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Alicia de Larrocha : Una pianista imprescindible
En septiembre pasado se cumplieron ocho años de la muerte de la gran pianista catalana, una de las más admiradas y reconocidas del siglo XX. Aquí el recuerdo y análisis de algunos aspectos de su impronta artística. Por Javier Villa
 

La forma de tocar de un pianista condensa una serie de factores entre los que se destacan la pericia técnica, la capacidad expresiva y el pensamiento musical. Son pocos los artistas virtuosos que han podido equilibrar las cuestiones antes mencionadas. La figura de Alicia de Larrocha ha sido una de las más encumbradas cimas de la interpretación pianística del siglo XX. Con una extensa y fructífera carrera, que la llevó a recorrer el mundo entero, la pianista catalana ha sido un modelo en cuanto a refinamiento y honestidad interpretativa. Su criterio musical claro y directo respondía a una serie de cuestiones que valen la pena ser recordadas.

1. De niña prodigio a la intérprete adulta

Frecuentemente, y con certeza, suele decirse que una temprana formación pianística posibilita el desarrollo de una serie de habilidades y destrezas bien necesarias para afrontar una carrera musical. Sin embargo aquella premisa, que podría condensarse en la frase “cuanto antes mejor”, no siempre es garantía de un correcto aprendizaje, ni tampoco de un vínculo positivo con la música o con el instrumento. De todos modos cuando se inicia un adecuado proceso formativo durante la niñez —con la necesaria guía de un buen maestro— hay mayores posibilidades de dominar una sólida base técnica y musical.

A mediados de la década del ’20 una pequeña niña barcelonesa mostraba una particular y notoria afinidad con el piano. Aquel gigante objeto musical era motivo de diversos juegos como dibujar sobre él o quitarle sus teclas. Un día la tía de esta niña se cansó y pensó que lo mejor era cerrar la tapa del teclado, probablemente para preservar el instrumento. Ante esta decisión, que imposibilitaba poder relacionarse con el instrumento, la niña lloró, pataleó, gritó y hasta dio su cabeza contra el suelo. Tal dramatismo alertó a su tía e hizo advertirla que posiblemente el piano no sólo era un juguete sino que, aun a tan temprana edad, revelaba algo más. A partir de allí comenzaron las primeras lecciones de piano. Aquella niña era Alicia de Larrocha.

El ambiente familiar que rodeaba a Alicia tenía una fuerte presencia musical. Tanto su madre como su tía habían sido alumnas del compositor Enrique Granados, uno de los máximos referentes del pianismo hispano y sin lugar a dudas un faro musical irremplazable en la vida artística de la pianista. En ese contexto se gestó una pasión irrefrenable, un horizonte permanente orientado a la excelencia musical.

Cualquiera sea el ámbito donde se desarrolle una adecuada enseñanza, esta debe ser impartida por alguien idóneo en la materia pero que también maneje los recursos necesarios para transmitir esos conocimientos específicos. El maestro catalán Frank Marshall —que había sido un eximio discípulo de Granados— fue quien condujo con mucha sapiencia a Alicia por el mundo del piano. Uno de los principales objetivos de su tarea como maestro fue el de desarrollar —mediante ejercicios técnicos especialmente ideados para las características de la mano de la pequeña Alicia— la extensibilidad, la soltura, y también la fuerza, cualidades indispensables para adquirir una buena técnica pianística. A lo largo de los años esas cualidades no sólo se desarrollaron sino que se potenciaron, incluso más allá de lo que podrían haber sido los límites de la pianista. En otras palabras, gracias al estudio constante pudo interpretar repertorios muy exigidos como son, por mencionar sólo dos ejemplos, los Conciertos para piano de Rachmaninov o el Concierto N° 2 de Brahms, resolviendo con muchísima prestancia las endiabladas dificultades de esas obras, con una alta dosis de sensibilidad musical.

2. Su sonido y sus cualidades musicales

Analizar las características de un gran artista puede ser un ejercicio tan apasionante como dificultoso, ya que las cualidades que se ponen en juego operan, casi siempre, en forma simultánea. Alicia de Larrocha poseía una amplia variedad de colores en su sonido, que lo hacía muy singular. Ahora bien ¿cómo era ese sonido tan característico? La gran Martha Argerich da un indicio sobre ese aspecto de Alicia durante su intervención en el documental Las manos de Alicia: “Tenía un sonido muy particular, muy especial, bellísimo, con muchos armónicos. Y era todo extremadamente… no sé… sin forzar nada”.

Alicia de Larrocha en la Academia Marshall, 1948

Una de las primeras cualidades que emergen a partir de la escucha del sonido de Alicia de Larrocha, es la claridad. Es muy probable que la nitidez del sonido de la pianista catalana haya sido producto de la síntesis que realizó de su criterio estético junto con las posibilidades de su técnica. La claridad se manifestaba como una característica general del sonido pero también por la manera particular de abordar las escalas, los arpegios y los distintos tipos de adornos. Pero no sólo la brillantez sonora formaba parte de la gama de colores de la pianista catalana. También poseía un color más aterciopelado, con menos luminosidad pero con la misma consistencia; un sonido de una extraordinaria redondez.

No hay manera de eludir en Alicia de Larrocha el manejo único que tenía del ritmo. El sentido rítmico es uno de los aspectos más importantes ya que de su manejo depende en gran medida la coherencia del discurso musical. El dominio rítmico de Alicia de Larrocha era excepcional porque le permitía poner en juego una notable exactitud pero también cierta dosis de libertad. Sus interpretaciones nunca sonaban arrebatadas, ni tampoco demasiado laxas dada la notoria vivacidad que manifestaban. Podría decirse que su sentido rítmico era absolutamente orgánico  ya que le permitía establecer una conexión directa con el compositor, a tal punto que muchas de sus interpretaciones suelen alcanzar un ideal estético.

A partir de los dos aspectos antes analizados —calidad sonora y dominio rítmico— se abre en Alicia de Larrocha una faceta importantísima dentro de su espectro artístico: la manera de frasear. Podría decirse que un gran artista es quien, mediante el fraseo musical, interpreta el pensamiento del compositor para transmitirlo al público. Ahora bien Alicia de Larrocha no era de ese tipo de artistas que magnifican el aporte del compositor para diluir su propia personalidad, o que elaboran interpretaciones donde se exacerba el contenido intelectual.

Alicia de Larrocha y Victoria de los Ángeles

Si bien su mirada personal partía del conocimiento y del análisis de lo que interpretaba, su lectura estaba impregnada de un candor espontáneo que unía al conocimiento estilístico. Es por ello que siempre se encuentra en sus interpretaciones la calidez sonora de su toque. También hay que señalar su natural apego por la línea del canto que emanaba de los distintos autores que solía abordar, con un fraseo notoriamente redondeado y con un nivel de detalle en el decir que rara vez suele encontrarse. Esto se traducía en una notoria jerarquización del tratamiento de los contornos melódicos, sin estereotipos o exageraciones indebidas. Su fraseo en el piano es equiparable a lo que hacía Victoria de los Ángeles en el canto, una artista a la que la unió una entrañable amistad.

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Publicado originalmente el 16/12/2017

 
Publicado el 19/12/2017
     
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