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"Suor Angelica" en el Templo Escondido de Santa Felicitas : Potenciar el drama
Una estimulante versión de la ópera de Giacomo Puccini en el ámbito de un templo, significó la vuelta al circuito operístico porteño de la compañía Lírica Lado B. Por Ernesto Castagnino
 

Daniela Tabernig (Suor Angelica), Carina Höxter (Genoveva) y elenco en una escena de Suor Angelica, Lírica Lado B, Templo Secreto del Museo Santa Felicitas, 2018

SUOR ANGELICA, ópera en un acto de Giacomo Puccini. Función del viernes 5 de octubre de 2018 en el Templo Escondido del Museo Santa Felicitas, organizada por Lírica Lado B. Dirección musical: Ezequiel Fautario. Puesta en escena: Ximena Belgrano Rawson. Vestuario: Alicia Gumá. Iluminación y ambientación: Rodrigo Parise. Elenco: Daniela Tabernig (Suor Angelica), Alejandra Malvino (Tía Princesa), Carina Höxter (Suor Genoveva), Ayelén Regalado (Suor Osmina), Susana Gómez (Suor Dolcina / Conversa), Verónica Cano (La abadesa), Mairin Rodríguez (La hermana celadora), Roxana Devigiano (La maestra de las novicias), Vanina Guilledo (La hermana enfermera), Romina Jofre, Myriam Casanova (Las mendicantes), Natalia Bereskyj (Conversa / Novicia), Isabella Pascucci Belgrano (Novicia). Orquesta Lírica Lado B. Coro Regina Coeli. Coro de Niños Lírica Lado B. Director de coros: Fermín Prieto.

La compañía independiente Lírica Lado B, fundada en 2009, se caracterizó desde sus orígenes por proponer óperas de cámara, fundamentalmente del siglo XVIII, en espacios no convencionales. El acierto de programar obras nunca estrenadas en nuestro país como Don Quijote en las bodas de Comacho de Georg Philipp Telemann o L’arbore di Diana de Vicente Martin y Soler permitió a la compañía ganarse un lugar propio dentro del circuito. En 2015 amplió el alcance de su repertorio incorporando una obra del siglo XX, Curlew River de Benjamin Britten en el Museo IMPA y este año decidió enfrentar otro desafío, la producción de una ópera del repertorio tradicional: Suor Angelica de Giacomo Puccini. Uno de los principales atractivos de la propuesta es que la pieza en un acto de Puccini, que transcurre dentro de un convento, tuvo como espacio escénico el templo no consagrado ubicado dentro del Museo Santa Felicitas, un ámbito casi sobrenatural con sus arcos y vitrales neogóticos en el barrio de Barracas.

El intento por recrear los espacios “reales” donde transcurren ciertas óperas llegó fundamentalmente con el cine y la televisión, aunque no siempre con la misma suerte. Además de la trilogía “en los lugares y horas previstos por el libreto” (Tosca en 1992, La traviata en 2000 y Rigoletto en 2010) producida por la RAI y con Zubin Mehta en el podio, están los intentos realistas de la Carmen filmada por Francesco Rosi en 1982 y la Turandot dirigida por Zhang Yimou en la Ciudad Prohibida de Pekín en 1998. Si el esfuerzo es siempre loable, no siempre el resultado final es más contundente dramáticamente que una producción teatral con escenografía. Porque la ópera es, ante todo, teatro. Y en teatro, la verosimilitud no reside —al menos no como condición— en la literalidad o en la fidelidad documental.

Lo más interesante en la propuesta de Lírica Lado B es que el realismo no es un fin en sí mismo sino un original modo de potenciar visual y espacialmente el drama. El talento de esta compañía es concebir producciones en lugares no convencionales, pero no elegidos al azar sino creando una confluencia entre el drama y el espacio, un marco que aporte nuevos sentidos a la trama. La ambientación creada por Rodrigo Parise con una iluminación predominante de luz de velas resultó uno de los mayores aciertos de esta puesta escénica que lograba, con pocos recursos, transportar al espectador al interior de un convento.

Suor Angelica fue originalmente concebida, junto a Gianni Schicchi e Il tabarro, como parte de un tríptico, aunque el propio Puccini autorizó que las distintas partes pudieran ser representadas por separado. La trágica historia de la joven aristócrata obligada a recluirse en un convento tras haber tenido un hijo soltera, remite casi inevitablemente a las condiciones de sometimiento de la mujer, a partir de lo cual, Ximena Belgrano Rawson, la directora escénica, se propuso darle a su puesta un matiz diferente. Tomando como referencia la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, Belgrano Rawson emparenta a la monja pucciniana con la mexicana, presentándonos así, no la sumisa y arrepentida religiosa que acostumbramos ver en las puestas de esta ópera, sino una mujer con conocimientos e inquietudes ajenos a su condición de clase y de género, y cuya maternidad no parece haber sido un accidente sino una elección.

Alejandra Malvino (La Tía Princesa) y Daniela Tabernig (Suor Angelica) en una escena de Suor Angelica, Lírica Lado B, Templo Secreto del Museo Santa Felicitas, 2018

Suor Angelica aparece, entonces, como alguien que —como Sor Juana— decidió recluirse en el mundo conventual escapando de las convenciones que la sociedad imponía a su género. Con una mirada altiva que rara vez baja al piso y una gestualidad impetuosa —sobre todo en su diálogo con la tía, enfrentándola con inusitada fuerza— la figura de Angelica se recortaba —en esta oportunidad— del resto de las dóciles monjas como la de una mujer dueña de su propio destino. La resolución del final —Puccini y el libretista Giovacchino Forzano decidieron redimir a la monja suicida con una aparición en escena de la Virgen que reúne al niño con su madre— es de por sí teatralmente compleja, pero Belgrano Rawson encontró un giro camp apelando a la iconografía religiosa de María Grávida o Virgo Gestans.

Una de las principales expectativas estaba puesta en la acústica, ya que la reverberancia del sonido en los techos abovedados de las iglesias a veces atentan contra la claridad de las texturas, pero afortunadamente no fue este el caso. Ubicando a la orquesta y al coro a espaldas del público el sonido lograba fundirse si no perfecta, sí aceptablemente. La dirección musical de Ezequiel Fautario —utilizando la reducción de la orquestación de Héctor Panizza— resultó todo lo matizada y delicada que podía desearse. El joven director demostró habilidad en la concertación y una lectura atenta de la partitura pucciniana. Buena respuesta obtuvo del ensamble orquestal y el coro, cuyas antífonas en latín sonaron más etéreas que nunca. Merece mencionarse la inclusión del arioso “Amici fiori” —ubicado tras la tremenda escena solista de la soprano y en la que la monja agradece a las plantas que servirán de veneno para suicidarse— que fue cortado por el compositor tras las primeras representaciones y restituido hace dos décadas.

Una de las curiosidades de esta pequeña ópera es que todos sus personajes son femeninos, muchos meramente episódicos, pero todos indispensables para crear la atmósfera de un convento con las distintas personalidades de las monjas: algunas más severas, otras más infantiles o juguetonas. Dentro de esa pintura resaltan dos personajes cuyo encuentro supone el clímax dramático de la obra: la tía visita a Angelica en su reclusión para exigirle que renuncie a la herencia y, al mismo tiempo, revela a su sobrina la muerte del hijo, noticia que precipita el suicidio de Angelica.

Daniela Tabernig realizó una gran interpretación del personaje protagónico dotándolo de lirismo, pero sin ahorrar potencia cuando se requería. Con voz de timbre cálido y redondeado, ideal para este repertorio, Tabernig presentó —tanto en lo gestual como lo vocal— una Angelica más mujer que religiosa, más enojada consigo misma por haber abandonado a su hijo que arrepentida por haberlo concebido.

Daniela Tabernig en la escena final de Suor Angelica, Lírica Lado B, Templo Secreto del Museo Santa Felicitas, 2018

Puccini creó el personaje de la Tía Princesa para una mezzosoprano, un tipo de voz que escasamente aparece en sus óperas pero que aquí adquiere una dimensión central. Alejandra Malvino hizo una estremecedora creación del personaje, con una gestualidad rígidamente aristocrática y proyectando sus robustos graves con autoridad. El resto del elenco estuvo a la altura de las circunstancias, destacándose la Suor Genoveva de Carina Höxter que brindó con ternura su breve arioso del corderito. 

Dentro del circuito de compañías independientes de ópera suelen elegirse —con variable resultado— espacios no pensados para el género. El rasgo distintivo y el talento de Lírica Lado B, como queda demostrado una vez más, residen en que la elección de espacios escénicos no convencionales no se debe al azar o la oportunidad, sino que es pensada en conjunción con la obra, a la que ese ámbito pueda brindar un plus de significación. Bravo por la iniciativa.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2018

Imágenes gentileza Lírica Lado B / Fotografías de Noelia Pirsic
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Publicado el 09/10/2018
     
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