Lunes 26 de Junio de 2017
Una agenda
con toda la música


Lunes 26



Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

[CD] “El rapto en el serrallo” de Wolfgang Amadeus Mozart : Ratón de harén
La última grabación mozartiana de René Jacobs está centrada en este particular ‘singspiel’ con una brillante interpretación, cerrando así su ciclo de las siete óperas más importantes del genio de Salzburgo. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

 

René Jacobs / Fotografía de Joseph Molina, Harmonia Mundi, 2013

EL RAPTO EN EL SERRALLO (Die Entführung aus dem Serail), singspiel en tres actos de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: René Jacobs. Reparto: Robin Johannsen (Konstanze), Mari Eriksmoen (Blonde), Maximilian Schmitt (Belmonte), Julian Prégardien (Pedrillo), Dimitry Ivashchenko (Osmin), Cornelius Obonya (Bassa Selim). Coro de Cámara RIAS, director: Frank Markowitsch. Academia de Música Antigua de Berlín. Grabación en estudio, septiembre de 2014. 2 discos (160 minutos) + libreto trilingüe (230 páginas). Harmonia Mundi 2015 (HMC 902214.15).

Cerrando la década de 1990, un sello relativamente menor lanzaba lo que sería el comienzo de un proyecto que hoy puede darse por cumplido. Se trataba de un voluminoso set de tres discos y un CD-R de Così fan tutte de Wolfgang Amadeus Mozart. Para iniciar un ciclo de las óperas de Mozart era una apuesta: Così es la menos popular de la trilogía Da Ponte, no incluía a ninguna estrella del panorama canoro internacional, y el director era un ex contratenor cuyo terreno había sido Monteverdi, Cavalli y Handel. El resultado fue una revelación. Un Mozart fresco, lleno de ornamentación, con un inquieto pianoforte en los recitativos, y un rango dinámico inusual. A Così siguieron de manera natural sus dos compañeras de trilogía (Le nozze di Figaro y Don Giovanni), las dos principales opere serie que enmarcan el trabajo operático maduro de Mozart (Idomeneo y La clemenza di Tito), La flauta mágica y La finta giardiniera. Solo restaba una última adición para que René Jacobs se uniera al panteón de directores que han grabado las siete más importantes óperas del genio salzburgués. Y hace poco ello ocurrió.

Die Entführung aus dem Serail (“El rapto en el serrallo” o “El rescate desde el serrallo”, Viena, 1782) lleva la denominación de Singspiel, una “obra para ser cantada”. El símil corresponde a una obra teatral o Schauspiel (“obra para ser vista”). El Singspiel es así una pieza escénica que contiene secciones de texto declamado (como en una obra de teatro) junto a secciones de texto cantado (como en una ópera), a semejanza de la opéra comique francesa. Engloba así tanto la ambición por desarrollar un teatro musical nacional (alemán) como el objetivo iluminista de aproximar el arte al pueblo gracias a su expresión en un lenguaje inteligible. El rapto en el serrallo recoge así el ideal ilustrado de una razón pública, y prefigura el subgénero de “ópera de rescate”, surgido al alero de la revolución francesa: Belmonte busca en Turquía a su amada Konstanze, que víctima de un naufragio ha sido comprada por el bajá Selim, una figura en nada semejante a un tirano. Musicalmente El rapto expresa además la fascinación europea por la música turca a partir del auge de las bandas militares de jenízaros, soldados de élite encargados de proteger al sultán. Gluck en Los peregrinos de la Meca (1763) había mostrado la explosión de sonido que podía extraerse para fines teatrales, y el resto es historia: Haydn incorporó la instrumentación en su centésima sinfonía (llamada por ello “militar”) con la que tomó por asalto al público londinense en 1795, y Beethoven incluye una sección alla turca casi al cierre de su novena sinfonía.

Dimitry Ivashchenko (Osmin), Julian Prégardien (Pedrillo) y René Jacobs, junto a la Academia de Música Antigua de Berlín, en uno de los ensayos de El rapto en el serrallo, 2014 / Fotografía de la Academia de Música Antigua de Berlín

Cuando en 2009 René Jacobs grabó su versión de La flauta mágica enfatizó dos cuestiones: la rehabilitación del texto, y la generación de lo que denominó un Hörspiel, es decir una “obra para ser oída”. Siguiendo la tradición del radioteatro, Jacobs quiso cambiar las prácticas de audición doméstica, buscando una mayor inmersión del auditor en la pieza mediante el diseño de un nuevo vocabulario sonoro. Esto que en La flauta mágica era demasiado intrusivo, en El rapto en el serrallo se muestra utilizado con mayor dosificación. Así, incorporó efectos de sonido (el canto de pájaros, el ruido de objetos), lo que en la historia discográfica tiene un pasado polémico: baste recordar el Anillo de Georg Solti producido por John Culshaw, lleno de objetos chocadores; extendió los diálogos sobre secciones de música (a veces, derechamente interrumpiéndola); e incorporó lo que él llama “intervenciones preludiantes y melodramatizantes”: momentos en que el pianoforte o la orquesta intervienen en el diálogo, generando una suerte de melodrama (un género que fascinó a Mozart cuando lo conoció a través de las obras de Georg Benda). A veces el resultado no es del todo logrado: la intervención hablada de Selim sobre el preludio de “Martern aller Arten”; y en otras es simplemente un golpe de genialidad: los guardias del bajá son musicalizados en el acto tercero con el allegretto alla turca de la Sonata para piano, K 331. Jacobs logra equilibradas texturas entre los instrumentos turcos (triángulos, platillos, tambor turco, flageolet, y un chinesco o cresciente turco) y la orquesta principal, evitando la confrontación belicosa entre ambos mundos sonoros. Un agrado también oír al Coro de Cámara RIAS, institución que guiada por Ferenc Fricsay en la posguerra contribuyó a desromantizar la interpretación de Mozart.

Dos de las últimas grabaciones comerciales de El rapto (William Christie y Charles Mackerras) tienen un grave defecto: no contar con un bajo capaz de afrontar con aplomo la tesitura de Osmin. Dimitry Ivashchenko debiera convertirse en una interpretación de referencia del papel, no sólo porque tiene las notas, sino porque es capaz de construir un personaje rabioso pero disfrutable. Incorpora con naturalidad melismas de sabor árabe en sus intervenciones y no se arredra con la abismal vocal cerrada en el cierre de la frase “ich vor euch Ruh” de su aria “O, wie will ich triumphieren” (compárese con Kurt Moll y Josef Greindl en sus respectivas grabaciones, que cambian el orden de las palabras para evitar el problema).

Menos diferenciadas que en otras grabaciones, Robin Johannsen como Konstanze y Mari Eriksmoen como Blonde son dos sopranos de bello timbre que buscan ganar individualidad por el carácter que le imprimen a sus papeles: nobleza frente a picardía, vocación trágica frente a impertinente desenfado. Johannsen luce la pirotecnia de “Martern aller Arten” (con los cortes usuales), apartándose de una lectura dramática que intérpretes como Edita Gruberová o Cristina Deutekom le imprimieron a la escena. Se la nota, eso sí, más cómoda en la elusiva “Traurigkeit” que en las alturas de “Ach, ich liebte”. Eriksmoen por su parte brilla como una Blonde capaz de mantener a raya al destemplado Osmin. El sobreagudo de su primera aria, manejado con toda la elegancia posible, y lo que hace suponer es una muy buena capacidad actoral (triunfó hace poco en este mismo papel en Glyndebourne), invitan inevitablemente a pensarla como una futura Konstanze.

Maximilian Schmitt tiene un material que integra bien las zonas media y aguda, aunque en esta última suene a veces sobreexigido, en particular en el extenuante rondó “Wenn der Freude Tränen fliessen” (¡sin cortes!). La hermosa ornamentación hace de su Belmonte un héroe más galante que aguerrido, y un excelente contraste con el Pedrillo de Julian Prégardien (hijo del también tenor Christoph), que con un material más robusto pinta un compañero de aventuras de carácter sanchezco, simplemente delicioso en su morosa serenata del acto tercero. El rol hablado del bajá Selim es asumido por Cornelius Obonya, una figura del teatro austríaco que ha interpretado Jedermann, la obra de Hugo von Hofmannsthal que desde 1920 se monta anualmente en el Festival de Salzburgo. Es difícil evaluar el rango de sus capacidades por un papel que aquí suena caricaturesco: un acento foráneo y un tono nasal filtran de mala manera la figura patriarcal del clemente Selim. Pero un Rapto cuya única salvedad es un rol hablado, es un logro, y esta grabación viene a confirmar lo que ya sabíamos de René Jacobs: que no es un ratón de biblioteca sino un hombre de teatro.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Marzo 2016, Santiago de Chile

Artículo relacionado
Osmin, Harnoncourt y la crueldad
Reflexiones sobre “El rapto en el serrallo” de Mozart, desde su propia mirada y la de Nikolaus Harnoncourt, el excelente director musical que falleció a comienzos de marzo de 2016. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda                            leer +

Seguinos en www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
Espacio de Opinión y Debate
Escuchaste este disco, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 01/04/2016
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados