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“Don Pasquale” en el Teatro Avenida : Contagiosa comicidad
Una simpática puesta escénica apoyada en los caracteres de la ‘commedia dell’arte’, fue el marco propicio para que un destacado elenco vocal realizara una interpretación ágil y brillante de la partitura donizettiana. Por Ernesto Castagnino
 

Hernán Iturralde (Don Pasquale) en el centro de una escena del primer
acto de Don Pasquale, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

DON PASQUALE, ópera bufa en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del domingo 14 de junio de 2015 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Juan Casasbellas. Dirección escénica: André Heller-Lopes. Escenografía: Daniela Taiana. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Iluminación: Gonzalo Córdova. Elenco: Hernán Iturralde (Don Pasquale), Oriana Favaro (Norina), Santiago Ballerini (Ernesto), Homero Velho (Malatesta), Enzo Romano (Un notario). Coro de Buenos Aires Lírica, dirección: Juan Casasbellas. Orquesta.

El tópico del anciano que pretende casarse y es burlado por los jóvenes para que entienda que está usurpando un derecho que sólo a ellos concierne, era ya un clásico en la ópera bufa cuando Gaetano Donizetti acometió esta tardía incursión en el género. Tardía en cuanto al género en sí, que tuvo su apogeo entre mediados del siglo XVIII y comienzos del XIX, y tardía en cuanto a su propia producción, que a esa altura contaba ya con setenta títulos.

El tema —como era habitual en la época— no es original sino la reelaboración de una obra anterior, en este caso se trataba de Ser Marcantanio, ópera de Stefano Pavesi estrenada en 1810. Con algunas pequeñas diferencias, en ambas se narra la trama de un anciano con aspiraciones de matrimonio, que es aleccionado por los jóvenes de la familia, inventándole una esposa que se presenta inicialmente como compendio de virtudes y recato; y, una vez firmada el acta de matrimonio, se convierte en una endemoniada caprichosa de la que el anciano querrá liberarse. En el final, como era tradición, se revela el engaño y, tras el perdón, todos confirman que el amor es prerrogativa de los jóvenes.

El régisseur brasilero André Heller-Lopes —su tercera colaboración para Buenos Aires Lírica, que se suma a Rigoletto de 2012 y Jenůfa de 2013— basó su abordaje de la comedia a partir de los personajes de la commedia dell’arte incluidos en la escena como figurantes que acompañaban la acción oficiando como criados de Don Pasquale. El recurso en sí mismo es atractivo —merece recordarse la puesta escénica de Claudio Gallardou L’elisir d’amore en 2007 también para Buenos Aires Lírica— y en la trama quedó bien resuelto, al ir identificando progresivamente a los personajes de la ópera con los diferentes tipos: Malatesta con Brighella, el astuto compañero de Arlequín, identificado aquí con Ernesto, Norina con Colombina, la joven resuelta y algo provocadora, y finalmente Don Pasquale con Pantaleón, el viejo avaro y malhumorado. Esta identificación no se daba por medio de la gestualidad sino exclusivamente a través de algún detalle de vestuario (el clásico traje de rombos).

Un pequeño teatro callejero era el dispositivo escenográfico ideado por Daniela Taiana que, al girar, funcionaba como cambio de escena, reforzando además la idea de una representación popular de la commedia dell’arte. El espléndido vestuario diseñado por Sofía Di Nunzio completó un planteo visual cuidado y atractivo, aportando también a la comicidad, como en el ingenioso mecanismo con el que, una vez firmada el acta de matrimonio, Norina cambia completamente su actitud de ingenua, despojándose de su discreto y monocromático vestido, que se transforma en un colorido traje de Arlequina mediante un solo movimiento de cintas.

Oriana Favaro (Norina) y Santiago Ballerini (Ernesto) en el tercer
acto de Don Pasquale, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

Las marcaciones escénicas de Heller-Lopes parecieron más estudiadas que en sus propuestas anteriores, creando algunas situaciones de verdadera comicidad, como la lectura de la carta de Ernesto que hace Malatesta en el cuadro segundo del primer acto, que en esta oportunidad era dicha en primera persona por el mismo Ernesto, o también el aria de ese personaje con que comienza el segundo acto, cantada en una bañadera. Claro que el régisseur contaba en esta oportunidad con cuatro cantantes-actores de primer nivel, cuya entrega y talento fue la clave del éxito de esta producción.

Hernán Iturralde nos tiene acostumbrados a un altísimo estándar en sus interpretaciones, y esta vez no fue la excepción. Como en 2011 con su Bonafede en Il mondo della luna, volvió a ponerse en los zapatos de un bajo bufo, con resultados extraordinarios. Con perfecto estilo belcantista y ágil fraseo, Iturralde cantó todas y cada una de las notas escritas por Donizetti, sin recurrir jamás a los acostumbrados recursos extramusicales con que se suelen cargar las tintas en estos roles. Incisivo y mordaz en los recitativos, el bajo barítono —que viene de abordar roles tan lejanos a este como el suegro en El pobre marinero de Milhaud, Albert en Werther y Scarpia en Tosca— brindó el momento más alto de la velada con un soberbio “È finita, Don Pasquale” que ofrece al cantante un momento de fuerte contraste con el tono risueño de la ópera.

La Norina de Oriana Favaro tuvo todos los condimentos necesarios para retratar a la joven viuda que, amando a Ernesto, se presta a la burla fingiendo ser una mojigata, cuando su naturaleza es más bien la contraria. Esto requiere de una cantante con dotes interpretativas para hacer frente a los diferentes y contrastantes momentos del personaje. Favaro retrató vocalmente a su Norina con brío y agilidad, filosa en los recitativos e incluso “afeando” su voz en la escena que simula ser la modesta Sofronia para acentuar el efecto de farsa.

Oriana Favaro (Norina) y Hernán Iturralde (Don Pasquale) en el tercer
acto de Don Pasquale, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2015

Santiago Ballerini renovó sus credenciales en el repertorio belcantista, del que ya es un intérprete experimentado con Liverotto en Lucrezia Borgia, Percy en Anna Bolena y Lindoro en L’italiana in Algeri, para mencionar los más recientes, a los que sumó este Ernesto cantado con una bella voz de tenor lírico ligero, que asciende con facilidad al agudo y timbre cálido ideal para abordar estos jóvenes enamorados. Seductor en la serenata del tercer acto —malograda sin embargo por una mala decisión de ubicar al coro en el perímetro de la sala y perjudicando el balance sonoro, ya que el espectador oía más al coreuta que tenía cerca que al solista—, Ballerini posee también evidentes dotes para la comedia.

Menos convincente resultó el Malatesta de Homero Velho, ya que el acentuado vibrato y una afinación errática deslucieron su aria de presentación, alcanzando su mejor momento en el dueto con el bajo del acto tercero. Completaba el elenco el notario de Enzo Romano.

La dirección musical de Juan Casasbellas, director del Coro de Buenos Aires Lírica pero aquí también al frente de la orquesta, fue cuidadosa con los detalles y con el ensamble entre el foso y el escenario. Si bien hubieran sido bienvenidos un más intenso crescendo y una mayor articulación en la stretta del acto segundo, la concertación fue siempre prolija y con suficientes matices.

Esta ópera de Gaetano Donizetti, que representa el declive del género bufo, mantiene su vitalidad gracias a producciones atractivas como la que propuso Buenos Aires Lírica, donde se apostó a la comicidad franca y sin pretensiones, llevada adelante por un equipo de cantantes-actores que disfrutaban de lo que estaban haciendo, clave infalible para que el público se sume a la fiesta.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015


Imágenes gentileza Buenos Aires Lírica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 23/06/2015
     
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