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Jorge Parodi : Pintar las palabras con música
El director de orquesta argentino, radicado en los Estados Unidos, regresa a nuestro país para dirigir una nueva producción de “I capuleti e i Montecchi” para Buenos Aires Lírica. Un recorrido por su carrera y su visión de la ópera de Bellini que interpretará. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Los caminos de la vida musical de Jorge Parodi hicieron que su lugar de residencia hoy sea los Estados Unidos. Oriundo de Santa Rosa, La Pampa, su primera vocación fue el piano, comenzando sus estudios en un conservatorio de su barrio para luego continuar en el Instituto Provincial de Bellas Artes y finalmente en el Conservatorio Nacional en Buenos Aires, donde tuvo de maestro a Aldo Antognazzi en piano y a Mario Benzecry en dirección orquestal. A partir del viernes 3 de junio vuelve a dirigir a nuestro país en una producción de Buenos Aires Lírica de I Capuleti e i Montecchi de Vincenzo Bellini, en el Teatro Avenida. “Mis años formativos en Buenos Aires”, reflexiona, “fueron fantásticos todavía los recuerdo con mucho cariño. Buenos Aires sigue siendo una meta artística para todos los artistas del mundo, por eso fue una gran alegría finalmente volver a esta ciudad, esta vez como director de ópera”.

En el primer tramo de la charla también recuerda que, estando en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, comenzó acompañando clases de ballet y luego de canto y actuación. También que fue clave la venida de Frederica von Stade a la Argentina. “Me gustó muchísimo el pianista que la acompañaba”, recuerda. “Después de un concierto fui a los camarines a saludarlo y le pedí si me podía dar una clase porque quería acompañar cantantes como él lo hacía. En ese momento yo no sabía quién era Martin Katz, ni sabía que era uno de los pianistas acompañantes más famosos del mundo, simplemente me gustaba lo que él hacía. Un par de días después trabajamos las Chansons de Bilitis de Debussy, y allí fue cuando Martin me preguntó si estaba interesado en ir a estudiar con él a la Universidad de Michigan. Por suerte conseguí que la Universidad me diera una beca completa y, con el apoyo del Mozarteum Argentino, fui a los Estados Unidos”.

Parodi ve el paso de “pianista acompañante” a “director de orquesta” como algo muy natural: “Uno como maestro preparador siempre está dirigiendo, desde el piano o a otro pianista y los cantantes, o el ensayo del coro. Como había estudiado dirección con un grande en la Argentina, Mario Benzecry, me resultaba especialmente fácil dirigir ensayos”. Ya en Nueva York creó un grupo de música barroca latinoamericana y se convirtió en director musical de la Manhattan School fo Music, momento en el cual se abocó completamente a la dirección, sobre todo de ópera. Luego tuvo la oportunidad de asistir a Lorin Maazel en el Castleton Festival. “Una de las cosas que aprendí de Maazel”, reconoce, “fue la de planificar los ensayos con orquesta con mucho cuidado, detectando los momentos que requieran mayor atención y enfocándose en esos en la primer pasada”.

Jorge Parodi en el foso del Teatro Avenida, 2013

Aquí en la Argentina has debutado como director de ópera en Lucrezia Borgia en 2013 para Buenos Aires Lírica, ¿cómo ha sido esa experiencia?
Creo que tuve mucha suerte que mi primera experiencia como director de ópera en Argentina se haya dado gracias una invitación de Frank Marmorek para Buenos Aires Lírica. Conocí a Frank gracias a nuestro amigo Alejandro Cordero. Frank vino a ver una clase magistral en el Salón Dorado sobre Donizetti y el bel canto, un repertorio con el que siento que tengo mucha afinidad, y ahí surgió la idea de hacer un título en el Avenida. El trabajo en BAL es muy similar al trabajo en Estados Unidos: la organización es fantástica, todo está planeado con anticipación y hay mucho respecto a la libertad artística de los directores y el elenco. Un recuerdo muy especial de Lucrecia Borgia fue el trabajo con Florencia Fabris, muy poco antes de que la perdiéramos. Era una personalidad muy humilde y muy generosa, con un talento vocal y musical que es difícil encontrar. Fue un verdadero shock la pérdida repentina y temprana de Florencia.

Para esta temporada, BAL nuevamente te convoca para un título del bel canto italiano, I Capuleti e i Montecchi de Bellini. ¿Qué desafíos, además de los vocales, presenta esta obra? ¿Cómo es tu concepción dramática de la partitura?
Bellini es uno de mis compositores predilectos por la carga emocional de las melodías y el arco dramático de las escenas. A pesar de que escribió Capuleti en poquitísimo tiempo (lo que es un caso excepcional en su producción, a diferencia de la velocidad compositiva de Donizetti y Rossini) la calidad de la partitura es tan alta como cualquier otra de sus grandes óperas escritas con tiempo. En general Bellini produjo una ópera por año, pero escribió Capuleti en menos dos meses. De hecho, a pesar de que soy partidario de hacer cortes cuando a mi parecer la urgencia dramática y la efervescencia musical lo requieren, en el caso de Capuleti no vamos a hacer ningún corte, porque considero que el equilibrio de la partitura es excepcional. El último año que viví en Buenos Aires hice un concierto en la Feria del Libro con escenas de las dos versiones más famosas de esta historia inmortal. Casualmente en esta temporada hago los dos títulos por primera vez (haré Roméo et Juliette de Gounod en Savannah). Aquel fue mi primer encuentro con la primera aria de la soprano, una de las piezas más idiomáticas del bel canto, donde el texto es presentado musicalmente de manera magistral. Desde ese momento descubrí mi predilección por la escritura musical que represente con melodías, ritmos y armonías una lectura específica de texto, en lo prosódico, en el contenido dramático y en la psicología del personaje. Romani se centra en los momentos claves de la evolución emocional de los personajes, la acción está acotada a tres escenas en cada acto, enfocadas en uno o dos personajes a la vez (con excepción del “Finale I”). El arco dramático (siempre basado en contenido emocional de la música) está tendido cuidadosamente a un paso meticuloso, gradual y constante.

¿Me podés describir las dificultades que presenta, en especial la escena final, que es sumamente expresiva?
La escena final tiene cuatro momentos definidos: la introducción y coro; el recitativo y aria de Romeo; el dueto final; y la entrada de Capelio, Lorenzo y el coro. Las primeras dos secciones son formalmente muy tradicionales, pero el dueto es “cinemático”, en donde el texto está presentado casi a tiempo real.  Desde ya el lenguaje musical es belcantista, pero el progreso dramático de la escena se asemeja más al estilo del barroco temprano o del verismo. Así vemos a los amantes en un comportamiento que aparece más espontáneo y menos formal. Como la melodía es una manifestación de los sentimientos del personaje, el comportamiento melódico obedece a lo que están diciendo. El texto es el “qué” y la música es el “como”. Bellini podría haber imaginado que los amantes dirían el texto de otra manera, pero eligió una lectura íntima, frágil, dulce. 

Jorge Parodi, ensayando con solistas y orquesta para I Capuletti e
i Montecchi
, Teatro Avenida, 2016 / Foto de
Buenos Aires Lírica

Sobre esto, y habiendo dirigido a Monteverdi y Cavalli, ¿la interpretación actual del barroco influye en el repertorio del bel canto italiano?
Con respecto a la interpretación actual del bel canto hay dos hechos que yo veo afectados por la práctica contemporánea de la ejecución del barroco: la idea de las “ediciones críticas” y la búsqueda de una naturalidad en el ritmo textual (el ritmo natural de la palabra hablada). En relación al primer punto, si bien la tradición operística es una referencia fuerte para resolver ciertos pasajes, la tendencia actual es de obedecer la partitura original lo más posible. Las ediciones más modernas tratan de mostrar la mayor cantidad de fuentes originales de las manos de los autores (compositor y libretista) haciendo omisión de los cambios en la partitura que tradicionalmente se venían haciendo. Asimismo, la lectura cándida de la partitura tratando de descubrir la prosodia y el ritmo natural del texto, es similar a la interpretación actual de la música vocal del barroco temprano. En el caso de Capuleti, esto se manifiesta particularmente en la lectura que espero hacer del word paiting [representar figurativamente la palabra con música] del recitativo del aria de Giulietta y el ritmo textual de la escena final.

Entrevista de Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2016

Esta entrevista se publicó originalmente en la revista Cantabile, N° 83, mayo-junio 2016.

Para agendar
Buenos Aires Lírica presentará I capuleti e i Montecchi a partir del viernes 3 de junio en el Teatro Avenida y ofrecerá otras tres funciones más que se llevarán a cabo el domingo 5, jueves 9 y sábado 11. La dirección musical estará a cargo de Jorge Parodi, la dirección de escena de Marcelo Perusso y el elenco integrado por Rocío Giordano (Julieta), Cecilia Pastawski (Romeo), Santiago Ballerini (Tebaldo), Walter Schwarz (Capelio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo). Participa también el Coro de Buenos Aires Lírica, dirigido por Juan Casasbellas, más orquesta. Localidades en venta en la boletería del Teatro y a través de Plateanet. Más info: www.balirica.org.ar

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Publicado el 10/06/2016
     
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