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Miguel Farías : El evangelio según Miguel
Con motivo del estreno absoluto de la ópera “El Cristo de Elqui” en el Municipal de Santiago, conversamos con el compositor Miguel Farías sobre la génesis de la obra, sus influencias y oficio. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Domingo Zárate Vega es mejor conocido por su apodo “Cristo de Elqui”. Un hombre de carne y hueso con inspiraciones místicas que durante el segundo tercio del siglo XX recorrió el territorio nacional afirmando ser depositario de la palabra divina. Fallecido en 1971 fue rescatado por el antipoeta Nicanor Parra en sus Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977) y Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1979). La voz del Cristo sirvió como medio para dramatizar la antipoesía de Parra, al tiempo que le daba la oportunidad de elaborar un discurso irónico, carnavalesco y por sobre todo contradictorio en medio de la dictadura de Pinochet.

La figura del Cristo tocará el escenario del Municipal de Santiago cuando este sábado se estrene la ópera El Cristo de Elqui con música de Miguel Farías (*1983) y libreto de Alberto Mayol (*1976). Adaptando las novelas El arte de la resurrección y La reina Isabel cantaba rancheras de Hernán Rivera Letelier, la ópera es la segunda en gran formato del compositor. En junio de 2012 estrenó Renca, París y liendres, una obra entre cuyos frutos se cuenta una improbable polémica con la en ese entonces alcaldesa de la comuna de Renca, quien reclamó por una supuesta estigmatización de los vecinos. El mundo de El Cristo es en cambio el norte de Chile, donde el alucinado predicador se mezclará entre mineros y prostitutas. Reemplazando liendres por ladillas, los personajes de El Cristo no dejan de lado el sexo. Al contrario, el evangelio de este Cristo es uno bastante terrenal.

¿Te sientes a gusto en el Municipal?
Es un lugar muy atractivo para trabajar. Hay mucha gente trabajando para resolver todo. Es impresionante. Tuve el privilegio de trabajar con Pedro-Pablo Prudencio, que es un tremendo director. Nos vemos todos los días y eso es algo que no pasa en todos lados. Me siento completamente incorporado.

Tus temas son bien chilenos. No creo que sea necesario justificar una elección artística, pero ¿por qué las novelas de Hernán Rivera Letelier para esta ópera?
Soy un buen lector en general. Siempre me ha gustado Rivera Letelier, la musicalidad que hay en sus textos. Cuando ganó el premio Alfaguara en 2010 con El arte de la resurrección lo leí y me dije que debía ser una ópera. El personaje, el héroe, es muy chileno, a la vez que es una figura muy internacionalizable. Carmen, Aida o La bohème pueden ser vistas como historias locales, pero son también internacionales. El Cristo, pese a ser una historia muy local, tiene una figura muy fácil de universalizar, tanto musical como narrativamente. La musicalidad de Rivera Letelier además en el texto es impresionante. Cada personaje es un mundo de características particulares, de hablar, de comportarse, el largo de las frases que asigna a cada grupo de personajes. Por otra parte, la manera en que desarrolla el texto es interesante, porque logra hacer arcos cerrados, lo que es también muy musical. El arte de la resurrección parte con una resurrección fallida, y llegando hacia el final del libro hay una resurrección exitosa. Si bien es una resurrección menor, es la gallina Sinforosa la que resucita, le da estructura al texto.

El barítono Patricio Sabaté y el régisseur Jorge Lavelli en los ensayos de El Cristo de Elqui, Municipal de Santiago, 2018 / Foto de Marcela González Guillen

¿Cómo fue la génesis del proyecto y tu trabajo con el libretista Alberto Mayol?
Cuando empecé con el proyecto no conocía a Alberto. Contacté a Rivera Letelier por mail, le pregunté si le parecía bien y me dijo que sí. Así que hice una primera versión del libreto. Cuando me hicieron el encargo invité a Alberto para adaptar las novelas y funcionó bastante bien. Con el libreto hecho hicimos algunos cambios, porque hay que adaptar muchas cosas: el largo de algunas frases, las acentuaciones de las palabras...

¿Te preocupa eso? Por ejemplo, respetar la acentuación natural de una palabra...
Depende. Depende lo que quiera lograr. Si quiero que sea un texto limpio y narrativamente comprensible hay que respetar. Hay partes limpias, cristalinas, más teatrales, donde también para hacer la música más amigable hago coincidir el acento de las palabras con el acento musical de los compases. Pero también hay partes en que quise generar un desfase entre la orquesta y lo que ocurre, por ejemplo cuando El Cristo intenta revivir a Lázaro. Los mineros cantan sobre lo que ocurre al tiempo que hay una sonoridad flotante, porque sabemos que no puede ser cierto lo que está ocurriendo. Desfaso en ese caso las acentuaciones, los motivos melódicos y rítmicos de la orquesta, y los acentos de compás.

En esta producción la puesta está a cargo de Jorge Lavelli. ¿Cómo fue tu experiencia con él?
Es alucinante. Él es una leyenda del teatro, del montaje de ópera y en general de la resignificación mediante el montaje. Coincidimos en mucho. Comprendió además muy bien la ópera y la música. Porque el texto puede decir “El Cristo viene”, pero en ópera eso puedes decirlo de cientos de maneras. En este caso en la ópera se dice mediante un coral y Lavelli creó una escena en donde los mineros están en un lugar no definido, que solo está alumbrado parcialmente, y los mineros parecen dialogar con alguien que está detrás del público. Entendió muy bien el aspecto irreal de algunas sonoridades que compuse, y lo entendió antes de que llegáramos a los ensayos. Ha sido un privilegio trabajar con él.

En tu mente de compositor, ¿te imaginabas cómo iba a resultar una escena? ¿Cambió mucho esa proyección respecto a lo que él te propuso?
Uno se entrega. Si bien uno se imagina que una escena es en el desierto, uno sabe que “el desierto” puede ser muchas cosas. Lo interesante es que el director de escena cuando hace su resignificación está haciendo a su vez una propuesta artística. Yo no pido que en tal y cual escena los mineros estén en una calle, pero se entiende que están en la pampa. Se crea entonces una suerte de indefinición y atemporalidad. Están en una pampa surrealista. Uno entrega la obra sabiendo que eso va a pasar, aunque nunca me imaginé que esto podría terminar en una puesta naturalista. Pero podría haber sido así y habría estado bien. Me gustan, eso sí, este otro tipo de montajes, como las puestas de Marcelo Lombardero donde una parte de su Carmen transcurre en una discoteca. Eso me encanta. O que Bodas de Fígaro transcurra en una especie de vecindad de El chavo del ocho. No borra el significado del compositor, sino que crea algo que es complementario.

Tu formación y desarrollo musical es europeo. ¿Qué influencias reconoces en ti?
Primero, me gusta toda la música. La clásica, contemporánea, académica, experimental, pero también la música popular, el floclor. La división entre lo clásico y lo popular existe, a la vez que a veces se diluye. Si en una ópera coloco una pieza de folclor no va a significar lo mismo que en la calle o en una peña folclórica. Pero no creo que haya una barrera que impida que los espacios se puedan tocar. Justamente en mi propuesta de óperas de bolsillo mi idea es que sean pequeñitas y que se puedan montar donde sea. La idea es que la ópera pueda visitar otros espacios.

La seducción de Angela, registro de su estreno con la soprano Macarena Valenzuela, Feria Ch.ACO, Estación Mapocho, Santiago de Chile, 2015

Una de las “óperas de bolsillo” a la que alude es La seducción de Angela (2015), un monodrama de diez minutos donde la canciller alemana Angela Merkel entona sus políticas de austeridad. La variedad de temas, formatos y estilos es algo que le interesa y que, en las condiciones actuales de proliferación de escenarios de diversas dimensiones, se vuelve casi una necesidad. Entre sus futuros compromisos asoman una ópera de cámara, un espectáculo para niños, y como proyecto personal una adaptación de La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde con libreto propio.

Dado el ambiente de El Cristo el mundo de la pampa salitrera la fusión de estilos parecía inevitable. “En El Cristo uso música popular, folclor, música tradicional vinculada a lo clásico o romántico, música experimental con exploración de timbres”, explica. “Pero me interesa la sonoridad latinoamericana, que hace más de cien años es más que charangos y quenas. En Latinoamérica hay ópera hace ciento cincuenta años. Siempre estoy, eso sí, cambiando lo que escucho. Por ejemplo, desde hace tiempo soy un seguidor de Pedro “Tata” Barahona. Creo que es un tremendo músico, muy creativo. En música clásica mis influencias en ópera serían Peter Eötvös y György Ligeti. En El Cristo hay también mucha influencia de Shostakovich y Prokofiev”.

Del panorama actual, no sólo en el aspecto musical, ¿qué te llama particularmente la atención que podría enrielar el futuro del género?
Me gusta el trabajo de Óscar Strasnoy. Él hace mucha ópera y obra escénica. De alguna manera soy un seguidor de lo que hace. Mezcla mundos populares de fácil comprensión para el auditor con música académica. Cuando escuchas Cachafaz hay mucha milonga, pero no es un musical. Tampoco es una música lachenmanniana sólo de exploración de timbres, aunque también tiene eso. Me gusta que uno pueda ir a pasarla bien a un espectáculo, al mismo tiempo que te asombras con el trabajo de la partitura. Creo que la ópera puede tomar ese rumbo, sea ópera de cámara, en grande o de bolsillo: es un espectáculo, como ir a ver una película, a la vez que puedes pensar en la profundidad que puede tener. En Europa está pasando. Por ejemplo, Héctor Parra, que es un compositor que está haciendo mucha ópera, trabaja con temáticas actuales que son fáciles de llevar fuera del escenario y del mundo académico. Se puede salir de Verdi y Puccini, a la vez que atraes un público que acude a ver un espectáculo que le interesa.

Patricio Sabaté (centro) en ensayo de El Cristo de Elqui, Municipal de Santiago, 2018 / Foto de Marcela González Guillen

Estamos viviendo un momento en que el tema de género se ha tomado las discusiones. Hay pocas, o conocemos pocas, compositoras mujeres. ¿Percibes tu oficio como muy masculino?
Es algo que se ha dado así históricamente por muchas razones. Me ha tocado conversarlo ahora a propósito de los paros en las universidades. Hago clases en la Universidad Católica y este tema ha salido. Por un lado, la mujer ha estado relegada a segundo plano en el mundo musical, principalmente a música de salón. Pero hay grandes compositoras. Hay menos, es verdad, pero hay actualmente mujeres importantes como Kaija Saariaho, que de alguna manera superó a todos. Es interesante también que sus temas son trabajados desde una perspectiva feminista. Por tradición o costumbre se ha relegado a las mujeres, pero a mí en particular me interesa mucho más Sofiya Gubaidúlina que Pierre Boulez. Musicalmente me interesa diez veces más. Está menos presente, y para eso hay muchas razones. Boulez tenía capacidad política, era director, y estaba ubicado en un espacio privilegiado. Gubaidúlina salió en cambio de otro lugar. No hay tampoco una relación de calidad con el género del compositor. En mis clases tengo alumnas extraordinariamente talentosas.

¿La distribución de tus alumnos es paritaria?
Hay muchos más hombres. Ahí hay algo que corregir. ¿Por qué hay cuatro mujeres y doce hombres? Pero estoy seguro va a cambiar.

Con Renca, París y Liendres tuviste una polémica extra-artística. No sé si vas a tener polémica de nuevo, pero algo esperarás del público…
Que le resulte un espectáculo entretenido. A pesar de todo el trabajo académico que hay, me gustaría que la primera impresión sea “me entretuve” o “no me entretuve”. En ese sentido, lo vinculo con la temática de la ópera. El personaje mismo de El Cristo tiene una búsqueda, junta seguidores, y sus lugares de encuentro son prostíbulos. Es una búsqueda de placer más que de la vida eterna. Él predica, sana, revive, pero también se acuesta con prostitutas. Mi idea conecta con eso, con la búsqueda del placer. Me gustaría que el público lo disfrute.

Entrevista de Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Junio de 2018

Para agendar
El Cristo de Elqui se estrena este sábado 9 de junio, en el Municipal de Santiago. Hay funciones también el lunes 11, miércoles 13, viernes 15 y sábado 16, con un elenco integrado por Patricio Sabaté (Cristo de Elqui), Evelyn Ramírez (reina Isabel), Yaritza Véliz (Magalena), Paola Rodríguez (Ambulancia), Gonzalo Araya (Cardenal) y el actor Francisco Melo (Poeta Mesana). La dirección musical será de Pedro-Pablo Prudencio, la concepción y puesta en escena de Jorge Lavelli, con escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, vestuario de Graciela Galán, e iluminación de Roberto Traferri y Jorge Lavelli. Participa la Orquesta Filarmónica de Santiago y el Coro del Municipal de Santiago, dirigido este último por Jorge Klastornick. Entradas en venta en la Boletería del Teatro, Agustinas 794, o a través de www.municipal.cl

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Publicado el 08/06/2018
     
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