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“Otello” en el Teatro Argentino de La Plata : Otello versus Othello
Un alto nivel artístico presentó esta producción de la obra maestra verdiana, en la que confluyeron la solidez del equipo vocal, el nervio de la dirección musical y el refinamiento de la dirección escénica. Por Ernesto Castagnino
 

José Azocar (Otello) en su ingreso en el primer acto de Otello, Teatro Argentino, La Plata, 2015

OTELLO, ópera de Giuseppe Verdi. Funciones del domingo 2 y sábado 8* de agosto de 2015 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Carlos Vieu. Dirección escénica: Pablo Maritano. Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Elenco: José Azócar (Otello), Paula Almerares / Daniela Tabernig* (Desdemona), Fabián Veloz (Iago), Sergio Spina (Cassio), Carlos Esquivel (Lodovico), Mariana Carnovali (Emilia), Maximiliano Agatiello (Roderigo), Mario De Salvo (Montano), Felipe Carelli (Heraldo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino de La Plata. Coro de Niños del Teatro Argentino de La Plata. Director del Coro Estable: Hernán Sánchez Arteaga. Directora del Coro de Niños: Mónica Dagorret.

Podemos afirmar sin exagerar que debemos la existencia del Otello verdiano a la proverbial habilidad de Giulio Ricordi para enredar y convencer a compositores, libretistas y empresarios, consiguiendo así sus objetivos. En 1879, Giuseppe Verdi, el mayor compositor italiano había decidido retirarse de la composición con sesenta y seis años, y pasar su vejez trabajando en su finca de Sant’Agata. La situación era inadmisible para Giulio Ricordi, editor musical de Verdi y —como su padre y su abuelo— alma de la vida musical italiana, por lo que ideó una estrategia para conseguir que el músico volviera a componer. El editor, complotado con el libretista Arrigo Boito, Giuseppina Strepponi —esposa de Verdi— y el director de orquesta Franco Faccio, sacó en una cena en forma “casual” el tema de Otelo y la poca justicia que la versión de Gioacchino Rossini había hecho a la tragedia shakespeariana. Al igual que Yago mencionando el pañuelo, don Giulio tenía la certeza de despertar con ese comentario el interés del músico, incondicional admirador del dramaturgo inglés del que ya había musicalizado Macbeth.

La artimaña fue eficaz y Verdi —aunque advirtiéndola— no pudo sustraerse a la tentación de poner música a la maraña de pasiones desatadas en la tragedia del moro de Venecia. El resultado fue una de las colaboraciones entre compositor y libretista más celebradas de la historia de la ópera, junto a las de Wolfgang Amadeus Mozart y Lorenzo Da Ponte, Giacomo Puccini y Luigi Illica-Giuseppe Giacosa, Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal. El encuentro entre Giuseppe Verdi y Arrigo Boito produjo una de las óperas más contundentes musical y dramáticamente, y sin lugar a dudas, la mejor versión que de la obra de Shakespeare podía hacerse.

José Azocar (Otello) y Paula Almerares (Desdémona) en la escena
final del primer acto de Otello, Teatro Argentino, La Plata, 2015

La visión de Pablo Maritano, una producción que tuvo su estreno en la temporada 2014 del Teatro Municipal de Chile, recrea la atmósfera del teatro londinense The Globe, donde se estrenó The Tragedy of Othello, the Moor of Venice de William Shakespeare a comienzos del siglo XVII. A partir de una impactante e inteligente estructura móvil diseñada por Enrique Bordolini, se iban sucediendo los cambios de escena de una forma fluida, uno de los mayores desafíos de esta ópera que entrelaza ininterrumpidamente situaciones de diálogo con monólogos interiores de los personajes; además de los diferentes planos creados por la propia intriga de Iago, que se mueve constantemente de un personaje a otro para armar su trama de mentiras.

El marco escenográfico, perfectamente adaptado a las necesidades de la obra, junto al sofisticado vestuario diseñado por Sofía Di Nunzio, de inspiración isabelina, ofrecieron refinamiento visual al que nos tiene acostumbrados el régisseur. Pero la fuerza de su concepción no provino de esa remisión al universo shakespeariano que, como se dijo más arriba, no fue mucho más allá de la recreación de una atmósfera, sino del trabajo minucioso en la gestualidad y el fraseo de cada personaje, tanto los principales como los secundarios.

Son legendarias las dificultades vocales del rol protagónico que requiere un tenor heroico de voz potente, mucha resistencia y buenas dotes actorales para transmitir el descenso a un estado de locura tal que haga verosímil el asesinato. En esta oportunidad el papel recayó en el chileno José Azócar, conocido en nuestro medio por sus interpretaciones de Mario Cavaradossi, Canio, Calaf y Manrico. Son indiscutibles su timbre heroico y su volumen considerable, por lo que su desempeño en el segundo y tercer acto fue convincente. Una mayor matización y algunos colores más delicados hubieran sido bienvenidos en el dueto del primer acto y en la escena final del cuarto acto, donde el cantante debe mostrar la faceta de hombre enamorado del personaje. Con todo, fue una meritoria performance la de Azócar, tratándose de uno de los roles más exigentes para su cuerda.

Fabián Veloz (Iago) en el segundo acto de Otello, Teatro Argentino, La Plata, 2015

No cabe duda que el barítono Fabián Veloz llegará a completar la nómina de roles verdianos para su cuerda. Cuenta en su haber con Rigoletto, Ford, Conde de Luna, Germont, Renato — y en la actual temporada del Teatro Colón será Rodrigo de Posa en Don Carlo—, no cabe duda que, cuando sea el momento, sumará Nabucco, Boccanegra y Falstaff. Con una vocalidad ideal para este repertorio, su Iago resultó simplemente espectacular, confirmando una vez más su tremenda capacidad de comunicación sostenida en una sólida técnica, requisito esencial para abordar roles de una extensión descomunal como este. Lejos del estereotipo de villano, Veloz —con dicción clara y sutileza en el fraseo— extrajo interesantes matices para expresar las fingidas lealtad y nobleza con las que logra engañar a Otello. Si su paleta de colores vocales es admirable, su gestualidad natural redondea una interpretación difícilmente olvidable de uno de los malvados más temibles de la literatura.

El rol de Desdemona estuvo a cargo de dos sopranos ideales para el rol: Paula Almerares y Daniela Tabernig. La primera posee una voz lírica con la que fue afianzándose en el correr de la interpretación para brindar una “Canción del sauce” cautivante, derrochando exquisitos filados y medias voces. Con la elegancia característica de su línea de canto, Almerares redondeó una interpretación brillante a la que sólo podría reprochársele el expresar corporalmente el esfuerzo de atacar determinadas notas agudas, restándole naturalidad. Daniela Tabernig, por su parte, brindó un retrato vocal impecable de la heroína, a partir de un centro cálido y generoso que se expande en ambas direcciones del registro sin dificultad. Agudos luminosos, fraseo delicado y acentos trágicos, son algunos de los recursos de esta importante soprano de consolidada carrera.

Muy destacables Sergio Spina como Cassio y Mariana Carnovali como Emilia, aportando a sus roles presencia vocal y escénica. Completaban el elenco Carlos Esquivel como Lodovico, Maximiliano Agatiello como Roderigo, Mario De Salvo como Montano y Felipe Carelli como el Heraldo.

José Azocar (Otello), Paula Almerares (Desdémona) y Carlos Esquivel (Lodovico)
en la escena final del tercer acto de Otello, Teatro Argentino, La Plata, 2015

Otro de los protagonistas indiscutidos de la velada fue el director musical, Carlos Vieu, responsable de una lectura vibrante, apasionada y plena de dramatismo de la partitura de un compositor al que comprende en sus más pequeños detalles. Desde el comienzo, con una impactante escena de la tormenta, supimos que el pulso dramático iría en aumento, con los dos únicos momentos de “reposo” musical que constituyen el dueto del primer acto, apasionado y sensual, y la “Canción del sauce” del cuarto acto, que muestra la fragilidad y angustia de quien sabe que va a morir. Con un incuestionable dominio en las complejas escenas concertantes y un muy valorable sentido de la fluidez, Vieu avanzó sin pausa ni tregua para brindar un relato musicalmente contundente de la tragedia. En algunos momentos la vehemencia y el volumen sonoro obligaban a los cantantes a esforzar tal vez demasiado su potencia para hacerse oír, quedando claro que esa no es una concesión que como director esté dispuesto a hacer.

Una mención especial para el Coro Estable, preparado por Hernán Sánchez Arteaga, cuyas intervenciones constituyeron momentos de extraordinaria fuerza, primero en la escena de la tormenta “Una vela!” del primer acto y fundamentalmente en “Quell’innocente un fremito d’odio non ha” del acto tercero, logrando una verdadera explosión emocional, subrayada brillantemente por el movimiento de masas ideado por Pablo Maritano.

Una importante contribución a la temporada lírica en curso fue este Otello firmado por Carlos Vieu y Pablo Maritano. No podemos dejar de celebrar que la alicaída temporada del Teatro Argentino haya vuelto a levantar cabeza con una producción del nivel artístico de la reseñada en estas líneas.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2015

Imágenes gentileza Teatro Argentino / Fotografías de Guillermo Genitti y Paula Pérez de Eulate
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Publicado el 18/08/2015
     
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