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El Gaechinger Cantorey en el Teatro Colón : Rigor y sentimiento
Con brillantes interpretaciones de la Cantata 21 “Ich hatte viel Bekümmernis” y el Magnificat de Bach a cargo del prestigioso ensamble alemán y solistas, el Mozarteum Argentino ofreció la tercera propuesta de su presente temporada. Por Ernesto Castagnino
 

La Gaechinger Cantorey, dirigida por Hans-Christoph Rademann, en el Teatro Colón, Mozarteum Argentino, 2018

GAECHINGER CANTOREY - INTERNATIONALE BACHAKADEMIE STUTTGART. Concierto del lunes 28 de mayo de 2018 en el Teatro Colón, organizado por Mozarteum Argentino. Dirección: Hans-Christoph Rademann. Solistas: Miriam Feuersinger, soprano; Sophie Harmsen, contralto; Patrick Grahl, tenor; Tobias Berndt, bajo. Johann Sebastian Bach: Cantata “Ich hatte viel Bekümmernis”, BWV 21 y “Magnificat”, BWV 243 (versión de 1732-1735).

En orden cronológico, Helmuth Rilling fundó, primero, el coro Gächinger Kantorei (1954), más tarde la orquesta Bach-Collegium Stuttgart (1965) y, finalmente, en 1981, la institución que los acoge organizando festivales, conciertos y actividad académica: la Internationale Bachakademie Stuttgart. Los dos organismos, que desde 2013 están a cargo de Hans-Christoph Rademann y que con esa designación dieron para el Mozarteum Argentino dos memorables conciertos en 2015, han cambiado recientemente sus denominaciones originales por la de Gaechinger Cantorey, reuniendo ahora a ambos ensambles bajo el mismo nombre.
 
En esta oportunidad, la agrupación dirigida admirablemente por Rademann, ofreció su lectura de dos obras de Johann Sebastian Bach: la Cantata N° 21 “Ich hatte viel Bekummernis” (Tuve mucha aflicción) y el Magnificat en Re mayor. A través del siglo XX, la ejecución de la obra del gran genio alemán ha transitado por diferentes etapas; la aproximación más “romántica” de los directores de posguerra, como Karl Richter y Otto Klemperer, comenzó a ser cuestionada en la década del setenta por Nikolaus Harnoncourt y Gustav Leonhardt, pioneros en la gigantesca (e imposible) tarea de registrar la obra integral del compositor. Con ellos comienza el largo camino de la Historically Informed Performance (Interpretación Históricamente Documentada): intento de reconstruir las prácticas de ejecución de la época de Bach a través de la utilización de instrumentos de época, la reducción del número de intérpretes y del tamaño del coro, la reconsideración de los tempi, etc.

John Eliot Gardiner, Christopher Hogwood, Trevor Pinnock, Philippe Herreweghe, Ton Koopman y Masaki Suzuki, avanzaron en ese camino, “limpiando” la música de Bach de interpretaciones basadas en el gusto postromántico e intentando acercarlas a la idea de la “autenticidad”. Si bien estos directores habían reducido los inmensos coros de Richter a dieciséis voces o menos, a principios de la década de los ochenta, musicólogos como Joshua Rifkin y Andrew Parrott plantearon una posición aún más radical, sosteniendo que Bach había siempre interpretado sus cantatas utilizando un solo intérprete por parte. Junto a ellos, Paul McCreesh, Konrad Junghänel y Sigiswald Kuijken comenzaron a realizar grabaciones con el modelo de One Voice Per Part (Una Voz Por Parte), reduciendo el coro —para horror de muchos— a las cuatro voces solistas. Dentro de este vasto panorama, Helmuth Rilling, fundador del Gaechinger Cantorey, si bien al comienzo de su camino no estaba ligado a la Historically Informed Performance, fue incorporando, con el tiempo, criterios aportados por esta corriente.

Patrick Grahl y Hans-Christoph Rademann, junto a la Gaechinger Cantorey, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2018

Desde el coro inicial de la Cantata N° 21, con el dramático efecto conseguido por la repetición de la palabra “Ich” (yo) tres veces, la agrupación coral con sede en la ciudad de Stuttgart reafirmó su autoridad en el terreno de la música coral bachiana, brindando colores sobrios y profundos en la sombría primera parte, para dar paso, en la segunda, a un sonido más luminoso que anuncia al creyente su salvación siempre que reafirme su fe. El melancólico sonido del oboe —interpretado magníficamente por Katharina Arfken— acompañó a la soprano en su aria “Seufzer, Tränen, Kümmer, Not” (Lamentos, lágrimas, tristeza, miseria) para reaparecer luego en el coro “Was betrübst du dich” (¿Por qué te abates?) y “Sei nun wieder” (Alégrate nuevamente), recordando al oyente que sus aflicciones no han finalizado, al menos mientras dure su paso terrenal. Estupenda versión de “Efreue dich, Seele” (¡Alégrate alma mía!) brindó la cellista Piroska Baranyay junto al tenor solista, para desembocar en el solemne anuncio de salvación que trae el último número coral “Das Lamm, das erwürget ist” (El cordero que fue inmolado) con la fanfarria de las trompetas y timbales.

En la segunda parte del concierto, ocupado por el majestuoso Magnificat, en su versión final de 1732 en la tonalidad de Re mayor, las cosas fueron incluso aún mejor, lográndose el perfecto equilibrio entre la intimidad de ciertos pasajes y el esplendor del sonido en las explosiones corales, acompañadas de trompetas y percusión. En el aria de la soprano “Quia respexit humilitatem” (Porque miró la humildad) nuevamente el obbligato de oboe permitió a Katharina Arfken lucir el bello sonido que extrae de su instrumento, mientras que en el dueto para contralto y tenor “Et misercordia” (Su misericordia) las etéreas flautas de Dóra Ombodi y Regina Gleim alcanzaron otro de los puntos altos de la velada. La precisión contrapuntística del coro en el “Gloria Patri” (Gloria al Padre) fue asombrosa, un deslumbrante cierre con la experta batuta de Hans-Christoph Rademann.

Las cuatro voces solistas se caracterizaron por la austeridad y la capacidad de fundirse en el conjunto sirviendo al texto y su mensaje. Merece una mención el tenor Patrick Grahl, quien resolvió con excelentes medios las agilidades ascendentes y descendentes de su aria “Deposuit potentes de sede” (Derribó los tronos de los poderosos) con las que se sugiere la caída de los poderosos y el ascenso de los humildes.

La Gaechinger Cantorey, dirigida por Hans-Christoph Rademann, en el Teatro Colón, Mozarteum Argentino, 2018

Tras una merecida ovación, la agrupación alemana ofreció dos bises: el coral “Wohl mir, dass ich Jesum habe” de la Cantata N° 147 y el “Dona nobis pacem”, movimiento final de la Misa en Si menor. El Gaechinger Cantorey nos recordó que el verdadero desafío de cualquier aproximación a la música de Bach —más allá incluso de la fidelidad historiográfica— es que sea capaz de conmover. Rigor y sentimiento es, justamente, lo que reunió este concierto dedicado al genio de Eisenach por un ensamble vocal e instrumental que lleva su música en la sangre.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2018

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías Liliana Morsia
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Publicado el 13/06/2018
     
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