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“Norma” en el Teatro Avenida : Una voz, motor del drama
Juventus Lyrica comenzó su temporada con la más popular ópera de Vincenzo Bellini. La joven soprano Monserrat Maldonado ofreció una muy buena interpretación del complejo personaje protagónico. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Monserrat Maldonado cantando "Casta diva", en el centro de la escena del primer acto de Norma, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2017

NORMA, ópera de Vincenzo Bellini. Función del viernes 12 de mayo de 2017 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: Hernán Sánchez Arteaga. Dirección escénica: Florencia Sanguinetti. Escenografía: Marcelo Salvioli. Vestuario: Cecilia Carini. Iluminación: Rubén Conde. Videos: Troy Proyecciones. Coreografía: Teresa Marcaida. Elenco: Monserrat Maldonado (Norma), Darío Sayegh (Pollione), Nidia Palacios (Adalgisa), Carlos Esquivel (Oroveso), María Goso (Clotilde), Jerónimo Vargas Gómez (Flavio). Coro de Juventus Lyrica, orquesta y bailarinas.

La voz surge sobre un acompañamiento ondulante de las cuerdas, de manera similar a como lo había hecho la flauta exponiendo el tema. Es quien guía el discurso musical, deshilvanando los versos de la famosa aria “Casta diva” del primer acto de Norma (1831) de Vincenzo Bellini. En esta obra ejemplar del bel canto italiano, la voz funciona tanto como instrumento que produce puro y bello sonido como motor emocional del drama, y de allí la dificultad que siempre se plantea al querer llevarla a escena. Este año Juventus Lyrica decidió abrir su temporada asumiendo nuevamente ese desafío, como ya lo había hecho en 2010.

La elección de esta asociación —cuya misión es “Trabajamos para la formación y el desarrollo profesional de artistas jóvenes y para acercar la ópera a nuevos públicos”— por centrarse en óperas demás conocidas para conformar su temporada pone en riesgo de exponer demasiado las buenas aptitudes que poseen los jóvenes intérpretes, como también volver a convocar a un público que esperaría ver las obras más populares del repertorio. Esto último pareciera ser un signo de la época que nos toca vivir donde a una crisis económica se le suma una crisis de ideas que apuesta a territorios seguros —este año encararán en septiembre Turandot de Giacomo Puccini (¡!).

Está asociación, sin embargo, a veces apuesta a óperas no tan transitadas —este año será Le Comte Ory de Rossini que se ha dado por última (y única) vez en 1983 en el Teatro Colón— y que en su joven historia desde 1999 tuvo resultados artísticos más que óptimos —Otra vuelta de tuerca de Britten (2012), Medée de Cherubini (2014), Acis and Galathea de Handel (2008) o la inolvidable Les mamelles de Tiresias de Poulenc (2001), por ejemplo—, además de adaptarse perfectamente a las dimensiones del Teatro Avenida.

En esta nueva producción de Norma se convocó para su dirección musical al joven director Hernán Sánchez Arteaga, que ya había concertado en esta asociación otras clásicas obras del bel canto italiano como lo son Lucia di Lammermoor de Donizetti (2011) e Il barbiere di Siviglia de Rossini (2013). Su lectura de la partitura belliniana tuvo un ritmo teatral ágil, con contrastes bien marcados de tempi y dinámicas. A veces quizá esos contrastes tan marcados, sobre todo en algunas secciones tomadas a gran velocidad, le jugaron una mala pasada en cuanto precisión de ensamble, sin embargo pudo exponer cabalmente el arco dramático de la obra con un buen desempeño global de la orquesta.

Darío Sayegh (Pollione), Nidia Palacios (Adalgisa) y Monserrat Maldonado (Norma) en el primer acto de Norma, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2017

La dirección escénica estuvo a cargo de Florencia Sanguinetti, quien ha realizado varias producciones para Juventus Lyrica, desde sus inicios con Rigoletto (1999) hasta Los pescadores de perlas (2011). Aquí la propuesta de Sanguinetti tuvo como eje un impactante marco escenográfico de Marcelo Salvioli centrado en una serie de bloques de hielo dispuestos plásticamente, a la que se le integraban, en el fondo del escenario, unas proyecciones que ganaban belleza cuando eran más evocativas que explícitas. Alrededor de este dispositivo escénico, más un estilizado vestuario diseñado por Cecilia Carini —que abusó un tanto de los tules para las mujeres— y un diseño lumínico interesante ideado por Rubén Conde, la directora generó algunas imágenes interesantes, manejando a los personajes de manera coreográfica, e incluso incorporando un estilizado cuerpo de baile femenino para el grupo de sacerdotisas que danzaron algunas introducciones de escenas o secciones musicales, un agregado que es una mala costumbre que tienen los directores que no resisten el vacío escénico.

Su lectura escénica transitó diferentes registros, desde lo onírico e inquietante a los grandes gestos y efectos un poco vacíos de sustento dramático. Si en la escena inicial de Pollione, por ejemplo, superpuso diferentes realidades con la presencia acosadora de sus hijos y la representación estilizada de la seducción de Norma con una bailarina o en el primer dúo entre Norma y Adalgisa remarcó lo que en el texto ya está implícito, duplicando a la manera de espejo los movimientos de la joven en la gran sacerdotisa, en la escena final del primer acto apareció ese registro grandilocuente que sería la tónica hasta la conclusión de la obra: grandes gestos corporales —Norma se enoja y golpea con los puños y pies— y algunos efectos bastante elementales —en el final del primer acto, por ejemplo, se escucharon unos sonoros truenos (que taparon las voces y la orquesta lamentablemente) representando alegóricamente una tormenta de sentimientos—. Uno podría haber esperado que la muerte en la hoguera de Norma y Pollione hubiera seguido ese tono —es más, debería ser el momento propicio para esos grandes efectos—, al contrario, pasó totalmente desapercibido y le restó la contundencia que tiene ese gran final.

El personaje protagónico de Norma es quizá uno de los más complejos de la literatura operística, tanto por sus dificultades vocales como interpretativas. Esta mujer poderosa, líder espiritual de su tribu, pero a la vez vulnerable por el devenir de sus sentimientos, es el impulsor dramático de toda la obra: es ella la que toma las decisiones y mueve los hilos de los destinos particulares y colectivos de su sociedad. Es un personaje que habitualmente es tomado como “punto de llegada” para la carrera de grandes cantantes, más que “punto de partida” para jóvenes intérpretes. Este fue el caso de Monserrat Maldonado, una soprano paraguaya que comienza a transitar sus treintas, ya egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y que el año se la pudo apreciar en Ernani de Verdi para Buenos Aires Lírica.

Nidia Palacios (Adalgisa) y Monserrat Maldonado (Norma) en el acto 2 de Norma, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2017

La interpretación de Maldonado fue admirable porque pudo afrontar los desafíos vocales del personaje con decisión y holgura, ya desde el comienzo con una muy sentida versión de “Casta diva” —quizá un poco apurada en la primera sección, pero luego ensamblada perfectamente con el tutti concertante— que arrancó una fuerte ovación por parte del público. Maldonado tiene una bella y caudalosa voz, con seguridad en las agilidades y firmeza en el decir dramático. En la escena inicial del segundo acto, momento verdaderamente difícil por los cambios repentinos de ánimo en un arioso expresivo, quizá se extrañó un poco más de fuerza —un aspecto que seguramente la joven soprano logrará en su incipiente carrera y con otro tipo de dirección escénica—, sin embargo logró imponer su ferocidad teatral y vocal en la compleja escena final de la ópera, coronando una impactante actuación.

A su lado fue extraña la elección del resto del elenco protagónico convocado, dado que fueron cantantes con una carrera consolidada o que ya trabajan hace varios años en esta asociación. La mezzosoprano argentina Nidia Palacios, radicada hace varias décadas en Alemania y aquí recordada por su Giulio Cesare handeliano en el Teatro Argentino de La Plata en 2010, compuso a una Adalgisa noble, tal vez alejada de la frescura del personaje, pero con una técnica irreprochable que le permitió exponer con claridad las coloraturas y un bello legato, aunque la llegada al agudo se notó un tanto esforzada. Se acopló perfectamente con Maldonado en los dúos, aunque con menor volumen que la soprano.

Carlos Esquivel, que ya había abordado el papel de Oroveso con una gran sonoridad de bajo hace diez años en La Plata, mostró aquí un aplomo escénico efectivo, más allá de evidenciar el paso del tiempo en su voz. Darío Sayegh, que viene protagonizando para Juventus Lyrica desde 2012 los emblemáticos papeles de tenor spinto —desde Cavalleria rusticana a Andrea Chenier (2015)—, encaró a su Pollione de manera descarnada, un tanto esquemático desde lo escénico y perdiendo belleza en ciertos estentóreos agudos. Completaron el elenco los jóvenes cantantes María Goso como una muy correcta Clotilde y Jerónimo Vargas Gómez como Flavio, en tanto que el Coro de Juventus Lyrica tuvo el empuje y empaste dramático para las varias escenas de conjunto que la ópera posee.

Monserrat Maldonado (Norma) y Darío Sayegh (Pollione), junto al Coro de Juventus Lyrica, en la escena final de Norma, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2017

Con una dirección musical equilibrada y un planteo escénico discutible aunque, por momentos, visualmente atractivo, en esta apertura de la actual temporada de Juventus Lyrica con Norma de Vincenzo Bellini sobresalió, de un elenco de cantantes experimentados, la actuación de la joven soprano Monserrat Maldonado. Esto demuestra que, a pesar de los riesgos que trae abordar una obra de semejante complejidad, la apuesta a jóvenes y nuevos talentos hace la verdadera diferencia de las propuestas de esta enjundiosa asociación lírica.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2017

Imágenes gentileza Juventus Lyrica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 23/05/2017
     
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