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“La scala di seta” en el Teatro Picadero : Rossini temprano
Buenos Aires Lírica ofreció una satisfactoria representación de esta farsa en un acto, con dirección musical de Carlos David Jaimes, puesta en escena de Cecilia Elías y un joven elenco. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Sergio Carlevaris (Blansac), Constanza Díaz Falú (Giulia), Luis Loaiza Isler (Germano) y
Sebastián Russo (Dorvil) en La scala di seta, Buenos Aires Lírica, Teatro Picadero, 2017

LA SCALA DI SETA, farsa en un acto de Gioacchino Rossini. Función del lunes 12 de junio de 2017 en el Teatro Picadero, organizada por Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Carlos David Jaimes. Dirección escénica: Cecilia Elías. Escenografía: Rodrigo González Garrillo. Vestuario: Julieta Harca. Iluminación: Ricardo Sicca. Reparto: Constanza Díaz Falú (Giulia), Guadalupe Maiorino (Lucilla), Sebastián Russo (Dorvil), Patricio Oliveira (Dormont), Luis Loaiza Isler (Germano), Sergio Carlevaris (Blansac). Ensamble instrumental.

Estrenar cinco óperas en un año debe involucrar alguna clase de talento. Previo a su consagración con Tancredi, Gioacchino Rossini fue conocido por cinco animadas farsas en un acto, todas estrenadas en el Teatro San Moisè de Venecia. Sus temáticas se mueven de lo sentimental a lo derechamente implausible, y fueron tierra fértil para sembrar los elementos más básicos del estilo bufo rossiniano. La scala di seta fue la tercera de esas farsas, y también la tercera de las cinco óperas que Rossini estrenó en ese sobrevendido año de 1812.

Utilizando el tema del matrimonio celebrado secretamente y mantenido en la clandestinidad, La scala di seta ofrece el clásico triángulo de dos amantes cuyo amor se ve impedido por la figura de un senex. Al igual que la comedia disparatada hollywoodense (esa donde brilló la personalidad de Cary Grant), La scala di seta es una exploración de las dinámicas de pareja y su reconocimiento social en la forma legal del matrimonio. Aquí, Giulia y Dorvil, que se han casado en secreto, se ven enfrentados a la pretensión del tutor de conseguirle un marido a su pupila, un pequeño donjuán llamado Blansac, a quien Giulia intentará emparejar con su prima, Lucilla. El impulso de la acción es un siervo que todo lo entiende mal, el adorable Germano, mientras todo lo que vemos se desarrolla en la recámara de Giulia, un espacio que sugiere intimidad sexual al cual Dorvil accede por el rapunzelesco mecanismo de un largo lienzo de seda que su amada extiende por la ventana a modo de escalera.

Buenos Aires Lírica ofreció la ópera con una orquesta reducida a diez instrumentos, lo que ciertamente prestó un sabor camerístico a toda la representación, sacrificando solo en la obertura un sonido con mayor presencia. Dirigiendo con energía, Carlos David Jaimes enfrentó con auténtico espíritu rossiniano una partitura que si bien no se eleva mucho por sobre lo convencional, sí da lugar a varios números de conjunto donde la coordinación y el brío son esenciales.

La puesta de Cecilia Elías efectúo un cambio argumental, al ambientar toda la trama en un camarín de teatro o vodevil, a juzgar por la época sugerida. La idea es simpática, pero abre la pregunta de qué derecho podría tener el director del recinto a elegir marido para una de sus trabajadoras. En ausencia de un giro más feminista al mecanismo (deberes laborales versus derechos sexuales), la idea tiende a diluirse. La “escalera de seda” que da título a la ópera fue empleada desafiando todas las leyes de la física.

Escena final de La scala di seta, Buenos Aires Lírica, Teatro Picadero, 2017

Constanza Díaz Falú como Giulia mostró un material interesante. Hasta antes de su aria en la segunda mitad, su desempeño había sido algo discreto. Grata fue la sorpresa al oírla en “Il mio ben sospiro e chiamo”, un hermoso número con solo de corno inglés, que Díaz Falú rindió con enorme musicalidad y que concluyó con un seguro y bien proyectado agudo en la sección rápida. Como su amado Dorvil, el tenor Sebastián Russo destacó por la individualidad de su timbre, una equilibrada mezcla de lírico y ligero que utilizó con generosidad a lo largo de toda la función, siendo particularmente convincente en su aria “Vedrò qual sommo incanto”. Un gusto oírlo.

Algo opaco el Germano de Luis Loaiza Isler, no tan bufo como uno esperaría, pero ciertamente bien lucido en su número hacia el final de la ópera. Lucilla fue presentada con una suerte de patetismo por Guadalupe Maiorino, más que nada por el carácter subordinado que asume en esta puesta. Sergio Carlevaris fue un Blansac con bastante desplante y Patricio Oliveira un Dormont, aquí devenido en jefe del teatro, algo siniestro. El conjunto de cantantes se mostró bien afiatado en los cuatro números colectivos, transmitiendo esa vibra entre robótica y neurótica que caracteriza al mundo cómico de Rossini.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Buenos Aires, junio de 2017

Para agendar
Buenos Aires Lírica ofrecerá nuevas funciones de La scala di seta los lunes 26 de junio y 3, 10 y 17 de julio a las 20.00 en el ​T​eatro Picadero. Más info: www.balirica.org.ar

Imágenes gentileza Buenos Aires Lírica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 21/06/2017
     
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