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"Lady Macbeth del distrito de Mtsensk" en Chile : Lady in the dark
Dos excelentes elencos dieron vida en un escenario desnudo a la escabrosa ópera de Shostakovich. Producto de una huelga del personal técnico del Municipal de Santiago, la obra se ofreció en formato de concierto. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

LADY MACBETH DEL DISTRITO DE MTSENSK, ópera en cuatro actos de Dmitri Shostakovich. Funciones del sábado 14 y lunes 16* de octubre de 2017, en el Municipal de Santiago, Ópera Nacional de Chile. Dirección musical: Konstantin Chudovsky / Pedro-Pablo Prudencio*. Reparto: Elena Mikhaylenko / Eugenia Fuente* (Katerina Ismailova), Alexey Tikhomirov / Alexander Teliga* (Borís Ismailov), Boris Stepanov / Pedro Espinoza* (Zinovi Ismailov), Mikhail Gubsky / Enrique Folger* (Sergei), Evelyn Ramírez (Sonyetka), Paola Rodríguez (Aksinya), Gonzalo Araya (Trabajador harapiento), Sergio Gallardo (Jefe de policía), Alexander Teliga / David Gáez* (Pope / Viejo convicto). Coro del Municipal de Santiago, director: Jorge Klastornick. Orquesta Filarmónica de Santiago.

¿Podemos aprender algo de una ópera como Lady Macbeth del distrito de Mtsensk? Estrenada en Leningrado en 1934, y censurada desde 1936, la segunda y última ópera de Shostakovich es el ejemplo de cómo una brillante carrera operística puede ser frustrada por un infame conjunto de directrices estéticas. Cuesta disociar esta ópera de su particular recepción durante los peores años del régimen de Stalin. Pero es razonable que ahora, cuando la obra se encuentra completamente incorporada al repertorio estándar, nos preguntemos con distancia cuál es su mérito.

Es indudable que la trama no es en absoluto edificante: un conjunto de asesinatos, abusos, corruptela y maltrato atravesados por una protagonista que, cosa curiosa, despierta toda nuestra empatía. En esto, Katerina Ismailova no es particularmente distinta a una Lulú o una Salomé: mujeres que por sus acciones subvierten la cultura masculina en la que se encuentran. Esta era, después de todo, la intención de Shostakovich al musicalizar el relato de Leskov. En palabras del compositor para el programa del estreno, lo que se busca es “justificar a Katerina de tal manera que la audiencia la perciba como un personaje positivo”. Puesta así en contexto, la historia de Katerina es la de una mujer en la Rusia prerrevolucionaria enfrentada a un mundo inmoral.

Bajo esa óptica, la ópera puede ser fácilmente construida como un aparato de propaganda: Borís y Zinovy, suegro y marido de Katerina, no son sino los representantes de una clase opresora que deben ser aniquilados. Richard Taruskin, comentando la obra, se refiere incluso a una estrategia de deshumanización al momento de musicalizar el asesinato de Zinovy mediante un galop, como si nada malo estuviera ocurriendo. Pero a la vez que la música de Shostakovich parece sugerir una celebración de estos crímenes, hay en ella una inevitable ambigüedad e ironía. Junto a las formas musicales livianas —vals, polka, cancán—, encontramos en la mitad misma de la obra un sombrío intermedio en forma de passacaglia que invita más al duelo que a la satisfacción.

Enrique Folger (Sergei), Pedro Espinoza (Zinovi) y Eugenia Fuente (Katerina) en una
escena de Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, Municipal de Santiago, 2017

Esa ambivalencia de la música de Lady Macbeth, junto con la manera en que se muestra el deseo de las mujeres como un recurso para generar acción, representan los materiales más desafiantes para su interpretación, tanto de parte de los artistas como del público. La puesta que Marcelo Lombardero estrenara con rotundo éxito en Chile en 2009 se volvió a programar para esta ocasión, pero producto de un conflicto interno al teatro no fue posible montarla. La ópera se ofreció así en formato de concierto junto con algunas marcaciones escénicas, recayendo el peso de esta Lady Macbeth completamente en su aspecto musical.

Konstantin Chudovsky preparó con cuidado a su orquesta, en lo que cabe reconocer fue una función intensa. Es innegable que Chudovsky es capaz de motivar a sus músicos a tocar al borde del delirio, lo que es particularmente notorio en los dos intermedios del acto tercero, donde la masa orquestal, potenciada también por un conjunto de músicos sobre el escenario, se muestra apabullante. Hay sin embargo una falta de solidaridad con los solistas que vuelve a todo el esfuerzo un ejercicio de virtuosismo en volumen, una seguidilla de knockouts que vuelven al espectador insensible. Pedro-Pablo Prudencio obtuvo muchos mejores resultados dosificando los golpes, construyendo una estremecedora passacaglia, y permitiendo una mejor respiración para los solistas.

Alexander Teliga volvió para esta ocasión en tres papeles en los dos elencos. Al igual que en 2009, su Viejo Convicto es un lujo para el acto final. Sumó a ello un pícaro Pope, y solo puede agradecerse su participación como Borís en el elenco alternativo, un rol que hizo suyo incluso en las espartanas condiciones de iluminación y espacio disponibles. Su voz, de un grave de hermoso color, le permite moverse con flexibilidad en las diferentes gamas de prepotencia del personaje. Alexander Tikhomirov, por su parte, goza de un físico y una voz imponentes; un Borís menos sutil, aunque ciertamente apropiado. En la misma cuerda de bajo, David Gáez y Sergio Gallardo fueron eficientes en sus respectivos retratos.

Cuatro tenores prestaron sus voces a los dos sucesivos maridos de Katerina. Boris Stepanov es un elegante solista, con un material muy bien controlado, pero Pedro Espinoza captura con mucha más naturalidad la pusilanimidad del joven Ismailov. Con timbres más oscuros y sensuales, Mikhail Gubsky y Enrique Folger fueron dos Sergei extraordinarios vocalmente, con el detalle no menor que Folger habita el personaje con una convicción vehemente. Es un placer volverlo a tener en este papel, mostrando que el paso del tiempo a veces solo hace mejorar ciertas cualidades.

Enrique Folger (Sergei) y Eugenia Fuente (Katerina) en Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, Municipal de Santiago, 2017

Elena Mikhaylenko es una soprano de voz penetrante, cuya Katerina pudo encumbrarse por sobre una masa orquestal algo hostil. Eugenia Fuente, por su parte, trabajó aquello que Shostakovich parece pedir al espectador: que empaticemos con el personaje. Su retrato es cabal, moviéndonos incluso a la complicidad y a la sonrisa. Conmovedora en su aria final, Fuente es sin duda uno de los puntos altos de esta temporada.

Evelyn Ramírez prestó su seductor material para Sonyetka, Paola Rodríguez fue una dignísima Aksinya, y Gonzalo Araya un correcto trabajador harapiento. El Coro del Teatro Municipal, en su título más exigido de lo que va de la temporada, fue el engrudo de toda la función, dando alma a un título que despierta más perplejidad que satisfacción. Medido únicamente por su logros musicales, estas fueron funciones recompensantes de una ópera cuyo sentido, en las condiciones en que se ofreció, quedó más que nunca entregado al espectador. Es un mérito no menor.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, octubre de 2017

Imágenes gentileza Municipal de Santiago / Fotos de Sergio López Isla
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Publicado el 26/10/2017
     
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