Sábado 31 de Octubre de 2020
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

Fabio Sparvoli : Habitar el teatro
Antes de su debut en el Teatro Colón con "Don Pasquale", el talentoso director escénico italiano conversó con TIEMPO DE MÚSICA sobre algunos de los temas centrales en su oficio. Por Ernesto Castagnino
 

Para Fabio Sparvoli, la puerta de entrada al mundo de la dirección escénica fue el ambiente del teatro experimental en Roma de mediados de los setentas, colaborando con Mario Scaccia y Gianfranco Varetto. En 1980 comenzó su larga relación con el Piccolo Teatro de Milán y con Giorgio Strehler, de quien fue asistente entre 1982 y 1989 con memorables puestas de Arlecchino servitore dei due padroni, L'anima buona di Sezuan, Il Temporale y La grande magia.

En 1984 se produjo el salto al mundo de la ópera de la mano de Roberto De Simone, al que asistió hasta 1995. En 1987 hizo su debut como director en el Piccolo Teatro con Portate venti, questi dolci versi, y en 1988 realizó su primera dirección escénica de ópera en el Festival de Montepulciano con una producción de L'ape musicale, pasticcio con libreto de Lorenzo Da Ponte. Desde entonces, Sparvoli ha tenido una actividad ininterrumpida en los teatros líricos italianos, pero también en Francia, España, Irlanda, Rusia, Chile y Montevideo, ganándose un lugar entre los directores más destacados de la escena lírica actual.

¿Cómo nació su vocación por el teatro lírico?
Mi primer contacto con el teatro lírico fue en la Ópera de Roma, tendría unos catorce años, y fue una ópera de Wagner, Sigfrido… ¡huí de la sala después del primer acto! (risas). Muchos años después, era 1983, ya como asistente de Giorgio Strehler en el Piccolo Teatro de Milán, recibí un llamado del maestro Roberto de Simone, proponiéndome ayudarlo a poner en escena La italiana en Argel en La Fenice de Venecia. Le dije que nunca había hecho asistencia en una ópera y que mis recuerdos en la materia no eran muy positivos… Roberto insistió y llegué a Venecia para el primer ensayo. En la sala de ensayos había agitación, todos me miraban esperando algo de mí, mientras yo esperaba al maestro de Simone que… ¡nunca llegó! Tuve que sacar de la galera una tarea y llevé adelante el ensayo. La soprano se acercó y me dijo que, por haber sido mi primera vez, había estado muy bien… Roberto llegó a Venecia a la semana y yo había ya montado todo el primer acto, enamorándome cada día más de Rossini, de la música y de la diversión que encontraba en actuar cantando. Tras esa Italiana, Roberto volvió a llamarme y así, paso a paso, la música entró en mi vida.

¿Cómo fueron sus años de estudio y formación?
Comencé en el teatro un poco tarde. Tenía veinticuatro o veinticinco años y estudiaba medicina, pero no sentía que esa profesión llenara mi vida. Dejé la facultad y comencé a concurrir a los teatros off de Roma. Era la época de Carmelo Bene, Mario Scaccia… y justamente con él tuve mi primer contrato como utilero, lo que me abrió las puertas de este mundo. Luego llegó Ferruccio Soleri, mítico Arlecchino en el Piccolo Teatro, que me convocó como utilero, asistente de dirección, sonidista y maquinista para un espectáculo sobre la commedia dell’arte que hacía en Israel y en el Festival de Avignon. En ese viaje se me reveló con claridad que ésta podía ser mi profesión. Soleri me recomendó en el Piccolo Teatro y tuve mi primer contrato como director escénico. Había entrado, sin darme cuenta, en el Olimpo del teatro. No estudié teatro, sino que hice teatro aprendiendo el oficio de todos con quienes trabajé.

Y ha comenzado su carrera nada menos que con Giorgio Strehler y Roberto de Simone...
En este oficio la suerte es muy importante y he tenido el privilegio de colaborar con dos de los más grandes directores de teatro —lírico y de prosa— de aquel momento. Fueron experiencias de formación y de gran crecimiento profesional, aunque muy diferentes entre sí: Strehler es triestino, De Simone, napolitano… solo con ese dato pueden comprenderse sus diferencias culturales, de carácter, y su forma tan diferente de hacer teatro. Strehler era riguroso, casi maniático explicando un gesto, una entonación, siempre ajustado profundamente al texto que, para él, era el faro a seguir y comprender hasta el último rincón, aunque siempre con una actitud sutil, nunca invasiva. Era un mago con las luces Strehler, una escena que no lograba despegar la volvía mágica con la iluminación. De Simone era el opuesto: abordaba el texto siempre con ironía, buscando detalles que hacían repensar y replantearte aquello que hasta hace cinco minutos era una certeza. Era un músico refinado y un poco niño en su corazón y así se movía en el escenario, jamás imponiendo sino ganándose la confianza de los cantantes y de todos los integrantes del equipo. Con ambos he aprendido observando cada palabra, cada gesto, cada razonamiento. Ellos me enseñaron como se habita el teatro.

Fabio Sparvoli, junto a Darío Solari, Nicola Ulivieri y Jaquelina Livieri, ensayando Don Pasquale en el Teatro Colón, 2019

¿Dónde encuentra inspiración?
La inspiración… es como un venticello [N. del E.- Referencia al aria “La calunnia” de El barbero de Sevilla]. Llega cuando menos la esperás y, para mí, siempre de manera insólita. Te doy un ejemplo: estaba poniendo en escena El barbero de Sevilla y no quería caer en el típico cliché. Con el escenógrafo estábamos en un punto muerto. Un día, entro a una juguetería para comprarle un regalo a un sobrino —no dejaba de pensar un minuto en El barbero— y en la vidriera veo la casa de Barbie… fue como un relámpago y tuve la escenografía: una casa mágica en la que podía hacer actuar a los cantantes como en la comedia de Beaumarchais: mientras en la planta inferior Figaro y Rosina cantaban el dúo, en el piso superior Don Bartolo y Don Basilio escribían la carta. Los puntos de referencia son tantos: para mí principalmente la commedia dell'arte, punto de partida de todo el teatro y también nuestra comedia all'italiana partiendo de Fellini, Comencini, De Sica, Totò, Gasmann y todo el cine de los cuarenta, desde el neorrealismo a la comedia.

¿Y cómo es su método de trabajo?
Es muy simple, después de todo el esfuerzo para que el proyecto sea aceptado, comienza un trabajo de documentación y estudio del texto, de la novela sobre la que está basada la obra, un trabajo de ideación al que contribuyen los colaboradores más cercanos que son el escenógrafo y el vestuarista. Se hace una primera reunión donde explico la idea que tengo de la obra, de la ambientación, de los colores y de los personajes. Cada uno trabaja por su cuenta y tras diez o doce días se hace un nuevo encuentro con los bocetos de la escenografía y del vestuario, se discute y se plantea otra reunión a las dos semanas y ahí ya el espectáculo tomó una forma, generalmente la primera es siempre la mejor. Naturalmente durante todo ese tiempo hay llamados nocturnos para contarnos una idea nueva, cambios radicales en la ambientación o los personajes, en fin, un trabajo constante y de mucha concentración.

¿Cómo se plantea el trabajo actoral con los cantantes?
Hoy es impensable ver un cantante parado en medio del escenario con el único objetivo de cantar bien sin interactuar con sus colegas. Vi a cantantes declarar su amor a la doncella que estaba… ¡a sus espaldas! (risas). Esto no es aceptable para el público de hoy. Personalmente invito a los cantantes a actuar pensando, en cada situación en la que se encuentran, qué harían ellos si les sucediera en su vida real, qué sentimientos les despierta, qué actitud tendrían, qué recuerdos de su vida despierta. Busco acercar lo máximo posible la emoción del texto a una emoción real y actual, de nuestros días, de modo de volver creíble al personaje. El público va al teatro para emocionarse, para asombrarse, llorar, pensar, reflexionar y todo eso lo da la música, el texto y la interpretación. Toda mi experiencia en el teatro de prosa me resulta tremendamente útil en la lírica.

Fabio Sparvoli, junto a Jaquelina Livieri y Darío Solari, ensayando Don Pasquale en el Teatro Colón, 2019

¿En cuál estilo musical se siente más cómodo?
Ciertamente en el setecientos, donde hay una transformación en el hacer teatro… piense en Mozart y Da Ponte. También en el siglo siguiente donde la figura humana se convierte en el centro de las emociones, allí está Verdi, tan popular, pero con un lenguaje internacional o Puccini, creando esos personajes femeninos… También me entusiasman compositores modernos como Luigi Dallapiccola o Nino Rota, que hablan de la humanidad sondeando profundamente en la mente del personaje, piense en Il prigioniero o Napoli milionaria! A fin de cuentas, si tenés una música sublime, un texto inteligente y cantantes talentosos, todo es mucho más fácil.

Hablemos un poco de la dirección escénica de ópera en la actualidad…
La ópera se está actualizando, vemos cada vez más cambios o traslaciones bastante gratuitos de las óperas de repertorio, sobre todo en Alemania que —es mi opinión— solo tienen el objetivo de impactar y dar que hablar, siguiendo el viejo refrán “que hablen mal pero que hablen”. La clave está en cómo se moderniza una ópera: vi una Tosca ambientada en la época fascista y todo era perfecto, no contrastaba para nada con el texto ni la música y era, sobre todo, creíble. Todo lo contrario me pasó con un Nabucco que vi en Alemania donde Nabucco entraba en escena sobre un tanque y el coro de los magos estaban vestidos como avispones negros y amarillos con un aguijón que se sacaban al cantar “e di Bello la vendetta…” ¡Sinceramente esto me parece demasiado!

Hablemos de Don Pasquale ¿es su primera puesta de esta ópera?
No, la tercera.

¿Qué propone esta ópera de 1843 al público del siglo XXI?
La modernidad de Don Pasquale es bastante evidente. La clásica trama del viejo engañado para que dos jóvenes puedan casarse. Es un choque generacional, dos mundos lejanos que no se encontrarán nunca. Me hace pensar también en esos cuidadores que, muchas veces, engañan a un anciano para sacarle el dinero y los bienes. Nadie se resigna a la vejez, es como Dorian Gray que busca desesperadamente adecuarse al mundo pero que en esta ópera –queda bien claro en la escena de la bofetada– termina con la toma de conciencia del protagonista y su vuelta a la realidad

¿Y cómo piensa trasladar estas ideas en esta producción de Don Pasquale?
Esta ópera es un poco como Così fan tutte de Mozart, es decir “un día de locura”: todo sucede en el arco de 48 horas y es una montaña rusa de hechos, situaciones que se suceden en un ritmo frenético. La escenografía que hemos ideado con Enrique Bordolini subrayará este frenesí.

¿Qué cosa no debería hacer jamás un director en Don Pasquale?
Creo que la ópera se encuadra en el estilo de una comedia dramática, que al final restablece los valores y las jerarquías de los personajes. Creo que transformarla en una farsa sería un error imperdonable.

Será su debut en el Teatro Colón ¿Qué expectativas tiene?
Estoy realmente feliz y me siento muy honrado de poder trabajar en este teatro tan prestigioso, un teatro con una historia increíble, donde han cantado los más grandes y ha dirigido músicos extraordinarios. Sin duda voy a sentir los primeros días una gran emoción que luego espero dé paso al sentimiento de sentirme en casa. Será una nueva casa, donde trabajan profesionales que hacen del teatro su vida y su pasión, y eso hará que todo sea más fácil.

Escenas de El barbero de Sevilla en la producción de Fabio Sparvoli para el Municipal de Santiago de Chile, 2008

En Sudamérica trabajó en Chile y Uruguay ¿cómo resultaron esas experiencias?
También trabajé en Lima. En todos fue una experiencia emocionante, pero con el Municipal de Santiago he creado una relación especial, a través de su ex director Andrés Rodríguez y con todos los sectores, personas que desarrollan su trabajo con pasión y mucho oficio. Lo que más me impactó, las veces que trabajé allí, es la dedicación al proyecto: jamás escuché “esto no se puede hacer”, porque en teatro, todo se crea, todo se inventa.

Y luego de Don Pasquale ¿cuáles son los próximos proyectos?
Estoy preparando, para el comienzo de temporada del Teatro Regio de Turín, Los pescadores de perlas de Bizet y luego haré una nueva producción de Rigoletto para los teatros de Módena, Ferrara y Lucca.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre de 2019

Para agendar
La nueva producción de Don Pasquale sube a escena el próximo martes 24 de septiembre, con la dirección musical de Srba Dinic, puesta en escena de Fabio Sparvoli, escenografía e iluminación de Enrique Bordolini y vestuario de Imme Möller. Luego habrá otras seis funciones: miércoles 25, viernes 27, sábado 28 y domingo 29 de septiembre, martes 1 y miércoles 2 de octubre, en el cual se distribuirán tres elencos: Nicola Ulivieri, Gustavo Gibert y Víctor Torres (Don Pasquale), Jaquelina Livieri, Laura Polverini y Constanza Díaz Falú (Norina), Santiago Ballerini y Santiago Martínez (Ernesto), Darío Solari, Cristian Maldonado y Luis Loaiza Isler (Doctor Malatesta) y Mario de Salvo y Felipe Carelli (Notario). Participa el Coro y la Orquesta Estables del Teatro Colón. Más info: www.teatrocolon.org.ar

Imágenes de ensayo gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli
Seguinos en www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
¿Qué te pareció esta entrevista? ¿Coincidís con lo que aquí se dice? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Compartí esta nota en Facebook o en Twitter

 
Publicado el 23/09/2019
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados