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"Ópera por las ramas" de Claudio Ratier : Un lugar de encuentro
Este libro, editado por Editores Argentinos, reúne artículos publicados entre mayo de 2011 y noviembre de 2013 en la revista “Cantabile”, en los que el autor construye un espacio para analizar, comentar y discutir diferentes aspectos de la producción lírica local. Por Carlos Rossi Elgue
 

Ópera por las ramas. Digresiones desde el género lírico propone inicialmente discurrir sobre ópera pero, tal como su título lo indica, se abre de manera aparentemente azarosa hacia otros temas, yéndose por las ramas. En ese salirse de la senda original radica, sin dudas, la riqueza de la prosa de Claudio Ratier en este libro que compila sus artículos publicados entre mayo de 2011 y noviembre de 2013 en la revista Cantabile, a lo largo de catorce entregas. A pesar de que el autor aclara que los textos fueron revisados, al leerlos se respira el aliento de la publicación por entregas, la conformación en el tiempo de un público lector y la construcción de un lugar de reflexión y crítica.

La mirada de Ratier explora todo aquello que rodea a la ópera como hecho cultural y desmonta el caótico conjunto de elementos que lo componen: div@s, cantantes o directores de orquesta, políticas teatrales y empresariales, relaciones con la política, mitos y emblemas, críticos y público. En ese sentido, los textos avanzan, se quiebran, vuelven sobre sí mismos, retoman cuestiones pendientes o dejan que irrumpa algo novedoso, provocando la sensación de espontaneidad que podría darse en una conversación. Y la idea de la charla no es ajena a la escritura, precisamente porque el autor opina, critica y polemiza, teniendo en cuenta la proximidad de otros, a quienes interpela. Los artículos, por lo tanto, podrían acercarse al género del folletín o la causerie1, un lugar en el que el ‘yo’ del autor construye con sus lectores un ‘nosotros’ con quienes comparte ironías, guiños y supuestos comunes. En ese espacio ‘entre-nos’ circula el humor, la tristeza, la bronca, la discusión y, fundamentalmente, el análisis reflexivo.

A pesar de que los capítulos se centran en temas específicos, como el origen de la ópera, disquisiciones acerca de obras de Verdi o Wagner, o recuerdos de visitas ilustres como las de Plácido Domingo o Luciano Pavarotti, algunas cuestiones son recurrentes: por ejemplo, la discusión sobre la manera en que el público aprecia y valora la ópera. Al respecto, Ratier ensaya con ironía una tipología de los espectadores que asisten al teatro: ‘liricómanos’ y  ‘liricópatas’, conservadores que “son como autoerigidos guardianes de las tradiciones” y quienes juzgan a partir de criterios de verosimilitud y verdad, y no dudan en levantar el dedo cuando en una puesta escénica se comete lo que consideran un error o defecto de producción.

Escena de la producción de La mujer sin sombra, Teatro Colón, 2013 / Foto de Arnaldo Colombaroli, Teatro Colón

Al público conservador se suman los críticos que, en la misma línea, buscan que con cada reposición se reproduzca el modelo ideal, evaluando desvíos, faltas y desajustes. Surge, entonces, la pregunta sobre cuál es la manera de representar hoy una ópera de Mozart, Verdi o Puccini. En este sentido, la toma de posición del autor sigue la línea de aquello que Roland Barthes —teórico a quien Ratier recurre varias veces en su libro— plantea en “Cómo representar lo antiguo”:

¿Hay que representar el teatro antiguo como de su época o como la nuestra? ¿Hay que reconstruir o transponer? ¿Subrayar parecidos o diferencias? Oscilamos siempre de una solución a otra, sin llegar nunca a elegir claramente, bien intencionados y confusos, preocupados tan pronto por revigorizar el espectáculo mediante una fidelidad intempestiva a una determinada exigencia que consideramos arqueológica, como por sublimarlo mediante efectos estéticos modernos, propios según pensamos, para demostrar la condición eterna de ese teatro.

Entre la reinterpretación o la búsqueda de fidelidad al modelo, en el arco de esa tensión a la que alude Barthes se expresan las opiniones del público y los críticos, y Ratier encuentra un campo fértil para la polémica. Y, yéndose por las ramas, una anécdota simpática le sirve para ilustrar sus argumentos: en una función de La mujer sin sombra de Richard Strauss en el Teatro Colón, en 2013, escucha el comentario irritado de una espectadora que, al ver a Manuela Uhl en escena, observa, desconcertada, que la soprano “¡proyectaba su sombra sobre el escenario!”. Ratier se divierte, e invita a reírse sugiriendo que, en el futuro, debería advertirse antes de la función: “LO QUE SE OFRECE A CONTINUACIÓN ES UNA ÓPERA. ALGUNAS ESCENAS Y/O RECURSOS PUEDEN AFECTAR EL SENTIDO DE LA VEROSIMILITUD DE ALGUNOS ESPECTADORES. SE RUEGA TOLERANCIA.”

A medida que avanzamos en la lectura resulta claro que en la digresión subyace la reflexión, la observación inteligente de quien indaga el poder de resignificación o reinterpretación de la ópera en la actualidad, o escarba en los gestos y costumbres del público para esbozar una radiografía social. En este punto, resulta central en sus opiniones el lugar que ocupa el Teatro Colón como símbolo de la cultura y centro de legitimación de la calidad artística. Ratier se pregunta, y nos hace preguntar: “¿Es realmente importante para nuestra sociedad? ¿Se justifica su existencia en la actualidad? ¿Es la más alta expresión de nuestra cultura?”. Preguntas que nos invitan a revisar qué se entiende por “culto”, y en dónde se encasilla el arte popular, y qué se valora más cuando se aprecia la calidad artística: lo que proviene del extranjero o lo que se produce localmente. Recordemos, al respecto, que Ratier fue uno de los creadores de Buenos Aires Lírica, organización que tuvo entre sus objetivos apreciar y dar oportunidades al valiosísimo capital artístico local. El autor observa que el Colón generalmente ha armado sus temporadas con elencos internacionales, dejando a los cantantes argentinos para “roles comprimarios, segundos elencos o banco de suplentes”, con criterios muchas veces discutibles y generando algunas injusticias puntuales, como fue el caso de la de la soprano Florencia Fabris, a quien dedica uno de los capítulos del libro.

Florencia Fabris como Norma, producción de Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida, 2012 / Foto de Lilliana Morsia

En una nota al pie, en uno de los capítulos finales, Ratier hacer referencia a la distancia temporal entre el momento en que escribió los artículos y la edición del libro. Observa que en esos pocos años cayó el número de público que asiste a la ópera y que hoy “el deterioro cultural es muy alarmante”. Agreguemos que la publicación se produjo en un contexto complicado, ya que la revista Cantabile, dirigida por el mismo Ratier, debió suspender su tirada este año y Buenos Aires Lírica cerró su ciclo —esperemos temporariamente— el año pasado. Frente a esta crisis, el libro nos ofrece un modo de pensar la cultura y la gestión cultural que coloca a Ratier en un lugar de enunciación que entiende la necesidad de la producción local, que la desea y la promueve. Con un estilo cercano al del folletín, los artículos revitalizan la discusión en torno a la ópera como hecho cultural y social, actualizan la polémica en torno a la importancia del Teatro Colón, e invitan a pensar sobre el significado de la ópera y sus posibilidades de decir al público de hoy. En definitiva, un libro que fluye como en el discurrir de una charla y nos interpela para reflexionar críticamente. Algo que siempre es bienvenido.

Carlos Rossi Elgue
Septiembre 2018

El libro se puede adquirir en las librerías Hernández, Norte, Caleidoscopio Libros, Queleer, De la Mancha Libros, Soho Libros, Eterna Cadencia Libros, Arcadia Libros, El Enebro San Isidro y Waldhuter. También en www.eeaa.com.ar

Nota
(1) Género francés en el que el autor comenta novedades emulando los procedimientos de la charla. La continuidad de la ilusoria conversación está dada por la periodicidad de las colaboraciones, en general en el espacio del folletín, soporte material de las publicaciones en el siglo XIX. Alude a “la plática inspirada que a un hombre de talento se le ocurre trasladar al papel, con la misma facilidad con que la verterían sus labios en presencia de un auditorio escogido” (Belem Clark de Lara, La república de las letras, Vol. I, 2005, México: UNAM, 334)

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Publicado el 19/09/2018
     
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