Miércoles 23 de Agosto de 2017
Una agenda
con toda la música


Miércoles 23
Jueves 24
Viernes 25

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

Leif Segerstam dirigió a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires : Música antes que todo
En el Teatro Colón el gran director finlandés interpretó a Sibelius de manera excepcional. El clarinetista Mariano Rey se destacó en una particular obra de Brahms, orquestada por Berio. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Leif Segerstam dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2017

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES. Dirección: Leif Segerstam. Solista: Mariano Rey, clarinete. Concierto de abono realizado el jueves 16 de marzo de 2017 en el Teatro Colón. Sibelius: Finlandia, Op. 26. Brahms: Sonata para clarinete N° 1 en fa menor, Op. 120 (orquestación de Luciano Berio). Segerstam: Sinfonía N° 302 “Una conciencia fundamental y universalmente musical” (estreno mundial, obra dedicada al Teatro Colón). Sibelius: Sinfonía N° 3 en Do mayor, Op. 52.

El segundo concierto del abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires realizado en el Teatro Colón a mitad de marzo tuvo la extraordinaria presencia en el podio de Leif Segerstam. Este destacado director musical finlandés, reconocido por su vasta discografía, ya había sido conocido en nuestro país en 2004 junto a la Filarmónica de Helsinski para el Mozarteum Argentino y en su temprano debut argentino, en 1973, dirigiendo una producción de Le nozze di Figaro. En esta oportunidad, logró transmitir a la agrupación sinfónica porteña su imaginación y rigurosidad musical, logrando un concierto notable donde primó la musicalidad y el sentido de ensamble.

Mariano Rey, primer clarinete de la Orquesta, participó como solista de la Sonata N° 1 (1894) de Johannes Brahms orquestada por Luciano Berio (1986). El trabajo sobre materiales ajenos en la producción de este compositor italiano, fundamental en el siglo XX, siempre ha sido una de sus características reconocibles, generando un diálogo fascinante entre el presente del compositor y las diversas tradiciones musicales. Así, por ejemplo, se apropia de fragmentos musicales para que aparezcan a la manera de collage en su Sinfonia (1968/9) o esos fragmentos son el puntapié para una nueva obra, como es el caso de los bocetos de la Sinfonía N° 10 de Schubert en Rendering (1989).

También tiene una serie de obras que recrean una estética orquestal particular a partir de obras camarísticas o populares, desde la Ritirata notturna di Madrid de Boccherini a las canciones de los Beatles, pasando por los lieder de Mahler o las célebres Folk Songs. En el caso de la Sonata para clarinete y piano N° 1 de Brahms, Berio crea ese concierto que el compositor alemán jamás pensó escribir, manteniendo la línea del clarinete sin alteraciones y realizando una orquestación densa, romántica, con juegos de sonoridades entre el solista y los diferentes solistas y grupos orquestales.

Mariano Rey, junto a Leif Segerstam y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2017

En la versión ofrecida en esta oportunidad, Mariano Rey comenzó de manera sonora la exposición del tema del “Allegro appassionato”, aunque tal vez la orquesta lo sobrepasó un poco en volumen, algo que fue ajustado en el transcurso del movimiento. Rey tuvo momentos de espléndido lucimiento en las partes más introspectivas de la obra, sobre todo en el “Andante un poco adagio” en el que logró un tono quedado muy delicado: los diálogos que tuvo con los solistas de la orquesta (oboe, flauta y clarinete) en registros contrastantes, por ejemplo, fueron muy bellos. La perfecta digitación y musicalidad de Rey se pudieron apreciar siempre de manera contenida y sin desbordes de sonido, tanto en el tema danzable del “Allegretto grazioso” como en la línea angulosa y en staccato del “Vivace”, dos movimientos que encontraron un perfecto ensamble con la agrupación orquestal y las destacadas actuaciones de los atriles solistas. Como apurado bis —Segerstam se lo pidió a Rey al cabo de unos pocos aunque sonoros aplausos—, el clarinetista interpretó Oblivion de Astor Piazzolla en una versión sentida con hermoso sonido.

Segertam, además de ser el destacado director que es, posee una producción sinfónica de dimensiones sorprendentes: desde 1977, momento en el cual escribe su primera sinfonía, hasta el año pasado ha compuesto un total de 309 sinfonías, casi todas con un subtítulo alusivo y desde 1993 con la indicación que no es necesario que un director las dirija desde el podio. Escrita a mediados del verano europeo del año pasado, la Sinfonía N° 302 que lleva por subtítulo “Una conciencia musical, fundamental y universalmente”, fue ofrecida en este concierto como estreno mundial y fue dedicada al Teatro Colón. La premisa de estas sinfonías es —queda bien explicitado en un margen del manuscrito del compositor que se puede ver online— emular la duración y el arco dramático en un movimiento de la Sinfonía N° 7 de Jean Sibelius.

Sin apagarse la luz de sala, la orquesta atacó en un tutti de tintes post-románticos. El compositor, desde uno de los dos pianos puestos simétricamente atrás de dos arpas separadas, marcó una pulsación constante y tuvo hacia la mitad y el final del movimiento un protagonismo estructural interesante. Las secciones se suceden en una textura diferenciada por motivos contrastantes destinados a cada uno de los grupos instrumentales (cuerdas, vientos, percusión, arpas y pianos), con una predominante dinámica forte. El resultado es un caos sonoro de estimulante belleza, tan particular como la personalidad de Segerstam.

Leif Segerstam dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2017

El concierto comenzó y finalizó con dos obras de Jean Sibelius, el célebre poema sinfónico Finlandia (1900) y la no tan transitada Sinfonía N° 3 (1907). La visión de Segerstam sobre este compositor, sin dudas una de sus especialidades, hizo que la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires lograra unas versiones de antología. El ataque inicial de los bronces en Finlandia, firme y sonoro, y sus contenidas repeticiones presagiaron la cuidada lectura que Segerstam iba a realizar: hubo un sentido perfecto del equilibrio de tempi y dinámicas. La batuta firme del director finlandés mantuvo contenido a todo el ensamble orquestal en las transiciones de las secciones más lentas a las más rápidas. Muchas veces las orquestas en ese accelerando de un lado al otro se desbordan en cuanto sonoridad y velocidad, no fue este el caso. Las cuerdas sonaron de manera homogénea, con un expresivo vibrato, y el coro de trombones hacia el final fue majestuoso.

“Mis sinfonías son música, concebidas y elaboradas como expresión musical, sin ninguna base literaria. No soy un músico literario: para mí la música comienza cuando las palabras desaparecen. Una sinfonía debe ser música antes que todo lo demás…”, así pensaba sobre la forma sinfónica Sibelius en 1904, año en el que comenzaría a escribir su Sinfonía N° 3. Esta obra es tal vez el ejemplo más evidente de esa concepción enraizada en la forma clásica, despojándose de la orquesta hiperdimensionada post-romántica y tratando de alejarse de cualquier referencia folclórica, como poseían sus anteriores sinfonías. Hay un arco dramático que atraviesa los tres movimientos y en eso está la particularidad y belleza de cómo encara la forma sinfónica el compositor finlandés.

La línea de los cellos y contrabajos en el inicio del “Allegro moderato” fue precisa en ensamble y con hermoso sonido, en tanto que el crescendo con el resto de la orquesta estuvo fenomenal. El desarrollo de este movimiento se caracterizó por la impecable actuación de los solistas más un cuidado trabajo con matices dinámicos, logrando desde una dinámica casi imperceptible hasta (pocos) estallidos estruendosos.

Leif Segerstam dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Teatro Colón, 2017

El tono danzable con el que Segerstam tomó al “Andantino con moto, quasi allegretto” le dio una justa expresividad a este movimiento central. Aquí también se lucieron el clarinete y flauta solistas, como también el octeto de cellos. El comienzo del “Moderato – Allegro ma non tanto” final mostró la superposición de diferentes líneas a cargo de solistas y grupos orquestales de manera ajustada con una nueva dosificación excepcional de matices y tempi, logrando el crescendo dramático de este particular movimiento que va modificando su carácter, de aparente scherzo a final apoteósico.

El nervio contenido del clímax final de esta Sinfonía N° 3 fue una magnífica conclusión para este logrado concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, quien pudo desarrollar todas sus virtudes gracias a la atenta y particular guía de este excelente director que es Leif Segerstam. Sería más que bienvenido su pronto regreso para seguir ahondando en la producción sinfónica de Jean Sibelius y en otros repertorios afines a la personalidad del director: sería un intercambio que le haría muy bien a nuestra destacada orquesta porteña.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Abril 2017

Para agendar
El próximo concierto de abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires será el jueves 27 de abril y contará con la presencia solista de la mundialmente aclamada soprano alemana Diana Damrau y el barítono Nicolas Testé. Con la dirección musical de Mario Perusso, interpretarán dúos y arias de Rossini, Meyerbeer, Thomas, Gounod, Gomes, Bellini, Ponchielli y Gershwin.
Más info: www.teatrocolon.org.ar

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Máximo Parpagnoli
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en este concierto, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Compartí esta nota en Facebook o en Twitter

 
Publicado el 07/04/2017
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados