personaje de Elvira, un contraste radical con la muy dignificada Zulma de Cecilia Pastawski. Patricio Sabaté, nuevamente en Haly, coloreó con su elegancia habitual el retrato de “Le femmine d’Italia”. La sección masculina del Coro del Municipal de Santiago otorgó el contexto para la corte de Mustafá, al tiempo que acompañó a Isabella en su rondó como un (ambiguo) grupo de italianos.

Orhan Yildiz (Taddeo), Patricia Cifuentes (Elvira), Pietro Spagnoli (Mustafá), Anton Rositskiy (Lindoro) y Victoria Yarovaya (Isabella) en el segundo acto de L'italiana in Algeri, Municipal de Santiago de Chile, 2019

La dirección orquestal de José Miguel Pérez-Sierra, maestro que vuelve para éste, su cuarto Rossini en Santiago, es toda velocidad. La obertura fue tratada lujosamente, con una madera incisiva y cambios abruptos en la dinámica. Es la clase de enfoque que no aburre, aunque los tempi infligidos al finale primo y a la stretta del quinteto del acto segundo pongan a los solistas vocales en una carrera contra el tiempo. La Filarmónica de Santiago respondió espléndidamente a la batuta y es de esperar que la virtuosa relación entablada con el maestro Pérez-Sierra pueda dar pie, quién sabe, a alguna de las obras napolitanas de Rossini. Un detalle digno de mencionar es la participación activa de Jorge Hevia al clavecín en los recitativos simples. Retomando algunas melodías ya oídas (y otras no oídas), brindó mayor flexibilidad e invención a estos pasajes. Entre las no oídas figuró “La tarántula é un bicho mu malo” de la zarzuela La tempránica de Gerónimo Giménez. Es una broma musical bien pensada, no sólo porque la melodía es rossiniana, sino porque casi deletrea lo que la puesta podría atreverse a expresar con mayor decisión y riesgo.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, octubre de 2019

Para agendar
Aún quedan tres funciones del elenco aquí reseñado de L’italiana in Algeri que se llevarán a cabo el lunes 7, miércoles 9 y viernes 11 de octubre. Habrá dos funciones más el martes 8 y jueves 10 con el Elenco Estelar integrado por Evelyn Ramírez (Isabella), Juan de Dios Mateos (Lindoro), Ricardo Seguel (Mustafá), Sergio Gallardo (Taddeo), Marcela González (Elvira), Cecilia Barrientos (Zulma) y Eleomar Cuello (Haly). Más info: www.municipal.cl

Imágenes gentileza Municipal de Santiago / Fotografías Marcela González Guillén
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Publicado el 07/10/2019
     
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