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El Festival Barenboim 2017 en el Teatro Colón : Reflexiones sobre un festival
A un mes de haber finalizado el Festival Barenboim 2017, aquí publicamos unas impresiones de sus cuatro conciertos. Otra vez Martha Argerich fue la atracción principal, aunque también sobresalió el cellista Kian Soltani. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Daniel Barenboim y Martha Argerich en el Teatro Colón, Festival Barenboim 2017

FESTIVAL BARENBOIM 2017. Conciertos del domingo 30 de julio, miércoles 2 y viernes 4 de agosto de 2017 como parte del Abono Azul del Teatro Colón y lunes 7 de agosto como parte del Mozarteum Argentino. Domingo 30 de julioRecital de MARTHA ARGERICH y DANIEL BARENBOIM, dúo de pianos. Arreglos para dos pianos o cuatro manos de Claude Debussy: Obertura de El holandés errante (Richard Wagner) / Seis epígrafes antiguos / En blanco y negro / Preludio a la siesta de un fauno / Lindaraja / El mar. Miércoles 2 de agostoORQUESTA WEST-EASTERN DIVAN. Dirección: Daniel Barenboim. Solistas: Martha Argerich, piano; Bassam Mussad, trompeta. Ravel: Le tombeau de Couperin. Shostakovich: Concierto para piano, trompeta y orquesta N° 1 en Do menor, Op. 35. Ravel: Suite de Mi madre la oca. Berg: Tres piezas para orquesta, Op. 6. Viernes 4 de agosto — Concierto de cámara. Michael Barenboim, violín. Kian Soltani, violoncello. Daniel Barenboim, piano. Programa Beethoven: Trío en Mi bemol Mayor, Op. 1 N° 1 / Trío en Re Mayor, Op. 70, N° 1, “De los espíritus” / Trío en Si bemol Mayor, Op. 97, “Archiduque”. Lunes 7 de agostoORQUESTA WEST-EASTERN DIVAN. Dirección: Daniel Barenboim. Solista: Kian Soltani, violoncello; Miriam Manasherov, viola. Richard Strauss: Don Quijote, variaciones fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco, Op. 35. Tchaikovsky: Sinfonía N° 5 en Mi menor, Op. 64.

Hace cuatro años el Teatro Colón presentaba como evento principal de su temporada el “Festival de Música y Reflexión” que tenía a Daniel Barenboim como protagonista absoluto y a Martha Argerich como su invitada principal, marcando así la vuelta a nuestro país de la extraordinaria artista. La propuesta inicial era abarcar un trienio en el cual se combinarían conciertos sinfónicos, líricos y de cámara con “coloquios, conferencias, ensayos abiertos, clases magistrales y actividades destinadas a otorgar una proyección social y cultural a la presencia de grandes artistas”. También Barenboim en años subsiguientes aclararía que la “reflexión” se daría no sólo “sobre la música sino también de reflexión sobre nuestra vida”… En los hechos concretos no hubo tantos coloquios ni ensayos abiertos o clases magistrales: hubo sí, durante tres años, la venida de Felipe González para un diálogo con Barenboim y luego con representantes de tres comunidades religiosas.

Ya pasaron esos tres años iniciales —al igual que dos Directores Artísticos del Teatro— y esta temporada el Festival Barenboim, como todo el mundo lo llamaba —e incluso se promocionaba de esa manera, “el acontecimiento más esperado del año”—, dejó de lado la “reflexión” y fue eminentemente musical. Si en 2015 y 2016 se había expandido a lo largo de dos semanas con cinco y seis programas diferentes respectivamente, 2017 volvió al formato inicial de una semana con cuatro programas distribuidos en seis funciones. Se había observado en estas páginas que esa mayor duración dejaba de lado las actividades habituales de los cuerpos estables del Colón y tampoco se las integraba, así que es bienvenido que el Festival de indudable prestigio artístico, encuentre su identidad característica dentro de la temporada del teatro de ópera estatal más importante del país.

A un mes de haber finalizado, aquí va un comentario más extendido del concierto inaugural en la Sala del Teatro Colón —al mediodía hubo un concierto al aire libre del dúo Argerich-Barenboim en la Plaza del Vaticano— más algunos apuntes sobre los otros tres conciertos del Festival.

Duelo de titanes

Martha Argerich y Daniel Barenboim en el Teatro Colón, Festival Barenboim 2017

El trémolo en octavas sonó súper delicado en el piano de Martha Argerich, emulando la flexibilidad de un ensamble de cuerdas, en tanto que el tema asociado con el Holandés Errante sonó enfático, tan fuerte como un corno, en las manos de Daniel Barenboim. Esas diferencias de toque y sonoridad en la transcripción para dos pianos de Claude Debussy (1890) de la Obertura de El holandés errante de Richard Wagner, mostraron las personalidades tan disímiles y a la vez complementarias de estos dos grandes artistas, en la primera propuesta para este año del Festival Barenboim.

La personalidad de Argerich podría compararse con la de un violín porque cuando se lo domina se logra lo que ella despliega: musicalidad y precisión en el toque, variedad en los matices dinámicos y, sobre todo, fuerza en el carácter. Barenboim también podría ser asociado con el corno, un instrumento que es muy sonoro pero que sin el entrenamiento necesario puede cometer fallas mínimas que son muy evidentes —de hecho la enunciación del tema del Holandés fue dudoso, como a veces ocurre en las versiones orquestales—. El concierto estuvo dedicado a transcripciones y obras para cuatro manos o dos pianos de Debussy, en el cual se fueron midiendo esas fuerzas contrapuestas de los dos pianistas, a veces dominando uno sobre el otro, en otras ensamblándose perfectamente.

Eso se pudo escuchar a partir de “Para que la noche sea propicia”, el tercero de los Seis epígrafes antiguos (1914), donde Barenboim tuvo un tan toque delicado como el de Argerich, logrando que esas líneas paralelas características del compositor francés sean un verdadero placer a cuatro manos. El resto de los epitafios tuvo esa comunión en el ensamble y sutileza, exponiendo de manera detallista los motivos y cuidando los matices. El comienzo de En blanco y negro (1916) para dos pianos —que cerró la primera parte del programa— volvió a mostrar a Barenboim enfático y con raptos de energía, para luego acoplarse a la delicadeza de las líneas de Argerich que en todo momento fue de un toque virtuoso, sonoro y sutil.

Daniel Barenboim y Martha Argerich en el Teatro Colón, Festival Barenboim 2017

La segunda parte comenzó con la transcripción del Preludio a la siesta de un fauno para dos pianos (1895) en donde las personalidades de Barenboim y Argerich se complementaron de manera fabulosa: él fue súper sonoro en el comienzo emulando el sonido de la flauta y ella bordeando maravillosamente el motivo. Las dos intensidades se nivelaron hacia el centro de la pieza, donde encontraron el punto emocional justo y su avance hacia el final fue admirable en la creación de texturas y contracantos entre los dos pianos. Lindaraja (1901), la primera pieza escrita originalmente por Debussy para dos pianos y  descubierta después de su muerte, mostró a ambos intérpretes compenetrados en esta visión española del compositor francés, con raptos de carácter sobre partes más tranquilas, diferencias de intensidades  y belleza de sonido, todo sobre un ritmo de habanera muy presente.

Si el mar wagneriano de El holandés errante había mostrado al comienzo las diferencias entre los pianistas, en El mar (1905) de Debussy que cerró el programa, fue el momento de suprema unión entre estos dos enormes intérpretes. Hasta ese momento —en mi caso particular, la primera vez que tengo la oportunidad de escucharlos en los cuatro años que lleva el Festival— uno se podría preguntar qué hacen estos dos artistas juntos, consagrados y reconocidos por sus propios méritos, con personalidades tan disímiles. Y su interpretación de ese poema sinfónico emblemático del impresionismo, transcripto para dos pianos, fue encontrar esa respuesta: hacer música entre amigos, de manera placentera y perfecta.

Uno pensaría que con el sonido del piano El mar perdería todo su colorido orquestal. La versión del autor, sin embargo, genera esas sensaciones de colores por el contrapunto de los dos pianos, los matices utilizados y los diferentes registros que se utilizan en el instrumento. Así, en “Del alba al mediodía sobre el mar” inicial, ese motivo breve y repetido que sugiere el movimiento en las manos de Argerich y Barenboim se vuelve esplendoroso, en tanto que en la sección final termina siendo luz colmada. En “Juego de olas”, él encaró el motivo tremolante de manera medida, en tanto que ella en la zona grave tuvo esos estallidos en velocidad con la precisión y fuerza que la caracterizan. Una sensación de vértigo atravesó ese movimiento en la velocidad que adquiere y en contraste a la calma que a veces asoma. Es como si en este movimiento ella finalmente impuso su carácter y él se dejó llevar de manera perfecta. Esto continuó desde el gesto inicial del movimiento conclusivo, “Diálogo del viento y el mar”: se sintió la misma energía entre los dos pianistas, el mismo virtuosismo, la misma sutileza, una musicalidad compartida plena, que tuvo su mayor grado de virtuosismo en la sección final, admirable sin dudas.

Aplausos finales para Martha Argerich y Daniel Barenboim en el Teatro Colón, Festival Barenboim 2017

Esto volvió a darse en “Nuages”, el primero de los Nocturnos de Debussy, transcripto para piano por Maurice Ravel, la obra que ofrecieron fuera de programa. El tono oscuro y la sutileza de las líneas de esta obra en manos de estos dos magníficos intérpretes que son Martha Argerich y Daniel Barenboim calmaron los estruendosos y repetidos aplausos que habían generado tras el vértigo virtuoso de El mar, tan es así que salieron sólo un par de veces más y el silencio fue una necesidad imperiosa para contener y no olvidar esa extraordinaria experiencia sonora en el cuerpo.

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Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli
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Publicado el 15/09/2017
     
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