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Sebastián Colombo : La transmisión de un legado
En su visita por Argentina, el Director del Centro de Estudios Pianísticos reflexionó acerca de su actividad pedagógica y de la difusión que realiza sobre la escuela del maestro Vicente Scaramuzza. Por Javier Villa
 

El talento suele ser considerado uno de los aspectos indispensables a la hora de afrontar una carrera artística. Si bien es innegable que debe existir una determinada disposición o cierta facilidad, lo que verdaderamente le da consistencia y espesura al desempeño de un artista es la formación. Esto se evidencia con claridad cuando se rastrea la historia de personalidades consagradas. Allí no sólo se pone de manifiesto el notorio esfuerzo personal puesto al servicio de un deseo, sino también —y quizá esto sea lo más importante— que ese esfuerzo siempre aparece acompañado de una guía, que en la mayoría de los casos está encarnada en la figura del maestro.

Uno de los pedagogos más importantes que ha dado la historia de la enseñanza del piano fue, sin dudas, el maestro Vicente Scaramuzza. Oriundo de Cretone (Calabria) y formado bajo los preceptos de la escuela napolitana con Florestano Rossomandi, se radicó en Argentina a principios del siglo XX y a partir de entonces desarrolló una labor titánica en la enseñanza. Su huella en la pedagogía pianística ha calado tan hondo como la marca que han dejado sus alumnos más famosos en el firmamento de la interpretación musical. Lo interesante de su caso es ver de qué manera esa vigencia perdura hoy, con qué continuidades y con qué cambios.

El pianista marplatense Sebastián Colombo es hoy por hoy una de las personas que más divulga y transmite la escuela pianística del maestro italiano. Radicado en Europa desde hace más de 20 años, dirige en la actualidad el Centro de Estudios Pianísticos —institución creada por María Rosa Oubiña de Castro—, entidad que se dedica a promover actividades relacionadas con la interpretación y con la pedagogía del piano.

A raíz de su visita a la Argentina en el marco de la conmemoración del 50° aniversario del fallecimiento de Scaramuzza, Colombo presentó su libro Vicente Scaramuzza. La vigencia de una escuela pianística. Este material expone los conceptos fundamentales de la técnica de Scaramuzza y además recopila una gran cantidad de frases textuales tomadas directamente de materiales de estudio de alumnos del maestro. Completa este libro el testimonio de numerosos discípulos directos o indirectos del pedagogo italiano.
 

La vocación de enseñar

María Rosa Oubiña de Castro, junto a Antonio De Raco

De una u otra manera el tipo de relación que se establece con la música está determinado por las experiencias que se hayan tenido durante la niñez. Sebastián Colombo comenzó a estudiar música en un instituto de formación musical para niños en la ciudad de Mar del Plata. El piano llegaría poco tiempo después y ese recorrido lo lleva a tomar clases con la destacada profesora Eugenia Rozental en el Conservatorio Provincial “Luis Gianneo”. “Es una señora muy culta, muy buena pedagoga y siempre ha tenido mucha visión. Constantemente organizaba conciertos para los alumnos. Fuimos a tocar a varios lugares del país, nos ponía con gente profesional, nos alentó a hacer música de cámara y a acompañar cantantes. Siempre nos estimuló. Como pianista tenía un sonido divino con una mano muy flexible”, recuerda Sebastián. La búsqueda personal lo llevaría a tomar contacto con una de las más importantes discípulas del maestro Scaramuzza: la profesora María Rosa Oubiña de Castro.

¿Cómo fue el contacto con Cucucha Castro?
Me había comprado el libro Enseñanzas de un gran maestro y siempre me había interesado contactarla. El repertorio se había puesto bastante complicado y yo estudiaba pero había cosas que no me salían. Era muy estresante. Sabía que ella conocía específicamente de la técnica pianística. Me interesaba eso.

¿Qué pasó cuando te escuchó por primera vez?
Me sentí muy bien. Al principio ella quería hacer un trabajo sobre los toques pianísticos, entonces le llevaba estudios de [Félix] Le Couppey. Ella decía que Scaramuzza recomendaba esos estudios porque tiene todos los tipos de toques de dedos. Cucucha me buscó obras donde estuviera el toque en estado puro, como ella decía.

¿Antes lo hacías por intuición?
Las cosas básicas las sabía pero otras no. Por ejemplo cuando estudiaba mucho apretaba. Tenía dedos muy fuertes pero no liberaba y estudiaba con mal sonido. Un día Cucucha me pidió que le muestre la forma de estudio y al escucharme dijo: “me vas a romper el piano”. Era muy específica en todos los pasos: acción, reacción y estabilización. Te explicaba todo, hasta el mínimo detalle. Fue muy inteligente porque las cosas que a mí me salían naturalmente, ella me dijo que igual…

Hay que ser consciente de lo que uno hace.
Claro. Me decía: “Algún día vas a encontrar a un alumno que va a tener o una mano más chica, o que lo que a vos te sale naturalmente no lo va a saber, entonces no vas a saber cómo enseñar”.

Podríamos decir que de todos los alumnos que tuvo Scaramuzza ella fue la que más impulsó la vigencia de la escuela pero que además la aggiornó.
Exactamente. Además le dio mucha difusión. Cucucha dio muchísimos cursos en Argentina y en Europa. Presentó su libro Elementos de técnica pianística en muchos países y hasta fue traducido al francés. Dio cursos en París, en Suiza, en muchos lugares de habla francesa. Siempre hizo una labor sistemática de difusión. En una época tenía un programa de radio que se llamaba La moderna técnica pianística. Ella hablaba de técnica pianística por radio. ¡Una cosa increíble!

¿Tocaba en las clases?
Sí, siempre. Estaba muy “en dedos”, se mantenía. Le gustaba tocar la Sonata Waldstein, la Sonata de Schumann, unos estudios de [Anton] Rubinstein muy difíciles. Sabía todos los estudios de Leccoupey, también tocaba uno de los Scherzos de Chopin. La Toccata y los tangos de Castro, los hacía muy bien. Durante algunos años tuvo un dúo con Eduardo Navarro que era flautista. Hicieron varios recitales de música de cámara.

¿Ella te asesoró cuando empezaste a dar clases?
Cuando empecé a enseñar en el Colleguim Musicum, ella me recomendó, me ayudó muchísimo guiándome, escuchando a mis alumnos, venía a los conciertos. Me aconsejaba mucho cómo elegir el repertorio para los alumnos, la inteligencia que hay que aplicar. En lo que hay que hacer después, el siguiente paso. Fue muy generosa conmigo y con muchísimos otros.

¿Tuviste la oportunidad de decírselo?
Sí, claro. Tengo unas cartas muy lindas que ella me ha mandado y que después cuando murió las encontré. Todavía las tengo guardadas. 

Transmitir una escuela

La enseñanza de un instrumento es una de las actividades más difíciles que existen dentro de la pedagogía musical. Para poder desenvolverse con solvencia, un maestro debe conocer en profundidad el dominio técnico e interpretativo del instrumento junto al manejo de técnicas y estrategias pedagógico-didácticas. Dicha labor no resulta sencilla dado que la transmisión de esos saberes específicos contempla una serie de variables entre las que también interviene el alumno desde su grado de interés, en la paciencia y la dedicación que tenga con el estudio, y en el grado de empatía que establezca con el maestro. Como se mencionó antes, Vicente Scaramuzza ha sido uno de los referentes más importantes en la enseñanza del piano.

Vicente Scaramuzza

¿Cuáles pensás que son los pilares de la escuela de Scaramuzza?
El sonido redondo con armónicos. El cantabile. Pero también tenía una manía por la claridad, el toque más incisivo. Es una escuela de una gran calidad de pianismo. A Scaramuzza le interesaba mucho respetar las condiciones del piano, nunca forzar el sonido pero a la vez tener un gran sonido, con gran resonancia. Era un gran conocedor del instrumento y por supuesto también de la música, evidentemente. Explicaba exactamente cómo producir el sonido según el toque que uno usara y después cómo liberar. No era un maestro sólo técnico, para nada.

¿Cómo fue la transmisión de esos saberes por parte de los alumnos que formó?
En Argentina hubo grandes maestros que transmitieron la escuela. Muchas personas ya han fallecido, muchas han vivido afuera del país y otras no se han dedicado a enseñar. También hay pianistas que tocan muy bien pero después no enseñan entonces la transmisión no se realiza. Estaba el maestro Antonio de Raco, Carmen Scalcione, Elisabeth Westerkamp, había grandes personalidades de la escuela, el maestro Jorge Garruba, que Nelson Goerner decía era como Scaramuzza. Algunas pocas personas siguieron ese camino de maestros formadores que transmiten una escuela, que se dedican a los alumnos, y que se preocupan porque las cosas se hagan bien. Todos ellos han sido constructores de pianistas.

¿Por qué te dedicás a la enseñanza?
Llegó un momento en que me di cuenta de que no podía con todo. Un día me sentí muy mal, después de tocar dije “este es el último concierto”. Además había empezado a enseñar a chicos muy chiquititos y me di cuenta que si yo aplicaba esa escuela a otros, se lograban resultados artísticamente mucho más elevados de lo que yo podía hacer. Mi aporte a la música es mucho más fructífero desde la pedagogía que tocando. Me gusta muchísimo hacerlo. Para tocar hay que estudiar mucho y para ser maestro hay que dedicarse mucho. Hay personas que lo logran hacer, yo no he podido.

¿Cuáles creés que son los desafíos que tiene hoy la pedagogía del piano?
Hay gente de mucho talento que no tiene buena escuela y gente con muy buena escuela que no tiene talento. Lo mejor que puede hacer un maestro es que el alumno prescinda de él lo antes posible, que en realidad eso lleva muchos años. Hay que dejar al alumno solo cuando realmente está preparado. Esa es la formación que todos los maestros deberían tener, sean de esta escuela o de cualquier otra. No es aconsejable tener varios maestros al mismo tiempo. A veces se arma el repertorio pero no se cuida la construcción de la formación pianística instrumental, cosa que sí ocurre en el violín, en el canto, porque no pueden hacer otra cosa.

El piano tiene la desventaja de que suena de cualquier manera.
Se ha perdido el gusto por el legato hasta en gente que toca muy bien. No se liga verdaderamente.

¿Por qué pensás que pasa eso? ¿Por una deficiencia de la enseñanza?
Sí, exactamente. Maestros formadores siempre hubo muy pocos. Ahora mismo en Europa hay muy pocas personas. Hay muchos grandes pianistas que enseñan, ahora maestros como Scaramuzza que están todo el día al servicio del alumno, han sido históricamente muy pocos.

Eso es lo más difícil de transmitir…
Claro, y de encontrar. Eso se da en escuelas muy especiales o de manera privada, porque se dan otro tipo de condiciones. Scaramuzza había uno y sin embargo había millones de maestros en ese momento. No creo que ahora sea peor. Como me dijo Cristina Viñas, un maestro como Scaramuzza fue tan genial —ya todos conocemos a Argerich, a Gelber, el padre de Barenboim— porque él sacó a 60 pianistas argentinos muy buenos. Ahí hay un verdadero maestro, el talento siempre está. Luego salieron Nelson Goerner, Ingrid Fliter, hay una continuidad que viene de Scaramuzza. El que diga lo contrario miente. Nadie tiene tantos alumnos de tanta calidad.

Después de haber tenido contacto con maestros que estudiaron con él —directa o indirectamente— de haber tenido acceso a mucho material. ¿Qué cosas pensás que hoy no se podrían volver a hacer?
Algunas maneras pedagógicas que serían antipedagógicas. No es todo tan idílico como lo pongo en mi libro. Era una persona muy temperamental. Quizás una crítica que le haría es ese exceso de la parte anatómica, que él hacía los dibujos de todos los músculos. La parte técnica es una maravilla. De lo que conozco es la escuela más clara y efectiva que existe. Como decía Roberto Castro, Scaramuzza no mostraba el resultado sino el proceso por el cual ese resultado es posible. Nadie lo describió mejor.

¿Pensás que la musicalidad se puede enseñar o se desarrolla lo que el individuo trae?
El maestro no puede dar talento. El talento se desarrolla. Por supuesto que uno puede educar con el contacto con el propio maestro, enseñando las leyes básicas de la música, creándole una cultura musical. Todos tenemos un límite, la función del maestro es llevar a ese alumno hasta el máximo desarrollo que pueda tener ese talento. La musicalidad se desarrolla y junto con eso los medios del instrumento que una persona estudia.

Y para concluir… ¿Qué significa para vos la enseñanza?
Mi vida. Es lo que más me gusta hacer. No puedo estar un día sin enseñar. Para mis maestros era igual, sobre todo para Cucucha. Ella hizo muchísimo, es una figura fundamental de la música de este país porque ella ayudó a Nelson Goerner, a Ingrid Fliter, a muchísima gente. Tenía una gran generosidad.

Las consideraciones de Sebastián Colombo permiten observar el grado de implicancia que tiene con la enseñanza y con la difusión de la escuela pianística de Vicente Scaramuzza. Si bien una parte de esa difusión la han hecho sus alumnos más destacados a partir de sus interpretaciones, otra parte fundamental es darle continuidad al conocimiento de los aspectos pedagógicos de esa escuela. En ese sentido, la figura de Cucucha Castro había iniciado la incansable tarea que indudablemente ha inspirado a Sebastián Colombo. Esa es la huella que dejan los grandes maestros, la que impulsa a continuar su labor con un claro horizonte: el de la gratitud.

Entrevista de Javier Villa
Noviembre 2018

Fotografías de Sebastián Colombo por Yannis Gutmann
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Publicado originalmente el 22/10/2018

 
Publicado el 23/11/2018
     
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