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[DVD/BD] "Béatrice et Bénédict" en el Festival de Glyndebourne : Cajitas
Este festival inglés montó en 2016 la última ópera de Berlioz, en una grisácea visión de Laurent Pelly, iluminada por una batuta y un elenco de gran nivel. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Stéphanie d’Oustrac (Béatrice) y Paul Appleby (Bénédict) en el acto 1 de Béatrice et Bénédict, Festival de Glyndebourne, 2016

BÉATRICE ET BÉNÉDICT, ópera en dos actos de Hector Berlioz. Dirección musical: Antonello Manacorda. Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Barbara de Limburg. Iluminación: Duane Schuler. Reparto: Stéphanie d’Oustrac (Béatrice), Sophie Karthäuser (Héro), Katarina Bradić (Ursule), Paul Appleby (Bénedict), Philippe Sly (Claudio), Lionel Lhote (Somarone), Frédéric Caton (Don Pedro). Coro Glyndebourne, director: Jeremy Bines. Orquesta Filarmónica de Londres. Grabación del vivo desde el Festival de Glyndebourne, 9 de agosto de 2016. 1 BD (118 minutos). Audio LPCM 2.0 y DTS-HD Master Audio 5.1, subtítulos (no castellano). Opus Arte 2017 (OA BD 7219 D).

"Little boxes" es una canción de 1962. Su texto satiriza las condiciones de vida y aspiraciones de la clase media estadounidense. Traducida literalmente como "Cajitas" por el cantautor español Adolfo Celdrán, es más conocida entre nosotros por la versión que el chileno Víctor Jara hiciera de ella como "Las casitas del barrio alto", donde la mira se posó sobre el sector más acomodado de la población chilena en esa politizada década.

Algo de esto fluye en la puesta que Laurent Pelly hizo en el Festival de Glyndebourne de Béatrice et Bénédict, la última ópera de Berlioz (1862). La admiración, cercana a la obsesión, que Berlioz tenía por Shakespeare, lo llevó sin embargo a adaptar como ópera solo una de las obras del poeta inglés. Simplificando la trama de Mucho ruido y pocas nueces, Berlioz se concentró al escribir el libreto en la guerra de los sexos que ejemplifican los personajes del título. Dejó de lado la intriga vengativa llevada a cabo por don John, extirpando por completo al personaje, y suprimiendo el extraordinario mecanismo de muerte fingida de uno de los roles femeninos. El resultado es una opéra comique ligera salpicada de números musicales tan disímiles en duración como en calidad.

La historia, ambientada en la ciudad siciliana de Messina, parte con la llegada del ejército de don Pedro, recibido con entusiasmo por el gobernador Leonato (un rol hablado), su hija Héro, y su sobrina Béatrice. Mientras Héro declara su amor por Claudio y anhela casarse con él, Béatrice insiste en su batalla personal contra Bénédict. Ninguno de ellos ve al matrimonio como una posibilidad de realización personal. Pero el resto de los personajes cree conocer mejor sus deseos y urden un engaño para hacerles creer que cada uno ama al otro, por más que no estén dispuestos a declararlo. La boda de Héro y Claudio es inevitablemente seguida por la claudicación de Béatrice y Bénédict, que se aceptan mutuamente.

Cualquiera que haya visto una puesta de Pelly se encontrará acá con un enfoque bastante alejado del colorinche y chillón escenario que parecía ser su sello. Todo acá es gris. La escenografía de Barbara de Limburg es un conjunto de cajas de las cuales emergen los personajes, un conjunto también gris de ciudadanos. Salvo por el parecido de don Pedro con Charles de Gaulle, no hay mayores referencias temporales ni tampoco espaciales. La metáfora de las cajas para Pelly es el encasillamiento, el amoldarse a las convenciones y tradiciones de una comunidad. Béatrice no encaja en ese contexto, y su negativa al matrimonio es el eje de su disidencia. Nada, eso sí, la diferencia visualmente de los demás personajes, salvo claro su fuerte carácter y determinación.

Katarina Bradić (Ursule), Sophie Karthäuser (Héro) y Stéphanie d’Oustrac (Béatrice)
en el acto 2 de Béatrice et Bénédict, Festival de Glyndebourne, 2016

La mezzo Stéphanie d’Oustrac realiza una labor notable como la fiera Béatrice. D’Oustrac tiene a su haber un repertorio amplísimo que la ha llevado desde el barroco hasta la música de Francis Poulenc, de quien es sobrina nieta. La fuerza de su interpretación se canaliza en un físico espigado, filoso y desafiante. La elegancia de la emisión se luce en el extenso solo del segundo acto, el aria “Il m’en souvient”, donde reevalúa sus sentimientos por Bénédict, y en un pasaje orquestado con esos colores que solo Berlioz era capaz de crear, imagina la muerte del que ahora, ¡ya lo sabe!, es el hombre que ama.

Su contraparte femenina es Sophie Karthäuser como Héro, un personaje comparativamente menor que Berlioz entregó a la voz de soprano y que cargó con dos números de gran complejidad: un aria de entrada y uno de los dúos más sensuales para voces femeninas que es posible encontrar en la literatura operística del siglo XIX. Junto a la criada Ursule, aquí la mezzo Katarina Bradić, Héro se sumerge en una epifanía nocturna. Es un final de acto de un erotismo barroco que Pelly aprovecha para introducir algo de luz y color en su puesta: la caja que guarda el vestido de bodas de Héro se abre con colores dorados y espejos plateados. Las tres voces femeninas se reúnen en un elaborado trío en el segundo acto, otro número musical que parece pertenecer a otro universo dramático.

El tenor Paul Appleby goza bastante en el rol de Bénedict, bastante ingrato considerando que no tiene ningún número semejante al de las mujeres. Sí tiene en cambio un danzarín aunque breve rondó y un desarrollado trío junto a don Pedro, el bajo Frédéric Caton, y Claudio, el barítono Philippe Sly, un emergente cantante con una de las voces en su cuerda más interesantes en la actualidad. El elenco masculino lo completa el aporte que Berlioz hizo a la historia, el personaje de Somarone, un pomposo maestro de coro que provée una sana cuota de humor descabellado. Lionel Lhote resulta ciertamente simpático en sus dos intervenciones con el coro, aunque se trata de momentos que muestran los límites del libreto.

Antonello Manacorda, colocado frente a la Orquesta Filarmónica de Londres, produce un resultado de lo más interesante. Manacorda tiene formación de violinista y participó en la fundación de la Orquesta de Cámara Mahler junto al ya fallecido Claudio Abbado. Al igual que él, sus interpretaciones del repertorio clásico de transición (Schubert, Mendelssohn) han sido elogiadas por la crítica. Unido a su interés por el barroco, el resultado en este Berlioz es de una claridad impresionante, extrayendo un cálido color mediterráneo de la cuerda, y un virtuoso desempeño de las maderas. Junto al Coro Glyndebourne, exultante en el cierre de la ópera, brinda una lectura que muestra en su mejor luz a esta algo inusual obra. Dejando de lado que la puesta tiende a agotarse una vez que el espectador descifra el juego de las cajas, esta Béatrice et Bénedict merece ser recomendada por sus innegables méritos musicales. Una buena forma además de aproximarse a un Berlioz medio dejado de lado.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Enero de 2018, Santiago de Chile

Fotografías de Tristram Kenton/The Guardian (acto 1) y Richard Hubert Smith/Glyndebourne Festival (acto 2)
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Publicado el 17/01/2018
     
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