Viernes 30 de Octubre de 2020
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

"Ariadna en Naxos" en el Teatro Colón : Una ópera acerca de la ópera
La gran creación de Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal volvió al escenario del Teatro Colón tras 26 años de ausencia. Una estupenda dirección musical a cargo de Alejo Pérez y la aguda visión de Marcelo Lombardero confluyeron en una sólida versión. Por Ernesto Castagnino
 

ARIADNA EN NAXOS (Ariadne auf Naxos), ópera en un prólogo y un acto con música de Richard Strauss y libreto de Hugo von Hofmannsthal. Función del domingo 4 de agosto de 2019 en el Teatro Colón. Dirección musical: Alejo Pérez. Director de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía: Diego Siliano. Escenógrafa repositora: Noelia González Svoboda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Diseño de video: Matías Otarola. Coreógrafo: Ignacio González Cano. Reparto: Carla Filipcic Holm (Prima donna / Ariadna), Gustavo López Manzitti (Tenor / Baco), Jennifer Holloway (Compositora), Ekaterina Lekhina (Zerbinetta), Hernán Iturralde (Maestro de música), Pablo Urban (Maestro de danza / Scaramuccio), Luciano Garay (Arlequín), Santiago Martínez (Brighella), Iván García (Truffaldino), Laura Pisani (Náyade), Florencia Machado (Dríade), Victoria Gaeta (Eco), Carlos Kaspar (Mayordomo), Mariano Fernández (Peluquero), Román Modzelewski (Sirviente), Ariel Casalis (Oficial). Orquesta Estable del Teatro Colón.

Nacida como epílogo de El burgués gentilhombre de Molière, en remplazo del suntuoso ballet que ofrece el protagonista a sus invitados, Ariadna en Naxos es la tercera colaboración entre Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal. La combinación de la comedia y la ópera no funcionó para el público, por lo que el libretista propuso remplazar la obra de Molière por un prólogo, y convertir a Ariadna en Naxos en una ópera independiente. En ese prólogo se asiste al ‘detrás de escena’ del montaje de un espectáculo en la mansión de un millonario. El dueño de casa ha contratado, para diversión de sus invitados, dos compañías: una de ópera seria y otra de comedia. El capricho y los avatares de un cronograma que debe ajustarse a un espectáculo de fuegos artificiales impostergable, harán que ambas compañías deban actuar juntas, lo que causa la desesperación del compositor de la ópera seria, negándose a contaminar su obra con lo que él considera indigno del arte elevado.

Con los personajes de este prólogo: el compositor, su maestro, la prima donna, el tenor y los integrantes de la compañía de cómicos, Hofmannsthal ensaya una especie de meta-ópera: una ópera en la cual se habla de… ópera. Richard Strauss, por su parte, despliega, con una orquesta de pequeñas dimensiones, una paleta sonora de enorme riqueza. El compositor utiliza una cantidad de recursos operísticos —anacrónicos a comienzo del siglo XX— como el recitativo secco o el aria di bravura, combinado con el arioso e incluso la palabra hablada, conformando un gran fresco del género lírico a través de toda su historia. Collage musical y también teatral —con la superposición de estatuarios personajes mitológicos con los joviales integrantes de la commedia dell’arte— a partir del cual Strauss y Hofmannsthal plantean, en un plano, el dilema entre lo serio y lo cómico, entre lo “elevado” y lo chabacano, entre lo profundo y lo superficial. En otro plano, menos evidente quizás (al responsable de la velada no se lo ve nunca), está la mirada satírica sobre los advenedizos y nuevos ricos que utilizan al arte y a los artistas con el solo objeto de adquirir estatus ante la mirada de aquellos a quienes quieren emular.

Carla Filipcic Holm (Ariadna) y Ekaterina Lekhina (Zerbinetta) en la ópera Ariadna en Naxos, Teatro Colón, 2019

Marcelo Lombardero realizó una atractiva puesta en la que este (segundo) plano adquiere un interés particular. ¿Para qué y para quién es el arte? ¿A quién está dirigido? ¿Quién es el receptor del hecho artístico? Son las preguntas que atraviesan la puesta, sin necesidad de ser formuladas. Los invitados de la fiesta, que aparecen a los lejos en una terraza, disfrutando de la fiesta, no parecen demasiado interesados en la ópera que se va a representar. Frente al pequeño teatro neobarroco que se monta para que la obra se desarrolle, estamos… nosotros. Lombardero siempre intenta ir un poco más allá de la superficie y lo consigue también en esta oportunidad: para él Ariadna en Naxos no es simplemente una ‘ópera dentro de la ópera’ sino una ópera acerca de la ópera. Al acercarse el final, los tramoyistas comienzan a desmontar el teatro, quedando claro que a nadie le interesa demasiado la obra que se desarrolla. Los fuegos artificiales, que no podían hacerse esperar, comienzan a verse sobre el fondo del gran ventanal mientras Ariadna y Baco terminan su dúo de amor. Efectivamente nadie parece apreciar la obra, los ricachones y esnobs abandonaron la sala para ver los juegos artificiales, sólo los tramoyistas permanecen hasta el final para brindar un aplauso a los artistas. La ironía es cruel.

Si algo caracterizó la dirección musical de Alejo Pérez fue la naturalidad. La batuta del director argentino reparó en los detalles, sutiles contrastes y estilizado refinamiento de la partitura de Strauss.  El vuelo dramático de esta ópera (casi) de cámara se elevó con un acertado equipo vocal liderado por dos cantantes argentinos: Carla Filipcic Holm y Gustavo López Manzitti. La primera, que nos brindó una Mariscala insuperable en 2017, posee el timbre esmaltado y el refinamiento para hacer frente a las heroínas straussianas. Su Ariadna fue sencillamente impecable en estilo e inolvidable como interpretación. López Manzitti, por su parte, nos permitió ver en Baco algo más que el personaje algo impostado del dios clásico, dándole una intensa expresividad.

Final de la ópera Ariadna en Naxos, Teatro Colón, 2019

Jennifer Holloway —que en 2014 protagonizó el estreno de Réquiem de Oscar Strasnoy y en 2017 volvió al Teatro Colón como Octavian en Der Rosenkavalier— tuvo a su cargo representar a la Compositora (en la puesta se la presenta con ese género) con un buen resultado en lo vocal, aunque ciertamente tampoco extraordinario. Es difícil no caer en cierta sobreactuación con este personaje crispado e intenso desde el momento en que pisa el escenario, algo que tampoco Holloway pudo evitar. Recayó sobre la soprano rusa Ekaterina Lekhina la expectativa sobre la implacable coloratura de Zerbinetta, que resolvió con solvencia. El Maestro de música de Hernán Iturralde resultó un deleite de comienzo a fin. El nutrido conjunto de personajes secundarios no tuvo fisuras.

Esta ópera es siempre una experiencia extraordinaria por la cantidad de perspectivas y matices que ofrece. La belleza musical plasmada por Alejo Pérez y la mordaz lectura escénica de Marcelo Lombardero, hicieron que, además de extraordinaria, la experiencia fuera de alto impacto.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2019

Imágenes gentileza gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta ópera, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro
facebook. Hagamos de Tiempo de Música un espacio para debatir.

Compartí esta nota en Facebook o en Twitter

 
Publicado el 15/08/2019
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados