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Leonardo Pastore : La identidad fundada en el legado
Previo a su gira por Europa, el tenor argentino reflexiona sobre su labor artística y las influencias que ha recibido a lo largo de su carrera profesional. Por Javier Villa
 

Leonardo Pastore / Foto de Nelson Gutiérrez

La inclinación hacia un lenguaje expresivo no está determinada por una sola causa. En líneas generales puede decirse que el acercamiento hacia este tipo de lenguajes responde a una serie de motivos que están relacionados con el legado o la transmisión afectiva, por parte de algún referente cercano, y también con la forma en la que se le da lugar al deseo. Las representaciones sociales acerca de lo que implica una vocación, tienden a simplificar la complejidad que encierra la aproximación que tiene un sujeto a una disciplina artística, y suelen reducirlo a una cuestión de talento o habilidad.

El recorrido de la historia personal de numerosos artistas retoma, de alguna manera, las consideraciones antes señaladas, con los respectivos matices que adquiere cada caso particular.  Es interesante pensar que una vocación artística no es un lugar estático, ni siquiera un lugar de llegada, ya que el modo en que se lo transita necesariamente tiene contacto con las dificultades, con los sinsabores y también, por qué no, con las contradicciones.

Desde hace varios años Leonardo Pastore ha dado muestras de la ductilidad con que ha podido desenvolverse tanto en el canto lírico, como en el canto popular. Con una carrera sostenida a paso firme, este cantante rioplatense ha podido aunar en su identidad artística una tradición vocal que recibe influencias de los grandes tenores del siglo XX y también de uno de los máximos ídolos del canto popular: Carlos Gardel.

1. Los inicios de la mano de las grandes voces

La fascinación por los grandes artistas del canto ha despertado la vocación de numerosos cantantes que se han visto influenciados, y también estimulados, por la actuación destacada de voces irrepetibles. Cuando se indaga en los referentes musicales, generalmente se encuentra en el relato a los nombres de artistas admirados, con el agregado de que la admiración no solamente remite a las habilidades o a las cualidades vocales o musicales de cada cantante, sino que también muestra un componente crucial, como es el valor afectivo. En cada historia de admiración hay, sin lugar a dudas, un vínculo con el afecto.

Leonardo Pastore se crió en un ambiente donde el contacto con lo musical se daba de manera cotidiana. “Mi papá, que hoy en día tiene noventa años, ha sido un coleccionista amateur. Mi casa estaba llena de vinilos, de discos de pasta, había un combinado. Mi diversión de chico era agarrar los discos de los grandes cantantes del pasado”, recuerda.

La primera pregunta tiene que ver con la autopercepción sobre las posibilidades. ¿En qué momento sentiste que tenías capacidad para cantar?
Empecé a cantar cuando era muy chiquito. Veía películas y escuchaba las grabaciones, me encerraba en la habitación y me ponía a tararear alguno de esos temas. A los siete años me di cuenta de que tenía afinación. Hay gente que quizás tiene que trabajar mucho hasta lograr emitir alguna nota, a mí naturalmente ya me salía la voz para entonar bien. Ahí sentí que había una posibilidad de ser cantante.

¿Con qué repertorio te iniciaste en el canto? Porque actualmente, y desde hace tiempo, te manejás tanto en el repertorio lírico como en el repertorio de música popular.
Desde chico hasta ya los veinte años fue sólo música popular, empezando con el tango y con la figura de Gardel, porque fue el ídolo que tuve en la infancia, en realidad tuve muchos pero Gardel fue el principal. Entonces trataba de cantar todo lo que había sido su repertorio.

Leonardo Pastore en el Café Tortoni

¿El conocimiento de la figura de Carlos Gardel se dio a través de la afición musical de tu papá?
Sí, lo escuchaba él. Alguna vez debo haber parado la oreja y le pregunté quién era ese señor y me contó un poco la historia. Por supuesto me encantó la voz. No me acuerdo cuál sería el primer tema que escuché pero me encantó la interpretación, su vocalidad. Sin conocer nada, en ese momento, ni de música ni de canto. Hace poco estuve con Rómulo Berruti y le agradecí públicamente porque yo solía mirar Función privada y todos los años esperaba el aniversario de la muerte de Gardel o el cumpleaños, porque ellos daban películas de Gardel o la película de Hugo del Carril sobre la vida de Gardel, además pasaban los cortos de la década del '30 cuando cantaba con las guitarras.

Claro con el tiempo eso derivó en lo que hoy conocemos como “videoclip”. Él fue un precursor en eso, entre otras cosas.
Cuando lo veía iba al baño a peinarme, antes le sacaba la gomina a mi papá, me ponía contra la mesa y decía: “Arrabal, arrabal amargo” [imita la voz hablada de Gardel] y empezaba a cantar. Mi viejo y mi abuela me decían “¡Bravo!”. Me daban más manija (ríe).

¿Cuáles creés que son los aportes que Gardel hizo al canto?
Gardel es un poco el que “inventó” el tango cantado. Hasta la llegada de él estaban los payadores, la música criolla. Además de sus condiciones naturales, Gardel era un estudioso de la voz, un amante del género lírico. Él iba mucho al teatro a escuchar a los grandes cantantes, de hecho se cruzó con alguno de ellos y él cantaba con una escuela, por lo menos en la intención, de cantante de ópera. Cantaba el género popular pero la voz…

La tenía muy bien impostada.
Creo que ese fue uno de los principales legados que dejó, es decir que para cantar una obra, por más popular que sea, hay que tener una cierta capacidad vocal y además estudiar. Era la época también, y no sólo Gardel. Había una influencia de los grandes cantantes, del gran Caruso. De hecho Agustín Magaldi empezó como tenor lírico, llegó a cantar algún concierto, alguna canción napolitana, y después se metió en el canto criollo como le decían en esa época, pero la influencia es esa, la de los grandes cantantes de ópera.

Además Gardel no es un artista que se haya quedado con un solo género, porque empezó cantando un repertorio más “campero” y después fue acompañando al desarrollo del tango…
Exacto, y también acompañó al desarrollo de la época o la moda musical. Gardel cantó fado, cantó rumba, cantó diferentes estilos dentro de lo criollo, cantó pasillo colombiano, hasta cantó una canción napolitana. 

Escuchar a Gardel da la posibilidad, no sólo de admirar a una gran voz, sino también uno tiene la impresión de escuchar a un gran músico.
Tenía una musicalidad a prueba de todo, un instinto musical porque él no era músico se sabe, tenía un instinto único. Era un intérprete que no dejaba pasar ni una sola palabra en cada tema. No sé si los estudiaba con tiempo, si los cantaba mucho antes de grabarlos, pero si vos le prestás atención no hay una palabra que no tenga un sentido o una estética interpretativa.
 
Además no sólo era lo musical, porque su presencia también decía mucho.
Ese fue otro aspecto en el que era un adelantado de su época. Gardel fue el primero en darse cuenta que existía algo que hoy en día se llama marketing. En su juventud él pesaba 120 kilos. Yo lo comparo mucho a [Maria] Callas. Él hizo un sacrificio enorme porque en ese momento se dio cuenta de que la imagen era importante, no solamente la voz o cantar bien o vender discos. Supo venderse de la mejor manera y se puso como meta filmar porque sabía que la llegada del cine iba a tener su auge.

La charla nos conduce hacia la admiración que dos de los más grandes cantantes líricos del siglo XX, tuvieron por Gardel. “Tuve la suerte de conocer a Alfredo Kraus y le canté tangos en una cena privada. Él me pidió Sus ojos se cerraron porque cuando era chico su padre lo llevaba a un cine en Canarias y en esa película Gardel cantaba ese tango. Fue tal el éxito que tuvo que la gente empezó a gritar y tuvieron que rebobinar ese momento. Me lo contó muy emocionado.” recuerda Leonardo. Más adelante en la conversación surge el nombre de otra gran artista, Victoria de los Ángeles. “Tuve amigos muy queridos, fans de Victoria, que se reunían con ella en comidas, Jorge Podestá, Amalia Repetto, Roberto Falcone. Cuando ellos se juntaban Victoria cantaba los tangos de Gardel. Fijáte hasta dónde ha llegado este hombre.”

Hay algo que es curioso y se da cuando un artista reconoce la calidad en otros, en esa instancia no hay límites ni jerarquías. A veces se cree que el cantante lírico es mejor porque puede cantar de esa manera, o emitir esos agudos.
Es una tontería eso. Lamentablemente alguna gente piensa así, el público, el medio artístico y no sólo los artistas, hasta puede haber críticos que piensan que tal cantante popular no fue bueno porque… y está mal eso. Esta carrera es muy difícil, de mucho sacrificio, no es fácil. Hay mucha competencia, también hay celos artísticos como en todo, pero competencia para acceder a un sitio y hay mucha gente que lo puede hacer. Los artistas que están en algún lugar en la historia, es por algo. Por ejemplo Ginamaria Hidalgo, que fue una grande en nuestro país, o Lolita Torres. Esa gente cantaba con técnica, con escuela, eran grandes intérpretes. Lolita tenía un ángel, cantaba con una pasmosa facilidad.

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Publicado el 26/04/2019
     
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