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Nederlands Kamerkoor y Amsterdam Sinfonietta en el Teatro Colón : La música del dolor
Un programa compuesto por obras de cinco compositores de diversos estilos y períodos planteó un interesante recorrido musical cuyo hilo conductor fue el tema del dolor ante la muerte. Por Ernesto Castagnino
 

El Nederlands Kamerkoor y la Amsterdam Sinfonietta en el Teatro Colón, Mozarteum Argentino, 2017

NEDERLANDS KAMERKOOR y AMSTERDAM SINFONIETTA. Concierto del lunes 11 de septiembre de 2017 en el Teatro Colón, organizado por Mozarteum Argentino. Solistas: Jasper Schweppe, bajo; Mónica Monteiro, soprano. Obras de Nystedt, Bach, Pärt, Shostakovich y Fauré.

El coro, separado en cinco grupos distribuidos por la platea del teatro comienzan a producir modulaciones sobre el texto “Komm süsser Tod, komm sel’ge Ruh! Komm, führe mich in Friede” (¡Ven dulce muerte, ven bendito descanso! Ven, guíame en paz”). Immortal Bach, la pieza para coro a capella del noruego Knut Nystedt fue el punto de partida de un viaje musical hacia las profundidades del dolor humano frente a la muerte. Un profundo silencio se apoderó de la sala que, poco a poco, se llenó con el sonido diáfano de las voces ensambladas del coro.

La “Chacona” de la Partita para violín N° 2 de Johann Sebastian Bach, reinterpretada por la musicóloga Helga Thoene como un canto fúnebre del compositor a su primera esposa, fue la ocasión para el lucimiento virtuoso de Candida Thompson. La violinista inglesa arremetió con decisión la compleja partitura y, si bien el sonido tiende a ser afilado y algo frío, la claridad expositiva es asombrosa. La superposición con las líneas corales, gracias al trabajo de Thoene, crea un efecto verdaderamente sobrenatural y desgarrador en la sombría tonalidad de Re menor.

Siguiendo la línea de la “obra intervenida” —como la de Helga Thoene sobre la “Chacona” de Bach— se propuso, a continuación, otro diálogo entre coro y orquesta: la ejecución del coro De Pacem Domine de Arvo Pärt como apertura y final de la Sinfonía de cámara en Do menor, Op. 110a de Dmitri Shostakovich. Interesante “intervención” que contrapuso una obra sacra inspirada en el atentado terrorista de Madrid en 2004, con la versión para orquesta de cámara que hizo Rudolf Barshai del Cuarteto de cuerdas N° 8 de Shostakovich.

Una reinterpretación de la polifonía antigua es el punto de partida del místico Pärt, para proponer un material sonoro despojado, con el que parece querer representar el estado de desnudez del hombre frente a Dios o —si se busca una interpretación más laica— frente a lo inefable. Shostakovich, que no tenía nada de místico, compuso su octavo cuarteto de cuerdas en la angustiosa tonalidad de Do menor en un contexto bien diferente: 1960, año en el que las tensiones con el partido comunista soviético habían alcanzado uno de sus puntos más altos. Si bien el cuarteto lleva la dedicatoria “A la memoria de las víctimas del fascismo y de la guerra”, en una carta le revela a Isaak Glikman que lo compuso entre lágrimas porque “pensé que luego de mi muerte nadie compondría una obra en mi memoria. Decidí, por tanto, componerla yo mismo. Se podría escribir en su carátula: ‘A la memoria del compositor de este cuarteto’”. Con este diálogo entre el coro y la orquesta se cerró la primera parte de este recorrido musical sobre la muerte y la pérdida. Ambos, coro y orquesta, unirían, finalmente sus voces en la segunda parte del concierto.

Candida Thomson y parte del Nederlands Kamerkoor en la "Chacona" de Bach intervenida por Helga Thoene, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2017

El Réquiem, Op. 48 de Gabriel Fauré es una de las reflexiones más poéticas sobre la muerte que, en comparación con otras obras del género, acentúa, más que el juicio y la expiación, la paz y el descanso. La versión resultó introspectiva y por momentos algo distanciada, si bien la minuciosidad en la exposición de texturas y matices —más que contrastes— se erigió como sello distintivo del ensamble orquestal. El coro brindó un canto fúnebre de belleza estremecedora alejado de la vertiente operística por la que optan otras versiones. El canto es austero y meditativo, pero no por ello menos expresivo y profundo. Las partes solistas se amalgamaron con el canto colectivo en perfecto equilibrio, sin producir la sensación de “arias” sino continuando el hilo ininterrumpido de una reflexión sobre la muerte.

Con la invocación al eterno descanso del poderoso y lírico Réquiem de Fauré culminó el viaje propuesto por las dos agrupaciones holandesas. Concierto temático que expuso de diferentes maneras la pregunta última y fundamental que el hombre se plantea desde que tomó conciencia de su propia finitud. Camino que transitó por lugares más esperanzados y otros más sombríos, en la búsqueda de respuestas a aquella pregunta que la música —como nos demostró este estupendo concierto— también ha buscado desde sus orígenes.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2017

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 25/09/2017
     
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