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“Giulio Cesare in Egitto” en el Teatro Colón : La noche de los cuatro contratenores
Con importante despliegue escénico y una dirección musical más bien solemne, la genial ópera de Handel volvió al escenario Teatro Colón tras 49 años de ausencia. Por Ernesto Castagnino
 

Franco Fagioli (Giulio Cesare) en el comienzo del primer acto de Giulio Cesare in Egitto, Teatro Colón, 2017

GIULIO CESARE IN EGITTO, ópera en tres actos de George Frideric Handel. Función del viernes 9 de junio de 2017 en el Teatro Colón. Dirección musical: Martin Haselböck. Puesta en escena: Pablo Maritano. Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Coreografía: Carlos Trunsky. Elenco: Franco Fagioli (Giulio Cesare), Amanda Majeski (Cleopatra), Flavio Oliver (Tolomeo), Jake Arditti (Sesto), Adriana Mastrángelo (Cornelia), Hernán Iturralde (Achila), Mariano Gladic (Curio), Martín Oro (Nireno). Orquesta Estable del Teatro Colón.

La programación de obras de George Frideric Handel, ese genio musical que comparte el año de nacimiento con Johann Sebastian Bach y que desarrolló su carrera en la cosmopolita Londres del siglo XVIII, siempre genera expectativa. Es la expectativa que genera lo nuevo, lo apenas o nada conocido, unido al vértigo del virtuosismo vocal que enfrentan los cantantes involucrados. Del vasto universo operístico handeliano, en los últimos años el público local ha podido apreciar las producciones de Agrippina (2004 y 2016), Rodelinda (2007) y Serse (2010) por Buenos Aires Lírica, Acis y Galatea (2008) por Juventus Lyrica y Rinaldo (2012) en versión de concierto por el Teatro Colón. En 2010 el Teatro Argentino de La Plata reunió la extraordinaria visión escénica de Gustavo Tambascio con la certera batuta de Facundo Agudín, en una inolvidable producción de Giulio Cesare in Egitto con Nilda Palacios y Paula Almerares en los roles principales.

Desde 1968 que el Teatro Colón no encaraba una producción de Giulio Cesare in Egitto, la ópera más representada de Handel. En aquella temporada fueron el bajo Norman Treigle junto a Beverly Sills como Cleopatra las voces encargadas de dar vida a los protagonistas de la ópera. Todavía no se había producido la revolución “historicista” que estableció parámetros interpretativos desde entonces insoslayables. Hoy sería casi imposible presenciar esta ópera con un bajo como protagonista, aunque así se interpretaba hasta la década del setenta, transportando un rol pensado para castrato al registro más grave de la voz masculina.

Casi cincuenta años más tarde, el Teatro Colón convocó al director musical Martin Haselböck —responsable de aquel Rinaldo de 2012— y al director escénico Pablo Maritano —que debutó en esta sala el año pasado con un impactante montaje de Die Soldaten de Zimmermann— para volver a revivir una historia de amor, traición y rivalidad enmarcada en el episodio histórico de la llegada de Julio Cesar a Egipto en el año 48 a. C. y su encuentro con Cleopatra.

En la misma línea de su abordaje de Serse en 2010, también aquí el elemento bufo tuvo un peso considerable en la concepción escénica de Maritano. Con la idea de la ópera barroca como un gran espectáculo, el régisseur expuso el drama en clave humorística, apoyado en un importante despliegue escenográfico que dominaba una pirámide giratoria ideada por Enrique Bordolini. El riesgo de esta visión reside en la difícil articulación entre lo cómico, lo trágico y lo sentimental: el modo de combinarlos y que ninguno neutralice a los otros dos es una ardua tarea de alquimia cuyo resultado conseguirá (o no) la intensidad dramática de cada escena en un continuo fluido y consistente.

Adriana Mastrángelo (Cornelia) y Flavio Oliver (Tolomeo) en el segundo acto de Giulio Cesare in Egitto, Teatro Colón, 2017

Como en la mayoría de las óperas del período barroco, la trama de Giulio Cesare in Egitto se encuentra condicionada por la preocupación empresarial, que buscaba la igualdad de números de lucimiento para cada solista más que un crescendo dramático que atrapara e involucrara emocionalmente al espectador. Maritano se divierte con el libreto, enfatiza el absurdo de algunas situaciones y juega con ciertos estereotipos reconocibles en la actualidad, que se convierten en guiños al espectador: el deportista Tolomeo que canta un aria pedaleando maníacamente en una bicicleta fija, la superficial Cleopatra que se pasea con bolsas de grandes marcas de ropa o el amanerado Nireno.

La dirección de Haselböck no acompañó musicalmente la alegría y vivacidad que se desplegaba en el escenario, proponiendo una lectura más bien solemne y parsimoniosa de la partitura handeliana. Lejos del brío de otras aproximaciones, la del director alemán se orientó a la sobriedad más que al contraste, a la solidez arquitectónica más que al desborde barroco. La Orquesta Estable del Teatro Colón mostró articulación y empaste sonoro encomiables.

El elenco de esta ópera —resultado de la visión empresarial de Handel que, al frente de la Royal Academy of Music, buscaba atraer al público reuniendo en la misma obra a la mayor cantidad de divos y divas posible— posee un número considerable de personajes con similar protagonismo. Además de Julio César (rol para castrato, hoy cantado por contraltos y contratenores) y Cleopatra (soprano) que tienen ocho momentos solistas cada uno, Tolomeo (castrato) canta cuatro arias, Cornelia (contralto) y Sesto (mezzosoprano) cinco arias cada uno y Achilla (bajo) se luce con tres arias, aunque suele cortarse alguna de ellas.

Amanda Majeski (Cleopatra), en el centro de una escena del tercer acto de Giulio Cesare in Egitto, Teatro Colón, 2017 

El contratenor argentino Franco Fagioli tuvo a su cargo el rol protagónico, afirmándose en seguridad y proyección a lo largo de la función y consiguiendo una interpretación antológica del dictator romano. Heroísmo, seducción, nobleza, autoridad, cada faceta del personaje se expresa en un aria y Fagioli estuvo a la altura de todas ellas con un dominio de las agilidades vocales asombroso. La estadounidense Amanda Majeski fue una Cleopatra deslumbrante por el timbre cristalino y la expresividad de su voz de soprano lírica. Majeski tenía la carga y la ventaja de cantar las piezas más conocidas de la ópera —las arias “V’adoro pupille” y “Piangerò la sorte mia”— y en cada una de sus apariciones mostró sensibilidad y conocimiento del estilo de canto barroco, lo que el público retribuyó con una merecida ovación.

La mezzosoprano Adriana Mastrángelo —que en la producción platense había cantado el rol de Sesto— hizo frente con buenos medios al rol de la noble matrona romana Cornelia, dolida de principio a fin por el asesinato de su esposo Pompeyo, en tanto el rol de su hijo Sesto tuvo en el contratenor Jake Arditti un intérprete lleno de ímpetu juvenil y sed de venganza por la muerte de su padre. La admirable extensión vocal de este contratenor inglés le permitió hacer frente a un rol pensado para la voz de mezzosoprano.

El tercero de los cuatro contratenores convocados para esta producción fue Flavio Oliver quien, como en 2010 en La Plata, cantó un Tolomeo lleno de lascivia y crueldad, si bien por el cariz humorístico de la dirección escénica, sus desbordes causaban ahora más simpatía que rechazo. El bajo barítono Hernán Iturralde cantó un Achilla de impecable proyección, aunque su lugar en la trama como lugarteniente del malvado Tolomeo y que, como aquel, desea a Cornelia, no encontró en el planteo escénico de Maritano el peso que merecía.

Escena final de Giulio Cesare in Egitto, Teatro Colón, 2017 

Martín Oro —el cuarto contratenor de la velada— fue vocalmente un lujo en el breve rol de Nireno (una pena no haber incluido el aria que Handel compuso para el personaje un año después del estreno y que René Jacobs no omitió en la insuperable grabación de 1991). Completaba el elenco el eficaz Mariano Gladic como Curio, el fiel confidente de Julio César.

Un brillante elenco vocal, en suma, aportó el atractivo final a una interpretación musicalmente sobria y con acentos bufos en el planteo escénico, de uno de los títulos más esperados de esta temporada.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2017

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 26/06/2017
     
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