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"Powder Her Face" en el Centro Cultural 25 de Mayo : Saciame
El estreno latinoamericano de la inquietante ópera de Thomas Adès, en una versión excelente, cerró con éxito el ciclo 2018 de la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Por Ernesto Castagnino
 

Daniela Tabernig (Duquesa) y Santiago Burgi (Mozo) en la escena 4 de Powder Her Face,
Ópera de Cámara del Teatro Colón, Centro Cultural 25 de Mayo, 208

POWDER HER FACE, ópera de cámara en dos actos de Thomas Adès. Función del jueves 13 de diciembre de 2018 en el Centro Cultural 25 de Mayo, organizada por la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Estreno latinoamericano. Dirección musical: Marcelo Ayub. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Escenografía: Noelia González Svoboda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efrón. Elenco: Daniela Tabernig (Duquesa), Oriana Favaro (Criada / Confidente / Camarera / Amante / Fisgona / Periodista de sociedad), Santiago Burgi (Electricista / Advenedizo / Camarero / Sacerdote / Fisgón), Hernán Iturralde (Gerente de hotel / Duque / Hombre de la lavandería / Juez / Otro invitado). Ensamble instrumental.

La figura mitológica de Tiresias, el adivino que tendrá en la tragedia de Edipo un rol clave, adquirió su don adivinatorio de un modo singular. Habiéndose convertido en mujer por siete años, al recuperar su sexo inicial fue consultado por Zeus y Hera, para dirimir una disputa acerca de quién experimentaba mayor placer sexual, el hombre o la mujer. Tiresias, que había tenido la doble experiencia, poseía el saber necesario para dar una respuesta. Al ser preguntado por los dioses respondió que, si el goce del amor constaba de diez partes, la mujer se quedaba con nueve. Hera, furiosa por haber revelado el secreto de su sexo, le quitó la vista, mientras que Zeus, compadecido, le otorgó el don de la profecía.

Pero ¿por qué se enfurece Hera? ¿Será necesario que la intensidad del goce femenino deba permanecer ignorada para poder experimentarla? La sexualidad femenina, ese dark continent como la llamó Freud, parece conformarse desde el comienzo —si acordamos que los mitos intentan dar cuenta de un origen— en la lógica del secreto, en la falta de palabras que permitan cernir su experiencia: el orgasmo femenino no puede ser dicho del todo. No es casual, entonces, que revelar las aventuras sexuales de una mujer genere una mezcla de horror y fascinación que nunca despertará su equivalente masculino.

La figura del Don Juan —cuyas andanzas provocan generalmente simpatía— no podrá tener, entonces, una versión femenina: si algo nos revela la experiencia, es la heterogeneidad radical del goce masculino y del goce femenino. No hay simetría respecto del goce sexual. La “mujer fatal”, como Dalila o Lulu, no son donjuanes mujeres: el sexo es para ellas una estrategia, un arma y no un objetivo. Carmen quizás sea la más genuina, pero a condición de ser una gitana, es decir, casi una salvaje para la mirada decimonónica. Si moralmente el Don Juan siempre tendrá sus atenuantes, la mujer que expone libremente su goce sexual será una anomalía repulsiva cuyas acciones la asemejan a un animal.

Hernán Iturralde (Juez) y Daniela Tabernig (Duquesa) en la escena 6 de Powder Her Face,
Ópera de Cámara del Teatro Colón, Centro Cultural 25 de Mayo, 208

A Margaret, la protagonista de la ópera Powder Her Face, basada en hechos reales, no se le perdonó la exposición de su goce sexual. Y Margaret, al dejarlo expuesto, se convirtió en la “duquesa sucia”. Quedó, por lo tanto, sometida a la humillación pública, tan disciplinadora como la ceguera de Tiresias o la letra escarlata cosida en el vestido de las adúlteras en la novela de Nathaniel Hawthorne. Margaret Whigham, tal su nombre de soltera, se transformó en Margaret Campbell a raíz de su casamiento con un duque escocés. Convertida en la duquesa de Argyll, formó parte de la actividad social de la aristocracia británica en los años cincuenta, hasta que unas fotografías de sus encuentros sexuales, permitieron al esposo llevarla a juicio por adulterio. Margaret, a quien tal vez le hubiera gustado pasar a la historia como una glamorosa integrante de la nobleza, se convirtió, para el ojo público, en una ninfómana insaciable, una aberración —horrorosa y fascinante, a la vez— que, como Tiresias, expuso aquello que debía permanecer oculto. Entendámonos, no es ‘la sexualidad’, a secas, lo que se condenó en Margaret. Al igual que la adúltera de la novela de Hawthorne, lo que a Margaret no se le perdona es que haya revelado la dimensión del placer femenino.

A través de ocho escenas y un epílogo, Thomas Adès presenta distintos momentos de la vida de Margaret, en los que la soprano protagonista es acompañada por tres cantantes que asumirán diferentes roles: el duque, el juez, una periodista o un empleado del hotel. Philip Hensher, libretista de Powder Her Face, deja explicitado desde la primera escena aquello que la obra propone: dos empleados del hotel ríen histéricamente en la habitación de la anciana duquesa caída en desgracia mientras se disfrazan con su ropa. Estamos ante una mezcla de freak show y cabaret: la exhibición de un ‘fenomeno’ para diversión del público y a la vez un espectáculo donde la crítica mordaz a la moral social y la parodia sobre nuestras miserias se ponen en el centro de la escena. La música misma crea el clima de cabaret con el uso del acordeón, el piano y las múltiples referencias a Kurt Weill, a Benjamin Britten y al musical estadounidense de los treintas y cuarentas.

Marcelo Lombardero, en la línea del teatro de la crueldad artaudiano, nos presenta la vida de Margaret como la exposición de un monstruo de circo para el escarnio y la diversión populares. La boca del escenario bordeada de luces nos ubica como espectadores de un freak show. Lombardero nos lleva, así, a reconocernos a nosotros mismos en ese ojo público, y a hacernos cargo, en definitiva, de nuestra propia crueldad, nuestros prejuicios y nuestra mojigatería. En el aspecto visual, el mayor peso dramático recayó en la estupenda iluminación de Horacio Efrón, con sus distintos climas cromáticos y un magistral uso del contraluz. El sofisticado vestuario de Luciana Gutman y la eficaz escenografía de Noelia González Svoboda conforman una puesta escénica en la que nunca decae la atención.

Daniela Tabernig (Duquesa) y Oriana Favaro (Periodista) en la escena 7 de Powder Her Face,
Ópera de Cámara del Teatro Colón, Centro Cultural 25 de Mayo, 208

La obra demanda un ensamble de quince instrumentistas que tuvieron, en esta ocasión, la excelente guía de Marcelo Ayub. La extraordinaria variedad tímbrica y rítmica imponen al director un desafío de concertación ciertamente exigente. Ayub lo superó sin dificultad aportando, además, a su versión musical un ingrediente esencial: la teatralidad.

El elenco, en esta oportunidad, reunió a cuatro cantantes actores de extraordinario talento cuya entrega escénica y dominio de la exigente vocalidad deben calificarse como inmejorables. El trabajo de Daniela Tabernig con el personaje de la duquesa quedará, seguramente, entre los mayores logros de su carrera. A riesgo de repetirnos una vez más, destacamos la expresividad de Tabernig en cada personaje que encara y su sensibilidad para tocar los resortes emocionales necesarios y hacer conmovedoras sus interpretaciones. La soprano creó, a través de las ocho escenas en las que pasa de los veinte a los setenta años, un sólido arco dramático sin esquivar ninguna de las numerosas exigencias vocales de un personaje emocionalmente muy expuesto desde el primer momento que pisa el escenario.

Brilló Oriana Favaro interpretando los diferentes roles para soprano de agilidad. Las coloraturas creadas por Adès para estos personajes distan de ser “bellas”: son punzantes y hasta estridentes. Se busca expresar, paródicamente, la afectación e hipocresía de ciertos actores sociales: las criadas, camareras o periodistas de sociedad, falsamente condescendientes con los ‘superiores’; la amante del duque, que termina revelándole la infidelidad de su esposa; o la fisgona, que asiste al juicio para regodearse con los detalles de la vida íntima de otro.

Es indudable que al tenor Santiago Burgi le sienta bien este repertorio. Burgi puso el cuerpo y la voz al servicio de los diferentes personajes para su cuerda (electricista, advenedizo, camarero, sacerdote y fisgón), generando interés en cada una de sus intervenciones con una presencia vocal y escénica notables. La bella e interminable nota sobre la u de la palabra much, con la que termina la ópera, seguía resonando en nuestros oídos horas después de terminada la función. Hernán Iturralde tuvo a su cargo los diferentes roles para bajo barítono: el gerente de hotel, el duque, el juez, el hombre de la lavandería. Iturralde sumó, con un timbre siempre atractivo y un extraordinario modo de decir, otra gran interpretación a su prestigiosa carrera.

Daniela Tabernig (Duquesa) y Hernán Inturralde (Gerente del Hotel) en la escena final de
Powder Her Face, Ópera de Cámara del Teatro Colón, Centro Cultural 25 de Mayo, 208

El estreno latinoamericano de una ópera de grandes méritos. Cuatro talentosos cantantes capaces de dar extraordinarias interpretaciones junto a un ensamble de músicos dirigidos por una batuta inspirada. Una puesta escénica que fue directo al hueso de una de las facetas más crueles de nuestra sociedad. Un gran tour de force musical y escénico superado exitosamente por la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Creo que no podemos pedir más.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Diciembre 2019

Para agendar
Si no llegaste a verla, habrá nuevas funciones de Powder Her Face el 23, 26, 29 y 30 de marzo de 2019 en el Centro Cultural 25 de Mayo, Av. Triunvirato 4444.
Más info: www.teatrocolon.org.ar/es/2019/opera/opera-de-camara/powder-her-face

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 22/12/2018
     
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