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“The Desert Music” de Steve Reich en el Centro Cultural Kirchner : Devenir estático movilizante
La obra del compositor minimalista se estrenó en la Argentina, en una excelente interpretación dirigida por Camilo Santostefano con MúsicaQuántica y ensambles instrumentales invitados. Por Luciano Marra de la Fuente
 

The Desert Music, Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner, 2017

THE DESERT MUSIC de Steve Reich. Versión de cámara con arreglos para bronces por Alan Pierson. Estreno en la Argentina (miércoles 26 de abril de 2017 en el Teatro Gran Rex en el marco del Ciclo de Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino). Concierto del viernes 28 de abril de 2017 en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner. Dirección musical: Camilo Santostefano. MúsicaQuántica, voces de cámara. Ensamble de Percusión del Conservatorio Astor Piazzolla de la Ciudad de Buenos Aires (directora: Marina Calzado Linage). Ensamble de bronces y flautas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (director: Pablo Fenoglio). Ensamble de Cuerdas 440 (director: Ignacio Andrés Mandrafina). Manuel Margot, Florencia Caruso, Nicolás Ravelli y Alberto Biggeri, pianos. Logística general en sonido: De la Rana, Emiliano Navazo y Jonatan Cueli.

“it is a principle of music / to repeat the theme. Repeat / and repeat again…” [es un principio de la música / repetir el tema. Repetir / y repetir de nuevo…], dice uno de los poemas de William Carlos Williams que es utilizado por Steve Reich en la sección central de The Desert Music (1984). Pareciera que esa elección fuera una verdadera declaración de principios estéticos para el compositor, y el corazón mismo de esta obra. Si uno escucha la primera sección de la obra no puede dejar de recordar el comienzo de Music for 18 musicians (1976) —también de Reich—, una obra que se pudo disfrutar hace tres años en el ciclo Colón Contemporáneo. La repetición en ambas obras de la pulsación constante de los pianos y las marimbas, más las frases intermitentes de las voces, es la manera en que se pone en movimiento este discurso minimalista.

Si bien estas obras nacieron pensadas en diferentes contextos —una para ser interpretada por el ensamble del compositor, la otra es fruto de un encargo de una orquesta sinfónica y coro—, la versión que más se interpreta en la actualidad de The Desert Music es una de cámara, primero realizada por el autor (1985) y luego con un arreglo para los bronces de Alan Pierson pensada para su ensamble Alarm Will Sound (2001). La primera versión de The Desert Music tiene que ver con esa etapa por la que atravesaba Reich en la década de 1980 donde adaptó, quizá no tan cómodamente, su lenguaje a un ropaje más tradicional. Es interesante ese recorrido que hace la obra, desde las grandes dimensiones de un organismo sinfónico tradicional a la vuelta de un pequeño ensamble como el del propio compositor.

Es así cómo se estrenó en nuestro país a fines de abril en dos conciertos —uno en el inicio de los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino en el Teatro Gran Rex, el otro (el que aquí se reseña) en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner—, gracias a la brillante iniciativa de MúsicaQuántica, voces de cámara y su director Camilo Santostefano. A esta destacada agrupación vocal que el año pasado cumplió diez años, se le sumaron pequeños ensambles de jóvenes intérpretes como el de Percusión del Conservatorio Astor Piazzolla de la Ciudad de Buenos Aires, el de Bronces y Flautas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y el de Cuerdas 440, más cuatro pianistas.

Camilo Santostefano dirigiendo a los ensambles de The Desert Music, Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner, 2017

A lo largo de unos cincuenta minutos, la estructura de The Desert Music es simétrica y de clara escucha: sus cinco secciones están caracterizadas por diferentes motivos, tempi —“Fast”, “Moderate”, “Slow – Moderate – Slow”, “Moderate” y “Fast”—, densidad y combinaciones instrumentales, además de los textos llenos de imágenes de Williams, que en el ensamblaje realizado por Reich cobran un nivel abstracto bastante particular. Quizá hubiera sido de gran ayuda que esos poemas estuvieran en el escueto programa de mano —un flyer— del presente concierto: si uno no conocía el texto se perdía la ilación de lo que el ensamble vocal estaba cantando, más allá de poder percibir algunas frases bien claras.

La vitalidad y precisión rítmica, el sentido de ensamble y la creación de ánimos contrastantes fueron las características sobresalientes de esta versión dirigida por Camilo Santostefano. Los excelentes nueve jóvenes percusionistas del Ensamble del Conservatorio Astor Piazzolla fueron el sostén rítmico de la obra —sobre todo las marimbas y vibráfonos— con una energía y precisión admirable. Algo similar se puede decir de los cuatro pianistas, aunque a veces perdían presencia sonora en la masa orquestal.

El Ensamble de Cuerdas 440, dividido en tres cuartetos más dos contrabajos, le dieron, sin perder el temple, un bienvenido swing a esos motivos angulosos que están en diferentes registros, al igual que se ensamblaron perfectamente con el tutti de manera homogénea. Brillantes estuvieron las Flautas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, sobre todo en las secciones “Moderate” en los contrapuntos que tuvieron los piccolo con los timbales. Muy homogéneos los Bronces también del Instituto, tanto en ese soporte armónico con acordes largos que le dan cuerpo al ensamble como en los ecos que realiza de las frases cantadas en la sección central.

Cuando en otras oportunidades escuchaba las voces de MúsicaQuántica, siempre me parecían las más adecuadas para interpretar este tipo de repertorio: apreciar esa frase intermitente y repetida en crescendo y diminuendo en el comienzo y el final de la obra fue no sólo constatar esa presunción, sino también puro placer. A lo largo de las secciones, las voces femeninas fueron nuevamente excepcionales en esas tesituras y dinámicas tan extremas, sin perder el temple y la expresividad, pero esta vez las voces masculinas se destacaron a la par por su sonoridad e ímpetu.

Aplausos finales para todos intérpretes de The Desert Music, Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner, 2017

El ajuste y la energía de todos los intérpretes confluyeron de manera extraordinaria en la última sección, donde se da en principio la “instrumentación estática”, una de las características más evidentes de la música minimalista y que tiene que ver con ese concepto de  “todos tocando al mismo tiempo” a la manera ritual, para luego pasar a un proceso sustractivo de instrumentación y motivos. Fue maravilloso escuchar esa frase intermitente en un noble tutti para luego escuchar lo mismo sin el sostén de los instrumentos graves y finalmente llegar a que sólo las voces femeninas, algunos violines, las marimbas y los vibráfonos, muy sutiles en cuanto dinámica, cesaran ese permanente fluir.

Esa sensación de cese, en lugar de una conclusión definitiva tan cara a otras estéticas, siguió resonando en el cuerpo una vez detenido ese devenir estático en constante movimiento que es The Desert Music de Steve Reich, y que aquí, gracias a la excelente interpretación de todos los ensambles involucrados dirigidos por Camilo Santostefano, fue una experiencia difícil de olvidar.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2017

Fotografías gentileza MúsicaQuántica, voces de cámara
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Publicado el 15/05/2017
     
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