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[Libro] “Colón: teatro de operaciones” de Gustavo Fernández Walker : Asedio al monstruo
El nuevo título sobre música de Eterna Cadencia indaga con inteligencia la construcción del Teatro Colón como símbolo de Buenos Aires y la Argentina, a partir del análisis de la tensa relación entre arte y política. Por Carlos Rossi Elgue
 

Función inaugural del Teatro Colón, 25 de mayo de 1908, fotógrafo no identificado de Caras y Caretas

COLÓN: TEATRO DE OPERACIONES. Gustavo Fernández Walker. Eterna Cadencia Editora, 2015. 192 p.

Monstruo mitológico, dinosaurio, cabeza de Goliat, isla, especie de Babel, piedra de Rosetta, refugio o templo son algunas de las imágenes que Gustavo Fernández Walker utiliza para definir al Teatro Colón como espacio simbólico. En su libro Colón: teatro de operaciones el autor parte de la idea del Colón como un poderoso símbolo de la ciudad de Buenos Aires, e incluso de la Argentina, que está saturado de significaciones. Parte de su propuesta es, por lo tanto, desarmar esas representaciones y analizarlas a la luz de los diferentes momentos históricos en que surgieron, desde, sobre todo, su reapertura en 1908.

El libro comienza citando una nota del diario La Nación sobre el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional en la Bolsa de Comercio, en 2008, y, a continuación, el discurso de Juan Domingo Perón en un acto de la CGT, pronunciado en el Teatro en 1947. A partir de estos textos, y otros que pondrá en diálogo, Fernández Walker reflexiona sobre la producción discursiva en torno al Teatro Colón, cambiando los planos de observación y saltando en el tiempo sin un orden cronológico. En el centro de ese discurso, que en una primera apreciación podría resultar fragmentario y caótico, se encuentra su objeto de estudio, las relaciones entre arte y política ligadas al Teatro Colón.

El autor parte de una pregunta que se explicitará recién al finalizar el libro: “¿Por qué el Teatro Colón, supuesto símbolo de Buenos Aires, cuando no de la Argentina, está prácticamente ausente en la biografía que pone en cuestión la cultura, la sociedad o la política de ese país que según se dice, representa?” La pregunta complejiza el objeto, dado que ya no se trata de la historia de un teatro, sino de una institución que representa al país, en tanto está atravesada por sus variables culturales, sociales y políticas. El Teatro, bajo esta perspectiva, se vuelve un espacio desproporcionado, una inagotable fuente de significaciones que, paradójicamente, como señala Fernández Walker, no ha tenido un análisis a la altura de esa dimensión.

Se presenta, entonces, un objetivo complicado: desandar las operaciones mediante las cuales el Teatro se convirtió en representante de la nación y referente de su cultura. Y aquí es donde adquiere sentido el estilo digresivo y fragmentario que propone el libro. Como si esa biografía no pudiera ser reconstruida con una unidad coherente y transparente, Fernández Walker trama, de manera elíptica y hasta lúdica, un recorrido que no puede sino apenas asediar aquello que quiere construir. Parte del material con el que trabaja se resiste a ser narrado, precisamente porque, como se desprende de su escritura, está diciendo algo escamoteado en el discurso oficial de la historia. Y, aunque emprende esa tarea, reconoce que “difícilmente sea tarea de una sola persona el dar cuenta de todos los caminos por los que puede abordarse la riquísima y compleja historia del Teatro Colón”.

Carlos Emery, Hortensio Quijano, Eva Perón, Juan Domingo Perón, Ramón Carrillo y otros, curso sobre política alimentaria en el Teatro Colón, 29/04/1949 / Fotografía de Biblioteca Digital Trapalanda de la Biblioteca Nacional 

En esa senda se ubica junto a otros estudiosos como Pablo Gianera y Esteban Buch, quienes también publicaron interesantes ensayos en la colección que dirige Diego Fischerman y en la que está incluido este libro1. Se suma, así, a un discurso crítico original que cuestiona la producción cultural en tanto manifestación imbricada políticamente, y que entra en constelación con otros autores como Omar Corrado (Música y modernidad en Buenos Aires (1920-1949)) y Claudio Benzecry (El fanático de la ópera. Etnografía de una obsesión).

En Colón: teatro de operaciones, Fernández Walker reflexiona sobre la funcionalidad del Colón en momentos significativos de la historia nacional en los que el edificio fue utilizado para exaltar determinadas posturas políticas. La oligarquía de fines del XIX, el ataque anarquista de 1910, el peronismo, la dictadura militar o la democracia lo tuvieron como plataforma para expresar ideas que se magnificarían por la repercusión mediática que provoca el solo hecho de que el Teatro sea su escenario. Episodios como la bomba de 1910 durante la representación de Manon de Jules Massenet, conspiraciones, intentos de homicidio, refriegas fascistas y antifascistas, bailes sindicales, se van enhebrando en una trama que busca comprender el significado del Teatro Colón como símbolo nacional.

Fernández Walker toma los discursos de la crónica periodística que recogen y hacen resonar lo que sucede en el Colón, lee con minuciosidad la carga ideológica que los atraviesa y contextualiza hechos del pasado a partir de referencias literarias como En la sangre de Eugenio Cambaceres, Juvenilia de Miguel Cané, El gran teatro de Manuel Mujica Láinez o Fausto de Estanislao del Campo. A partir de estas obras, el autor reconstruye una atmósfera de época que transforma al Colón en refugio de la clase alta conservadora que percibía, sobre todo en las primeras décadas del siglo XX, que Buenos Aires comenzaba a ser inhabitable. En este cruce de discursos que complejizan la representación del Colón, se encuentra, a mi entender, uno de los mayores logros del libro. Precisamente, a partir de esta asociación del Teatro a las imágenes de “refugio” y de “templo”, el autor puede desplazarse naturalmente hacia nuevas observaciones sobre la tensa relación entre arte y política que plantea su pregunta inicial, o final.

Ahora bien, si destaco el modo en que Fernández Walker enhebra los fragmentos de su discurso orientándolos particularmente hacia la reflexión crítica de una supuesta autonomía de la música clásica respecto de la política, una supuesta asepsia, su análisis alcanza los mejores resultados cuando indaga la construcción simbólica del Teatro en sus primeros años que cuando se desplaza a la actualidad. En el análisis de textos de los últimos años, sobre todo periodísticos, el discurso sugiere más de lo que dice sobre el Teatro Colón y las operaciones que se realizan en torno a él. El discurso elíptico y cargado de guiños abre una cantidad de interrogantes que puede frustrar a un lector acostumbrado a conclusiones definitivas.

Los capítulos fragmentarios que se suceden en el libro tienden a visibilizar la persistencia de tópicos asociados al Teatro Colón arraigados ideológicamente y una serie de rituales que lo convirtieron en un “templo”, lugar de identificación de la clase alta y las artes elevadas del espíritu —aquí Fernández Walker encuentra interesantes resonancias con Wagner y Bayreuth—. A partir de estos tópicos, el libro invita a reflexionar sobre la incidencia del Teatro Colón en operaciones en directa relación con la cultura nacional, como las relaciones de colonialidad con la “Madre Patria” —recordemos que el teatro habría debido inaugurarse en 1892, para el IV Centenario del “descubrimiento de América”—, y las constantes evidencias de una sociedad en las que se actualizan las relaciones asimétricas de poder y de clase.

Para finalizar, este ensayo agudo e inteligente de Gustavo Fernández Walker nos permite visibilizar el lugar privilegiado que el Teatro Colón tuvo y sigue teniendo en la conformación de representaciones culturales nacionales en las que confluyen arte y política. Las imágenes a las que recurre el autor para comparar al Teatro dan cuenta de la dificultad de asir los sentidos que definen su rol en nuestra sociedad y, además, de su desproporción monstruosa: a la vez edificio, dinosaurio, piedra de Rosetta, isla, refugio y templo.

Carlos Rossi Elgue
Julio 2016

Nota
1 De estos autores, se incluyen, en la colección que dirige Diego Fischerman: La música del grupo Sur. Una modernidad inconclusa de Pablo Gianera, O juremos con gloria morir. Una historia del Himno nacional Argentino, de la Asamblea del Año XIII a Charly García de Esteban Buch y Después de la música. El siglo XX y más allá, del propio Fischerman.

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Publicado el 15/07/2016
     
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