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"Maria por Callas, en sus propias palabras" de Tom Volf : Un semblante íntimo y humano
Este documental —estrenado en marzo en la Argentina— que reúne diferentes entrevistas y actuaciones de la soprano griega, permite encontrarse con otras facetas de esta fascinante artista. Por Javier Villa
 

Indudablemente, y por méritos más que conocidos, Maria Callas es una de las figuras más relevantes del mundo artístico. Dotada de un timbre vocal personalísimo, de una incuestionable musicalidad, y de un instinto actoral infalible, esta soprano caló tan hondo en el imaginario social que su arte fue mucho más allá de las fronteras de la música. Esto se debe, quizás, a que su personalidad artística estaba sostenida por la fusión entre el dominio musical y una habilidad escénica sin igual. Mucho se ha dicho sobre “la Callas” desde su faceta profesional como así también desde lo personal, y se lo ha comunicado en distintos tipos de formatos: libros, películas, documentales, programas de televisión, obras de teatro. Es claramente una personalidad a la que el paso del tiempo no le ha podido ser indiferente.

Con su ópera prima Maria Callas: en sus propias palabras (Maria by Callas: In Her Own Words, 2017), el fotógrafo francés Tom Volf desembarca en la pantalla grande con una aproximación íntima e introspectiva al universo de la soprano griega. Probablemente Callas sea uno de los personajes más complejos de abordar debido a la estrecha relación que se evidenciaba entre la magnitud de su calidad artística y el ámbito de lo personal. La novedad que aporta este documental  es que el discurso se va articulando a partir de la palabra de Callas en diferentes entrevistas y reportajes que brindó a lo largo de su vida. Es un recorte que está orientado en darle un relieve particular a las expresiones de la soprano porque no se limita a tratar el interés por lo artístico o por ahondar en cuestiones privadas. El film abarca toda la vida de Callas desde su nacimiento en Nueva York hasta el prematuro desenlace de su muerte a los 53 años en 1977.

El inicio del documental presenta el conflicto central: la relación entre Callas y Maria, entre la artista y la mujer. “Me gustaría ser Maria pero existe Callas a quien debo serle fiel. Trato de luchar con las dos de la mejor manera posible”, ese fragmento —que pertenece a una entrevista que atraviesa toda la película— es el disparador que el director trabaja a lo largo de todo el film, y va a mostrar, a través de los años, cómo ese vínculo fue evolucionado. La idea de no linealidad, contraria a lo que comúnmente sucede cuando se idealiza a un gran artista, le permite al espectador dimensionar el orden de lo subjetivo en Maria, y también en Callas. Uno de los ejes desde donde se engarza la idea de lo artístico en Callas es el acercamiento al canto, en primera instancia como deseo de la ambición de su madre. Ese inicio asociado el rigor materno —que se manifestaba en controlar que su hija no estuviera más de cinco minutos delante del espejo, por considerarlo irrelevante— va apropiándose de la subjetividad de Maria hasta que ella misma despliega una notable autoexigencia, retratada por su maestra de canto Elvira de Hidalgo en la famosa entrevista donde describe cómo era su alumna.

Uno de los aciertos de este film es el tratamiento que se le ha dado a las imágenes, particularmente aquellas de la década del ’50. El proceso de restauración empleado le ha brindado una notable definición y nitidez, además de la naturalidad aportada el uso del color. Si bien la mayoría de los registros fílmicos se han podido ver en otras oportunidades, aquí aparecen con otra atmósfera, por momentos de una notoria cercanía. Se puede apreciar a Maria Callas con una vivacidad inusual, que en varias ocasiones resulta sorprendente.

La destacada actriz Fanny Ardant es la encargada de ponerle la voz a la lectura de la correspondencia de Maria Callas. Ardant, que ya había interpretado a la soprano en Callas Forever (2012) de Franco Zeffirelli, no sólo confirma su jerarquía artística, sino que incluso la renueva. Su interpretación plasma los diferentes estados de ánimo que va transitando en sus distintas épocas y le aporta, con su singular expresividad, una credibilidad muy profunda. La selección incluye una serie de cartas que Callas envió a diferentes amistades y personas muy cercanas, de la que se destaca su querida maestra y confidente, Elvira de Hidalgo. Allí Callas reflejaba la relación que tenía con el canto a principios de los ’60, época en la que estaba viviendo su relación amorosa con Aristóteles Onassis. El agotamiento producido por el exceso de trabajo, y también por la exigencia que vivió durante la década del ’50, se manifiesta en el contenido de esas cartas con una sinceridad que la vuelve más humana. Si al principio la relación con el canto estaba marcada por el riguroso seguimiento de su madre, esta situación luego se replicaría en la relación con su esposo, Battista Meneghini.

Uno de los episodios que destaca el documental, y que tienen mayor impacto en la carrera de Callas, es el altercado que tendría lugar en la Ópera de Roma en 1958, cuando la soprano tuvo que cancelar su actuación en Norma por padecer bronquitis, durante el segundo acto. Ese hecho desataría un acoso mediático inusitado que sería la antesala al mismo tratamiento que le diera la prensa a su separación de Meneghini en 1959. Ese hostigamiento sería retomado por Callas en la entrevistada concedida a David Frost en 1970, allí relataba lo difícil que había sido transitar por ese período donde se la atacaba continuamente desde lo artístico y especialmente desde de lo personal. La sagacidad de Callas se pone de manifiesto cuando explica por qué no es útil sostener una postura de defensa constante ante las embestidas del periodismo porque, según ella, la prensa siempre tiene la última palabra.

La reflexión crítica de Callas se pone en juego en su análisis acerca de cómo un producto estético, como la ópera, puede ser tratado de manera intrascendente o bien dotarlo de una profundidad que lo acerque a lo sublime. Es aquí donde, desde su óptica, se puede inferir la importancia que le asignaba a la actuación, que en sus propias palabras afirmaba como algo absolutamente necesario para un cantante. Las imágenes que se observan en el documental reflejan la cualidad actoral de sus interpretaciones y también muestran la autoridad con que dominaba la escena. Es una característica inescindible de su arte y está en el mismo plano jerárquico que sus cualidades musicales y vocales. De todos modos no puede soslayarse en este documental al canto de Maria Callas. La calidad del sonido lograda ofrece la posibilidad de volver a apreciar las características de su voz. Generalmente los documentales suelen tener fragmentos aislados de interpretaciones, pero en este caso Tom Volf optó por incluir las arias completas. De este modo el espectador puede ponderar la evolución que tiene una interpretación en su aspecto dramático, musical, y también escénico. La selección de este film recoge diversas actuaciones de Callas pero hay una que traspasa especialmente la pantalla, y es la interpretación de “Vissi d’arte” de Tosca. Tomada de una filmación del Covent Garden en 1964, es posiblemente una de las mejores lecturas posibles realizadas por cualquier cantante. La intensidad con que interpreta esta aria es sencillamente abrumadora. No se puede encontrar más entrega, mejor nivel de proximidad con el personaje, y claro está, tampoco se puede encontrar una visión más contundente desde el aspecto vocal. Es uno de esos roles de los que Callas se apropió para siempre, como Violetta o como Norma.

Tom Volf en el estreno madrileño de su documental

La presencia del aspecto musical en el film no sólo está garantizada por la voz de la soprano griega sino también, y quizás este sea otro de sus mayores aciertos, por la delicada y sutil musicalización que acompaña el devenir del documental. La versión para piano solo de “Addio del passato” de La traviata y “Ah non credea mirarti” de La Sonnambula se convierten en dos de los momentos mejores logrados. Pero es el aria “Va! Laisse couler mes larmes” de la ópera Werther, también en versión para piano solo, que brinda una nostálgica melancolía  a uno de los momentos más dramáticos de la vida de Maria Callas, la separación de Onassis. A partir de su alejamiento de la actividad profesional y de su ruptura sentimental con el magnate griego, Callas empieza a transitar otros rumbos. El documental muestra la época de incertidumbre personal y de búsqueda otros horizontes artísticos, como fue su paso fugaz por el cine con Medea de Pasolini en 1969. En ese sentido las entrevistas concedidas encuentran a una Callas que se autoriza a sincerar las razones de su alejamiento circunstancial del canto, con una honestidad fuera de común.

Asistir a un producto estético cuya protagonista es Maria Callas siempre es una cita obligada, sobre todo cuando se pone en juego una amplia variedad de recursos como es el caso del documental de Volf. La figura rutilante y a la vez trágica de una de las más importantes cantantes de todos los tiempos encuentra en este film una arista menos explorada que la humaniza a partir de sus contradicciones, sus incertidumbres, y su sinceridad. Todo esto pone en valor su aporte trascendental al mundo del arte.

Javier Villa
Junio 2019

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Publicado el 24/06/2019
     
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