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Eladia Blázquez : Una creadora entrañablemente necesaria
El 24 de febrero pasado hubiera cumplido 87 años esta máxima compositora de música popular argentina. En este artículo recordamos a la gran artista que supo, a través de sus canciones, ganarse el cariño popular. Por Javier Villa
 

El ámbito de la creación en la música popular ha podido cosechar notables ejemplos de la caracterización de ciertos rasgos sociales, de la relación que se establece con un lugar ligado al afecto, o bien de la complejidad que atañe a los vínculos humanos. Es decir que lo musical, como actividad inherente a la problematización de la subjetividad, ha reflejado situaciones que exceden a lo estrictamente sonoro, sirviéndose de lo estético para erigirse como uno de los lenguajes expresivos más potentes. En este sentido, la figura de Eladia Blázquez tal vez sea una de las más representativas debido a la agudeza de su mirada en relación con las temáticas antes planteadas. El desenvolvimiento por diferentes estilos musicales unido a la claridad de pensamiento que emerge de sus letras, la llevó a ocupar un lugar trascendente dentro de las personalidades de la cultura argentina.

1. Una temprana vocación

La niñez suele ser la etapa de la vida en donde la expresividad se presenta a flor de piel. Es común que muchos niños y niñas transiten por distintos lenguajes expresivos con un alto grado de libertad. En ocasiones estas prematuras manifestaciones se configuran como la antesala de la consolidación de una fuerte afinidad, que junto con el paso del tiempo y la dedicación puede recalar en una praxis artística profesional.

Nacida en Gerli e hija de inmigrantes españoles —su madre había nacido en Granada y su padre en Salamanca—, Eladia Blázquez desembarcó a muy temprana edad en el ámbito de la canción española. Probablemente la influencia parental resultó determinante para la elección del tipo de repertorio. Es pertinente señalar que los vínculos afectivos pueden repercutir —positivamente o no— en la relación de los niños y de las niñas con la actividad musical. En el caso particular de Eladia¸ que ya mostraba una palpable soltura y gracia, el profesionalismo llegó cuando tenía tan sólo ocho años de edad. En aquellos primeros tiempos se presentó en las audiciones de Radio Argentina, acompañada por quienes luego se convertirían en notables figuras de nuestra música ciudadana: Atilio Stampone, Armando Pontier y Emilio Franchini.

Aunque en esta primera etapa se la suele relacionar únicamente con el género español, es preciso señalar que en esa época también cantaba tangos y canciones criollas. Debido a la predilección del público, por la manera que tenía la joven cantante de interpretar las canciones españolas, el perfil artístico de Eladia se orientó a dedicarse con exclusividad a ese repertorio. Argentina tenía por aquel entonces una importante cantidad de españoles radicados que se nuclearon en diferentes tipos de asociaciones que tenían por objeto mantener las costumbres y los gustos de su tierra natal. Es por ello que gran parte de la comunidad de inmigrantes acompañó en gran medida a la intérprete en ese tramo de su carrera profesional.

La forma de cantar el repertorio español exige el dominio de ciertas agilidades que le dan ese carácter tan particular, sobre todo de la música de la región de Andalucía. De aquel tramo inicial quedan pocos registros sonoros (accesibles a formatos de sonido más actuales), pero aquellos que se conservan revelan el notorio conocimiento del estilo vocal e interpretativo que tenía Eladia Blázquez de la música hispánica. Eladia dominaba los aspectos antes citados y también el acento lugareño con que encaraba a la dicción. Con motivo de la enorme admiración que la artista argentina sentía por el gran poeta Federico García Lorca, grabó “Anda Jaleo” —una de las canciones que recopiló y armonizó Lorca— y también dos canciones de su autoría dedicadas al extraordinario poeta granadino. “Elegía para Federico” y “Era una vez un poeta” son dos muestras cabales del manejo de los recursos vocales e interpretativos que ella conocía y aplicaba con incuestionable habilidad. Pero estas dos canciones además reúnen un alto grado de sensibilidad poética y calidad musical.

2. La compositora e intérprete

Las necesidades expresivas de un artista pueden llevarlo, en ocasiones, a torcer un rumbo o realizar transformaciones en su recorrido artístico. Son numerosos los ejemplos de personalidades que viraron hacia otra rama del arte o bien reorientaron su desempeño profesional. Si bien la composición también tiene un temprano origen en la vida artística de Eladia Blázquez (compuso su primera canción a la edad de once años), fue recién luego de transitar la etapa del género español que la artista se dedicó a la composición. La canción “Humo y alcohol” inauguraría el trayecto como compositora. A partir de allí se inicia una laboriosa tarea en donde se desempeña por la canción melódica para luego aproximarse a diferentes ritmos y estilos latinoamericanos. La música argentina todavía esperaría un tiempo más hasta que Eladia la abordara. Primero fue su paso por la composición folclórica —que cerraría con “Si Buenos Aires no fuera así”— y luego sí la música ciudadana, el tango.

Es posible determinar a grandes rasgos, algunas de los temas más recurrentes en la obra de Eladia Blázquez. Entre estos se puede mencionar al amor, a la ciudad de Buenos Aires, a la caracterización de la argentinidad, y a la relación con el otro. Aun cuando en algunas de sus canciones estos ejes temáticos suelen constituirse como tema único, en general se articulan unos con otros, dando lugar no sólo a una variedad y un perfil mucho más rico, sino también a una intervención poética muy profunda y directa. Del mismo modo Eladia trabajaría en sus canciones una serie de valores como el honor, la solidaridad y la dignidad, con un alto sentido de la oportunidad para tomar nota de lo que la sociedad le estaba reclamando, o bien de lo que era necesario decir.

Si bien Eladia Blázquez mantuvo una marcada tendencia a no encasillarse en un determinado estilo o género musical, su paso por la música ciudadana fue vital ya que le aportó un aire nuevo desde lo poético y también desde lo musical. En tiempos donde el lugar de la mujer estaba relegado sólo a la interpretación, debido al imperante machismo que hegemonizaba la mayor parte de los espacios de desempeño profesional, Eladia tuvo que conquistar esos sitios no sólo ya para desarrollarse musicalmente, sino también para emitir su mensaje poético. El resultado, aun con ciertas dificultades en el recibimiento, resultó de una notoria contundencia.

El reconocimiento de sus pares no se hizo esperar y la llevó a colaborar con otros grandes músicos de la época como Osvaldo Pugliese, Homero Expósito, Raúl Parentella y Ástor Piazzolla, entre otros. Hacia 1980 la autora tomaría el desafío de ponerle letra a “Adiós Nonino”, probablemente la obra más difundida de Ástor Piazzolla, que ya ese por entonces gozaba de una enorme popularidad. Al conocer el texto Piazzolla no pudo contener la emoción; las palabras de Eladia reflejaron el sentimiento de lo que él había plasmado en la música.

Ástor Piazzolla y Eladia Blázquez, 1988

Otra de las colaboraciones más importantes fue junto a Héctor Negro en el tango “Viejo Tortoni”. Negro había escrito el poema y se lo acercó a Eladia convencido de que no habría otra persona más indicada que ella para tal fin. Luego de superar algunas vicisitudes relacionadas con la composición de la música para ese texto, Eladia Blázquez concluyó la labor y el presentimiento de Héctor Negro finalmente se cumplió. No había quien pudiera poner una música más acertada que la que compuso Eladia. El tango se constituyó en el mejor retrato de ese café histórico de Buenos Aires, y en uno de sus mayores éxitos. Afortunadamente hoy en día el Tortoni cuenta con una sala que lleva el nombre de la compositora.

Pero si ya era sumamente valorable destacarse en la composición, eso se potenciaba al ser intérprete de sus propias creaciones. Es frecuente que muchos autores encuentren en los intérpretes a los mejores aliados para difundir y darle valor a sus composiciones. Sin embargo Eladia Blázquez forma parte del grupo de aquellos autores que brindan una rotunda hondura interpretativa y un alto nivel de sensibilidad. Su voz no se destacaba por poseer una particular belleza tímbrica, pero su forma de cantar expresaba una manifiesta claridad en el fraseo. Eladia era una persona notablemente musical, que además del piano también tocaba la guitarra. Es por ello que muchas de sus versiones son, en cierta medida, paradigmáticas, como por ejemplo “Si te viera Garay” (donde retoma cierto aire español en la vocalidad), “Viejo Tortoni”, “El corazón al sur”, “Sueño de barrilete”, “Honrar la vida”, entre tantas otras. Esa cualidad de intérprete estaba sustentada en el oficio de pisar el escenario, y en la manera de transmitir la emoción, absolutamente genuina. Como diría su querida amiga Susana Rinaldi, Eladia era “una militante de la dignidad, una militante de la verdad”.

3. La trascendencia de su obra

Aunque su labor como compositora e intérprete siempre tuvo un lugar destacado en el ambiente musical, fue a través de la difusión de las versiones de otros intérpretes en donde la obra de Eladia Blázquez tuvo una repercusión mucho mayor. Numerosas canciones formaron parte de programas televisivos, películas, como así también otras tantas nacieron por encargo. El perfil colaborativo y solidario que emanaba del desenvolvimiento profesional de Eladia la llevó a actuar junto a una gran cantidad de colegas que la apreciaban desde lo profesional y fundamentalmente desde lo personal. Todos ellos destacaron, de una forma o de otra, la calidez que profesaba dentro y fuera del escenario; una personalidad que siempre abogó por la constante de superación, como diría su famosa canción, a pesar de todo.

 

Más allá del invalorable aporte que Eladia Blázquez brindó desde lo poético y desde lo musical, posiblemente una de sus mayores contribuciones ha sido concebir a la creación como un ámbito de afirmación de valores y de construcción de la identidad colectiva. Entrevistada por Horacio Embón en 1996, Eladia pronunciaría una frase que sintetiza cabalmente esta concepción “… no puedo ser indiferente. Nadie se salva solo”. Este palmario posicionamiento ético y estético se refleja notoriamente en dos canciones suyas: “Con las alas del alma” y en la que tal vez es su canción más emblemática, “Honrar la vida”. Grabada por la autora en 1983 tuvo que esperar siete años antes de popularizarse de la mano de la versión de Marilina Ross, para el programa Atreverse de Alejandro Doria. Esta canción es, sin lugar a dudas, una de las mejores síntesis que se puedan encontrar en relación con el lugar que se la asigna a la posición subjetiva.

Es posible que el paso del tiempo ayude a dimensionar la importancia de la labor creativa de Eladia Blázquez, que aunque ha sido una persona reconocida y admirada, la potencia de su legado continuará ofreciendo instancias de reconocimiento. No puede ser de otra manera ya que Eladia fue una artista que con su arte siempre se dedicó a honrar la vida.

Javier Villa
Febrero 2018

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Publicado el 27/02/2018
     
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