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[CD] “Les martyrs” de Gaetano Donizetti : Mártires resucitados
Opera Rara continúa con su labor de redescubrir óperas del siglo XIX y publica la grabación integral de esta “grand opéra” donizettiana. Bajo la dirección de Mark Elder, el elenco es liderado por el tenor Michael Spyres, quien ofrece una excelente interpretación. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

El elenco de solistas, la Orquesta de la Era de la Ilustración y el Coro Opera Rara en una
de las sesiones de grabación de Les Martyrs en la Iglesia de St Clement de Londres

LES MARTYRS, ópera en cuatro actos de Gaetano Donizetti. Dirección musical: Mark Elder. Reparto: Joyce El-Khoury (Pauline), Michael Spyres (Polyeucte), David Kempster (Sévère), Brindley Sherratt (Félix), Clive Bayley (Callisthènes), Wynne Evans (Néarque), Simon Preece (un cristiano), Rosalind Waters (una mujer). Coro Opera Rara, director: Stephen Harris. Orquesta de la Era de la Ilustración. Grabación en estudio, octubre y noviembre de 2014. 3 discos (188 minutos) + libreto bilingüe (148 páginas). Opera Rara 2015 (ORC 52)

El fenómeno de las adaptaciones es un área fascinante de la historia de la música. En ópera, su expresión más elocuente es el trabajo que debía realizarse sobre una obra ya completa a efectos de representarla en un escenario con otra cultura musical. El caso de París es quizá el más importante debido al contraste entre sus estándares musicales y los extranjeros. Un compositor como Rossini, a efectos de instalarse en la capital francesa, hubo de transformar varias de sus obras italianas para adecuarlas al estándar de la grand opéra, un tipo de espectáculo musical solo posible de montar bajo las condiciones económicas de la Ópera de París. El trabajo de adaptación incluía no solo la traducción del libreto (con todos sus problemas de versificación), sino también la revisión de la partitura para una orquesta mejor dotada, la agregación de números musicales exigidos por la tradición (el ballet) y la revisión de números musicales ya existentes (por ejemplo, para el mejor empleo de un cantante de calidad). En muchos casos la revisión llegaba a cambiar sustantivamente la trama. Sumando todos estos factores, cuesta hablar de meras adaptaciones: lo que ocurría era más bien el nacimiento de una nueva ópera.

La historia que une (o separa) a Poliuto de Les martyrs (Los mártires), su hermana francesa, es trágica. Gaetano Donizetti (1797-1848) diseñó Poliuto como un medio de expresión para el gran tenor francés Alphonse Nourrit. Habiendo estrenado todos los roles de tenor en las adaptaciones francesas de Rossini, junto con los estrenos de La muda de Pórtici de Auber, Roberto el diablo y Los hugonotes de Meyerbeer, y La judía de Halévy, Nourrit era prácticamente una institución de la ópera. Junto a su talento musical, también era un hombre culto e inteligente, en absoluto un testa di tenore. A fines de la década de 1830 Nourrit estaba inseguro de su voz. Decidió viajar a Italia para reconstruir su técnica, proceso que incluía la composición de una ópera por parte de Donizetti para el otoño de 1838. El propio cantante intervino activamente en la empresa (se refería a ella como “nuestra ópera”), la cual estando completa nunca vio la luz: fue censurada en la víspera de su estreno. Deprimido y aquejado por una enfermedad al hígado, Nourrit se suicidaría saltando de la ventana de su hotel en Nápoles unos meses más tarde.

¿Era Poliuto una ópera polémica? El libreto, una adaptación de Corneille, se concentra en los últimos días de vida de san Polieucto, un romano del siglo III converso al cristianismo y martirizado en la ciudad armenia de Melitene, sometida en ese entonces al imperio romano y actualmente en territorio turco. El libreto agregó los celos como motivación de las acciones de Poliuto, marido de Paolina que enterado de su antiguo amor por el proconsul romano Severo decide hacer pública su fe cristiana. Es un elemento no completamente armónico en la trama, aunque prefigura óperas como Stiffelio (y su adaptación Aroldo) de Verdi. En Nápoles los libretos de ópera eran supervisados y debían ser aprobados por la autoridad pública. Mostrar un tema religioso en un teatro de ópera superaba la tolerancia del católico Fernando II, cabeza del reino de las dos Sicilias. Lo cierto es que Poliuto no ridiculiza la fe del cristianismo temprano, ni muestra a Poliuto como un fanático, aunque sí como un marido neurótico. La ópera está llena de momentos musicales inspirados, con un finale secondo espectacular en el cual el protagonista vuelca el altar del templo de Jupiter, y un cierre en el cual Poliuto y Paolina, ahora conversa también al cristianismo, enfrentan a los leones cantando un himno. Es también una ópera de tenor, algo que Franco Corelli mostró rotundamente cuando representó el papel en 1960 junto a una Maria Callas simplemente opacada.

David Kempster (Sévère), Joyce El-Khoury Soprano (Pauline) y Michael Spyres (Polyeucte)
durante la grabación de Les Martyrs en la Iglesia de St Clement de Londres

Donizetti viajó a París inmediatamente después de haberse abortado Poliuto. Habiendo comprometido ya dos óperas, decidió que su Poliuto habría de ser transformado para el escenario parisino. El libreto fue reelaborado por Eugène Scribe, la pluma madre de la grand opéra francesa, borrándose el móvil de los celos y dirigiendo el énfasis al conflicto entre la autoridad pagana y la religión cristiana. Les martyrs sería el título. De acuerdo al contrato, Donizetti debía proporcionar su primera ópera para el 1 de septiembre de 1839, pero el plazo se prorrogó por varios meses a medida que los ensayos fueron pospuestos. En febrero de 1840 La hija del regimiento llegaría a la Opéra-Comique con un resultado más bien negativo, y Donizetti veía como una necesidad su triunfo en el principal escenario parisino, la Salle Le Peletier, sede en esa época de la Opéra. El 10 de abril de 1840 Les martyrs vería la luz, con una recepción ambigua: los aspectos monumentales fueron celebrados, al igual que el virtuoso ramillete de solistas vocales, pero la partitura no. Hector Berlioz, un testigo crítico de la vida artística parisina cuyos gustos no se inclinaban por la música italiana, llamó a la obra “un Credo en cuatro actos”. Les martyrs volvería al escenario hasta 1843 para luego desaparecer por más de un siglo. La versión italiana, I martiri, fue rápidamente abandonada en favor de la más compacta y romántica Poliuto, estrenada finalmente en 1848, y con presencia en el repertorio desde entonces. A juicio del experto donizettiano William Ashbrook, quien comulgue con los valores del melodrama romántico elegirá Poliuto; un místico preferirá Les martyrs.

Desde un punto de vista musical, el 80% de Les martyrs proviene de Poliuto. Los actos primero y segundo expanden el material del acto primero original, mientras los actos tercero y cuarto franceses se corresponden a grandes rasgos con el segundo y tercero italianos. La obertura de Les martyrs ha sido durante mucho tiempo objeto de discusión, puesto que las representaciones de Poliuto la utilizan, a pesar de contar su orquestación con cuatro fagotes, un recurso solo disponible en París y no en Nápoles. En su reciente montaje, el Festival de Glyndebourne optó por presentar Poliuto sin este agregado. La obertura es ya una pieza llamativa, con intervención de coro detrás del telón, similar a la Ermione de Rossini. El trío “Objet de ma constance”, también usualmente agregado a algunas representaciones de Poliuto en medio del aria de entrada de Paolina, es la adición más importante y original para el acto primero. Donizetti expandió un rol menor en la versión italiana, el del padre de Paolina/Pauline, Félix, ahora en la cuerda de bajo, y redujo por la inversa el rol del sacerdote Callisthènes. Uno de los cambios más importantes ocurre en el nuevo acto tercero. En Poliuto, Donizetti escribió una escena dramática para el tenor: el aria “Fu macchiato l’onor mio” seguida de la cabaletta “Sfolgoró divino raggio”. Se trata de un número muy efectivo, que a pesar de ello es abreviado (Corelli y Carreras en las tomas del vivo solo cantan la cabaletta). Les martyrs fue moldeada para la voz de Gilbert Duprez, folclóricamente conocido como el tenor que cantó el primer “do de pecho”, quien con su nueva técnica contribuyó también a la crisis existencial de Nourrit. Donizetti le compuso una nueva aria, “Mon seul trésor”, y una cabaletta, “Oui, j’irai dans leurs temples”, cuya frase final incluye un mi sobre el pentagrama; Ashbrook califica el efecto de “ultramundano”.

Hay también decisiones un tanto extrañas: en Poliuto, el acto primero concluye con la vistosa entrada de Severo, quien precedido de un coro canta un aria con cabaletta. Si bien es un número convencional, produce una sensación de cierre efectiva. En Les martyrs Sévère canta su aria, pero en vez de conducir a la cabaletta nos vemos guiados a un poco memorable ballet y luego, finalmente, a la cabaletta que, ¡todavía!, es dividida en dos secciones separadas por un arioso y un quinteto. Son precisamente estos números colectivos (por ejemplo, los tríos del acto primero y cuarto) los que dan cuenta de un compositor maduro y en pleno dominio de la técnica composicional. El problema es que no siempre contribuyen a impulsar la acción y no todos son igualmente inspirados. La impresión final es que Donizetti rellena a la fuerza en su intento por cumplir con los estándares pantagruélicos de la grand opéra.

Opera Rara decidió grabar Les martyrs y patrocinó su representación en concierto en noviembre de 2014 en el Royal Festival Hall de Londres. Se trata así de la primera grabación en estudio, pero también del primer registro completo. Las dos grabaciones piratas existentes, ambas con Leyla Gencer, contienen cortes, algunos de ellos previos incluso al estreno de la ópera. Al ser restaurados, constituyen la primera ejecución absoluta de los mismos. Esta es la primera grabación de Opera Rara cuya portada no incluye arte representacional. El cambio es refrescante, aunque podría ser más imaginativo. Flora Willson, que editó críticamente la partitura, firma un ensayo históricamente muy informativo. Opera Rara proveía siempre un análisis musical y la historia de la representación de la obra, lo que lamentablemente ya no incluye. Se agradece eso sí el uso más racional de la tipografía y diagramación.

En poco más de tres horas sir Mark Elder guía con fluidez a sus intérpretes. Elder pertenece a una generación de directores sin un sonido particularmente individual, aunque muy deferentes con sus solistas vocales. También ha comprendido que la actividad musical depende de satisfacer ciertas condiciones institucionales, y ha sido por lo mismo un entusiasta impulsor de diversas organizaciones. Uno quisiera aún así oír un poco más de dramatismo. Les martyrs se presta con facilidad para un juego más sofisticado de claros y oscuros, algo que la siempre radiante Orquesta de la Era de la Ilustración no transmite con mucha convicción.

Michael Spyres (Polyeucte) y Joyce El-Khoury Soprano (Pauline) en
la grabación de Les Martyrs en la Iglesia de St Clement de Londres

Michael Spyres viene haciendo una carrera portentosa hace varios años y es la estrella de esta grabación. Se trata de una voz de bello timbre, que sin resultar ligera se mueve con dulzura en el registro más agudo. Su paso por Rossini se nota en una articulación fluida, al igual que en su dominio musical de los recitativos, siempre naturales e integrados. Su dicción francesa, si se la compara con registros anteriores, también ha mejorado. Spyres da el agudo que cierra “Oui, j’irai dans leurs temples”, y suena ciertamente ajeno a este mundo. Personalmente el sonido me parece mesmérico, pero se trata de un momento tan descolocante que a más de alguien le causará perplejidad o rechazo.

El rol de Pauline es más exigente que su pariente italiano: Julie Dorus-Gras, famosa por su coloratura, fue su primera intérprete, y eso genera expectativas respecto a la articulación vocal. Joyce El-Khoury no tiene una voz particularmente cristalina, sonando a veces derechamente opaca; “avejentada” es el adjetivo que se me vino en mente, en particular después de ver fotografías suyas. Tiene un manejo cabal de los pianissimi, lo que resulta seductor en los momentos más extáticos, pero agotador como recurso al cabo de tres horas. David Kempster es un barítono de timbre claro, casi en otro registro si uno lo compara con el Severo del siempre viril Bastianini. Su procónsul resalta el lado guerrero y enérgico, pero no el amoroso y erótico. Los bajos Brindley Sherratt y Clive Bayley resultan efectivos en sus roles más bien ingratos, y el tenor Wynne Evans produce un grato Néarque, el fiel amigo de Polyeucte.

En conjunto, esta grabación es una importante adición a la discografía donizettiana. Prueba además que las ediciones críticas sirven un objetivo práctico, a saber permitir ejecutar una obra en su mejor luz, y no opacada por decisiones arbitrarias de intérpretes o burócratas teatrales. Salvo por Spyres, uno todavía imagina un elenco más opulento, pero el hecho de volver a poner en circulación un título de estas dimensiones es ya un resultado que merece solo elogios.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Agosto de 2015, Santiago de Chile

Imágenes gentileza Opera Rara / Fotografías de Russell Duncan
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Publicado el 21/08/2015
     
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