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Javier Camarena en Buenos Aires y Santiago de Chile : La voz del bel canto
En su debut en el Teatro Colón, el talentoso tenor mexicano ofreció un concierto con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, mientras que en el Teatro CorpArtes chileno fue con un recital al piano. Por Ernesto Castagnino y Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Javier Camarena, con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Enrique Arturo Diemecke, Teatro Colón, 2017

JAVIER CAMARENA, tenor, junto a la ORQUESTA FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES. Dirección: Enrique Arturo Diemecke. Concierto del jueves 27 de julio de 2017 en el Teatro Colón, como parte del Abono Verde. Obras de Rossini, Donizetti, Gounod, Bizet y Verdi.

Tras el extraordinario concierto de Diana Damrau en abril, el Teatro Colón recibió otra visita ilustre dentro de su actual temporada: el tenor lírico ligero Javier Camarena, una de las voces más aplaudidas y requeridas, en la actualidad, dentro del repertorio belcantista del siglo XIX. El programa propuesto —algunas arias de las más bellas óperas del bel canto italiano y francés, cerrando con dos romanzas para tenor lírico de Giuseppe Verdi— si en los papeles resultaba atractivo, a medida que la velada fue avanzando, se reveló inmejorable.

Luego de un extenso aplauso de recibimiento, el cantante, con voz temblorosa habló de su emoción de estar frente al público argentino y de sus nervios al cantar en el Teatro Colón. Al comenzar los primeros acordes de “Ah, lève-toi, soleil!” de Romeo y Julieta de Charles Gounod, esa voz, que se había presentado temblorosa de emoción, llenó cada rincón de la sala con un sonido bellísimo y un timbre auténticamente lírico que, a pesar de conocerlo por grabaciones, escucharlo en vivo deja al oyente boquiabierto. Aunque su repertorio sea el de tenor lírico ligero, la extensión vocal es considerable y el volumen importante, algo no muy frecuente en este tipo de voces. En la etérea “Je crois entendre encore” de Los pescadores de perlas de Georges Bizet, Camarena exhibió su facilidad para el agudo, al que asciende sin temor, conservando la belleza del timbre.

Luego de la popular y siempre efectiva obertura de Il barbiere di Siviglia, dominó las coloraturas rossinianas del aria “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Gioacchino Rossini, sumando otro de los ‘muchachos enamorados’ que esa noche pasarían por el escenario del Teatro Colón. Cerró la primera parte del concierto una de las piezas más difíciles del repertorio de bel canto: el aria “Ah! Mes amis!... Pour mon âme” de La hija del regimiento de Gaetano Donizetti, con sus nueve Do4 que parecen desafiar las leyes de la física. El tenor mexicano, con la voz ya templada y en un terreno que conoce como la palma de su mano, ofreció una deslumbrante versión de esta pieza de lucimiento.

Javier Camarena, con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Enrique Arturo Diemecke, Teatro Colón, 2017

La segunda parte del concierto continuó con dos piezas de Donizetti, pero en este caso en italiano: en primer lugar, la dramática escena “Tombe degli avi miei” de Lucia di Lammermoor, con la que Camarena ofreció otra faceta interpretativa al aportar los acentos desgarradores del héroe disponiéndose a morir. El canto dulce y cuidado fraseo volvieron a primer plano con la segunda aria donizettiana, “Povero Ernesto… Cercherò lontana terra” de Don Pasquale, hermosa pieza para tenore di grazia.

La obertura de La forza del destino dio inicio a la última sección, centrada en la figura de Giuseppe Verdi, con dos arias que se adaptan perfectamente a la voz lírica del tenor mexicano. Primero transmitió todo el ímpetu juvenil de Alfredo Germont en el aria “De’ miei bollenti spiriti” de La traviata, para luego cerrar el concierto con un elegante fraseo en el aria “La donna è mobile” de Rigoletto, donde el cínico Duque de Mantua justifica su donjuanismo.

En respuesta a la generosa gesticulación de su director, Enrique Arturo Diemecke, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires acompañó al cantante en su recorrido por estos brillantes momentos de la lírica del siglo XIX de manera brillante. Igual que en el concierto de la alemana Diana Damrau, la orquesta demostró su gran versatilidad al abordar un repertorio distinto al sinfónico, en el que se mueve como pez en el agua.

Javier Camarena, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y Enrique Arturo Diemecke, Teatro Colón, 2017

Los tres bises ofrecidos dieron cuenta de su identidad latina: el bolero “Alma mía” de María Grever, que cantó con dulzura y sentimiento, la canción “Granada” del mexicano Agustín Lara, con sus brillantes notas agudas, y el infalible “El día que me quieras” de Carlos Gardel, cierre de una velada en la que las extraordinarias cualidades vocales, la solidez técnica y el talento como intérprete de Javier Camarena inundó la sala del teatro. “La música, la cultura y la educación son las herramientas con las que el mundo podrá salir adelante. La música nos hermana”, fueron sus palabras de despedida, que el público agradeció con una interminable ovación.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2017

En plan intimista y deslumbrante
Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Santiago de Chile)
kastorgas@tiempodemusica.com.ar

Un programa de voz y piano es una oportunidad para oír una faceta diferente de un cantante de ópera. En lugar del gran trazo que se ofrece sobre un escenario, un recital de este tipo permite mayor intimidad y, en algunos casos, hasta ciertos experimentos. Para su debut en Santiago de Chile, el miércoles 2 de agosto pasado en el Teatro CorpArtes, el mexicano Javier Camarena ofreció una mezcla interesante de lieder y arias de óperas, mostrando que es sin duda una de las voces más cálidas en su cuerda en la actualidad.

En la primera parte del recital, Camarena ofreció una muy correcta lectura del Op. 83 de Beethoven, tres lieder con textos de Goethe. La voz de Camarena, muy latina o italiana si se quiere, resulta un contraste interesante frente a otras versiones que caen en la sobreinterpretación. Ese enfoque franco y no intelectualista mostró sus mejores colores para los Tres sonetos de Petrarca de Liszt, donde la emisión abierta de Camarena y el piano de Ángel Rodríguez dialogaron con espontaneidad.

La segunda parte correspondió a la ópera, algo que el propio Camarena al dirigirse al público identificó como el anzuelo de su presentación. El aria de Tamino de La flauta mágica fue rendida con sobriedad y parsimonia, aunque no demasiado entusiasmo. Distinto fue el caso de las selecciones del bel canto. Su “A te, o cara” de I puritani le permitió lucir toda su elegancia en el fraseo y en la emisión del agudo. Es bastante iluminador además oír el comienzo de la pieza interpretado al piano: es imposible no notar la conexión entre el arte de Bellini y Chopin en el fraseo largo y sensual de las melodías. Ese mismo detalle empaña de alguna manera su versión de la primera aria de Lindoro de L’italiana in Algeri, con sus dos secciones en tiempos contrastantes, algo perdidas en ausencia de la orquesta. Rossini no es Bellini. Dos arias de Donizetti cerraron esta segunda parte: el aria final (sin cabaletta) de Edgardo (Lucia di Lammermoor) y el aria de Tonio (La hija del regimiento), una especialidad de Camarena, donde el agudo se luce con una elegancia y versatilidad simplemente deslumbrantes.

Javier Camarena y Ángel Rodríguez, Teatro CorpArtes, Santiago de Chile, 2017

Camarena es un artista extraordinariamente carismático. Es por lo mismo difícil querer separarse de él. Cinco encores vinieron a reciprocar el caluroso aplauso del público al final. “Pourquoi me réveiller?” de Werther, que él mismo confesó no había cantado hace quince años, es un aria hermosa, pero ciertamente no calza bien con su color vocal. Cosa distinta ocurrió en los números en castellano. La jota “Te quiero, morena” de la zarzuela El trust de los tenorios es un número que hoy está al borde del kitsch, pero que Camarena comunica con convicción. “Yo vendo unos ojos negros”, una tonada chilena, incorporó al público a modo de coro, y las dos canciones de María Grever, “Júrame” y “Despedida”, mostraron que se puede integrar armónicamente la música popular con la denominada clásica. No es esta una lección nueva, pero a veces necesitamos que nos la recuerden.

Imágenes Teatro Colón: Fotografías de Arnaldo Colombaroli
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Publicado el 14/08/2017
     
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