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“Quartett” en el Teatro Colón : Encierro ensimismado
Con una impactante producción escénica de La Fura Dels Baus creada para la Scala de Milán, el Teatro Colón ofreció el estreno americano de la ópera del italiano Luca Francesconi, basada en un texto de Heiner Müller inspirado en “Las relaciones peligrosas”. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Una escena de Quartett, Teatro Colón, 2015

QUARTETT, ópera en trece escenas con música y libreto de Luca Francesconi, basado en la pieza homónima de Heiner Müller. Estreno americano. Producción del Teatro alla Scala de Milán y del IRCAM (París). Función del domingo 21 de junio de 2015 en el Teatro Colón. Dirección musical: Brad Lubman. Dirección de Escena: Álex Ollé (La Fura dels Baus). Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Lluc Castells. Diseño de proyecciones: Franc Aleu. Iluminación: Marco Filibeck. Reparto: Allison Cook (Marquesa de Merteuil), Robin Adams (Vizconde de Valmont). Orquesta Estable del Teatro Colón.

Dos aristócratas encerrados en su propio hábitat practican un juego perverso y compulsivo, en el cual manipulan y utilizan a diferentes personas sin medir las consecuencias. Esta es la idea argumental de Quartett, la ópera de cámara de Luca Francesconi presentada a fines de junio pasado por el Teatro Colón en carácter de estreno americano, y que contó con una producción del Teatro alla Scala de Milán y el IRCAM parisino con dirección escénica del catalán Álex Ollé, miembro fundador de La Fura dels Baus.

El libreto en inglés del propio compositor, basado en una obra teatral del alemán Heiner Müller (1982) que se inspira en la novela epistolar Las relaciones peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos (1782), tiene como protagonistas absolutos a la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, que incluso encarnan a las víctimas sexuales de Valmont, Madame de Tourvel y Cécile de Voulanges, y también se intercambian de roles. La partitura de Francesconi también desdobla la orquesta, una en el foso y otra interna que se escucha a través de la amplificación, que a veces viene desde atrás del escenario y otras desde dentro de la sala. Con un diseño sonoro envolvente, bastante básico, también se le agrega un coro, efectos sonoros y las voces de los protagonistas pregrabadas.

A lo largo de trece escenas se desarrolla una sucesión de soliloquios y diálogos, un recorrido de (auto) destrucción de los personajes al que la música de Francesconi le otorga permanente tensión. Quizás se podría reprochar al compositor, discípulo de Luciano Berio, que no haya podido dosificar esa tensión o introducir un tono más liviano entre escenas y parlamentos para remarcar las ironías de los ingeniosos personajes. Al finalizar la obra, la sensación es que mayormente todo lo que allí ocurrió fue igual de importante, desde el flirteo de la pareja protagónica hasta la violación a Voulanges, desde las escenas oníricas a las de carácter más realista.

Robin Adams (Vizconde de Valmont) y Allison Cook (Marquesa de Merteuil) en Quartett, Teatro Colón, 2015

La propuesta de Álex Ollé se basa en un único dispositivo escénico —diseñado por Alfons Flores—, una caja negra suspendida en el centro del escenario, que simboliza el encierro de estos dos personajes —pero también remite a una de la indicaciones espaciales de Müller de un “bunker después de la Tercera Guerra Mundial”—, y al que se le suman diversas proyecciones alusivas —ideadas por Franc Aleu— algunas más interesantes que otras. Por momentos, la iluminación de Marco Filibeck mostraba el fino entramado de alambres que sostenían la caja, como mostrando el artificio del juego, en tanto que el vestuario de Lluc Castells ancló la puesta en una época contemporánea, sin ninguna referencia al siglo XVIII. La marcación de los cantantes, como ya es costumbre en las producciones operísticas de La Fura dels Baus, es casi coreográfica, donde nada queda librado al azar: así, hasta la violación fue sincopada con la música y el canto y la furia final de la Marquesa, destruyendo libros y bibliotecas, estuvo fríamente calculado, sin un centímetro más de movimiento.

Como están planteadas tanto la partitura de Francesconi como la propuesta escénica de Ollé, los que interpretan a los personajes de la Marquesa de Marteuil y el Vizconde de Valmont tienen un enorme desafío actoral y vocal, ya que a lo largo de los ochenta minutos de la obra están permanentemente en situaciones dramáticas vulnerables y empleando un estilo de canto heterogéneo, que va desde la palabra hablada, pasando por diversos efectos vocales, hasta el lirismo tradicional. Aunque la ópera esté escrita en inglés, la vocalidad en esas partes es heredera del cantabile italiano.

Aquí ese desafío fue encarado por dos cantantes ingleses, la mezzosoprano Allison Cook y el barítono Robin Adams, y lo asumieron con el mismo compromiso que lo vienen teniendo desde que estrenaron la ópera en la Scala de Milán en 2011. El personaje de la Marquesa en la interpretación de Cook se transforma en la columna vertebral de la obra, poniéndole el cuerpo y la voz  a su personaje cínico, en tanto que Adams como Valmont sobresale más en el aspecto actoral que en el vocal. De todas maneras, se nota que se sienten a sus anchas en estos papeles y se fortalecen cada vez que están en escena. Sus actuaciones estuvieron potenciadas por el otro personaje de la ópera, que es la orquesta: bajo la dirección de Brad Lubman los miembros de la Orquesta Estable del Teatro Colón lograron generar de manera impecable los climas y contrapuntos que les exige la partitura.

Otra escena de Quartett, Teatro Colón, 2015

El tercer título operístico, muy bien llevado a cabo por cada uno de los artistas involucrados, de esta temporada del Teatro Colón —la última programada por Pedro Pablo García Caffi que renunció a la Dirección General y Artística a principios de este año— también genera, con respecto al criterio de programación, un paralelismo a esa caja negra suspendida, omnipotente y abstraída del exterior. Siempre son bienvenidas las novedades en la selección de títulos de una temporada, sin embargo, el Teatro Colón aún posee varias deudas con compositores fundamentales de la segunda mitad del siglo XX.

Es significativo que, pese a conocerse ahora Quartett de Luca Francesconi y el año pasado Calígula de Detlev Glanert, no se haya puesto en escena jamás una ópera de sus respectivos maestros, Luciano Berio y Hans Werner Henze. Esas ausencias, entre tantas otras, podrían explicarse como fruto de un encierro bastante ensimismado —sin importar las relaciones históricas ni los involucrados—, muy parecido al que poseen los personajes aristocráticos de Quartett.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Julio 2015

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 13/07/2015
     
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