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Pablo Maritano : La única tradición en la ópera es la transformación
El joven director argentino debuta en el escenario principal del Teatro Colón con “Die Soldaten” de Bernd Alois Zimmermann, que se da por primera vez en Latinoamérica. Su visión sobre esta compleja ópera y sobre su oficio. Por Ernesto Castagnino
 

A partir del martes 12 de julio el Teatro Colón ofrecerá el estreno latinoamericano de Die Soldaten (Los soldados) de Bernd Alois Zimmermann, una obra que muchas veces fue clasificada de “imposible de interpretar”. Para este desafío, se convocó al destacado director escénico argentino Pablo Maritano, quien así debuta en el escenario principal del más importante teatro de ópera de nuestro país. Tiempo de Música conversó con él abordando aspectos de su oficio como régisseur y el enfoque sobre esta obra tan compleja del compositor serialista alemán.

¿Cuáles son los temas que para vos plantea Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann?
La obra tiene a mi entender dos aspectos remarcables: por un lado, y de una forma más evidente, hay una visión particularmente pesimista del mundo. Zimmermann representa a la humanidad como un gran políptico del abuso, el sometimiento y la autodestrucción. Die Soldaten es la obra de un hombre que ha perdido la posibilidad de dialogar con el mundo, y solo puede gritarle, como en un descargo visceral, sin esperar ningún tipo de respuesta. El otro punto importante es el tiempo, y este tópico merece ser atendido particularmente. Zimmermann adscribía al concepto de “tiempo esférico”, según el modelo de Bergson: presente, pasado y futuro son uno solo y es solo nuestra percepción limitada la que nos mantiene en la ilusión de transcurso e irreversibilidad del pasado, o que pasado y futuro no existen en el presente. La elección del libreto de Lenz está íntimamente ligada a este aspecto, ya que fue Lenz quien, en el siglo XVIII puso en cuestionamiento las unidades aristotélicas de tiempo y lugar, en un gesto de desafío que aparece particularmente atractivo a los ojos del compositor. Formalmente esto representa desde el vamos un problema ontológico, ya que la música existe sólo en nuestra “ilusión” de transcurso temporal. La solución que plantea Zimmermann (luego de varias hipótesis descartadas) es la de una serie-vortex que es recorrida en todas sus variaciones. Pero esto no es lo único. Este punto filosófico, que deriva en un vortex musical, se transformará también en dramatúrgico. La obra hará evidente en varias ocasiones la “trama del tiempo” escondida en la historia de la protagonista. Historia y tiempo se separan.

¿Cómo confluyen estas dos ideas?
Sintetizando ambos aspectos, la obra representa el ciclo infinito de vejaciones que se repiten y superponen eternamente. Los vínculos familiares son tanto o más abusivos que los castrenses; la obra tiene un signo hegeliano, como si dijera: “donde hay dos, habrá un sometido”. Personalmente creo que los soldados de los que habla Zimmermann no son sólo los militares, sino la humanidad entera: el cataclismo final deviene de la sumatoria infinita de todas nuestras mediocridades morales de cada día.

Pablo Maritano, junto al elenco de Die Soldaten, en uno de los primeros ensayos / Fotografía gentileza Teatro Colón

Esta obra impone al director escénico una exigencia mayor que la habitual por la cantidad de cuestiones dramatúrgicas y técnicas que debe resolver y tener en consideración (la inserción de filmaciones, la presencia de cantantes y actores, la superposición o simultaneidad de acciones, etc.) ¿Cómo abordaste estos desafíos desde lo escénico? ¿Cómo encaraste la tensión entre fragmentación/unidad presente en la obra?
La obra pide un espacio flexible donde el límite entre tema y trama sea muy sutil. La idea de un vórtice del tiempo replegándose sobre sí mismo mientras la historia de Marie ocurre es, en ese sentido, más que elocuente. Es importante entender que la idea misma de Zimmermann es “editar” una historia simple, icónica, atemporal: ambos aspectos deben estar claros. Entendemos al video como una posibilidad más de jugar con el tiempo, y no como un vehículo decorativo. En su estreno, en 1965, el video fue una solución momentánea a un límite técnico. Creo que es importante mantenerlo también como sumatoria, para obtener la monstruosa saturación de sentidos a la que apunta Zimmermann.

El contrapunto entre el drama de Lenz que da lugar a esta ópera y el drama de Georg Büchner que da lugar a Wozzeck de Alban Berg es inevitable ¿Te interesó ahondar en esto? ¿En qué medida crees que son comparables?
Las conexiones, muy evidentes desde lo formal y externo, no tienen mayor peso desde lo conceptual. El drama de Büchner (quien si, fue infuenciado enormemente por Lenz, a punto de escribir una de sus cuatro piezas existentes sobre la figura del dramaturgo) es esencialmente social, mientras que el de Zimmermann está deliberadamente desprovisto de detalles y referencias. No se trata de un drama de clases, Marie es la humanidad entera. Zimmermann habla de una persona que, en las circunstancias erróneas, cae en la más abyecta destrucción, un sujeto cualquiera. Por otro lado, una figura relevante en la obra es Stolzius, el suicida con el que Zimmermann sin dudas debe haberse identificado.

Contanos cómo se desarrolla tu proceso creativo a partir del ofrecimiento de una dirección escénica.
Lo primero es entrar en empatía con la obra. Encontrar en la intimidad de la escucha aquella historia que yo pueda contar a través de la obra. Es como poner en funcionamiento un engranaje. La otra parte es, claro, entender como son hoy las ideas y valores que la originaron. En el caso de Die Soldaten, por ejemplo, cobraron mucha importancia los interludios de la obra, que para mi representan el tiempo mismo replegándose y mostrando uno u otro fragmento de la historia.

¿Qué parte del proceso de montaje de una nueva ópera disfrutás más? ¿Por qué?
Los ensayos, cuando el universo conceptual se enriquece en el trabajo con el elenco. Llevar las ideas al sonido, al espacio y a los cuerpos me sigue pareciendo mágico.

Pablo Maritano, junto a cantantes y actores, en una sesión de filmación de una de
las proyecciones de Die Soldaten en el CETC / Fotografía gentileza Teatro Colón

¿Cómo se crea un director de escena? ¿Cómo sucedió en tu caso y en qué momento de tu vida decidiste o advertiste que tu vocación era esta?
Los puestistas somos el primer público, al decir de Peter Brook. Del mismo modo, al fomentar la ópera, al involucrar a nuevos públicos, se está tendiendo las redes a otras generaciones. Desde el Colegio Nacional de Buenos Aires hasta el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, mi formación ha sido eminentemente estatal. De hecho, empecé a frecuentar el Teatro Colón a partir de los abonos estudiantiles en la secundaria. Cuando empecé la Escuela de Bellas Artes, necesité complementarla con piano y teatro: fue un poco traumático y confuso al principio, no lo voy a negar, pero con el tiempo entendí para dónde iba.

Con una mirada retrospectiva sobre tu carrera ¿con qué repertorio, periodo o compositor sentís que podés expresar mejor tu perspectiva?
Con muchos. Me identifico con la ópera por lo que tiene de deliberadamente ficcional. Aquello de “soy teatro, no soy real” que tan claro es en el barroco, pero que es inherente al género. Rescato de todos los períodos y todos los compositores a aquellos que se permiten no tomarse en serio, y son mucho más serios que los demás. El humor es la forma más alta de inteligencia.

¿En qué medida el estilo musical —el serialismo en el caso de Die Soldaten— de una ópera, condiciona, influye o determina tu lectura?
Siempre trabajo desde la musica, y esta no es una excepción. La idea misma de la serie forma parte del dispositivo, con sus secuencias primarias y sus respectivas variaciones. Entiendo a Die Soldaten como una pieza de teatro en música. Aclaro que traducir a la escena no es graficar, a no ser que sea explícito o necesario. Llevar la música a la escena presupone una impedancia, una fricción que debe ser significativa, debe tener sentido, debe ser pertinente. Lo mismo ocurre con todo, no hay nada aleatorio.

Dadas las discusiones acerca de las puestas ‘modernas’ y ‘tradicionales’ ¿Cuál consideras que es la función de la ópera y el teatro en el mundo actual?
La misma de siempre: interpelarnos, si no, no tendría pertinencia. En lo personal, creo que la única tradición en la ópera es la transformación.

Pablo Maritano, ensayando Die Soldaten en el escenario del Teatro Colón / Fotografía gentileza Teatro Colón

Has hecho óperas populares y otras -como esta- muy poco frecuentadas, ¿qué diferencias supone, en el trabajo del régisseur, el abordar obras de larga tradición y obras fuera del canon?
Los puestistas de ópera, si tal cosa existe, corremos con la ventaja de tener muy presente el repertorio de representaciones. O por lo menos, hay un repertorio asequible. Uno puede ignorarlo, claro, pero está al alcance de la mano. Esto nos hace conscientes del “recorrido” que tienen las obras. Hace que una visión propuesta tenga un valor añadido. A veces es importante que ese recorrido también esté representado. Por mi lado creo que el camino de ser fiel al original, al espíritu de la obra, está lleno de sorpresas.

¿Cómo ves el panorama de la dirección escénica actual?
Para hablar de eso me gustaría hablar un poco del público, que es fundamental: es la “dirección” de la dirección escénica. Nuestro público existe hoy, y no hace veinte, cincuenta o doscientos años. Observo al público de ópera mucho más ávido de sentido que de decoración, y eso me alegra mucho.

¿Qué proyectos te esperan luego de Die Soldaten?
Para este año, El barbero de Sevilla en el Municipal de Rio de Janeiro, Roméo et Juliette en el Palacio das Artes de Belo Horizonte, Malade Imaginaire para la Ópera de Cámara del Tearo Colón, además de las clases en el Instituto Superior de Arte y el trabajo en el Teatro Argentino.

Entrevista de Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Julio 2016

Para agendar
Die Soldaten se ofrecerá en el Teatro Colón a partir del martes 12 de julio con dirección musical de Baldur Brönnimann, dirección escénica de Pablo Maritano, escenografía de Enrique Bordoloni y vestuario de Sofía Di Nunzio. Con la participación de la Orquesta Estable del Teatro Colón, el elenco estará encabezado por Suzanne Elmark (Marie), Julia Riley (Charlotte), Noemi Nadelmann (Condesa de la Roche), Tom Randle (Desportes), Leigh Melrose (Stolzius), Frode Olsen (Wesener), Santiago Ballerini (El Joven Conde) y Gustavo Gibert (Eisenhardt). Habrá cuatro funciones más el viernes 15, domingo 17, martes 19 y miércoles 20 de julio. Más info: www.teatrocolon.org.ar

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Publicado el 12/07/2016
     
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