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"Tres hermanas" de Péter Eötvös : Sólo los recuerdos quedan
El Teatro Colón abre su temporada lírica con el estreno americano de esta ópera que destaca las virtudes de la pieza original de Antón Chéjov, con un planteo musical que retoma la tradición del género, logrando un fuerte impacto dramático. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Ilseyar Khayrullova (Olga), Margarita Gritskova (Masha) y Aida Garifullina (Irina) en Tres hermanas, producción de Yuval Sharon, Wiener Staatsoper, 2016 / Foto de Michael Pöhn

Cuando el 13 de marzo Tres hermanas de Péter Eötvös suba a escena al Teatro Colón, se cumplirán precisamente veinte años de su estreno en la Ópera de Lyon, coincidencia fortuita dado que la producción estaba prevista para octubre pasado. Esta ópera, considerada por algunos estudiosos como la última más importante del siglo XX, recorrió con rapidez diferentes escenarios europeos, siempre con buenas impresiones por parte del público y la crítica, como también llegó al mercado discográfico al año y medio de su estreno, gracias a la edición que el tradicional sello Deutsche Grammophon realizó dentro de su serie 20/21, dedicada a la música de nuestro tiempo.

El hecho que su interpretación haya sido en reiteradas veces se debe, probablemente, a ser una de esas óperas que aparecieron desde la década de 1990 donde la voz vuelve a ser el centro de interés en el género, combinado con una fuerte concepción dramatúrgica. No es raro que en esos años se hayan producido otras óperas que también tuvieron una vida duradera como Powder Her Face (1995) de Thomas Adès —que en diciembre próximo se estrenará para Latinoamérica por la Ópera de Cámara del Teatro Colón—, The Death of Klinghoffer (1992) de John Adams, la versión revisada de Le Grand Macabre (1997) de György Ligeti o Wintermärchen (1999) de Philippe Boesmans —podríamos agregar, por qué no, La ciudad ausente (1995) de Gerardo Gandini.

El compositor y director de orquesta húngaro Péter Eötvös, nacido en 1944, fue discípulo de Zoltán Kodály, admirador de la música de Béla Bartók —“se convirtió en mi lengua materna musical”, expresó en un reportaje de 2010— e instrumentista en el ensamble de Karlheinz Stockhaussen. Es recordado por suceder a Pierre Boulez en la Orquesta Sinfónica de la BBC como también por ser el director del Ensamble Intercontemporain desde 1979 hasta 1991. Cuando recibió la propuesta de hacer una ópera por parte de Kent Nagano y Jean-Pierre Brossmann, director musical y director general de la Ópera de Lyon, sin dudarlo eligió la obra teatral de Antón Chéjov (1901), que bien conocía desde su juventud en una traducción húngara, luego por un film ruso de Samson Samsonov (1964) y una representación en Budapest en la década de 1980.

Si bien hasta ese entonces consideraba a su música instrumental como teatral, sus únicas aproximaciones a la escena habían sido la creación de música incidental para varias obras de teatro y films en Hungría durante la década de 1960, y dos experimentos escénicos ligados al teatro japonés, la ópera de cámara Radamés (1976) y la “escena con música” Harakiri (1973). Desde Tres hermanas, en estos veinte años, escribió nueve óperas más sobre fuentes literarias diversas, desde Jean Genet (Le Balcon, 2002) y Alessandro Baricco (Senza sangue, 2015) hasta Tony Kuscher (Angels in America, 2004) y Gabriel García Márquez (Love and other Demons, 2007).

La casa de las esperanzas muertas

Una escena de Tres hermanas, producción de Rosamund Gilmore, Prinzregententheater München, 2010 / Foto de A. T. Schaefer

“Esa música es tan encantadora”, cantan las hermanas Olga, Masha e Irina Prózorov en el prólogo de la ópera de Eötvös, al son de un acordeón que toca un motivo de manera repetida. Este comienzo melancólico, desencantado y pesimista —que es tomado de la última escena del drama de Chéjov— va a guiar el recorrido particular que hace el compositor sobre la pieza original, remarcando esa sensación de letargo que posee. En lugar de seguir los cuatro actos de Chéjov que retratan, a la manera de una novela, cuatro años de las hermanas Prózorov junto a su hermano Andrei, su novia/esposa Natasha y los oficiales de un regimiento instalados en un pueblo del interior de Rusia, el compositor decide elaborar tres secuencias no lineales temporalmente, poniendo como eje la visión de un personaje distinto en cada una —Irina, Andrei y Masha—, a la manera de un recuerdo repetido aunque variado. La historia se vuelve a contar tres veces desde diferentes ángulos dramáticos, subrayando así su profundo estatismo y la inmovilidad de sus destinos.

Cada secuencia está dividida en números relativamente breves que se suceden sin pausa y destacan las relaciones triangulares de los personajes elegidos: la joven Irina, comprometida con el Sargento y Barón Tuzenbach más por conveniencia, es también deseada por el Mayor Solyony; Andrei es cuestionado por sus hermanas por la relación que tiene con Natasha, quien finalmente no lo corresponde; y Masha, casada no tan feliz con el Profesor Kulygin, desea al Coronel Vershinin. Lo que realza Eötvös es la teatralidad de los conflictos entre los personajes de una manera más directa, con un juego de contrastes, simetrías y repeticiones que hacen de su obra un flujo dramático vivo e inquietante. La caída de un reloj perteneciente a la madre de la familia —en dos de las secuencias— simbolizaría, por ejemplo, la detención del tiempo.

Prólogo de Tres hermanas en la producción del estreno mundial, Ópera de Lyon, 1998

La concepción de Eötvös para el estreno mundial fue la de asignar los personajes femeninos a contratenores (las tres hermanas y Natasha) y un bajo con amplificación (la aya Anfissa) con el fin de mostrar los tipos psicológicos de cada una de ellas, además de condecir con la idea de puesta en escena del estreno, a cargo del director y coreógrafo japonés Ushio Amagatsu, con claras referencias al teatro Kabuki. “Si los roles son asignados a mujeres, se las banalizan”, decía en un reportaje unos años más tarde. Sin embargo en su primera reposición en octubre de 1999 en Düsseldorf con una puesta en escena diferente, el compositor permitió que esos personajes fueran asumidos por mujeres, y así es como se la conocerá en el Teatro Colón. Es curioso que en las diferentes producciones, durante estos veinte años, hayan coexistido tanto la versión de contratenores como la de las voces de mujeres, si bien el compositor ha declarado su predilección por la primera.

Así como Eötvös juega con la temporalidad de la pieza de Chéjov, también lo hace con el espacio sonoro al recurrir a dos ensambles instrumentales que enmarcan a los personajes en escena, uno de dieciocho músicos en el foso y otro, una orquesta de cincuenta instrumentistas, detrás de escena. Esto le permite crear atmósferas intimistas, donde cada instrumento del ensamble representa a un personaje determinado, como también paisajes sonoros efectistas con la orquesta —por ejemplo en la escena del incendio que se repite en las dos secuencias iniciales— o remarcar ciertas dinámicas del ensamble con la orquesta a la manera de prolongaciones.

No conforme con la primera versión del libreto escrito en alemán por Claus H. Henneberg, Eötvös intervino en la estructuración en secuencias y decidió usar el ruso para que sea la palabra cantada en su primera ópera grande. Esta elección no sólo fue porque su fuente era Chéjov, sino por la propia prosodia musical que le da ese idioma: vocales sonoras y consonantes percutidas. Así el estilo vocal va desde canto pleno al parlato sobre música (melodrama), logrando el estilo conversacional que en Chéjov se daba naturalmente. Se da, según el compositor, “un madrigal a trece voces” para representar este drama donde la falta de comunicación entre los personajes es central. “Todos tratan de decir lo que sienten sin la esperanza de ser escuchados”, escribe Jean-François Boukobza en el estudio sobre la ópera.

Anna Goryachova (Masha), Kresimir Strazanac (Tuzenbach) y Erik Anstine (Kulygin) en una escena de Tres hermanas, producción de Herbert Fritsch, Operhaus Zurich, 2013 / Foto de Hans Jörg Michel

La relectura que hace Péter Eötvös sobre Tres hermanas es sumamente personal, ya sea por su particular estructura, la fuerte teatralidad de algunas acciones escénicas o los recursos instrumentales y vocales empleados, pero sobre todo por el tono que le imprime a su ópera que es consecuente a los planteos dramáticos de Chéjov.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Marzo 2018

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile N° 92, marzo/abril 2018.

Para agendar
El Teatro Colón presentará cuatro funciones de Tres hermanas de Péter Eötvös: los martes 13 y 20, viernes 16 y domingo 18, en el marco de la apertura de su temporada lírica y del ciclo Colón Contemporáneo. La dirección musical estará a cargo de Christian Schumann y Santiago Santero, y dirección escénica de Rubén Szuchmacher, con escenografía y vestuario de Jorge Ferrari, e iluminación de Gonzalo Córdova. Los principales intérpretes serán Elvira Hasanagic (Irina), Anna Lapkovskaja (Masha), Jovita Vaskeviciute (Olga), Luciano Garay (Andrei) y Marisú Pavón (Natasha). Participará la Orquesta Estable del Teatro Colón. Las localidades ya se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 horas y los domingos de 10.00 a 17.00 horas. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100 o por internet ingresando a www.teatrocolon.org.ar

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Publicado el 12/03/2018
     
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