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La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Günther Neuhold, en el CCK : Al fin su sede
El primer concierto público de la orquesta en la Ballena Azul del novísimo centro cultural permitió apreciar su nivel artístico y la magnífica acústica de su sede definitiva. El violinista Xavier Inchausti se destacó como solista. Por Luciano Marra de la Fuente
 

La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Gunter Neuhold, en la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, 2015

ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL. Dirección: Günter Neuhold. Solista: Xavier Inchausti, violín. Concierto del viernes 12 de junio de 2015 en la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner. Sibelius: Concierto para violín y orquesta, en re menor, Op. 47. R. Strauss: Una sinfonía alpina, Op. 64.

La Orquesta Sinfónica Nacional, creada en 1948, desarrolló sus actividades durante toda su historia principalmente en diversos teatros de la Ciudad de Buenos Aires —el Auditorio de Belgrano y la Bolsa de Comercio han sido los espacios más frecuentados en los últimos años—, ofreció conciertos en diferentes ciudades de las provincias argentinas y realizó importantes giras internacionales a ciudades de Europa, Estados Unidos y Japón —esta última en 1998 acompañando a la pianista Martha Argerich—. A sus sesenta y siete años, hoy finalmente se le otorga una sede permanente para ofrecer su ciclo anual de conciertos en el auditorio La Ballena Azul, el corazón del Centro Cultural Kirchner inaugurado durante la Semana de Mayo pasado.

Este centro cultural, que alberga todas las expresiones del arte, reformula los espacios del antiguo edificio del Palacio de Correos y Telégrafos, y a la vez crea nuevos como es el caso de La Ballena Azul, un auditorio en forma de herradura donde se combinan materiales duros y blandos, predominando las maderas, y que puede albergar hasta un total de 1750 espectadores distribuidos en tres niveles. Ingresar en esta estructura suspendida en el centro del edificio es impactante por sus dimensiones y diseño monumentales —que incluye un imponente órgano—, pero no sólo por eso.

Hace dos semanas, cuando se pudo escuchar el primer concierto público ofrecido en este espacio por la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del austríaco Günter Neuhold —ya conocido en nuestra ciudad por diversos conciertos y por haber concertado el estreno latinoamericano de El Rey Candaules de Zemlinsky en el Teatro Colón (2005)—, se tuvo la sensación de que su acústica —un parangón físico que afecta la percepción subjetiva del que escucha— es impresionante. Las texturas y diferentes planos sonoros en las dos obras elegidas en esta oportunidad, propias del post-romanticismo, pudieron escucharse, al menos desde el lugar donde fui ubicado, con total claridad y buena presencia del sonido.

Xavier Inchausti, Gunter Neuhold y la Orquesta Sinfónica Nacional
en la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, 2015

El pianissimo de los violines con sordina en el trémolo con el cual comienza el Concierto para violín y orquesta (1904/5) de Jean Sibelius sonó casi imperceptible, sobre el cual surgió la línea segura y más presente del solista Xavier Inchausti. Este joven violinista de veinticuatro años, oriundo de Bahía Blanca y con una ascendente carrera internacional, supo resolver los desafíos técnicos y expresivos que el compositor finlandés le plantea a su instrumento.

La vena lírica con suficiente vibrato con la que transitó el “Allegro moderato” se tornó más dramática hacia la cadenza, en tanto midió su sonido en el “Adagio di molto” generando una suave dinámica en las escalas ascendentes de indudable belleza. El “Allegro ma non tanto” final fue la oportunidad para que Inchausti desplegara su admirable virtuosismo, tal vez un poco mecánico, aunque sin perder la identidad tímbrica incluso en lo exigente que resulta la línea melódica. El acompañamiento de la orquesta a lo largo de estos tres movimientos —más allá de que los solos de los primeros atriles fueron resueltos de manera destacada— se escuchó por veces desensamblado y en otras firmemente cohesionado. En el comienzo del movimiento final, por ejemplo y contrario a lo que habitualmente ocurre, el tutti se lo percibió más apresurado que el solista, sin embargo más adelante todo estuvo más ordenado, mostrando un hermoso ensamble de cuerdas.

Ante el sostenido aplauso, Xavier Inchausti ofreció como bis la Sonata para violín solo, Op. 27 N° 3 (1923) del belga Eugène Ysaÿe, donde pudo exponer nuevamente su temperamento, con una afinación siempre segura: en la primera sección mostró su costado expresivo en la línea romántica, mientras que en la segunda sección más rápida lució una admirable técnica, dando como resultado una interpretación que conjugó ambos aspectos en la medida justa.

La segunda parte del programa estuvo dedicada a Una sinfonía alpina, Op. 64 (1915), el último de los poemas sinfónicos de Richard Strauss, tal vez el más complejo no sólo por implicar a una orquesta nada menos que de ciento veintitrés músicos (incluida una banda fuera del escenario y órgano) sino también por sostener un discurso coherente a lo largo de una interpretación de casi cincuenta minutos. La descripción de ese ascenso y descenso a una montaña durante todo un día, a lo largo de veintitrés secciones que especifican cada momento de ese trayecto, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y bajo la atenta dirección de Neuhold pudo demostrar el buen estado general de casi todas las secciones, logrando una cohesión que en Sibelius no había terminado de convencer.

Gunter Neuhold, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional en la Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, 2015

La frase sombría de “Noche”, la sección con la cual comienza la obra, por ejemplo, permitió ver un ensamble de los instrumentos de bronce perfecto sobre un delicado colchón de cuerdas. Los ensambles de las cuerdas sonaron compactos y con efectivo nerviosismo en “El ascenso”. Tal vez las maderas, en algunas ocasiones, sonaron un tanto excedidos en dinámica, perdiendo la perfección de su sonoridad, sin embargo en otras partes mostraron su nobleza al articular frases más líricas. Algo parecido ocurrió con los cornos. Importante intervención tuvo, siempre precisa, la sección de percusión, que incluyó, obviamente en “Temporal y tormenta, descenso”, una máquina de viento y otra de trueno.

Más allá de estas apreciaciones puntuales —y que afortunadamente uno puede escuchar minuciosamente en medio de la masa orquestal straussiana gracias a la acústica de la sala—, el concepto global de la obra llevado bajo la guía de Günter Neuhold fue óptimo: nunca se perdió la tensión dramática entre secciones, cada una tuvo el carácter adecuado, el ensamble fue compacto y hubo un trabajo minucioso en los matices dinámicos. El nerviosismo de este viaje sonoro en esta imponente sala sinfónica —a la sazón la única que posee nuestra ciudad para tal fin— aún flotaba tras los extensos aplausos del público que colmó las localidades.

Así, la Orquesta Sinfónica Nacional, tras casi setenta años de existencia, pareciera que encontró su lugar en La Ballena Azul, un espacio de excelente acústica e indudable exposición. Seguramente con el transcurrir de los conciertos, y bajo la guía de talentosos directores como Günter Neuhold y repertorios desafiantes como el presentado en esta oportunidad, podrá resaltar aún más sus virtudes. Paralelamente, la propuesta que los conciertos continúen siendo con entrada gratuita, como ya lo eran en temporadas anteriores, en este nuevo centro cultural acercó a un público diferente al que habitualmente se ve en recintos más tradicionales. Ojalá que esta nueva etapa del organismo sinfónico de todos los argentinos sea renovadora en todos sentidos.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015

Interior de La Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, 2015

Para agendar
Los próximos conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional en la Ballena Azul del CCK serán el viernes 26 y el martes 30 de junio, ambos a las 21.00. El viernes 26 el director estadounidense, bien conocido en la Argentina, Stefan Lano dirigirá la Sinfonía Nº 11, Op. 103 “El año 1905” de Dimitri Shostakovich y el Concierto para violoncello y orquesta de Antonin Dvorak, con Enrico Bronzi como solista. El martes 30 se realizará una velada lírica, organizada mediante un Convenio de Cooperación Cultural con Rusia, con dirección de Alim Shakhmametyev y los cantantes Oxana Shilova (soprano), Olesia Petrova (mezzosoprano), Dmitry Voropaev (tenor) y Vasily Ladyuk (barítono). El programa estará compuesto por arias y dúos de las óperas Eugene Onegin y La dama de pique de Tchaikovsky, La doncella de nieve de Rimsky-Korsakov, Rusalka de Dvorak, El barbero de Sevilla de Rossini, Rigoletto, I vespri siciliani y La traviata de Verdi, Sansón y Dalila de Saint-Saëns, Carmen de Bizet y Gianni Schicchi de Puccini. Las localidades se reparten (hasta dos por persona) dos horas antes del concierto hasta colmar la capacidad de la sala.

Imágenes gentileza Centro Cultural Kirchner / Fotografías de Carlos Furman
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Publicado el 25/06/2015
     
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