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“Música, dictadura, resistencia” de Esteban Buch : Las formas del silencio
La visita a la Argentina de la Orquesta de París, dirigida por Daniel Barenboim, durante la última dictadura cívico-militar es el punto de partida de este estupendo libro que indaga las formas temporales de la memoria. Por Ezequiel Pérez
 

Daniel Barenboim dirigiendo a la Orquesta de París en el Teatro Colón, 1980 / Foto de Eduardo Comesaña

MÚSICA, DICTADURA, RESISTENCIA. LA ORQUESTA DE PARÍS EN BUENOS AIRES. Esteban Buch. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 2016. 301 pp.

El tiempo y la memoria son los pilares que sostienen el ensayo Música, dictadura, resistencia. La Orquesta de París en Buenos Aires. Esteban Buch no se limita a fórmulas simples y a expresiones políticamente correctas de la memoria sino que ahonda en una temporalidad compleja, determinada por su propia experiencia y por una concepción estética que devuelve un tiempo fluctuante, circular y heterogéneo. El autor intenta, en definitiva, “reflexionar sobre las formas temporales de la memoria individual y colectiva”. El resultado de ese proceso de indagación personal y comunal es este ensayo en el que se reconstruye uno de los episodios más intrigantes de la vida cultural argentina durante la última dictadura cívico-militar y uno de los conflictos diplomáticos más arduos e inesperados del gobierno de facto de Jorge Rafael Videla.

La primera parte del libro se titula “Una semana” y aborda el viaje de los músicos de la Orquesta de París a Buenos Aires en julio de 1980. Al mando de la orquesta estaba el joven director israelí-argentino Daniel Barenboim; aún antes de arribar al país, el viaje estuvo teñido por el reclamo de aquellos que, desde el exilio y apoyados por diversas organizaciones, denunciaban la desaparición de personas y los atropellos militares. La Asociación Internacional de Defensa de los Artistas Victimas de la Represión en el Mundo (AIDA) resumió, en un comunicado previo a la partida de los músicos, uno de los peligros latentes en la presentación de la Orquesta en el Teatro Colón de Buenos Aires: “Los músicos de la Orquesta de París no pueden ignorar que van allá a sentarse en las sillas vacías de los músicos argentinos desaparecidos, y que se les hará tocar música para cubrir el silencio de la muerte”.

El punto culmine del conflicto en el que se expuso a la luz pública el rechazo de los músicos franceses al gobierno militar fue aquel que se perpetró en los primeros ensayos en el Teatro Colón, cuando los diarios nacionales retrataron un pequeño comunicado del groupe d’artistes musiciens instando a no concurrir a los actos oficiales preparados por el gobierno argentino. La Orquesta, como un todo que tiene sus contradicciones en cada una de las individualidades que lo componen, se posicionaba frente a las desapariciones y lograba visibilizar aquel silencio que denunciaba la AIDA. El conflicto llegó a salpicar las buenas relaciones diplomáticas entre Argentina y Francia, a tal punto que un pequeño comunicado colgado en una de las carteleras internas desató una catarata de manifestaciones contra los músicos franceses que pusieron en peligro la presentación de la Orquesta en Buenos Aires.

Esteban Buch utiliza numerosas fuentes para reconstruir las repercusiones de este incidente, tanto en la embajada de Francia como en la cancillería Argentina. A la vez, el autor hace un examen exhaustivo de las notas periodísticas publicadas en los medios más importantes del país en las que se aborda la visita de la Orquesta desde el plano político y musical, dejando en claro que estos dos planos están completamente interrelacionados. De esta manera, queda en evidencia un procedimiento recurrente durante el Proceso: el apoyo de los medios masivos de comunicación en instalar un discurso favorable a los militares. En este caso, el incidente se encauzó en la llamada “campaña antiargentina” que tuvo su epicentro en la celebración del Mundial ’78 y quedó luego como un nudo temático al cual se volvió una y otra vez.

La pregunta que emerge de esta contextualización del conflicto es evidente: ¿qué implicancias políticas tuvo el concierto? Es por eso que la segunda parte del libro lleva el título “Dos horas”, refiriéndose al tiempo que duró la presentación del 16 de julio de 1980 en la que el plato principal, sin dudas, fue la Sinfonía N° 5 de Gustav Mahler. Buch indaga las especificidades políticas de esta sinfonía que ha sido calificada como “música de pogromo” y que tiene resonancias militares asociadas a la muerte desde la conocida Trauermarsch con la que abre: “La Quinta Sinfonía de Mahler habla de la muerte y del Otro de la muerte, pero nadie está obligado a prestar oídos a la muerte para disfrutar de ella en una sala de conciertos” (Buch, 2016:115). El autor logra poner el acento en una cuestión central: la imposibilidad de leer de manera mecánica las relaciones entre política y arte.

En este segundo capítulo se recogen las experiencias de aquellos que estuvieron presentes el día del concierto. El affaire de la Orquesta de París, para Buch, ilustra las tensiones propias al interior del gobierno militar, tensiones que se dan entre los modelos liberales y totalitarios que convivieron en sus representantes. ¿En qué pensaron los que estuvieron presentes? ¿De qué manera se imbricaron la música y la política? ¿Acaso existió esa imbricación? El resultado es un relato atravesado por contradicciones que complejiza el concepto de experiencia cuando se refiere a una memoria colectiva.

Por último, Buch arremete contra el tiempo que ha pasado desde el concierto de Barenboim y la Orquesta de París hasta la escritura del libro. En la tercera parte de su ensayo titulada “Treinta y cinco años”, da cuenta de su propia construcción del pasado, sus inquietudes políticas sobre aquellos años que desfilan por los emblemáticos versos de “Canción de Alicia” de Charly García. Entonces el autor apela a una perspectiva adorniana de la resistencia: el arte sostiene su oposición a los totalitarismos desde su pura negación. Decir “no”, para Buch, implica un acto de resistencia que requiere de un posicionamiento y una perspectiva política determinada desde la cual se niega. Allí el autor no logra encontrar una palabra mejor para definir esa instancia en la que el arte se convierte en negación de la sociedad opresiva en la que surge y tal vez podríamos preguntarnos si el término “resistencia” es el adecuado para abordar la experiencia estética y política que intenta delimitar. Desde la Trauermarsch hasta las Marchas para malograr la victoria de Mauricio Kagel, el recorrido que plantea Buch está siempre al borde de proponer una lectura evidente de la intervención estética en la realidad política pero, como un último gesto de disidencia, una vuelta de tuerca convierte el ejercicio básico de interpretación en un problema estético.

El tiempo y la memoria. O ese instante en que el tiempo y la memoria confluyen en la obra de arte y en el auditorio para hacer estallar los sentidos y correr de su eje el decurso de la Historia. Música, dictadura, resistencia no brinda una respuesta unívoca al problema que plantea sino que ronda continuamente en torno a esos treinta y cinco años, a esa semana, a esas dos horas, a ese minuto en que la música pudo haber provocado ―o tal vez no― un acto de disidencia a la última dictadura militar argentina.

Ezequiel Pérez
Marzo 2017

Imagen central: Esteban Buch / Fotografía de Marilina Calós

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Publicado el 01/03/2017
     
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