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Victoria de los Ángeles : Una voz ligada al afecto
El 15 de enero se cumplen trece años del fallecimiento de la soprano catalana. Aquí rendimos tributo a una de las voces más excepcionales del siglo XX. Por Javier Villa
 

A menudo algunos destacados cantantes subyagan a sus respectivas audiencias debido al color particular de su voz, a las cualidades que adquiere el sonido al recorrer la sala de concierto o a las posibilidades expresivas puestas en juego durante la interpretación. Es casi una rareza que un mismo cantante reúna todas esas características, constituyendo —si es que se da en un mismo caso— una excepción. Sin lugar a dudas se puede ubicar a la soprano Victoria de los Ángeles como un claro ejemplo de las cuestiones antes mencionadas. Con una extensa carrera que la llevó a recorrer los escenarios líricos más importantes del mundo, esta cantante oriunda de Barcelona entró de lleno en la historia misma de canto lírico gracias a su prodigiosa voz, a su exquisita musicalidad y a la cálida presencia que manifestaba dentro y fuera del escenario.

1. Infancia y juventud en Barcelona

El hecho de promover en los niños el amor por la música está directamente relacionado con el tipo de vínculo musical que tenga su círculo íntimo, es decir sus referentes afectivos más cercanos. Sólo de esa manera puede producirse una relación con la música asociada al goce, y que va a determinar —en líneas generales— la forma en que se transite una vocación musical (independientemente del tipo de resultado obtenido). El ámbito familiar de Victoria de los Ángeles estaba claramente orientado hacia ese sentido ya que el disfrute por la música formaba parte de la cotidianeidad. A finales de la década del ’70 —en el marco de un programa de la Radiotelevisión Española presentado por el gran actor Fernando Rey—, Victoria describía con precisión cómo era la relación con la música durante su niñez: “En casa se cantaba, pues, diariamente. Mamá tenía una bellísima voz. Nos gustaba muchísimo la música. Mi vida infantil ha sido una maravilla”. Esa manifiesta admiración por la voz de su madre marcaría toda la infancia de la soprano, que solía embelesarse oyéndola cantar mientras ésta lavaba la ropa. Muchas de las canciones que Victoria aprendió en aquella época lo hizo a través de su madre, como por ejemplo la famosa “Adiós Granada”, con la que años más tarde cerraría sus recitales.

A partir de la palpable tendencia que manifestaba Victoria de los Ángeles hacia la música, comienza a desarrollarse su formación, en primera instancia estudiando la guitarra con uno de sus tíos, y poco tiempo después con el piano. Probablemente la temprana aproximación a estos dos instrumentos marcaría un perfil musical muy definido en Victoria y es el de concebir a la música como un fenómeno mucho más amplio que lo meramente vocal.

Es importante poner en contexto el período histórico donde transcurrió la infancia de la cantante. La Guerra Civil Española (1936-1939), uno de los acontecimientos más terribles de la historia de su país, trajo enormes complicaciones para tantísimos españoles que vieron cercenadas sus posibilidades de vida. Debido a las dificultades económicas, el padre de Victoria, que era bedel en la Universidad de Barcelona, también debía trabajar como vigilante nocturno. Aquella casa de estudios sería un ámbito ideal para que la niña cantara con su guitarra en las enormes aulas vacías, cuando solía acompañar a su padre en las rondas nocturnas.

El notorio prodigio de su instrumento vocal la llevó a ganar un concurso organizado por “Radio Barcelona” en 1941. El premio consistía, además de una remuneración económica, en cantar una ópera completa en un teatro. La ópera elegida fue nada menos que La bohème de Giacomo Puccini y el personaje que interpretó, Mimì, sería una insignia de su repertorio operístico. Este sería su primer éxito a la temprana edad de diecisiete años.

De este modo Victoria de los Ángeles inicia un rumbo vertiginoso y sostenido que la llevaría a terminar los estudios del Conservatorio del Liceo en tan sólo tres años, cuando la carrera estaba organizada en seis. Más allá de detenernos en los triunfos puntuales de esta etapa, hay algo que desde el punto de vista formativo no puede dejarse pasar por alto, y es la experiencia que significó el haber participado del grupo Ars Musicae, conjunto especializado en el estudio y la difusión de la música española antigua. A través de la que fue su única maestra de canto, la mezzosoprano Dolores Frau, Victoria tomó contacto con Josep Maria Lamaña, director del conjunto. Aquella participación resultaría trascendente para la formación musical de Victoria en el repertorio vocal antiguo, pero además se constituyó como una instancia de concebir el trabajo musical ligado en el disfrute colectivo. En Ars Musicae, la joven soprano ocasionalmente ejecutaría la flauta junto al conjunto instrumental. Lamaña era además una influyente figura en el medio musical barcelonés de modo tal que se convirtió en un consejero sumamente importante para la cantante. Fue él quien sugirió la presentación de Victoria de los Ángeles al Concurso de Internacional de Ginebra, del que resultaría vencedora en 1947.

2. La voz y los medios musicales

Con frecuencia se le suele asignar a la técnica vocal un papel preponderante dentro de las habilidades de un cantante. Si bien esa premisa es absolutamente cierta —porque es a partir de la técnica desde donde puede manejarse la voz—, podría decirse que hay algo de lo individual que está relacionado con la identidad vocal innata. En todo caso, una correcta técnica vocal realza la potencialidad de una voz. La manera de cantar de Victoria de los Ángeles manifestaba una asombrosa facilidad en la emisión. La calidad sonora de la voz de un cantante está directamente relacionada con el manejo que se realice de la respiración, de la colocación del sonido en los resonadores, y de la claridad en la articulación. La sutileza en el empleo de esas variables hace que una voz suene fácil y natural, y otra, por el contrario, no. Pero no solamente la forma de usar la voz caracterizaba a la soprano catalana, sino que la principal característica que se pone de manifiesto ante la escucha, es su inigualable belleza tímbrica. La voz de Victoria poseía brillo y calidez a lo largo de toda su extensión, es por ello que adquiría una notoria suavidad.

Las voces excepcionales suelen presentar características que dificultan ubicarlas en una categoría vocal determinada. En todo caso, hay que hacer las salvedades necesarias para aproximarse a una clasificación más exacta. Victoria de los Ángeles respondía, de alguna manera, al prototipo vocal de la soprano lírica. Podría decirse también que su voz poseía una gran homogeneidad en todos sus registros, destacándose particularmente la tersura de su centro y el color de sus graves. Del mismo modo presentaba una clara flexibilidad, muy apropiada para el repertorio español y sobre todo para las agilidades handelianas, como puede apreciarse en el aria “So shall the lute and harp awake” de Judas Maccabeus o en “O hätt ich Jubals Harf” de Joshua, que Victoria grabó en la década del ’50.

Victoria de los Ángeles durante la grabación de Dido y Eneas, 1965

El dominio del fraseo musical es para un cantante una de las cuestiones medulares de su arte. Si bien es una característica que está relacionada con la manera de abordar la jerarquización de una línea musical, también está íntimamente emparentada con la emisión de la voz. Victoria de los Ángeles comprendía perfectamente estas cuestiones, ya que su aproximación tenía en cuenta las distintas inflexiones que se dan en una construcción melódica. Esto significa que ella destacaba los puntos más importantes de una melodía y atenuaba aquellos que tenían una importancia menor, con total naturalidad. Su decir musical estaba sustentado en una cualidad indispensable para cualquier cantante, pero que ella llevaría a un altísimo nivel de sofisticación, el legato. Esta habilidad, que permite mantener un flujo sonoro estable y sin cortes, es sin dudas uno de sus mayores atributos. Los ejemplos donde se lo encuentra son innumerables, pero tal vez puede destacarse la vocalización del primer número de las Bachianas brasileiras N° 5 de Heitor Villa-Lobos que grabara en 1956 bajo la dirección del compositor.

No hay claridad posible en la transmisión de un discurso musical, sin un ritmo preciso y ordenado. Victoria presentaba un sentido rítmico muy ajustado, que otorgaba una sensación de constante fluir en sus interpretaciones, impregnadas de una gran espontaneidad alejada de ostentaciones superficiales.

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Publicado el 15/01/2018
     
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