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“Lucia di Lammermoor” en La Plata : Bel canto violento y alienado
El Teatro Argentino presentó una impactante producción de la ópera más popular de Donizetti, con dirección de Silvio Viegas, puesta de Rita Cosentino y un destacado elenco encabezado por Oriana Favaro y Darío Schmunck. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Oriana Favaro (Lucia) en el primer acto de Lucia di Lammermoor, Teatro Argentino de La Plata, 2017

LUCIA DI LAMMERMOOR, ópera de Gaetano Donizetti. Nueva producción escénica. Función del viernes 2 de junio de 2017 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Silvio Viegas. Dirección escénica: Rita Cosentino. Escenografía: Nicolás Boni. Vestuario: Imme Möller. Iluminación: Rubén Conde. Coreografía: Sibila Miatello. Elenco: Oriana Favaro (Lucia), Darío Schmunck (Edgardo), Fabián Veloz (Enrico), Sergio Spina (Arturo), Emiliano Bulacios (Raimondo), Rocío Arbizu (Alisa), Maximiliano Agatiello (Normanno). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Director de coro: Hernán Sánchez Arteaga.

Una sombra se proyecta sobre la pared de una habitación abandonada, cuando ella evoca la aparición del espectro de la mujer asesinada en manos de su novio celoso. Esa tensión entre lo real y lo sobrenatural que aparece en “Regnava nel silenzio”, aria de entrada de la protagonista de Lucia di Lammermoor (1835) de Gaetano Donizetti, fue una constante en la puesta concebida por Rita Cosentino y presentada a comienzos de junio en el Teatro Argentino de La Plata. Es como si la protagonista estuviera alienada permanentemente y sometida tanto a los designios de los varones —su hermano Enrico, pero también su novio Edgardo— como de esas figuras fantasmales —en el preludio de la ópera Cosentino crea una escena donde una niña Lucia se acerca al féretro de su padre (¿o madre?) y aparecen unos cráneos taurinos, asustándola y despertando a la Lucia joven de su pesadilla; uno de esos cráneos aparecerá en la “Escena de la locura”.

El clima opresivo se vio reflejado en el espacio claustrofóbico del interior de un castillo, muy bien recreado en la detallista escenografía de Nicolás Boni y remarcado con los claroscuros de la iluminación diseñada por Rubén Conde, donde la escena final en el cementerio fue el único momento donde hay una apertura visual, quizá simbolizando el camino final hacia la muerte. A ese clima reinante también se le sumó el vestuario de Imme Möller, anclado en el siglo XIX victoriano, en lugar del siglo XVII de la novela La novia de Lammermoor (1819) de Walter Scott en la cual se basa el libreto.

Darío Schmunck (Edgardo) y Oriana Favaro (Lucia) en el centro de la escena final
del segundo acto de Lucia di Lammermoor, Teatro Argentino de La Plata, 2017

Es interesante la lectura que hace Cosentino de la ópera al trasladarla a esa época, remarcando la hegemonía de la sociedad machista como desencadenante del drama de la protagonista. En el dúo del primer acto, por ejemplo, Edgardo reacciona en cierta parte de manera violenta ante Lucia en lugar de ser un diálogo estrictamente idílico. Esa alienación como producto de la negación de la violencia hubiera tenido su clímax en la famosa “Escena de la locura” si no hubiera tenido una marcación tan rígida, casi coreográfica, y hubiera reinado aún más la fantasmagoría que ya había aparecido previamente. Más allá de esta escena en particular, las tensiones dramáticas entre personajes estuvieron siempre presentes, logrando una impactante producción tanto por su impecable tratamiento visual como por su dramatismo escénico.

Esto último también se logró gracias al pulso teatral que tuvo Silvio Viegas en la dirección musical. El brasileño, ya conocido en La Plata por sus actuaciones en El holandés errante (2013) y L’italiana en Algeri (2014), adoptó unos tempi ágiles que hicieron dinámicos los contrastes dramáticos, aunque a veces el volumen sobrepasó un poco a los cantantes, incluso aquellos que tienen una potencia notoria. La Orquesta Estable del Teatro Argentino respondió, más allá de algún desliz en cuanto temple, con justeza y flexibilidad, en tanto que los solistas de flauta y arpa fueron exactos y tuvieron una buena amalgama con la voz de la protagonista en sus escenas. Por su parte, el Coro Estable, preparado por Hernán Sánchez Arteaga, logró en todas sus intervenciones un buen sonido general, bien ensamblado en las partes concertantes y con diferentes matices dinámicos en sus partes en solitario.

El personaje de Lucia es, tal vez con el de la protagonista de Norma de Bellini, uno de lo más demandantes del repertorio del bel canto, y la historia de la interpretación hizo que diferentes tipos de voces de soprano se lo apropiaran, desde aquellas que dan rienda suelta a sus virtuosismos vocales hasta las que lo encaran desde su voz lírica un poco más dramática. La soprano argentina Oriana Favaro, en su primera aproximación al personaje, pudo explorar esas diferentes aproximaciones con su bella voz y excelente interpretación.

Oriana Favaro (Lucia) en la "Escena de la locura" del tercer acto
de Lucia di Lammermoor, Teatro Argentino de La Plata, 2017

Si en “Regnava nel silenzio” o el siguiente dúo con Edgardo destacó la línea expresiva del texto conjugado con el don melódico de Donizetti, en el dúo con su hermano Enrico su voz se tiñó de acentos más trágicos. Las coloraturas y variaciones de las cadenzas de la “Escena de la locura” —vale decir, aquellas agregadas por la tradición interpretativa— fueron precisas como un instrumento. Su Lucia seguramente podrá ir creciendo en dramatismo con nuevas producciones, el compromiso de Favaro con el texto dramático, la música de Donizetti y aquí con la propuesta escénica de Cosentino fue, sin dudas, admirable, logrando una actuación consagratoria.

A su lado, estuvieron dos experimentados artistas argentinos en este repertorio y ya bien conocidos por el público argentino. El destacadísimo tenor Darío Schmunck, de trascendencia internacional, asumió el personaje de Edgardo con plena entrega dramática, en consonancia con la propuesta escénica y con su imponente voz. Su hermoso fraseo en cada una de sus apariciones, su potente entrada en el segundo acto previo a liderar con Favaro el bello sexteto, y su expresiva despedida en la escena final, con afinación perfecta y dosis justa de emocionalidad —verdadera pieza de resistencia para todo tenor que se atreva a encarar este personaje—, hicieron que su actuación fuera sobresaliente.

El barítono Fabián Veloz volvió a personificar estupendamente a Enrico —como en la última producción del Teatro Argentino ofrecida en 2009—, con su bella y potente voz, tal vez exagerando un poco la violencia y bestialidad que le imponía la propuesta escénica, aunque encontrando en ciertos momentos los matices más sutiles de su personaje, como en el dúo del segundo acto. El elenco se completó con el bajo Emiliano Bulacios en un bien actuado Raimondo —tal vez con una voz no tan grave como se le recordaba en otras oportunidades—, el tenor Sergio Spina como Lord Arturo, la mezzosoprano Rocío Arbizu como Alisa y el tenor Maximiliano Agatiello como Normanno.

Emiliano Bulacios (Raimondo), Fabián Veloz (Enrico), Oriana Favaro (Lucia) en la "Escena de la locura" del tercer acto de Lucia di Lammermoor, Teatro Argentino de La Plata, 2017

Esta nueva producción de Lucia di Lammermoor marcó el regreso de la ópera a la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata, tras seis meses en los que el ente estatal provincial estuvo cerrado por una primera etapa de necesaria puesta en valor del edificio, pero también significó la vuelta de una ópera popular a su escenario, primera en la gestión artística de Martín Bauer. La apuesta a transitar por una obra bien conocida por el público con una puesta escénica contundente, una precisa dirección musical y un muy destacado elenco, encabezado por tres grandes artistas argentinos, resultó ser una relevante propuesta dramática.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2017

Para agendar
La temporada lírica del Teatro Argentino de La Plata continuará con el estreno platense de El gran macabro de György Ligeti, primera vez que se dará en nuestro país con la orquestación original del compositor tras la (imprevista) versión a dos pianos y percusión ofrecida en el Teatro Colón en 2011. Con dirección musical de Tito Ceccherini y puesta en escena de Pablo Maritano, las funciones están previstas para los viernes 14 y 21, y domingos 16 y 23 de julio.
Más info: www.facebook.com/TeatroArgentinoLaPlata

Imágenes gentileza Teatro Argentino / Fotografías de Guillermo Genitti
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Publicado el 01/07/2017
     
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