Lunes 16 de Julio de 2018
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

Carlos Vieu : Un sueño cumplido
Antes de comenzar los ensayos de “Aida”, su segunda producción integral en el Teatro Colón como director musical, este artista conversó sobre su carrera y el desafío de dirigir la ópera con la que se inauguró, hace 110 años, nuestro principal teatro lírico. Por Ernesto Castagnino
 

Tosca, Otello, Simon Boccanegra, Turandot y ahora Aida. Pareciera que su destino es dirigir Verdi y Puccini en el Teatro Colon.
¡Y estoy agradecido por eso! Es cierto, en 2006 dirigí Turandot del Luna Park, que fue mi primera producción, cuando la sala se cerró por reformas. Luego, en 2008, fui titular de la Orquesta Estable pero el teatro tenía sus puertas cerradas e hicimos La traviata en gira por San Luis. En 2009 dirigí I due Foscari cuando la temporada se hacía en el Teatro Coliseo, pero mi debut en el foso del Teatro Colón —tardío debut debo decir— se produjo en 2011 dirigiendo una única función de Simon Boccanegra en la producción que lideraba Stefano Ranzani. Dos años después pasó algo parecido con Otello, que dirigía Massimo Zanetti, donde tuve a mi cargo la última función, por pedido de José Cura. Y en 2016 llegó mi primera producción completa con Tosca.

¿Y cómo fue el camino hasta llegar a ese noviembre de 2006 cuando se paró por primera vez al frente de la Orquesta Estable?
Ya llevo veintiocho años de carrera en la dirección orquestal, por supuesto con inicios mucho más discontinuos de lo que fue esta última década donde ya la carrera se afianzó y se volvió internacional. Yo empecé muy humildemente con una profesora de barrio estudiando guitarra a los ocho años. Mi mamá tocaba el piano, pero no había ningún musico profesional en la familia ni la menor sospecha de que yo podía tener una vocación. Con el tiempo vieron que tenía facilidad, entonces me mandaron al Conservatorio, ya tenía trece o catorce años y fue con mi consenso. En el Conservatorio empecé a cantar en coros y me interesé en la dirección coral, hice la carrera de “Dirección coral” y parte de la carrera de “Canto lírico” y, mientras daba mis primeros pasos como director de coros y todavía daba conciertos de guitarra, pasaron dos cosas fundamentales: primero conocí una figura como Juan Carlos Zorzi, que me inspiró muchísimo para elegir la carrera de “Dirección orquestal”. Fue, de hecho, el primer director de orquesta que yo tuve delante cuando cantaba en el Coro Lagun Onak. En segundo lugar, me tocó vivir, a comienzos de los ochentas, el furor de Plácido Domingo con Otello en el Teatro Colón y ahí me enamoré de la voz lírica. Empecé a ir al Teatro Colón con los abonos para estudiantes, y me di cuenta que la guitarra no iba a ser el complemento para la dirección orquestal, porque se necesita el piano que tiene el espectro sonoro y el registro con el cual los directores de orquesta estudian. Así que comencé a estudiar piano y dejé la guitarra. Hace 32 años que no saco la guitarra del estuche… (señalando un rincón del estudio) ¡Estará podrida ahí adentro! (risas)

Y comenzó a estudiar dirección orquestal…
Sí, en la Universidad Nacional de La Plata. Puntualmente conocí al que fue mi maestro, Guillermo Scarabino, que en ese momento vivía en Mendoza como titular de la Orquesta de Cuyo y daba unos cursos magistrales todos los veranos, yo llegué a tomar el último y después él se radicó en Buenos Aires y terminó siendo mi maestro. Había empezado con Mario Benzecry en la Facultad y después continué con Guillermo Scarabino. Más tarde vino una beca para estudiar en Venezuela con el recientemente fallecido José Antonio Abreu, clases magistrales con Kurt Masur, un mes en Barcelona con Antoni Ros Marbá…

Entonces comenzó la época profesional.
Me convocó Valdo Sciammarella como su asistente en el Coro de Niños [del Teatro Colón] y luego también en el Coro de la Asociación Wagneriana. Ahí conocí a otra figura fundamental en mi vida: Romano Gandolfi que, al irse a España le recomienda a Enzo Valenti Ferro —director de la Asociación Wagneriana— que yo siguiera como director del coro y estuve casi seis años en ese cargo. Pero mi interés ya se dirigía claramente a la dirección orquestal. Comencé dirigiendo la Banda Sinfónica de Buenos Aires, algunos conciertos como director invitado en orquestas del interior, en el Teatro Roma de Avellaneda y en Chile. En 1997, por una cuestión fortuita, yo había concursado para la Sinfónica de Avellaneda quedando en segundo lugar, y uno de los jurados, Mario Perusso —que era director titular de las orquestas de Bahía Blanca y del Teatro Argentino— me invitó a hacer un concierto con la Orquesta de Bahía Blanca. En diciembre de ese año Miguel Ángel Veltri sufrió el aneurisma que lo llevó a la muerte, el Teatro Colón llamó a Perusso para dirigir el concierto de clausura en su lugar, y Perusso me llamó a mí para cubrirlo en La Plata donde debía dirigir una gala. Ese fue mi debut en el Teatro Argentino, y al año siguiente me ofrecieron Don Carlo, que fue la primera ópera que dirigí en un teatro estatal. En 1998 gané el concurso como titular de la Orquesta Municipal de Mar del Plata, mi primera experiencia como titular. Comenzaron a surgir invitaciones de Chile, Uruguay, Perú y Paraguay, uno o dos títulos por año en Buenos Aires Lírica desde su creación, en 2013 El barbero de Sevilla en la Ópera de Lausanne…

Me comentaba que acaba de llegar de Estados Unidos…
Sí, hace unos años llegó la oportunidad de dirigir en Estados Unidos, con la Orquesta Sinfónica de Silicon Valley, en San José, que es la tercera orquesta en orden de importancia del Estado de California, con la que tengo un contrato como principal director invitado.

Y ahora llega Aida, otro gran titulo verdiano…
Por suerte la gestión actual del Teatro Colón valorizó mi trayectoria y me dio nada más ni nada menos que esta ópera tan emblemática y en un año tan emblemático. Es una especie de revancha personal porque esta Aida tendría que haberse hecho en 2008 en el centenario del teatro cuando yo era director titular de la orquesta, pero no teníamos teatro. Por eso, después de esa frustración y de que me fui del teatro muy triste por no haber podido dirigir ópera mientras estuve al frente, llega justo, en el aniversario de los 110 años, este título que en su momento no pudo ser. Es un pequeño mimo del destino.

¿Un sueño cumplido?
Ha sido uno de los sueños de mi vida, yo respeto mucho los nuevos lenguajes, y las nuevas tendencias, me encanta la música contemporánea, pero voy a serle franco: soy un director de ópera tradicional, defiendo el repertorio tradicional y me encantan Verdi y el verismo pucciniano. Esto me hace feliz porque, si bien la oportunidad de tener continuidad en el Teatro [Colón] nació muy tarde en mi carrera, llega siempre con títulos que son, para mí, los emblemas del repertorio.

¿Cómo se llega a esa continuidad?
Ufff… (risas) Es un tema muy importante porque estamos en tiempos donde parece que la carrera ya no existe, donde el contacto o el amiguismo con la dirección artística de turno es mérito suficiente para ocupar un cargo. Antes había que esperar derecho de piso, la posibilidad de un concurso abierto, como me pasó en Mar del Plata, o la convocatoria a una asistencia, como me pasó con la Orquesta Académica que dirigía el maestro Scarabino. Y un director de orquesta no era respetado hasta que no tenía canas. Ahora se dejan de lado trayectorias para poner a gente inexperta que a lo mejor es muy talentosa y merece una oportunidad, pero las queman muy prematuramente y les dejan el estigma para toda la carrera de que fueron puestos a dedo. Esto me presenta la duda, como docente y formador de jóvenes directores, de qué decirles a mis alumnos, si exigirles como lo hago habitualmente sin dejarles pasar el menor detalle y hacerlos quemar las pestañas estudiando —o peleándome incluso en los claustros académicos para que la necesidad de captar alumnos no haga que se baje el nivel académico—, o decirles “vayan a hacerse amigos de algún directivo o político porque es muy probable que el día de mañana sean mi director artístico”. La verdad que uno no entiende hoy en día como son las cosas.

1 | 2 >                                                                                                                                    Continúa

Compartí esta nota en Facebook o en Twitter

 
Publicado el 21/05/2018
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados