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"Girls of the Golden West" en Amsterdam : La cercanía operística
El estreno europeo de la última ópera de John Adams en el Festival Opera Forward de la Ópera Nacional de Holanda mostró una temática actual, hablando de la situación real de las mujeres y extranjeros del lejano oeste del 1850. Por Luciano Marra de la Fuente (desde Holanda)
 

GIRLS OF THE GOLDEN WEST, ópera con música de John Adams y libreto de Peter Sellars. Estreno europeo (28 de febrero). Coproducción con la San Francisco Opera y la Dallas Opera. Función del martes 5 de marzo de 2019 en la Ópera Nacional de Holanda, en el marco del Festival Opera Forward 2019. Dirección musical: Grant Gershon. Dirección escénica: Peter Sellars. Escenografía: David Gropman. Vestuario: Rita Ryack. Iluminación: James F. Ingalls. Sonido: Mark Grey. Coreografía: John Heginbotham. Elenco: Julia Bullock (Dame Shirley), Davóne Tines (Ned Peters), Paul Appleby (Joe Cannon), Hye Jung Lee (Ah Sing), Elliot Madore (Ramón), J’Nai Bridges (Josefa Segovia), Ryan McKinny (Clarence), Carlos García Estévez (Fayette). Coro de la Ópera Nacional de Holanda, dirección: Ching-Lien Wu. Orquesta Filarmónica de Rotterdam.

Una afroamericana, una asiática y una latina son las protagonistas de la nueva ópera de John Adams, Girls of the Golden West, que tuvo su primera representación europea el pasado 28 de febrero aquí en la Ópera Nacional de Holanda, tras su estreno mundial en San Francisco en 2017. El compositor estadounidense deja de lado los argumentos contemporáneos de Nixon en China (1987), The Death of Klinghoffer (1993) o Doctor Atomic (2006), para indagar en el pasado de su país, nuevamente junto al director de escena Peter Sellars, a través de las historias de estas tres muchachas del lejano oeste del 1850, Dame Sherley, Ah Sing y Josefa Segovia. Lo hace a través de un libreto del propio Sellars que toma cartas, testimonios y poemas alusivos a la situación violenta y discriminatoria que tienen por ser de donde vienen, pero sobre todo, por ser mujeres.

Si en el drama romántico de David Belasco, en el cual se basa La fanciulla del West (1910) de Giacomo Puccini, el abuso se manifiesta en el deseo incontrolable del Sheriff sobre Minnie, y ella es idealizada por el grupo de mineros que hasta le da la bendición de que se vaya con un renegado, en la ópera de Adams es el conjunto de los mineros machistas, discriminadores y violentos, el que ejerce el poder irracional tanto sobre las mujeres que intentan ganarse la vida en ese ambiente hostil, como en los extranjeros, pertenezcan al género que sean. A lo largo de dos actos, si bien ese trasfondo está presente siempre, al discurrir de las escenas le faltan gestos teatrales, necesarios para que sean acción y no sólo teoría.

En ese sentido, la puesta en escena de Sellars opta por distanciar todas las situaciones evidenciando los mecanismos teatrales al elegir una escenografía —diseñada por David Gropman— en el primer acto un poco abstracta para representar el Lejano Oeste —unos árboles dorados, un telón de fondo teatral—, complementado por elementos y utilería representativa al ambiente —un asno embalsamado, un bar con mucho detalle, su cartel del bar “The Empire”, una cama desvencijada, un ataúd de madera—. En el segundo decide sumar un elemento por sobre todo visualmente expresivo como lo es el tronco cortado de un árbol, su base y su diámetro puesto frente al proscenio —tomado de una de las fotos de la época que se pueden ver en el programa de mano—, que irá moviéndose según las escenas y necesidades dramáticas de la acción. La iluminación de James F. Ingalls también remarca ese artificio, creando una paleta de contrastes lumínicos muy teatrales.

Ryan McKinny (Clarence) y Hye Jung Lee (Ah Sing), junto al coro masculino, en el segundo
acto de Girls of the Golden West, Ópera Nacional de Holanda, Amsterdam, 2019

En este marco, y reforzando aún más el distanciamiento, hay una elección por representar las acciones dramáticas rompiendo la cuarta pared, casi siempre mirando al público: son muy pocos los momentos en que los personajes se miran y generan conexiones entre ellos. Cuando así pasa, son los momentos más violentos, de confrontación o los más románticos. Representa también algunas complementarias al libreto, sugiere el abuso sexual de Joe Cannon sobre Ah Sing, pero decide no mostrar la muerte en escena: hacia el final, por ejemplo, cae una horca para Josefa Segovia, pero ni siquiera ella pone su cuello mostrando el acto atroz que la llevará a la muerte; sencillamente se va de escena y a continuación vuelve caminando y se tira en el suelo, muerta. Esta falta de gestos teatrales —es una opción valedera— hace que el dramatismo de las acciones pierda fuerza en un gran escenario de ópera.

La música de John Adams, decididamente post-minimalista —motivos repetidos y variados en estructuras relativamente cortas que abarcan cada escena—, tiene sus momentos más bellos en los cantábiles lentos, por ejemplo el dúo de amor entre Josefa y Ramón del primer acto, el arioso “I confess a strange feeling comes over me” o el epílogo, estos dos por Dame Shirley, tal vez el personaje menos desarrollado dentro de la ópera, pero que es testigo de los hechos que ocurrieron: sus cartas son las que dejan traslucir la historia real de estas personas. En estos momentos la palabra se eleva sobre la orquesta y surge en contracanto una línea de las cuerdas de hermosa expresividad. Y así lo lograron las excelentes voces de la soprano Julia Bullock como Shirley, la contralto J’Nai Bridges como Josefa y Elliot Madore como Ramón.

En las partes más violentas surge un motivo ya escuchado en Doctor Atomic, tal vez asociándolo con la idea de destrucción que había en aquella ópera. Aunque también hay un homenaje explícito a The Death of Klinghoffer en el monólogo final de Josefa, “Tú me quieres alba” —con textos del poema “Tú me quieras blanca” de Alfonsina Storni—, en el que parece ser una variación del monólogo final de la esposa de Klinghoffer, “You embraced them!”, con esa figuración rápida de la orquesta y la voz de contralto expresando su última desesperación. Dos situaciones paralelas de personajes al borde de su intensidad emocional, con una música similar, un recurso que todo compositor puede usar.

Ryan McKinny (Clarence) y Davóne Tines (Ned Peters) en el segundo acto de
Girls of the Golden West,
Ópera Nacional de Holanda, Amsterdam, 2019

Para los mineros, tanto del coro masculino como Joe Cannon —a cargo del muy buen tenor Paul Appleby—, Adams hace uso (pareciera) de tonadas populares estadounidenses, en su sencillez estrófica y simpleza melódico-rítmica, que se contrapone a los demás momentos. Esto tal vez hace que resulte una caracterización un tanto esquemática de estos personajes, pero el personaje de Clarence es un poco más dramático y con diferentes matices. El monólogo que tiene en el segundo acto, con su clara referencia textual al Macbeth de Shakespeare, es ejemplar en eso, y así lo hizo el excelente barítono canadiense Ryan McKinny.

La soprano Hye Jung Lee, que interpretó a la tercera muchacha, la prostituta Ah Sing, lució su precisa coloratura en la balada que posee en el segundo acto; en tanto que Davóne Tines mostró su bello color de bajo-barítono en el personaje de Ned Peters —un esclavo liberado, ahora trabajador—, sobre todo en su expresivo monólogo “The Fourth of July is yours not mine”. El actor español Carlos García Estévez completó el elenco, interpretando al marido de Dame Shirley, en la tarea no sencilla de ser un personaje silente, también testigo y acompañante de los hechos, expresivo en las breves situaciones que le asigna el libreto. La sección masculina del Coro de la Ópera Nacional de Holanda, con dirección de Ching-Lien Wu, encarnó a los mineros omnipresentes en todas las escenas e interpretó la partitura con una afinación y ajuste precisos, sobre todo en las partes más rápidas.

La dirección musical de Grant Gershon amalgamó de manera justa el escenario y el foso, con una estupenda intervención de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam en una orquestación que incorpora de manera destacada instrumentos como acordeón y guitarra para darle un color local. Los solistas de viento y las secciones de las cuerdas tuvieron su noche de gracia al acompañar o hacer los contrapuntos a las voces, siempre expresivos y de una belleza extrema.

J’Nai Bridges (Josefa) en la escena final de Girls of the Golden West, Ópera Nacional de Holanda, Amsterdam, 2019

El estreno europeo de Girls of the Golden West de John Adams y Peter Sellars, en el marco del Festival Opera Forward 2019 de la Ópera Nacional de Holanda, deja una sensación de ambigüedad.  Si bien la intención es exhibir la discriminación racial y de género en el siglo XIX de Estados Unidos, el libreto y la puesta en escena de Sellars, tal vez, juegan en contra de esa exposición, al evitar mostrar en escena todo hecho violento, sin embargo la música de Adams —con su conocida estética asentada y repetida— logra transmitir la desolación de esos seres hostigados en una sociedad que se parece tanto a la nuestra actualmente. El hecho que ese tema esté hoy sobre un escenario demuestra el compromiso de estos artistas para que el género operístico siga vivo, denunciando las cosas que nos preocupan cotidianamente.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Holanda, 2019

Imágenes gentileza De Nationale Opera / Fotografías Martin Walz
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Publicado el 14/03/2019
     
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