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Martha Argerich : Una artista a favor del encuentro
La notable pianista argentina regresó a Buenos Aires, al Centro Cultural Kirchner, para volver a renovar su idilio con el público local. Por Javier Villa
 

Instalada desde hace más de seis décadas en los primeros planos de la interpretación pianística, Martha Argerich sigue siendo, hoy por hoy, una de las artistas más vigentes de la actualidad. Describir su arte podría resultar un ejercicio inabarcable, dado que su faceta interpretativa reúne una serie de características que se manifiestan en forma simultánea y con una particular singularidad. Pero más allá de su notorio virtuosismo y dominio técnico del instrumento —para los cuales no pasa el tiempo— la artista argentina siempre ofrece algo más que excede la admiración que suscita un talento descollante.

En esta oportunidad el marco elegido para el regreso de Martha Argerich fue el Centro Cultural Kirchner, que ya la había tenido como protagonista en los albores de este espacio allá por 2015. Luego de aquella presentación la pianista actuó en los años siguientes junto a Daniel Barenboim en el Teatro Colón. Acostumbrada a sorprender, Argerich en esta oportunidad volvió a exhibir, una vez más, la brillantez de su jerarquía artística.

Es innegable que cualquier artista talentoso ofrece algún tipo de habilidad que sustenta su praxis sobre el escenario. Sin embargo no se puede sostener una instancia comunicativa —como lo es sin lugar a dudas el arte— si no se ofrece algo más que una destreza particular. Lo expresivo aquí cobra una importancia vital, ya que es a partir de allí desde donde puede establecerse una vía de comunicación que incluye diferentes aspectos: la obra de un compositor, el lazo que se produce con el público y la propia relación del intérprete con la música, que es en definitiva una instancia fundamental de su propia su subjetividad.

Martha

Martha Argerich en el Centro Cultural Kirchner, 2018 / Foto de Laura Szenkierman

Pocas personalidades del mundo de la música han podido asumir una posición personal de tanta potencia y admiración colectiva como sucede con Martha Argerich. Podría decirse, en todo caso, que una buena parte de aquello que despierta Argerich en los diferentes públicos que la acompañan, está relacionado con la personalidad artística que despliega la pianista cada vez que pisa un escenario. Aquí sería pertinente mencionar uno de sus atributos como intérprete, como por ejemplo la relación personal que siempre ha establecido con los distintos compositores que ha abordado, un vínculo ligado a establecer un diálogo muy particular con el creador.

A lo largo de su carrera ella misma ha podido manifestar su pensamiento en relación a esta temática. En Bloody Daughter —el documental de su hija menor Stéphanie—  Martha reflexionaba: “…con Schumann es muy directo, con Beethoven también, pero con Schumann es tan directo, me toca profundamente”. Lo interesante de esta reflexión, y también de otras que hizo durante su carrera, es el lugar desde donde Martha lo enuncia. Esto significa que pone sobre relieve la manera en la que se siente interpelada en su subjetividad por el lenguaje de un compositor, situación a la que añade el perfecto conocimiento estilístico y también la aproximación respetuosa que ha realizado en sus diferentes interpretaciones, siempre aportando su propia impronta. Este posicionamiento personal añade a su forma de expresarse un aspecto muy directo que la coloca en un lugar verdadero, sin especulaciones de ningún tipo. Es así que Martha siempre ofrece lecturas que despiertan interés porque no recurre a lo seguro para mantener su vigencia, por el contrario los riesgos que asume la sitúan en una posición de desafío constante.

Martha y los otros

Corría la década del ’90 y la gran Mercedes Sosa manifestaba en una entrevista su más profunda admiración por Martha Argerich. Pocos años después las dos compartían el escenario del Teatro Colón en lo que seguramente fue una de las veladas más importantes de fraternidad musical entre artistas de distintos ámbitos. Sin embargo más allá del mutuo cariño y del reconocimiento que ambas se profesaban, a ellas también las unía una característica común: la generosidad artística. “La Negra” había dado notables muestras de hermandad musical con artistas provenientes de diferentes esferas expresivas. En ese mismo sentido, Martha había compartido escenarios junto a otros músicos con los cuales abordó la música académica y también la música popular. Es notable que esta característica común de dos de las artistas argentinas más representativas y más internacionales, no sólo las haya unido artísticamente sino que también las coloca como modelo de apertura y visión solidaria del escenario.

En el caso particular de Martha lo que se pone en evidencia de esta cualidad, es su notoria capacidad para estar con el otro, adaptar su sonoridad teniendo como horizonte la calidad interpretativa. Para cualquier músico la preparación rigurosa y reflexiva son instancias que suelen trabajarse en soledad. Ese esfuerzo evidentemente no tiene el mismo sabor si se lo comparte en un resultado musical de conjunto, ya sea en la música de cámara o bien en el repertorio con orquesta. Desde hace mucho tiempo Martha Argerich dedica una parte importantísima de su actividad profesional a profundizar este tipo de experiencias. Esto propicia en ella una actitud de búsqueda, de adaptación, y sobre todo del invalorable aporte de su calidad pianística en nuevos repertorios.

Graciela Reca y Martha Argerich en el Centro Cultural Kirchner, 2018 / Foto de JM Baiardi

Su concierto a dúo con Graciela Reca, el domingo 12 de agosto, puso en evidencia las cuestiones antes señaladas y también permitió al público local volver a renovar la devoción con que acompaña a la pianista desde hace muchísimos años. En un programa variado con obras de Mozart, Prokofiev, Debussy y Rachmaninov, Argerich y Reca ofrecieron un concierto de muy buen nivel musical, destacándose particularmente la lectura que realizaron de los climas de la Sinfonía N° 1 de Sergei Prokofiev, como así también de las sutilezas con que interpretaron la Petite suite de Claude Debussy.

El magnetismo de la personalidad de Martha Argerich se renueva en cada presentación que realiza, es una cualidad que se mantiene constante a lo largo de los años. Posiblemente parte de esa permanencia se deba a que su búsqueda artística está fundada en una premisa esencial: trazar un lazo de encuentro con el otro.

Javier Villa
Agosto 2018

Imágenes gentileza Centro Cultural Kirchner
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Publicado el 22/08/2018
     
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